Adolfo Suárez
| Lor apañole' semos asín.
(Humor español que probablemente no entiendas si no provienes de la Península Ibérica o de las colonias restantes) |
Presidente de España |
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| Anterior | Siguiente |
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| Nacimiento Defunción | 1932
2014 |
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| Afiliación | UCD |
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| Estado actual | Fiambre |
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| Relaciones | Juan Carlos I, Felipe González, Manuel Fraga |
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| Enemigos | Antonio Tejero, Carrero Blanco |
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Adolfo Suárez González, también conocido como Adolfillo el Golfillo, El Mindundi Supremo o simplemente El que lió esto, fue un abogado del Estado, político, y presunto estratega que, por designios inescrutables del destino (o porque el Rey perdió una apuesta), se convirtió en el primer presidente del gobierno de la democracia española tras la muerte de Paquito el Chocolatero. Su mandato se recuerda principalmente por tres cosas: legalizar el comunismo, sobrevivir a un golpe de Estado de opereta y poner de moda los consensos entre fuerzas políticas que, en realidad, se llevaban a matar.
Biografía
Inicios y juventud
Nació en Cebreros (Ávila), un pueblo tan pequeño y perdido que la cigüeña que lo trajo tuvo que pedir indicaciones varias veces. Hijo de una familia acomodada (su padre era abogado y su madre, una santa), desde pequeño mostró una habilidad innata para el padel, quiero decir, para la política: era capaz de prometer que haría los deberes y luego convencer al profesor de que el perro se los había comido.
Estudió Derecho en Salamanca, pero no porque le gustara, sino porque "había que estudiar algo". Allí se afilió a Falange, como todo hijo de vecino con aspiraciones en la época, más que nada por el uniforme, que daba mucho juego. Franco, que lo vio un día haciendo el pino puente, decidió que tenía madera de "político del futuro" y lo metió en el Movimiento. Pronto destacó por su capacidad para decir "Sí, mi general" con una convicción pasmosa.
Ascendió en el escalafón franquista como la espuma: gobernador civil de Segovia (donde aprendió a decir "castellano") y, lo más importante, Director General de Radio Televisión Española (RTVE) entre 1969 y 1973. En este puesto, su mayor logro fue inventar el "UHF", un invento diabólico para que la gente dejara de ver la tele por la tarde y tuviera dos canales donde elegir entre malo y peor. También se le atribuye la creación del "No-Do", aunque eso es una exageración; él solo lo hizo aún más soporífero.
La llegada al poder
A la muerte de Franco, el rey Juanito el Breve se encontró con un problemón: tenía que desmontar el chiringuito franquista sin que los franquistas se enfadaran mucho. Primero probó con Carlos "el Pellejo" Arias, que era como querer quitarle lo rancio a una tortilla de patatas congelada: imposible. Arias era tan aperturista como una puerta blindada.
Fue entonces cuando el Rey, en una noche de insomnio o quizás tras una partida de mus, dijo: "¿Y ese chico tan apañao que vi en la tele? Ese, el de la sonrisa fácil y los dientes blancos. Ese me vale. Además, si sale mal, la culpa es suya". Y así, en 1976, Adolfo Suárez, un perfecto desconocido para el 90% de los españoles (y para el 10% restante que lo conocía del UHF, le tenía manía), fue nombrado Presidente del Gobierno por sorpresa. La oposición, los franquistas y la prensa internacional se quedaron con cara de póker. La famosa frase de "¿está loco este hombre?" (atribuida a Fraga) se convirtió en trending topic de la época, aunque entonces se decía en los bares.
La Transición
Suárez se puso manos a la obra con una agenda secreta que consistía en un solo punto: "Desmontar el régimen sin que los militares se reboten". Para ello, desplegó una táctica conocida como "el arte del funambulismo en un campo de minas". Su mayor jugada maestra fue la Ley para la Reforma Política (1976). Era un brindis al sol en formato decreto que, , decía: "Vamos a hacer unas elecciones, ¿vale? Pero sin pasarse". Para su sorpresa, hasta los franquistas más acérrimos votaron a favor, probablemente porque pensaron que era una ley para prohibir algo.
El gran momento llegó en la legalización del Partido Comunista (PCE), en abril de 1977, también conocido como "Sábado Santo Rojo". Mientras media España se comía las torrijas, Suárez legalizaba al archienemigo. El Ejército casi le da un telele colectivo. Se dice que el almirante Pita da Veiga (ministro de Marina) le dijo: "Señor Suárez, esto es la leche". Y Suárez, con su sonrisa de anuncio de dentífrico, respondió: "No se preocupe, almirante, que si no hay Dios, no hay quien me pare". Tras esto, convocó las primeras elecciones democráticas desde 1936.
