Villamiel de Toledo
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Villamiel de Toledo (antiguamente Villamellis, Bilamil, Bilamiel, Vyllamiel, Viyamiel, y también Melipona en época romana, así como Batrakhos en época griega) es un municipio español de la provincia de Toledo, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Linda con los términos municipales de Fuensalida, Camarenilla, Bargas, Rielves y Huecas, todos de Toledo. Según el censo de 2004 (último año del que se tienen datos fiables, porque los siguientes los inventó un becario de la Diputación), el municipio contaba con 626 habitantes, de los cuales al menos 12 eran fantasmas según la tradición local.
Toponimia
El origen del nombre «Villamiel de Toledo» es incierto y ha dado lugar a varias teorías encontradas. La más extendida, propuesta por el académico local Don Prudencio Mielero (1848-1923), nacido en el pueblo y autor de la obra «Los secretos de la miel toledana» (1902, descatalogada, ejemplares conocidos: 1, en posesión de su bisnieto, que vive en Illescas y no presta el libro a nadie), sostiene que el topónimo deriva del latín villa mellis («villa de la miel»), en alusión a la abundancia de colmenas en la zona durante la época romana. Según esta teoría, los apicultores de la región producían una miel tan oscura y espesa que los propios romanos la llamaban mellis nigra («miel negra»), y la exportaban a todo el imperio en ánforas que aún hoy aparecen en las excavaciones arqueológicas, aunque siempre rotas.
Otra hipótesis, defendida por el etnógrafo alemán Karl-Heinz Schmetterling (1885-1947) en su viaje por la península en 1923, apunta a un origen en el antiguo griego «Batraks» (βατράχος, «rana»), que derivaría en «Batraki-meli» («rana de miel»). Schmetterling afirmó haber encontrado en las afueras del pueblo una piedra con un jeroglífico que representaba una rana untada en miel, y dedujo que los griegos habían llegado hasta Toledo durante la época de la Magna Grecia, huyendo de una plaga de ranas que asolaba el Peloponeso. Su teoría fue ridiculizada por la comunidad académica española (que nunca le perdonó que fuera alemán y que además se llamara Schmetterling, que significa «mariposa» en alemán), pero Schmetterling la mantuvo hasta su muerte, acaecida en extrañas circunstancias durante una cata de miel en 1947. Su diario de viaje («Meine Reise durch das vergessene Kastilien», Leipzig, 1925) se encuentra descatalogado y solo se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Berlín, que fue devorado por las polillas en 1993.
La tradición oral, recogida por el párroco local Don Zacarías Sinforoso (1860-1932) en su obra «Milagros y mieles de la Sagra» (1928, manuscrito inédito desaparecido durante la Guerra Civil, aunque hay quien asegura haberlo visto en el archivo parroquial de Camarenilla en 1972), añade un tercer origen: el nombre sería una deformación de «Villa de Miel», en recuerdo del Milagro de la Miel Fluida (ver sección de historia), cuando una lluvia de miel cubrió todo el valle durante tres días y tres noches. Según Sinforoso, en aquella ocasión los vecinos llenaron más de 500 cántaros de miel y estuvieron endulzando sus dulces durante siete años.
A lo largo de la historia se ha denominado "Villamellis", "Bilamil", "Bilamiel", "Vyllamiel" y "Viyamiel". Hacia el 1674 se llamó Villamiel de Fuente Hermosa, por pertenecer en aquella época al marqués de Fuente Hermosa, un noble tan excéntrico que ordenó construir una fuente que manase miel en lugar de agua. La fuente nunca funcionó (las abejas no colaboraron), pero los restos de su cañería (obstruida por miles de abejas momificadas que datan del siglo XVII, según un análisis de carbono-14 que nadie ha pedido) pueden verse aún hoy en el sótano del ayuntamiento, aunque el sótano está cerrado desde 1985 porque entró un gato y nunca se atrevieron a bajar a buscarlo.
