Pierre-Auguste Renoir

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Pierre-Auguste Renoir
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Renoir en su época buena
Personal
Nacimiento Defunción Montmartre
Con una corbata de flores
Estado actual Más mujeriego que vivo
Lugar de residencia En una de sus pinturas de bailes
Sobrenombres Pincelito sabroso
Su obra
Se dedica a Pintor, seductor y padre de muchos
Origen La pintura que se mueve y se reproduce
Hazañas logradas Quedarse cojo aunque pudiera haber sido bailarín
Relaciones Con su esposa Aline y con todas las que pudo
Enemigos Los críticos y los maridos celosos
Obras Baile en el Moulin de la Galette y muchas mujeres desnudas

Pierre-Auguste Renoir (pronunciación en francés: /croassan eiffel sacreblu/; Limones, Alto Valirio; 1841-Festival de Cannes; 1919) fue lo que en sus tiempos se consideraba un voyeurista con buena suerte y ahora un pintor francés impresionista (porque impresionaba a sus modelos con su enorme pincel a pesar de su enclenque tamaño de cuerpo), que en la segunda parte de su carrera se interesó por la pintura de cuerpos femeninos XXL en paisajes públicos, pues además de todo era un fetichista de los simpáticos.

A diferencia del resto de impresionistas, Renoir sí sabía pintar, lo que incrementaba su sex-apple en un 200% a diferencia de Manet o Van Gogh que intentaron conquistar a bellas damas con su arte y tuvieron que conformarse con otros colegas barbudos. Pierre-August usaba de pretexto que aún no se inventaban los fotógrafos para colarse a las mejores fiestas del rave rococó donde pintaba a las doncellas para los periódicos del Jet set y luego se las llevaba al monte, porque como buen pintor no tenía cama ni casa.

Para él todo era alegría, tanto entre burgueses como pintando a las mozas con sus sexys atuendos de las fábricas, y con motivos, cada pintura le aseguraba dos o tres hijos nuevos. Simplemente de la pintura "El almuerzo de los remeros" salieron la camada de hermanos Pierre Renoir, Jean Renoir, Claude Renoir, que son los legítimos, y también Auguste, Pierre-Auguste Jr., Pierre-Pierre, Auguste-Pierre, Claude Jr. Pierre-Claudie, y de otras pinturas algunos más que no conozco. Se puede decir que lo que fue de buen pintor, fue de mal padre. Tanto así que mientras lees esto, debe estar consiguiendo amantes en el cielo.

Biografía

Infancia

Nacido en una familia tan pobre que se alimentaba de comida francesa, fue el sexto de los veintisiete hijos del sastre Léonard y la costurera Marguerite, que se habían casado por amor y no por conveniencia, lo que les garantizó seguir siendo pobres.​ Los Renoir se trasladaron a París,​ en donde el padre esperaba mejorar su situación económica pero sólo mejoró su capacidad reproductiva porque tuvo más hijos.​ En 1848, fue rentado a una escuela religiosa para que sirviera como niño bulleado para los pudientes. Algo aprendió ahí, pero también la voz de sus quejas fue notada por el profesor de coro que le dio su primera oportunidad de destacar en algo que no fuera en ser pobre.

Tuvo un excelente inicio como falsificador de porcelana china.

Pero cantar no le gustaba, entre otras cosas porque le prometieron el puesto de castrati de la congregación. De esta forma abandonó la escuela y fue enviado al taller de falsificación de porcelana china (¿quién diría que en esas épocas a los chinos los pirateaban?), donde aprendió a usar pinceles y notó que tenía un gran talento como pintor oriental de la Dinastía Ming, pero que como occidental los sus vecinos sólo le pagaban con un pedazo de queso los retratos que les hacía, pero ni siquiera era un trozo de queso mal oliente que le gusta a los franceses, sino uno fresco y de buen aroma. Lo que lo hacía sentirse sin talento.

