Hanna-Barbera

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Hanna-Barbera
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Henna Barbera.png
La serie donde los protagonistas creaban series... y también se creaban a sí mismos.
Género Violencia cartoon, filosofía con galletas, defensa de los derechos furros y mucho Bonk.
Creado por José Barbero y Guillermo Hanna (o tal vez fue al revés, nadie lo sabe).
Reparto José Barbero, Guillermo Hanna, Fred Quimby, Rufus el Mapache, Los Cinco Clones Vocales, Don "Grito" Messickson (su hipo), El Árbol Torcido (personaje de fondo con sentimientos) y una invasión ocasional de seres animados.
Productora Hanna-Barbera Productions (dentro de Hanna-Barbera Productions), MGM (solo en flashbacks), Taft Broadcasting (los años oscuros), Turner Broadcasting (el rescate) y Warner Bros. (la absorción final).
Emitido en 1957-2001 (más repeticiones en Cartoon Network)
País Estados Unidos (aunque los Pitufos intentaron anexionarlo a Bélgica)
Duración 22 minutos (más 5 minutos de créditos)
Estreno Finalización La Guerra Fría, la Invasión Pitufo (1981-1991) y la Gran Absorción por Recojo Cartón (1996-2001)
Idioma Inglés (doblado por cinco clones con diferentes sombreros)
Sitio web Búscalo en Google.


Hanna-Barbera fue una célebre serie de cortometrajes animados coprotagonizados por William Hanna y Joseph Barbera y producidos por Hanna-Barbera. Fue estrenada en 1957 y duró aproximadamente medio siglo de manera ininterrumpida donde pasaron varios sucesos, por ejemplo, en los años 60s cambiaron de vestuario y color de piel de blanco y negro a color. La carcatura narraba la historia de José Barbero y Guillermo Hanna, dos empresarios y animadores que se dedicaban a crear caricaturas dentro la caricatura. Sus episodios se caracterizaban por ser violentos, intrigantes, repletos de galletas con efectos alucinógenos y como no, fueron los primeros en defender los derechos de los denominados vulgarmente pinches furros.

La serie terminó en 2001 con la muerte de uno de los protagonistas, lo que significó la primera vez que un personaje animado era legalmente declarado muerto.

Argumento

La serie fue una de las primeras en tener un formato episódico, contando entre episodios la vida de los hermanos Hanna-Barbera.

Hanna-Barbera presenta: Entre hermanos y manotazos

Apresúrate Tom, que te toca otra sesión de caída de yunques.

Los primeros episodios se encargaron de contar los orígenes del dúo. Así, en el primer episodio se muestra como pelean por el biberón y utilizan materiales robustos para aporrearse, dando origen a uno de los primeros efectos especiales, ese que se escucha cuando alguien dice algo lujurioso: el famoso *bonk*. Conforme pasan los primeros episodios, forman un código de hermandad, usando sus icónicos trajes de negocios para evitar los salpicones de la vida... y las alcantarillas.

Tras eso comienzan su carrera como animadores uniéndose a Metro Goldwing-Meyer, donde conocen a personajes como Fred Quimby, su jefe, un periodista autoritario, y George Sidney, un bonachón pero distraído director de cine.

Uno de los primeros cortos que recibió ovaciones se estrenó a fines de los años treinta. EL corto del film se inicia en formato Techincolor con un plano donde William verborrea a su hermano en esperanto porque alguien se devoró el queso. Ocurrieron explosiones gritos explosivos y hubo alguna que otro fotógrama provocativo que haría aullar al lobo feroz.

Tras hacer las paces y percatarse que el queso fue usado por el vecino para averiguar su sentido de olfato. Los hermanos le respondieron la interrogante de su vecino ¿Qué es eso? donde le contestaron pues es queso. Se escucharon unos aplausos. Sin connotaciones sugestivas claro. A la semana siguiente se estrenó un corto donde peleaban por quien tendría la mayor atención. Antes que fueran devorados por un león de circo, un sujeto llamado Fred Quimby, les mencionó que si se peleaban como gatos y ratones, sería mejor que crearan unos animados y con mayores gritos. De esta manera, el dúo creó a Tom y Jerry.