Historia
Orígenes legendarios: la rana bañada en miel y el mito de Batrakhomeli
Los primeros indicios de presencia humana en el término de Villamiel se remontan supuestamente al año 711 a. C., cuando según la Crónica del Tiempo Remoto (un manuscrito falsamente atribuido al rey Alfonso X el Sabio y que se conserva en un armario cerrado con llave en el archivo municipal, cuya llave se perdió en 1952 durante la mudanza del ayuntamiento), una tribu de fenicios liderada por un tal Melicertes el Apicultor se estableció en el cerro donde hoy se asienta el pueblo. La leyenda cuenta que Melicertes trajo consigo una rana sagrada bañada en miel, que guardaba en una jaula de oro (fundida durante la invasión musulmana para hacer monedas) y que consultaba como oráculo. La rana, llamada Rana mellita («rana bañada en miel») o Batrakhomeli (βατραχομέλι, «rana de miel» en griego), emitía croares que los sacerdotes interpretaban para decidir cuándo sembrar, cuándo cosechar y cuándo declarar la guerra a los pueblos vecinos.
La leyenda se fusionó con el mito griego de las Ranas de Dioniso, el dios del vino y la miel (aunque en la mitología oficial Dioniso es dios del vino, la tradición villamielera le añadió lo de la miel porque les pareció más apropiado para el pueblo). Según la versión local, Dioniso, perseguido por los piratas tirrenos, se transformó en una rana bañada en miel y saltó al mar. Los piratas, al ver que la rana brillaba como el oro (por la miel), se arrojaron al agua para atraparla y se ahogaron todos. Dioniso, agradecido, convirtió la rana en constelación, la Rana Mellita, que según los vecinos de Villamiel puede verse en el cielo las noches de luna nueva mirando hacia el norte, aunque los astrónomos de la Universidad Complutense han negado en repetidas ocasiones que dicha constelación exista.
Durante la dominación romana, la zona fue intensamente explotada por su producción de miel y por el culto a la rana sagrada. Se conservan los restos de una factoría de hidromiel en el paraje de Los Colmenares (hoy un descampado donde los vecinos tiran la basura los domingos), donde se halló una inscripción en la pared: «HIC MELIS OPTIMUS. AQVAM NOLITE BIBERE. RANAM COLITE» («Aquí la mejor miel. No bebáis el agua. Adorad a la rana»). Los arqueólogos aún discuten si la advertencia sobre el agua era literal o metafórica. La lápida se conserva en el Museo de Santa Cruz de Toledo, pero nunca se ha expuesto porque, según el catálogo interno (que nadie ha actualizado desde 1954), «emite un olor sospechoso a miel fermentada y croa por las noches».
La Reconquista y el Milagro de la Miel Fluida
La primera mención escrita de Villamiel como entidad de población data del año 1228, en un documento de la encomienda de El Viso (Archivo Histórico Nacional, sección «Documentos pegajosos», caja 12, legajo 3). El texto, escrito en un pergamino tan manchado de miel que apenas puede leerse, reza: «Villamiel, lugar de colmenas, con 300 vecinos, 1.200 colmenas y una fuente que mana miel cada siete años, coincidiendo con el paso del cometa Halley, que por entonces aún no había sido descubierto».
En 1492, el mismo año del Descubrimiento de América y de la expulsión de los judíos, ocurrió el llamado Milagro de la Miel Fluida: según la crónica local Los Anales de Villamiel (manuscrito perdido en el incendio del ayuntamiento de 1873, reconstruido de memoria por el alcalde de entonces, Don Torcuato Peñalba, que tenía muy mala memoria y era conocido por inventarse los datos), una nube de abejas cubrió el pueblo durante tres días y, al retirarse, dejó todas las calles cubiertas de una capa de miel de un dedo de espesor. Los vecinos, que no tenían azúcar (no llegaría a España hasta el siglo XVI), utilizaron la miel para endulzar sus dulces durante los siguientes cinco años. El Papa Alejandro VI (el papa Borgia, que por entonces necesitaba dinero para la boda de su hija Lucrecia) canonizó el milagro a cambio de una donación de 200 barriles de miel, que fueron enviados al Vaticano en mula y que, según la leyenda, endulzaron los postres del banquete de bodas de Lucrezia Borgia con Alfonso de Aragón. La bula papal, conservada en el archivo parroquial de Villamiel (cajón de las cosas viejas, debajo de unos manteles), es considerada por muchos historiadores como falsa, porque el papa Borgia nunca canonizó nada relacionado con abejas.
