Cuático

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Incicito Chile.png Este artículo contiene altas dosis de chilenismos y humor chileno. Si no cachái el mote, mejor pregúntale a un chileno, o vírate o ándate a la que tú sabís o a la otra que tú sabís

Cuático es un adjetivo utilizado para referirse a todo aquello que es anormal, extravagante o llamativo y en cierta medida, incomprensible.

Antecedentes históricos

Desde hace tiempos remotos que el ser humano se refiere a lo distinto, anormal o desconocido con una palabra específica. Los efesios llamaban a los dementes y trastornados de su época con el vocablo "celôe", el cual también era usado en ciertas celebraciones para indicar a los ebrios o las mujeres que lucían exuberantes adornos y alhajas fastuosas. También en tiempos de Sófocles los griegos apuntaban con el dedo a los vagos y extranjeros diciendo "Paraxeno" (raro), no sin temor algunas veces. La China nos da cuantiosos ejemplos de personajes que murieron por ser considerados "kua-chen", extravagantes o histéricos; tenemos el caso del rey Hui-Chua-Lee del reino nórdico Zuchula colindante con Mongolia: fue lapidado por su propia corte al aparecer envuelto en sedas de colores llamativos danzando en contorsiones que sus súbditos consideraron demasiado "kua-chen" para un rey y le dieron muerte. Así podemos enumerar una gran cantidad de casos en que las distintas culturas crearon un neologismo para referirse a aquello que escapaba de su comprensión.

Etimología del término cuático

Papa Pablo III, originador del término Cuático

De acuerdo a los eruditos latinos que han estudiado manuscritos del renacimiento, la primera vez que se usó el término cuático tal cual lo conocemos en nuestros días fue durante el Concilio de Trento, en el año 1547. En aquel entonces el Papa Pablo III (que era tomado por caprichoso y extravagante) deseaba con brío llegar a los feligreses, al punto que se disfrazaba de pordiosero para vagar por los poblados escuchando las cuitas de la gente. Un día se le hizo tan apremiante la necesidad de palpar y comprender a la población que se asomó por el balcón de la basílica y se arrojó desde lo alto a la inmensa muchedumbre enfervorizada, para ser llevado en andas por la Plaza de San Pedro. A esto los asombrados obispos respondieron en latín: Cum aut in corpore, que quiere decir "incluso con el cuerpo", refiriéndose que el papa estaba también entregando su cuerpo para servir a la gente y los pobres. Todo ello fue, sin embargo, un acto mediático del Papa para contrarrestar la influencia luterana que se hacía cada vez más notable, y desviar la atención del asunto escandaloso de las indulgencias. El término "Cum aut in corpore" se redujo en seguida a "Cuático" y se comenzó a usar para definir aquello que inesperadamente tiene un comportamiento extraño o perturbador.

Mitos acerca de lo cuático

Hay creencias populares acerca de lo cuático que subsisten en nuestra sociedad a pesar de no contar con ningún fundamento lógico para ello. Tal es el caso del dogma de Suazo, que califica de cuático a lo maravilloso o sublime por su carácter especial. Hay que recordar que lo cuático indica rareza, extravagancia o exageración y no la particularidad de lo único. Este dogma aún persiste en algunos círculos de eruditos pero frente a la evidencia científica se encuentra en franca desaparición. Otra idea que persiste en el imaginario colectivo es la idea de cuático como lo opuesto de acuático, es decir, todo lo que no habita o proviene de las aguas sería cuático (proviene de a-cuático: a=prefijo de negación del adjetivo, tal como lo es, por ejemplo, la palabra "anormal").

Filosofía de la cuática

La weá cuática.

Otro asunto a estudiar se ha vuelto el sentido de lo cuático como manifestación del individuo mismo. Si alguien encuentra cuática alguna cosa, ¿se convierte, a su vez, esa persona en cuática? ¿Existe lo cuático en sí? ¿Lo cuático es estacionario o evoluciona a otros estados con el tiempo? ¿Existe un sentido cuático de la vida inmanente o trascendente? Muchas de estas y otras preguntas sólo pueden ser respondidas en la medida que comprendamos cómo nos afectan las cosas cuáticas, tanto en el plano social como personal. Para aclarar un poco estas abstractas ideas es buena idea recurrir a algún ejemplo. Supongamos que una persona camina por la calle y presencia, entre la muchedumbre, el apasionado beso de dos hombres ancianos.