Durante una década y media, tomando en base en base de sus situaciones cotidianas, animaban al felino y al roedor arrojándose dinamita por todos lados. Sin embargo, corrían rumores de que se burlaban de la esposa de su empleador porque era un calco a la dueña del gato vanidoso que tenía una lengua de tres metros al ser pisoteado.

Para complicar la situación, Fred se vengaba de William y Hanna realizando números de baile cuando ganaba un premio y se robaba el crédito de los hermanos. Con el hartazgo de ser ninguneados y de probar las sobras de las ceremonias, le reclamaron un mayor protagonismo. El resultado ha sido ser expulsados de su salón de reuniones de un escobillón. Aprovechando en que tenían fiel número de seguidores de música clásica y algun que otro extremista que tenía su escopeta cargada como si fuera un bebé, se animaron a crear el estudio Hanna Barbera. El episodio ha sido emotivo, con lágrimas que solvetarían la sequía en el Sahara.

Hanna Barbera presenta: Te veo y no te veo

A veces confundían su reunión de derribar pinos e incendiaban el bosque más cercano.

Tras ser barridos del salón de MGM "con un escobillón", los hermanos, cubiertos de polvo y restos de hollín, llegaron arrastrados a una alcantarilla. Allí, una mancha de tinta con forma de mapache les mencionó: "La verdadera animación no está en los estudios, está en las alcantarillas de su imaginación". Una vez que salieron de aquella red pluvial, en un motel, William cosió sus primeros trajes de negocios a prueba de salpicaduras con tela de paracaídas robada, mientras Joseph mezclaba tinta con agua bendita de un grifo. Juraron no volver a ser invisibles. Este es el "Código del Traje elegante", su armadura contra el mundo.

Alquilaron un garaje que antes fue taller de taxidermia de mascotas televisivas. El aroma a "eternidad rellena de serrín" fue desplazado con galletas de mantequilla de maní quemadas, que casualmente, al ser ingeridas con café recalentado, producían visiones de animales parlantes con problemas laborales.

Joseph dibujó un hermoso bosque para el primer corto de Ruff y Reddy. William, distraído por un ataque de hipo, dibujó a los personajes en una hoja aparte. Para ahorrar tiempo (y porque la galleta los tenía viendo doble), pegaron el dibujo de los personajes sobre el fondo y los movieron dos milímetros por fotograma. Nació la "Animación Limitada", o como la patentaron: "Sistema de Narrativa Cinética Eficiente y Económica (o sea, que movemos el fondo sin movilizar a los personajes)". Solo bastaba improvisar con el bonk, risas enlatadas y un silbido de caída imitado con el soplido del frasco de galletas que dejaron tirado.

De aquí a 1969 se emitieron varios episodios que marcaron el origen de diversos personajes anticuados, como otros que fueron visionarios.

Los Picapiedra nacieron en el episodio "Piedra sobre Piedra", cuando Joseph, tras golpearse con una puerta que alguien había dejado entreabierta, alucinó con un hombre peludo explotado laboralmente que gritaba "¡Yabba Dabba Doo!" mientras conducía un tronco con ruedas y esquivaba dinosaurios domésticos. Guille, siempre el pragmático, anotó en una servilleta: "Él unta bunga, la esposa con collar de mamut. Comedia doméstica. Usar el fondo del desierto, pero con palmeras de cartón y mucha roca volcánica". El éxito fue tan inmediato que los ejecutivos de la cadena preguntaron: "¿Pero esto es para niños o para adultos?", a lo que los hermanos respondieron al unísono: "Sí".

Los Supersónicos (1962) llegaron en el episodio "Futuro con descuentos". Hartos de dibujar rocas y dinosaurios, los hermanos tomaron una galleta de "propulsión espacio temporal" y experimentaron una visión futurista donde los autos eran voladores y no habían inodoros parlantes, pero los chistes eran exactamente los mismos que en la edad de piedra. "Es Los Picapiedra, pero con pantalones ajustados y platillos voladores", dictaminó José mientras dibujaba a la Robotina explotada laboralmente como mencionaba el documental de Biografías Toon. Guillermo añadió el toque maestro: "Y que el perro sea un Astro pero que no que luzca acaparando pantalla. Así vendemos peluches".