En el patio del Louvre, que estaba a dos pasos de la chabola de los Renoir, el chiquillo Auguste se divertía jugando al gato y al ratón con otros mocosos, aunque siempre le tocaba ser el gato por la frondosa barba que le caracterizaba desde los seis años. Para él era lo más normal del mundo colarse en el antiguo palacete de los reyes, que se había convertido en un museo famoso después de que les cortaran la cabeza, y donde a menudo se metía en las salas de esculturas viejas para quedarse allí a echar la siesta. Pero las aventuras del pequeño no se quedaban solo en el Louvre. Su sensación de ser uno más de la ciudad ―que le venía de nacimiento― le dejaría una marca en su arte. Renoir veía belleza en las callejuelas del París medieval, en los edificios góticos que parecían de cartón piedra, en las vendedoras del mercado que iban sin sujetador, y por eso mismo lloraba cuando veía que tiraban abajo el París de siempre. Su niñez y juventud coincidieron con el inicio de la era de la modernización, de las obras faraónicas de la ciudad y de los cubrepezones obligatorios.​

Juventud

El arte sacro no era lo suyo, por eso se enfocó más en la sociedad.

Cuando tenía 17 años, Renoir se dedicaba a pintar abanicos y a colorear escudos de armas para su hermano Henri, que era un falsificador de nobleza.​ Trabajó un tiempo en la calle Bac, donde pintaba persianas de papel que simulaban ser vitrales en las capillas cutres de los misioneros. Durante esos años, se compró lo que necesitaba para pintar al óleo y se hizo sus primeros selfies.

En esa etapa, conoció en el taller de Gleyre a los que serían sus colegas y compis de arte para siempre. Allí se hizo muy amigo de Claude Monet y otros dos que no merecen artículo, que a menudo se iban a pintar al campo en el bosque porque en la ciudad era muy difícil pintar desnudos como lo acostumbraban (entre ellos, porque no podían convencer a ninguna modelo femenina).​ Bazille sería el primero en proponer a sus colegas que se juntaran en un grupo. Pero eso no pasó hasta después de que se muriera en la guerra franco-prusiana, así que el pobre Bazille nunca pudo exponer con el resto del grupo y que le llamaran «impresionista».

Se fue a estudiar al taller de Gleyre, pero no duró mucho. En 1863, todos los del grupo tuvieron que dejar el taller porque lo cerraron, aunque los archivos dicen que duró mucho tiempo y Pierre-Auguste se fue antes, porque no tenía pasta para pagar sus estudios. Aunque comida tampoco, pero sospecho que también fue porque habría dejado embarazada a las 4 hijas de Gleyre.

Delacroix y Manet: primeras influencias artísticas (y eróticas)

Al principio no era muy bueno replicando el trabajo de otros. Pero se le notaba la calentura.

A diferencia de algunos de sus amigos, que preferían pintar árboles y flores, Renoir encontró una gran fuente de inspiración en el Louvre y particularmente en el trabajo de Eugène Delacroix. La muerte de Delacroix, en 1863, hizo comprender a la joven generación de artistas franceses la importancia que para ellos tenía la pintura del gran romántico. Reconoció en el trabajo de Delacroix algo que le resultaba especialmente cercano: el gusto por las mujeres exóticas y semidesnudas en paisajes urbanos con muchos mirones.

Un importante acontecimiento sacudió la vida artística de la capital francesa. Por orden de Napoleón 3.0, se abrió el Salón de los Rechazados, en donde Almuerzo sobre la hierba de Édouard Manet causó un gran impacto pues su obra mostraba a una mujer desnuda en un picnic con dos hombres vestidos, lo que provocó la indignación de la moralista sociedad francesa que no le importaba ver a una desnudista, sino que los almorzadores comieran sándwich ingleses en lugar de pan francés. A Renoir fue al único pervertido que le excitó ver las llantitas de la modelo al descubierto. Se hizo un tremendo pajazo cada noche en el museo, hasta mediados de la década de 1860 cuando por fin lo echaron por depravado. Tras esto se dedicó de nuevo a pintar, buscando a Manet para que le enseñara a dibujar esas curvas.

Vida cotidiana y primeras fuentes de inspiración (y de placer)

Las dos cosas que más le gustaban de joven: las campesinas y Bob Esponja el queso apestoso.

Si la vida en París no era fácil para los trabajadores, lo era aún menos para alguien que no laburaba como el joven artista. A falta de dinero, cada cierto tiempo se iba a vivir a la casa de Monet, hasta que Monet lo descubría y lo corría a patadas porque no dejaba de hacerle medios hermanos con su gordita madre (la de Monet, no la de Renoir, porque era un pervertido, pero no un degenerado). Uno de los amigos que no merece artículo tenía buena posición económica y arrendó un taller en el que pudieran hacer orgías trabajar todos juntos.​

También le gustaba el One Piece, en su juventud vio los primeros episodios.