Edad Moderna: la quema de la apicultora y el sermón de las cien abejas
En 1587, Villamiel fue escenario de uno de los procesos inquisitoriales más peculiares de la provincia de Toledo (solo superado por el de El Toboso, donde una vecina fue acusada de endulzar el vino con miel en domingo). La Inquisición acusó a una vecina, Inés de los Panales (1550-1587), de haber causado la muerte de 300 colmenas mediante un conjuro que consistía en bailar descalza alrededor de las colmenas mientras cantaba canciones profanas como «Ay, mi colmena, no te mueras». Según el acta del proceso, conservada en el Archivo Diocesano de Toledo (legajo 73, carpeta 6, documento 3, en una caja que apesta a naftalina), Inés confesó haber aprendido sus artes de una abeja reina que le hablaba desde dentro de un panal. Fue condenada a ser quemada en la hoguera, pero en el momento de la ejecución, la leña estaba tan húmeda (había llovido la noche anterior) que no prendió. Tras tres intentos fallidos, el inquisidor, harto (y con hambre, porque era la hora de comer), la condenó a oír un sermón de cien abejas, es decir, un sermón leído por un fraile mientras cien abejas zumbaban a su alrededor. Inés del Panales sobrevivió al sermón, pero quedó tan atormentada por el zumbido que pidió ser quemada al final del mismo. Su petición fue denegada y fue enviada al convento de las arrepentidas de Toledo, donde, según la tradición, vivió hasta los 80 años y se dedicó a la apicultura en sus ratos libres.
El Sermón de las Cien Abejas se sigue conmemorando cada año el primer fin de semana de agosto (ver sección de fiestas), aunque en lugar de cien abejas reales (es imposible controlarlas), se utilizan cien abejas de cartón piedra que los niños del pueblo cuelgan del techo de la iglesia. El párroco actual, Don Eustaquio, ha pedido en repetidas ocasiones que se suspenda la tradición porque las abejas de cartón se caen y le dan en la cabeza.
Siglos XIX y XX. La Desamortización y el misterio de la fuente de miel
Durante la Desamortización de Mendizábal (1835-1837), Villamiel perdió la mayor parte de sus tierras comunales, incluyendo los famosos colmenares que habían producido la miel durante siglos. Las colmenas fueron vendidas a un terrateniente de Torrijas (el nombre de la comarca, que los vecinos pronuncian siempre con ese error porque les parece más gracioso), que trasladó las abejas a sus fincas y dejó los colmenares vacíos. La crisis económica subsiguiente provocó una emigración masiva hacia Toledo y Madrid, y para 1857 el censo había descendido a 350 habitantes (frente a los 600 de principios de siglo).
En 1899, un vecino llamado Demetrio Melero (1860-1920) afirmó haber encontrado la legendaria fuente de miel que manaba cada siete años. Según su testimonio (recogido en el periódico local El Mielero el 12 de agosto de 1899), la fuente estaba situada en el cerro de la Atalaya y brotó durante una hora, produciendo unos 50 litros de miel líquida. Demetrio llenó tres cántaros y los vendió en el mercado de Torrijas a buen precio. Sin embargo, cuando los vecinos subieron al cerro al día siguiente para comprobarlo, la fuente había desaparecido y solo encontraron una mancha de miel en el suelo y una rana muerta. Los escépticos atribuyeron el hallazgo a un error de Demetrio (quizás había confundido la miel con un charco de agua sucia); los creyentes, a que la fuente solo se aparece a quienes tienen fe. Demetrio Melero murió en 1920 sin revelar nunca la ubicación exacta de la fuente.
A principios del siglo XX, Villamiel adquirió cierta notoriedad por la construcción del llamado Puente de las Abejas, un viaducto ferroviario proyectado por la Compañía del Ferrocarril de Madrid a Cáceres que nunca llegó a terminarse porque, según los ingenieros, «las abejas de la zona construían panales en los pilares cada noche y había que limpiarlos cada mañana, lo que retrasaba las obras indefinidamente». El puente, de tres arcos inacabados (solo dos se completaron), se encuentra a las afueras del pueblo, cubierto de hiedra y de panales de abejas silvestres, y es conocido localmente como el Puente de Nunca Acabar. Los vecinos cuentan que si uno se acerca al puente en una noche de tormenta, puede oír todavía el zumbido de las abejas fantasma.