Don Gato y su Pandilla (1961) surgió de la observación directa de la mafia siciliana. En el episodio "El Maullido del Éxito", los hermanos pasaron una tarde observando a un gato callejero del vecindario llamado Don Gato, que estafaba a otros animales para conseguir sardinas con una elegancia felina digna de la mafia italoamericana. Guillermo exclamó: "¡Es un embustero elegante! Pero en dibujos, así que que siempre falle estrepitosamente. Y que tenga una pandilla de incompetentes adorables". José añadió la cereza del pastel: "Y que uno de ellos solo diga '¡Lá, lá, lá!' y otro tenga acento imposible. Así ahorramos en darles habla".

En el episodio "Carrera en el Pasillo", durante una pelea épica por la el último frasco de galletas de fresa, los hermanos empujaron sus sillas de oficina por el pasillo del estudio, saboteándose mutuamente con reglas, tazas de café y demás utensilios. Mientras rodaban por los pasillos esquivando a secretarias, Guillermo gritó: "¡Es una metáfora para la cobertura del seguro de automotor! Pero con coches absurdos y los mismos paisajes desérticos que ya tenemos dibujados". Así nació la serie de carreras más icónica de la televisión, donde lo importante no era ganar, sino ver cómo explotaba el rival.

Hanna Barbera presenta: Scooby Doo Papá y el Bum Bum mediático

Cuando algo se tornaba serio, los hermanos se volvían hiperealistas.

En el episodio titulado "El Perro que Comió la Galleta del Misterio", Scooberto, un gran danés del vecindario, consume una galleta peligrosa que revela efectos secundarios, como la capacidad de hablar y experimentar visiones. Al hacerlo, Scooberto no solo comienza a comunicarse, sino que también expone la verdadera identidad del aguatero como el Sr. Rogers, un hippie disfrazado. Intrigados por sus habilidades, los hermanos deciden adoptar a Scooberto como su consultor creativo, inspirándose en su personalidad paranoide para innovar en su trabajo en el estudio.

Guillermo, contemplando el atardecer, cuestiona si han alcanzado el arte, a lo que José responde que han creado algo más significativo: "una fábrica de felicidad enlatada". Esta reflexión ocurre cuando una nube de humo irrumpe en su oficina, de la cual aparece Fred Quimby, su exjefe, vestido como un villano de Scooby-Doo, y reclama que los hermanos le están robando su fórmula de éxito. Sin embargo, tras una interacción cómica en la que Guillermo le lanza un plato de galletas, Quimby es víctima de un espasmo creativo y comienza a bailar como si estuviera en un número musical de Broadway, olvidando así su intencionada venganza.

A medida que la trama avanza, un oso con corbata y un ratón parlante, actuando como seguridad, escoltan a Quimby fuera del estudio. La escena finaliza con la imagen del estudio transformado en un edificio brillante con forma de televisor gigante, mientras se escucha la risa enlatada y el icónico grito de "¡Scooby-Doo, dónde estás!" mientras el sol se ponía, marcando el cierre de la temporada con un decorado ya familiar que ha sido utilizado en 27 episodios previos.

Fallo Padres de Flia C/ Los Hermanos

El momento cumbre de esta temporada fue, sin duda, el episodio 220, conocido como "El Código Furro" o, en los pasillos de los estudios, "El Día que los Animales con Pantalones Conquistaron la Justicia". Los hermanos fueron llevados a juicio por "promoción de la antropomorfización ilegal y corrupción de menores mediante osos que roban cestas". La acusación, presentada por una liga de padres de familia que no entendían por qué sus hijos querían desestabilizar el orden de los parques nacionales, amenazaba con censurar todas las series del estudio.