Claro que en Francia había sitios para pintar al aire libre pero no muchas modelos que quisieran dejarse pintar desnudas a media plaza pública y menos de gratis, pero era tan pobre que no podía ni pagar el transporte público para salir a otras provincias. Así que se tenía que conformar con los alrededores de la ciudad, donde había unos paisajes que ni te cuento, con ese delicioso olor a queso apestoso de la buena vida francesa. Allí, cerca del pueblo de Barbizon, que era como el Hollywood de los pintores, había nacido una escuela de arte que se llamaba igual, y de la que Renoir y sus colegas se creían los sucesores por el hecho de vivir más cerca. Los motivos del bosque de Fontainebleau eran infinitos y allí se iban a trabajar él y sus amigos, que comúnmente olvidaban trabajar y se dedicaban a beber vino y a ligar con las campesinas (de ahí salió una comunidad completa de descendientes del pintor). ​

Monet y Renoir pintaban el río Sena, cerca del puente de Chatou, donde había una isla llena de ranas, donde Alphonse Fournaise había puesto un restaurante que se convirtió en el punto de encuentro de los futuros impresionistas hambrientos. Fournaise era tan buena gente que le dejaba comer gratis a Renoir, a cambio de que le pintara algún cuadro de vez en cuando. En 1863, los hermanos Goncourt escribieron en su Diario que habían ido al albergue de Chatou, que tenía una sala tan fea y mal pintada que parecía una obra de Renoir. Pues resulta que sí era una obra de Renoir, que la había hecho en 1866 y se llamaba El cabaret de la mère Anthony.​

Lise Tréhot: su primera musa

Tenía un amigo llamado Le Cœur, que le conseguía encargos de retratos de gente rica (que eran como los encargos de hacer imágenes furry de esos tiempos). Pero lo mejor que hizo Le Cœur fue presentarle a su primera musa, Lise Tréhot, que siempre había querido tener Instagram pero no había podido porque no lo habían inventado aún.

Lise le hacía ojitos a Renoir cada vez que posaba para él. La pintaba como si fuera una actriz de cine, con vestidos elegantes, joyas brillantes, poses seductoras, como campesina, bañista, odalisca. Ella obtenía likes y reconocimiento en el jet set, y el recibía un beso en la mejilla cada cierto tiempo. Era ganar-ganar. No era como las madres de todos sus hijos que caían al primer coqueteo. Esta vez sí se enamoró. En 1870, pintó a Lise casándose con él. Ella lo vio con cierto asco y una semana después se casó con un arquitecto amigo de Le Cœur, que le prometió una vida sin fetiches.

Madurez

Guerra franco-prusiana y la Sociedad Cooperativa

Su cuadro sobre caballos y la guerra fue rechazado por esos sabelotodo de la academia.

El 18 de julio de 1870, la vida de Renoir se puso patas arriba y no de la forma sexual que le gustaba: Francia se metió en una guerra con Prusia. Renoir, que no tenía ni idea de caballos, fue mandado a la caballería y enviado a un lugar donde los cuidaban. El capitán estaba encantado con él, porque le pintaba a su hija, que era una fanática de la pintura y le hacía ojitos al artista. Pero este romance se acabó pronto cuando dejó embarazada a la muchacha y a las mucamas. En 1871 escapó a París, allí se enteró de que uno de sus amigos que no merece artículo había muerto en la guerra porque se puso a pintar la ocupación prusiana en lugar de retirarse pensando que los prusianos eran más abiertos a los retratos en batalla.

Pintó un cuadro de caballos y la guerra, pero el Salón oficial le hizo el feo, y lo mandó al Salón de los Rechazados, que era como el rincón de pensar de los pintores. Este episodio le quitó las ganas de seguir intentando caerle bien al Salón oficial que le había rechazado todo durante muchos años, por eso hizo su propia exposición con sus amigos, juegos de azar y mujerzuelas, muchas mujerzuelas.

Renoir y sus amigos tenían un problema: nadie les compraba sus cuadros. Tenían que enseñarlos en algún sitio, pero no sabían dónde y al Facebook todavía le quedaba rato para inaugurarse. Un fotógrafo llegó como un Deus Ex Machina, en beneficio de la trama les permitió usar uno de sus baños de sus salas de exposición. Los amigos se pusieron de acuerdo y llamaron a su grupo «Sociedad Anónima Cooperativa de Artistas, Pintores, Escultores, Grabadores, etc.». Era un nombre muy largo, pero así quedaba más serio. También decidieron que cada uno pondría el 110% de lo que ganara con sus cuadros para emborracharse y celebrar la victoria.