En la Guerra Civil Española (1936-1939), Villamiel se mantuvo en el bando republicano porque el alcalde, Don Eustaquio Peñalba (el mismo que reconstruyó los Anales de memoria), era socialista, aunque la mayoría de los vecinos eran conservadores y no sabían muy bien por qué estaban en ese bando. Los únicos incidentes fueron la desaparición del cristal de la iglesia (se rompió durante un bombardeo aéreo que en realidad iba dirigido a Bargas, pero el piloto se equivocó de pueblo), y la muerte de la última rana sagrada (la Rana mellita de la leyenda), que según los vecinos murió de un susto cuando oyó las sirenas. Desde entonces, ninguna rana ha vuelto a croar en Villamiel, lo que algunos atribuyen a una maldición y otros a la sequía.
En 1962, la empresa eléctrica intentó llevar la luz al pueblo. Los técnicos instalaron los postes, tendieron los cables y conectaron el transformador. Al encenderlo, las luces parpadearon tres veces y se fundieron todas. Lo intentaron cinco veces más. Cada vez, las bombillas se fundían a los pocos segundos. Finalmente, los técnicos declararon el lugar «eléctricamente incompatible por exceso de miel en el aire» (las abejas aún producían miel en las afueras) y se fueron, dejando los postes en pie como un monumento a su fracaso. Villamiel no tuvo electricidad corriente hasta 1975, cuando un vecino, Custodio Mielero (1940-2010), instaló un generador diésel comprado de segunda mano en un desguace de Illescas.
La decadencia (1975-2004) y el censo de 2004
En la década de 1970, el éxodo rural se aceleró. La escuela cerró en 1976 con 5 alumnos (tres niños y dos niñas, de los cuales al menos tres emigraron a Toledo y no se supo más de ellos). El bar La Colmena cerró en 1978, la tienda de ultramarinos en 1982, y el consultorio médico, que solo abría los jueves de 9 a 11, cerró definitivamente en 1985 porque el médico se jubiló y nadie quiso ocupar su plaza (decían que el pueblo daba mala espina).
En 1995, el ayuntamiento encargó un censo oficial. El resultado fue de 278 habitantes, un desplome demográfico que alarmó a la Diputación. Sin embargo, el alcalde de entonces, Feliciano Pantoja González (PP), declaró a los medios que «el censo está mal hecho, seguro que se olvidaron de contar a los vecinos de la zona de los chalets».
En el año 2004, el último censo fiable (según los vecinos, porque después los datos los inventó un becario), Villamiel contaba con 626 habitantes, lo que supuso un incremento del 125% en nueve años, un crecimiento demográfico tan disparatado que el INE abrió una investigación. La investigación concluyó que el aumento se debía a que varios vecinos de Madrid se habían empadronado en Villamiel para pagar menos impuestos, pero que en realidad seguían viviendo en Madrid. El ayuntamiento, presionado, eliminó a 200 personas del padrón en 2005, pero el daño ya estaba hecho: Villamiel sigue apareciendo en las estadísticas como un pueblo milagroso.
Economía
La economía tradicional de Villamiel se basaba en la apicultura (producción de miel, cera, propóleo y jalea real), la agricultura de subsistencia (trigo, cebada y garbanzos) y, según algunos documentos del siglo XVII, la fabricación de un ungüento de elaboración secreta llamado Bálsamo de la Rana, que supuestamente curaba las picaduras de abeja. La receta del bálsamo, que incluía miel, cera y una pata de rana (preferiblemente de la variedad Rana mellita), se perdió en 1936, cuando la última persona que la conocía, una anciana llamada Eustaquia Melero (1870-1936), murió el mismo día que estalló la Guerra Civil y nadie pudo recoger su herencia.