Las elecciones las ganó su partido, la UCD (Unión de Centro Democrático), un partido que era como una orquesta sin director, formado por franquistas reciclados, democristianos, liberales y algún que otro despistado. Todos unidos por el pegamento del poder. Suárez, investido presidente, se dedicó a lo que mejor sabía hacer: poner parches. Se redactó la Constitución de 1978, un texto que gustó a casi todos porque, como en el chiste del menú, cada uno se quedó con lo que le interesaba y luego se quejó de lo del otro.
Logros de su gobierno
- La Constitución de 1978: Un libro de instrucciones para el país que aún hoy discutimos si seguir o tirar a la basura. Tuvo el mérito de contentar a casi todos, desde el que quería monarquía hasta el que quería república federal soviética (a este último no tanto).
- Los Pactos de la Moncloa (1977): Un pacto de Estado donde sindicatos, empresarios y políticos se encerraron a negociar y, para sorpresa de todos, llegaron a un acuerdo. Consistió en: "todos a apretarse el cinturón". El pueblo, encantado de apretárselo.
- El Estado de las Autonomías: Suárez, viendo que en Cataluña y País Vasco la cosa bullía, dijo: "O les damos autonomía o acabamos como en los tebeos". Y empezó el "café para todos", un sistema por el cual regiones como La Rioja o Cantabria también querían su propio gobierno, su himno y su selección de fútbol, aunque solo fuera para tener un día festivo más.
La caída
Pero tanta sonrisa y tanto consenso no podían durar. La UCD, su propio partido, era una olla de grillos. Empezaron a pelearse por todo: por el divorcio, por el aborto, por quién se sentaba al lado de la calefacción. Suárez, harto de lidiar con los suyos, perdiendo apoyo del Rey (que ya coqueteaba con Felipe González) y con un paro galopante que le comía la tostada, tomó una decisión histórica.
En una rueda de prensa televisada el 29 de enero de 1981, con cara de funeral, soltó el famoso "Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España". Lo que todo el mundo entendió fue: "Me piro, vampiro. Esto es un coñazo y mis colegas de partido son unos impresentables. Que lo arregle el próximo".
El 23-F
Renunció, y mientras se celebraba la votación de investidura de su sucesor, Leopoldo "Calvo-Sotelo" el Breve, un grupito de guardias civiles al mando de Antonio Tejero asaltó el Congreso. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Suárez, que estaba sentado en su escaño como un ciudadano más, demostró tenerlos bien puestos. Mientras los demás diputados se tiraban al suelo (con razón, que aquello daba miedo), él se mantuvo tieso y hasta se encaró con los asaltantes. Fue su momento de gloria póstuma. Demostró que, aunque su gobierno hubiera sido un poco caótico, de valiente no le ganaba nadie. Cuando el golpe fracasó (gracias, entre otros, al Rey), Suárez se retiró a la vida privada, dejando paso a Felipe González, que gobernaría los siguientes 14 años y se convertiría en lo más parecido a un presidente vitalicio.
Últimos años
Fundó un partido, el CDS, que fue como la resaca de la UCD, y no le fue bien. Se retiró de la política. Sus últimos años se los pasó en Madrid, viendo la tele y olvidándose poco a poco de todo. La enfermedad de Alzheimer lo fue borrando del mapa, igual que la historia había empezado a borrar sus años de gobierno. Paradójicamente, cuando la gente se empezó a olvidar de él, volvieron a quererle. Le dieron un montón de premios, el Toisón de Oro y un montón de calles. Falleció en 2014, provocando un tsunami de memes y un entierro de estado con todos los honores.
Legado y curiosidades
- Se le considera el inventor de la "política de consenso", un término que hoy en día suena a marcianada.
- Era un fumador empedernido. Se dice que en los Pactos de la Moncloa se fumó tres cajetillas él solito.
- Su famosa sonrisa de póster de dentífrico era su mejor arma política, justo antes de soltar un "puedo prometer y prometo" que nadie sabía si iba a cumplir.
- Existe la teoría no confirmada de que Suárez era en realidad un robot creado por Henry Kissinger y el Rey para gestionar el post-franquismo sin despeinarse. Esta teoría gana fuerza al observar su resistencia al estrés y su capacidad para mantener la sonrisa en las peores crisis.
Véase también
- El gran "timo" de la Transición
- Juanito el Breve, su jefe
- Felipe "El Guru" González, el que le robó la cartera
- Manuel Fraga, el yayo de la Constitución
- Antonio Tejero, el del bigote y la pistola
- Santiago Carrillo, el del "el que se mueva es del PSOE"
- UCD, el partido que era un cortijo