El juicio se celebró en un tribunal animado donde el juez era un pelícano con peluca, el fiscal un zorro de corbata que había sido villano en tres episodios, y el jurado estaba compuesto por doce objetos de cartón reciclable que habían sido testigos de todo. La defensa de los hermanos recayó en el abogado más insólito que podían haber elegido: Boo Boo en persona, vestido con una toga académica que le quedaba grande y gafas de lectura que usaba al revés.

A pesar de haber ganado el juicio, Boo Boo sucumbió en la vida delectiva tras acusaciones de doping en las Olimpiadas de la Risa.

El alegato de Boo Boo pasó a la historia de la animación:

Cita1.png"Señoría, distinguidos miembros del jurado (y si que nos observan), permítanme plantearles una cuestión fundamental: ¿Qué define a un ser con derechos? ¿Es acaso la capacidad de caminar erguido? Yo camino erguido. ¿Es el uso de herramientas? Yo uso un moño, que es una herramienta de sofisticación social. ¿Es la capacidad de hablar? Aquí estoy, hablando más elocuentemente que la mitad de los presentes. Un oso con accesorios y vocabulario es un trabajador del espectáculo que contribuye a la educación de la juventud. Un úrsido sin pantalones es un salvaje que vive en el bosque con Yogi. Nosotros, señoría, podemos tener mejor puestos los pantalones que terceros. Elegimos la civilización. ¡Elegimos el derecho a robar cestas de picnic con fines de rebajar la rigidez de los guardabosques y animadores!"Cita2.png

El jurado deliberó durante tres fotogramas (lo que en tiempo real fueron tres segundos, pero en el universo animado equivalía a tres semanas de suspense) y emitió una resolución que fue leading case: cualquier animal animado que use al menos una prenda de vestir y demuestre un problema cómico recurrente merece protección legal bajo el recién creado "Estatuto del Personaje Antropomorfo".

Este fallo no solo salvó al estudio, sino que estableció un precedente legal que, en la la serie, sigue vigente hoy y ha sido citado en casos tan diversos como demandas de patos sin pantalones y pleitos de vacas que ansían ser astronautas.

Hanna Barbera presenta: Azulados y morotoneados

En los años 80, el control de los,Pitufos obligaba a cada serie nueva mínimamente tener un prefijo en sus personajes, como el caso de la serie de Pac-Man.

Como recapitulo de esta temporada estuvo marcada por la creación del personaje que casi destruye el estudio desde dentro: Scrappy-Doo. En el episodio 245, titulado "El Error Perruno", los ejecutivos (ahora convertidos en duendes de corbata que solo sabían decir "más contenido, más rápido") forzaron a los hermanos a crear un nuevo personaje que revitalizara la franquicia de Scooby-Doo. Joseph, con cuadro febril y bajo los efectos del humo de la cabina del Misterio, dibujó a un cachorro diminuto, hiperactivo y con una confianza en sí mismo tan desproporcionada que daba auténtico terror. El daño ya estaba hecho: la franquicia de Scooby-Doo nunca volvería a ser la misma, tras emitir el episodio Poder Perruno, las pelotas donde los hermanos aprendieron una valiosa lección sobre los riesgos de crear personajes secundarios desechables.

El inicio de los años 80 trajo consigo el evento más traumático en la historia del estudio, un evento que los historiadores animados llaman "La Gran Invasión PitufiAzul". En el episodio 301, titulado precisamente así, una legión de diminutas criaturas azules irrumpió desde una "pitufo-grieta" interdimensional que se abrió por primera vez misteriosamente en el estacionamiento del estudio (hecho que se iba a repetir en 2011). Medían tres manzanas de altura, tenían vocabulario limitado a su propio color, y lo peor de todo: eran adorables y terriblemente rentables.

Los hermanos, reducidos a meros espectadores en su propio estudio, vieron cómo sus creaciones originales eran relegadas a segundos planos mientras los pequeños seres azules copaban las parrillas de programación. En un momento de desesperación, José intentó razonar con ellos: "Pero... ¿no son todos iguales? ¿No tienen cada uno una personalidad definida por un solo rasgo? ¡Eso es unidimensional!". A lo que Pitufo Filósofo respondió: "Exactamente. Por eso funcionamos. La audiencia no quiere complejidad.