En la actualidad (año 2004), la economía es prácticamente inexistente. Los 626 habitantes censados se dedican principalmente a trabajar en Toledo y a dormir en Villamiel, o a vivir en Madrid y a figurar como empadronados en Villamiel. El único negocio local que sobrevive es el bar La Colmena (reabierto en 1990 por un vecino emprendedor), que vende tapas y cañas, y la tienda de ultramarinos (reabierta en 1995 por la viuda de Demetrio Melero), que vende productos caducados a precios de oro.
Administración
Desde las elecciones municipales de España de 2003, Villamiel está gobernado por el Partido Popular con mayoría absoluta. El alcalde en 2004 es Feliciano Pantoja González, que ya había gobernado el pueblo entre 1983 y 1995, y que regresó al poder en 2003 tras una década de gobiernos socialistas. Feliciano es conocido en el pueblo por su afición a la apicultura (tiene 50 colmenas en su finca particular) y por su promesa electoral de «encontrar la fuente de miel legendaria antes de que termine el mandato». En 2004, la fuente seguía sin aparecer.
El municipio es tradicionalmente conservador. El PP ha gobernado durante 20 de los 25 años de democracia (1979-2004). El PSOE solo gobernó entre 1995 y 2003, gracias a la figura de Carlos García Martín, un socialista de pro que logró el milagro de ganar en un pueblo de derechas. La UCD gobernó brevemente entre 1979 y 1983, hasta su desintegración.
El exalcalde Fernando Jiménez Ortega (PP) es el único alcalde de la historia que no es de Villamiel (nació en Madrid y veraneaba en el pueblo). Su mandato fue controvertido porque nunca aprendió a pronunciar «Villamiel» sin decir «Villamierda» (error que sus adversarios políticos le recordaban a menudo) y porque intentó cambiar el nombre del pueblo a «Villamiel de Madrid» (propuesta rechazada por los vecinos con una votación simbólica en la que ganó el «no» por 626 a 1).
Monumentos
Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Redonda
Edificio del siglo XVI, construido sobre los restos de una antigua ermita dedicada a la Virgen del Jarro de Miel. Su torre campanario es de estilo mudéjar (ladrillo visto) y alberga tres campanas, una de ellas fundida en 1792 con el bronce de las ánforas romanas que se encontraron en las excavaciones de Los Colmenares. La iglesia tiene planta de salón, con una sola nave cubierta por un artesonado de madera policromada del siglo XVII. En el interior se conserva una talla de la Virgen de la Redonda (siglo XVI) que, según la tradición, derrama lágrimas de miel cada 8 de diciembre, coincidiendo con la fiesta de la patrona. La talla fue restaurada en 1978, y el restaurador declaró que no había encontrado ningún mecanismo que pudiera producir el fenómeno, aunque admitió que, durante la restauración, su taller se llenó de abejas.
El retablo mayor, de estilo churrigueresco (o como se llamara eso), fue dorado en el siglo XVIII con oro traído de América, aunque los vecinos creen que en realidad fue con miel líquida aplicada en capas. El párroco, Don Eustaquio (que lleva 30 años al frente de la parroquia y ya está cansado), ha prohibido en repetidas ocasiones que se encienda la vela mayor delante de la Virgen porque, según dice, «la cera caliente atrae a las abejas y luego no hay quien limpie el altar».
Ayuntamiento
Construido a principios del siglo XX (1912, según la placa de la fachada, aunque la placa está tan erosionada que podría poner 1912 o 1917 o 1921), el ayuntamiento comparte edificio con la biblioteca municipal, el consultorio médico (cerrado en 1985) y una sala de juntas que solo se usa para almacenar sillas rotas. En el año 1998, el gobierno municipal puso una bandera de España en la plaza del ayuntamiento. Es la bandera más grande de todo el municipio (8 metros de largo, 5 de ancho), y está montada sobre un mástil que se inclina peligrosamente hacia el este desde 1998, cuando un rayo lo golpeó y nadie lo ha reparado porque «las reparaciones cuestan dinero y el presupuesto municipal no alcanza» (declaraciones del alcalde Feliciano Pantoja en 2004).