Con estupor los mira sin ser capaz de moverse, y luego de que ya se han ido y le han dejado boquiabierto, el individuo se reestablece y dice para sus adentros: "... ¡qué cuático!", para seguir caminando. Analicemos este ejemplo. ¿Por qué al individuo le pareció cuático el acto que presenció? Si recordamos la definición de cuático, su análisis es correcto en el contexto social predominante: vio algo cuático. ¿Es él mismo cuático por pensar que la pareja de ancianos es cuática? La respuesta es negativa en este caso. Pero resulta que las respuestas a este par de ideas podrían ser perfectamente las inversas si cambiamos el contexto social: supongamos que, digamos, en 50 o 60 años, nuestra sociedad se abre a la realidad de las parejas homosexuales, dándoles incluso la posibilidad de casarse y criar hijos. Este mismo individuo puesto en aquel contexto, afirmando que lo que acaba de ver es cuático, habría caído en un error al proferir semejante juicio: recordemos que la idea "cuático" es una construcción social: requiere comparar una situación o cosa con lo que se da comúnmente en la época.

Si bien su afirmación es totalmente válida para él, carece de sentido para el resto de la sociedad, y de hecho el individuo sería considerado con toda razón como cuático por haber pensado que la pareja que vio es cuática. En otras palabras, si juzgamos algo como cuático, podríamos nosotros mismos convertirnos en cuáticos si nuestra hipótesis pierde validez, es decir, si lo que consideramos cuático no lo era. Ahora bien, este ejemplo deja claro que lo cuático evoluciona con el tiempo y puede dejar de ser cuático. Esto se debe principalmente al mejor conocimiento que con el tiempo se adquiere de lo cuático. Por ello, podemos concluir dos cosas: difícilmente puede existir algo cuático en sí, algo que siempre sea cuático, pues a medida que lo conocemos vamos aceptando su comportamiento y hasta incluso podemos adquirirlo, dejando de ser cuático. Segundo: las cosas pueden dejar de ser cuáticas, pero también pueden pasar de ser no cuáticas a ser cuáticas: el individuo hipotético que era tomado por "normal" al considerar cuática una relación homosexual, si a pesar de los cambios sociales y culturales insiste en encontrar cuática esta relación, comenzará a ser considerado por los demás como cuático.

El sentido cuático de la vida

El asunto de si la vida tiene un sentido cuático inmanente o trascendente es bastante más complicado, existiendo varias corrientes de pensamiento igualmente válidas. Entre las principales tenemos las siguientes:


Santo Tomás de Aquino

La Gestalt: postula que lo cuático, como manifestación solemne de lo inaudito, se haya enraizado en la esencia de la vida misma: nada es cuático por sí solo fuera del ser humano, todo lo cuático proviene de éste y toma su carácter transgresor de la personalidad sublimada. Nada, por tanto, puede ser realmente cuático si no se origina en el ser. Lo que nos rodea no es cuático, somos nosotros los que proyectamos nuestra propia cuaticidad en el entorno, dándole coherencia a nuestras vidas. Una vez que tomamos conciencia de que lo cuático que contemplamos no es más que un espejo en el que nos reflejamos nosotros mismos, podemos encontrarle el sentido a nuestra existencia. Esta es una concepción inmanente del sentido de la vida.


En oposición, la doctrina de la Santa Iglesia Católica se basa en las reflexiones de Santo Tomás de Aquino: para él, en los términos cristianos, lo cuático proviene de lo divino, y por tanto sólo es posible para el ser humano contemplar lo cuático de la Creación desde una perspectiva de tercera persona. Nosotros no participamos de lo cuático, somos simples espectadores de aquello que nos es revelado como cuático. A los Apóstoles, por ejemplo, se les concedió el privilegio de relatar lo cuática que fue la venida de Jesucristo; a otros se les manifiesta lo cuático a través de milagros, etc., pero siempre el ser humano tiene un rol pasivo en el proceso cuático. Es menester, por tanto, buscar lo cuático en la perfección de la santidad y no en la perversión del pecado: Satanás se apropió de parte de la creación y con maldad ha confundido al ser humano haciéndole creer que hay cosas cuáticas malvadas, alejando al ser humano de la búsqueda de lo cuático. Esta es una visión trascendente del sentido de la vida, porque insta a buscar fuera del individuo el sentido de su existencia.