Hanna Barbera presenta: Nuestro último aliento siendo caricatoon

Necesitaron lubricantes para salir ambos de la o angosta.

Justo cuando todo parecía perdido, cuando los hermanos apenas recordaban cómo se dibujaba sin la supervisión de los duendes corporativos que habían sido espantados por un felino, ocurrió el milagro. En el episodio “El Ojo del Turner”, una figura gigantesca emergió del horizonte corporativo: Ted Turner, el magnate de la comunicación, dibujado como un ser benevolente con cabello hecho de llamas y un ojo que emitía señales satelitales. En su pecho brillaba el logotipo de la CNN, y al parpadear, sus pupilas transmitían noticias del mundo real que los personajes animados no podían comprender.

Turner declaró:

“Compro su estudio. Todos sus dibujos. Todos sus personajes. Todos sus fondos repetidos. Y con ellos, crearé algo que ningún otro ha creado: un canal que los transmita 24 horas al día, 7 días a la semana, por toda la eternidad. Se llamará Cartoon Network”.

Los hermanos, pequeños y descoloridos frente al gigante mediático, fueron levantados por una mano enorme y colocados dentro de lo que parecía un televisor gigante. Desde dentro, vieron cómo todo su catálogo —cada episodio de cada serie que habían creado— comenzaba a transmitirse en un bucle infinito. Guillermo, mirando a través del vidrio, susurró:

—¿Esto es el cielo o el infierno?

José respondió:

—Es la sindicación, hermano. Es peor que ambos. Es la eternidad televisada.

De esta manera pudieron pagar sus medicamentos (que no compraron), porque desperdiciaron el dinero adquiriendo el rayo rejuvenecedor para probarlo en sus personajes (Los Pequeños Picapiedra, Un cachorro llamado Scooby Doo, etc).

Episodio final

La animación bajó de calidad pero el carisma se mantuvo intacto.

Con un William Hanna deteriorado por el cringe que le dio su cameo en Space Jam, laserie dio su salto meta más devastador: José Barbero fue convocado a un tribunal de dibujos. El juez era, por supuesto, Fred Quimby, resucitado con brujería como villano final con peluca y martillo hecho de huesos de plástico. La acusación del fiscal con cabeza de calculadora fue implacable: "Si la mano que da vida se extingue, la línea que dio forma debe ser declarada extinta".

José intentó defenderse apelando al Código Furro: "¡Uso pantalones y tengo problemas cómicos, además mi hermano sigue vivo!". Pero el tribunal de ejecutivos corporativos, dibujados como reglas parlantes, no aceptó argumentos. El veredicto fue unánime: José Barbero será condenado a pena capital mediante una goma de borrar.

En la escena más desgarradora de la animación, José se desvaneció en una lluvia de lápices rotos y fotogramas sueltos. Sus últimas palabras a Guillermo: "Cuida los fondos. Y no dejes que reciclen demasiado el árbol torcido". Luego, solo quedó un sombrero vacío y un lápiz número 2 partido por la mitad.

Guillermo, solo en el estudio vacío, vagó por departamentos fantasmales hasta llegar al almacén original. Allí encontró el biberón de su infancia, el mismo del primer Bonk. Con manos temblorosas, se lo golpeó contra la cabeza.

No fue un Bonk común. Fue el BONK definitivo, el primordial, el que canalizaba todos los Bonks pasados y futuros. Resonó por todo el universo animado. Y cuando el eco comenzó a desvanecerse, los colores de Hanna-Barbera —rojos de Don Gato, azules de Los Pitufos, verdes del árbol torcido— se desaturaron lentamente a sepia, luego a blanco y negro, hasta que todo el universo animado que crearon se congeló en un fotograma estático.

Personajes

Cita3.png¡Por las barbas de mi tía Petunia!Cita4.png
La Mole recordando que formó parte del extensivo casting de la serie.

Son tan vastos los personajes que el anexo estará listo hasta el año 2062 (y si no ocurre, échenle la culpa al Lagarto Juancho). Aún así, estos son los protagónicos de la serie, que como todos personajes de caricaturas su personalidad cae por poco en el espectro del autismo.