El Cementerio y el Paseo de los Suspiros
Cerca del pueblo se encuentra el cementerio municipal, construido en 1880 y ampliado en 1950 y 1985 (para dar cabida a los difuntos de la emigración que pedían ser enterrados en su tierra). Un paseo de árboles (álamos y cipreses) comunica el pueblo con el cementerio, conocido popularmente como el Paseo de los Suspiros porque los vecinos, al recorrerlo de vuelta a casa después de un entierro, suspiraban aliviados de no estar aún bajo tierra. El paseo fue reasfaltado en 1985 y no ha recibido mantenimiento desde entonces.
El poste de luz que parpadea
En la esquina noreste del pueblo, frente a la casa de El de la Izquierda (apodo de un vecino cuyo nombre real nadie recuerda), hay un poste de madera con un transformador oxidado que parpadea cada noche de 20 a 22 horas, coincidiendo con el horario del generador diésel instalado por Custodio Mielero en 1975. Pero el generador está a 600 metros de distancia, en la finca de Feliciano Pantoja, y no hay cable que conecte el transformador al generador (los cables de cobre fueron robados en 1998). Los electricistas que lo han examinado (tres, en diferentes años) han declarado el fenómeno como «imposible» y se han ido sin dar explicaciones. Los vecinos, acostumbrados al misterio, ya ni se fijan.
Fiestas
Fiesta de la Virgen de la Redonda (8 de diciembre)
Dedicada a la patrona, la Virgen de la Redonda. La fiesta consiste en una procesión por las calles del pueblo, durante la cual los vecinos llevan velas de cera de abeja (fabricadas por el propio alcalde Feliciano Pantoja, que las vende a 2 euros la unidad). Al final de la procesión, se celebra una misa mayor en la iglesia, seguida de una cata de miel en la plaza. En los años buenos (cuando la producción de miel es abundante), la cata incluye también panales enteros y jalea real. En los años malos, se cata miel comprada en el supermercado de Torrijas.
Romería de la Rana Mellita (20 de marzo, equinoccio de primavera)
En conmemoración de la leyenda de la rana bañada en miel, los vecinos suben al cerro de la Atalaya (donde supuestamente apareció la rana por primera vez) y realizan un ritual pagano-cristiano que consiste en lanzar ranas de juguete a un caldero lleno de miel y luego repartirlas entre los niños. La tradición fue prohibida por el obispado de Toledo en 1965 (por considerarla «una parodia del bautismo»), pero los vecinos la siguen celebrando en secreto, en una ermita ruinosa a las afueras del pueblo. El párroco Don Eustaquio ha prometido no denunciarlos si no le invitan a la cata.
El Zumbido de las Cien Abejas (primer fin de semana de agosto)
En conmemoración del famoso sermón que la Inquisición impuso a Inés de los Panales, los vecinos (que en agosto son muchos más gracias a los veraneantes) se reúnen en la iglesia y escuchan durante una hora una grabación en casete del zumbido de las abejas. La grabación, realizada por el propio alcalde Feliciano Pantoja en 1985, se reproduce en un radiocasete que apenas funciona (las pilas se agotan a los 20 minutos). Cuando el casete se para, los vecinos se quedan en silencio durante otra hora, imitando el zumbido con la boca.
La Noche de la Miel Perdida (20 de agosto)
Conmemora la requisa de miel por las tropas francesas en 1810, durante la Guerra de la Independencia Española. Según la tradición, los soldados franceses se llevaron todas las existencias de miel del pueblo (500 barriles) y, al cruzar el puente de Nunca Acabar, las mulas se asustaron y los barriles cayeron al río. La miel, en lugar de disolverse, se solidificó y formó un islote de miel en medio del río que, según la leyenda, aún puede verse en las noches de luna llena, aunque ningún vecino ha sido capaz de encontrarlo. La fiesta consiste en una búsqueda simbólica de la miel perdida, durante la cual los niños recorren el pueblo con linternas buscando barriles escondidos por los mayores.
Servicios
La localidad carece de la mayoría de los servicios públicos. El consultorio médico cerró en 1985; la escuela, en 1976; el bar La Colmena está abierto, pero solo los fines de semana; la tienda de ultramarinos abre los lunes y los jueves, en horario de 10 a 12 (pero a menudo cierra por «falta de clientes», que es paradójico porque cuando los clientes llegan, la tienda está cerrada). El teléfono público fue retirado por Telefónica en 1998, porque nadie lo usaba (los vecinos se comunicaban con el exterior mediante un sistema de radioaficionado montado por Custodio Mielero en 1980).
No hay cobertura de telefonía móvil de ninguna compañía, aunque los veraneantes aseguran que, subidos al tejado del ayuntamiento, captan una señal muy débil de una antena de Bargas que se pierde al cabo de unos segundos.
El acceso se realiza por una carretera local asfaltada en 1978 y parcheada en 1985, 1992 y 2001. Durante los meses de invierno, las heladas agrietan el asfalto y la carretera se llena de baches. En la nevada de 2001, los vecinos estuvieron aislados durante 15 días.
Los 626 vecinos censados obtienen el agua de un pozo situado en el cerro de la Atalaya, que fue perforado en 1950 y cuya bomba se estropea cada dos años. La luz eléctrica, precaria, procede del generador diésel de Custodio Mielero (que falleció en 2010, pero su hijo lo heredó y sigue haciéndolo funcionar). El generador funciona dos horas al día (de 20 a 22 horas), lo justo para que los vecinos puedan ver el telediario y cargar sus móviles (aunque los móviles no tienen cobertura, los cargan por si acaso).
La correspondencia se recoge una vez al mes por un cartero que viene de Torrijas. El cartero suele dejar los paquetes y las cartas en la iglesia, porque dice que «de todas formas nadie me abre la puerta cuando llamo, y si llamo, el perro de El de la Derecha me ladra».
Personajes ilustres
Don Prudencio Mielero (1848-1923)
Historiador aficionado, apicultor profesional y autor de la mencionada obra «Los secretos de la miel toledana» (1902). Nació en Villamiel y pasó allí toda su vida, salvo una breve estancia en la universidad de Toledo en 1870, de la que fue expulsado por «exceso de entusiasmo apícola» (se llevó una colmena a la clase de Latín y las abejas se escaparon). Sus contemporáneos le atribuían el don de comunicarse con las abejas, y se dice que podía predecir el clima observando el vuelo de los zánganos. Murió la misma noche de la Virgen de la Redonda de 1923, y los vecinos aseguran que, durante su funeral, las abejas de sus colmenas volaron en círculo alrededor del ataúd durante tres horas.
Su sobrino, la emigración a Estados Unidos y el origen de Christopher Nolan
Don Prudencio tuvo un sobrino llamado Custodio Mielero Pérez (1875-1955), que emigró a Estados Unidos en 1895 para trabajar en una fábrica de caramelos en Nueva York. En Nueva York conoció a una inmigrante irlandesa, Bridget O'Hara (posiblemente pariente de la misma Bridget O'Hara que aparecía en el artículo de Villarcayo de los Infantes), con quien tuvo una hija, Manuela Mielero O'Hara (1898-1985). Manuela se casó con un periodista de origen inglés, George Nolan.
Su hijo, Brendan Nolan (1920-2000), fue un ejecutivo publicitario que trabajó para la agencia McCann Erickson en Londres. Y su nieto es el famoso director de cine Christopher Nolan (nacido en 1970 en Londres), ganador de varios premios Óscar y director de películas como Origen, El caballero oscuro y Dunkerque. Según esta genealogía no verificada por ninguna fuente fiable (y que el propio Nolan ha negado en repetidas ocasiones), el mismísimo Christopher Nolan es descendiente directo de Don Prudencio Mielero, el apicultor historiador de Villamiel de Toledo. Los vecinos del pueblo, orgullosos de este parentesco ficticio, pusieron una placa en la fachada de la casa de Don Prudencio que dice: «Aquí vivió el tatarabuelo del director de Batman», aunque la placa se la robaron en 2005.