  • William Hanna: El hermano "artista". Siempre con un lápiz detrás de la oreja, manchado de tinta y con una dependencia emocional de las galletas que fomentan la creatividad. Es el soñador, el que ve perros azules parlantes y los convierte en series de éxito. Su frase insignia: "¿Y si le ponemos un animal que hable?". Doblado por Daws Butler con acento de artista que no le alcanza ni para la limosna.
  • Joseph Barbera: El cerebro comercial. Viste un traje a rayas que según la leyenda hipnotiza a los ejecutivos para que firmen contratos. Reafirmaba que inventó el concepto de "merchandising" a pesar que existía con anterioridad. Su frase célebre: "Eso no vende... ¡espera, sí vende!". Doblado por imitadores de Mel Blanc contactados en un lavado de autos.

Créditos

HB Comedy.gif

Recepción

La versión live action de los hermanos, recibiendo premios junto a su hijo pródigo.

Cuando "Hanna-Barbera" se estrenó en 1957, nadie sabía con certeza qué estaban viendo. ¿Era una serie infantil? ¿Un documental animado? ¿Una larga confesión de dos tipos que consumían galletas cuestionables? La crítica se ha dividido, los ratings explotaron y el público desarrolló una relación de amor-odio que perduró medio siglo.

Los críticos no supieron cómo catalogarla. The New York Times escribió: "Es como ver a dos hombres descubrir que pueden hacer dinero mientras roncan. La animación limitada nunca había sido tan... limitada. Y sin embargo, no podemos dejar de mirarlos". Variety lo definió como "Novedoso, pero eso lo vi de antes", mientras TV Guide lo declaró "imperdible (si no tenés nada productivo que hacer)".

Los ratings fueron estratosféricos en sus primeros años: 42% de audiencia en la temporada inicial, alcanzando un pico del 58% durante la era dorada de los 60. Cada episodio generaba una nueva serie derivada y una nueva tanda de galletas vendidas. Sin embargo, la invasión Pitufa de los 80 dividió a la audiencia, cayendo al 23% mientras los fans originales pedían "menos azul, más árbol torcido". En los 90, ya en Cartoon Network, la serie encontró su verdadero hogar: horario de la madrugada, con un 12% de fieles insomnes que perdieron el control de su vida.

Influencia

Los Picapiedra fueron superados en tiempo al aire hace milenios por la familia de un panzón con alopecia.

El impacto de "Hanna-Barbera" trascendió la pantalla chica para infiltrarse en la cultura popular, la política, el lenguaje y, por supuesto, los homenajes.

En la animación, su legado es innegable. La "animación limitada" que nació por accidente se convirtió en escuela de aprendizaje: estudios de todo el mundo adoptaron la técnica de "mover poquito", y Japón la perfeccionó hasta llamarla "anime". Los fondos reciclados se estudiaron en escuelas de cine como ejemplo de eficiencia narrativa. La fórmula "animal + adjetivo-nombre" se copió sin cesar: sin Yogi Bear no habría existido el Oso Yogi.

En el lenguaje, el Bonk se volvió universal. "Recibir un bonk" significa recibir una lección inesperada a la fuerza. "Ponerse los pantalones" (del discurso de Boo Boom en el juicio) significa asumir la responsabilidad. La RAE consideró incluir "bonk" como onomatopeya oficial, pero lo rechazaron por "un dolor de cabeza".

Las referencias en otros medios fueron incontables. Los Simpson dedicaron un episodio donde Homero termina su jornada laboral cantando rumbo a casa. Los habitantes de South Park descubrieron que su pueblo estaba construido sobre un fondo reciclado de los 60. Family Guy incluyó un gag recurrente donde Peter Griffin, se ponía en posición fetal después de que se caía de las escaleras, idéntico a Barbera en su momento de vejez. Y en Quién Engañó a Roger Rabbit, José y Guillermo aparecen en el bar discutiendo sobre quién inventó la dinamita animada.

Ver también