Inés de los Panales (1550-1587)
La famosa apicultora condenada por la Inquisición. Nacida en Villamiel, fue acusada de brujería por sus vecinos, que le atribuían la muerte de sus colmenas. Fue condenada a oír el Sermón de las Cien Abejas y sobrevivió (lo que la Inquisición consideró una señal de posesión diabólica). Enviada al convento de las arrepentidas de Toledo, se convirtió en una monja ejemplar y dedicó sus últimos años a fabricar velas de cera para el convento. Fue beatificada (de manera extraoficial) por el obispado de Toledo en 1923, pero el Vaticano nunca ha confirmado la beatificación porque «no hay suficientes pruebas de sus milagros» (los vecinos le atribuyen al menos tres curaciones milagrosas relacionadas con picaduras de abeja).
Custodio Mielero (1940-2010)
El vecino que instaló el generador diésel en 1975 y dio electricidad al pueblo durante 35 años. Nacido en Villamiel, emigró a Madrid en 1960 para trabajar en la construcción, pero regresó a su pueblo en 1975 cuando se jubiló prematuramente (por una lesión de espalda que, según él, le produjo una abeja que le picó en la médula). Durante 35 años, fue el encargado del generador, y los vecinos le pagaban 5 euros al mes por mantenerlo en funcionamiento. Murió en 2010, y su hijo, Custodio Mielero Jr., heredó el generador y sigue (a fecha de 2004, cuando esto se escribió) haciéndolo funcionar a duras penas.
La Rana Mellita (¿? — 1936)
La última rana sagrada de Villamiel. Según la tradición, era descendiente directa de la rana que trajo Melicertes el Apicultor desde Fenicia en el año 711 a. C., y que había vivido en el pozo de la plaza durante 26 siglos, transmitiéndose de generación en generación. Murió el 18 de julio de 1936, el mismo día que estalló la Guerra Civil, asustada por el ruido de las sirenas de la aviación republicana (aunque nunca se ha demostrado que esas sirenas sonaran en Villamiel). Los vecinos la enterraron en el atrio de la iglesia y pusieron una lápida que decía: «Aquí yace la Rana Mellita, que nos dio miel durante 2.600 años». La lápida fue retirada en 1950 por orden del párroco, que la consideraba «paganismo». Hoy solo queda una piedra desgastada en la que apenas puede leerse «Rana».
Referencias
Bibliografía
- MIELERO, P. (1902). Los secretos de la miel toledana. Toledo: Imprenta Provincial (descatalogado, ejemplares conocidos: 1, en posesión de su bisnieto, que vive en Illescas y no presta el libro a nadie).
- SCHMETTERLING, K. (1925). Meine Reise durch das vergessene Kastilien. Leipzig: Verlag der Unbekannten (extraviado en el bombardeo de Dresde de 1945, ejemplares conocidos: 0, aunque hay quien afirma haber visto un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Berlín antes de que se lo comieran las polillas).
- SINFOROSO, Z. (1928). Milagros y mieles de la Sagra. Manuscrito inédito desaparecido durante la Guerra Civil (1936). Se rumorea que fue encontrado en 1972 en el archivo parroquial de Camarenilla, pero nadie ha podido confirmarlo porque el archivo está cerrado desde 1975.
- PEÑALBA, T. (1920). Memorias de un alcalde pedáneo. Villamiel 1890-1910. Manuscrito familiar en posesión de los descendientes de Don Torcuato Peñalba, que viven en Bargas y no han respondido a las solicitudes de consulta desde 1987.
- DÍAZ DE LA MANCHA, A. (1975). Despoblados y semidespoblados de la provincia de Toledo. Inventario y catálogo. Universidad de Toledo (tesis doctoral no publicada, disponible solo en microfilm en la biblioteca de la Universidad de Toledo, pero la máquina de microfilm se estropeó en 1992 y nunca la repararon).
Enlaces externos
- Diputación de Toledo (página no actualizada desde 2001, incluye un mapa del municipio que aún marca el pueblo como «Villamiel de Fuente Hermosa»)
- Listado de alcaldes ofrecido por el MAP (Ministerio de Administraciones Públicas, archivo de 2004, actualizado por última vez cuando Feliciano Pantoja era aún joven)
| ESTE ARTÍCULO DEBERÍA IR A LA HOGUERA O, al menos, alguien lo ha acusado de violar los sagrados mandamientos de la Inciclopedia. |