La primera exposición impresionista

La primera exposición de los impresionistas en el mejor lugar que pudieron conseguir.

Renoir y sus colegas querían hacer una exposición con todos sus amigos pintores. Pero aparentemente ni todos los pintores eran sus amigos, ni todos sus amigos eran pintores, y pocos asistieron. Le pidieron a Manet que participara, pero él les dijo que nanay. Según unos, Manet no quería saber nada de Paul Cézanne, que le caía fatal como a cualquiera. Dicho sea de paso, Cézanne tampoco fue porque no quería saber nada de Manet, como cualquiera. Según otros, Manet se creía muy superior a ellos, los jóvenes, porque sus cuadros sí entraban en el Salón oficial. Pero eso no les importó a Renoir y sus amigos, que consiguieron reunir a veintinueve artistas, que mostraron 165 obras en los 3 m2 que tenían de galería.

En la Tierra B posiblemente la exposición haya sido un éxito, pero en ésta fue un fracaso. La mayoría de los críticos europeos, estadounidenses y tuvalíes se rieron de ellos, y les acusaron de querer acabar con la belleza, el arte y la civilización, cosa que no era errada, pero no era para que un montón de estirados lo dijeran. Sin embargo, publicidad y es publicidad y la gente empezó a reconocer su talento y originalidad para embarazar a sus modelos conseguir nuevas composiciones. La obra Nini se convirtió en el retrato típico de él: no importaba quién era, qué pensaba o qué sentía, solo importaba lo guapa que estaba, con su piel de porcelana, sus labios pintados y su vestido elegante si es que iba vestida.

Montmartre y nuevas amistades

¡Maldición, ya va a llegar mi marido! Obra casi póstuma.

La primera exposición de los impresionistas coincidió con el momento en que Renoir se dio cuenta de que podía pintar algo más que paredes. Esta etapa de su vida estuvo marcada por un suceso significativo: en 1873, se mudó a Montmartre, el barrio de moda de los artistas bohemios (así se les dice cuando son borrachos) y las prostitutas baratas (así se les dice cuando cobran en efectivo). El artista sería fiel a ese barrio hasta el fin de sus días, pues allí encontraría la felicidad en sus modelos gordas. También fue por esos años que se hizo amigo de todo el mundo, desde el marchante Paul Durand-Ruel, que le compraba sus obras aunque no tuviera un duro, hasta el funcionario Victor Chocquet, que le encargaba retratos de su esposa y de su perro. Renoir consideraba a Chocquet el más grande coleccionista de arte de todo el país, y Chocquet consideraba a Renoir el más grande pintor de todo el mundo. Obviamente los dos se autoengañaban, pero funcionaba.

En 1875, en una venta de garaje en la que participaron Renoir, Monet, Sisley y Berthe Morisot, nadie les compró nada, excepto Chocquet, que se llevó unos cuantos cuadros de Renoir por cuatro peras. De esta manera comenzó otra larga amistad, que duraría hasta que Chocquet se quedara sin dinero o sin paredes donde colgar los cuadros.

Los años vividos en Montmartre, probablemente hayan sido los más felices en su vida artística, por lo tanto los más calientes. Fue muy productivo haciendo cuadros y fabricando hijos, prácticamente a él se le debe la explosión demográfica de esa década de hijos sin apellido, porque lo único que firmaba eran sus pinturas. En 1979 gracias a un sugar daddy, que en esos tiempos se llamaba mecenas, se hizo una sensación al volverse pintor de los eventos sociales por todo París. Donde además de comer gratis, aprovechaba toda su capacidad seductora de pintor pobre para procrear.

Aline Charigot: la que le dio el sí

Su esposa es la del frente. La que intenta seducir al perrito.

Para la séptima exposición de los impresionistas en 1882, expuso veinticinco lienzos gracias a la iniciativa de Paul Durand-Ruel, quien le prestó sus propios cuadros porque nadie los quería comprar. Ese mismo año, el pintor comenzó a preocuparse por perder el éxito que había alcanzado en los Salones, pues ahora tenía una familia que mantener y no le alcanzaba con su segundo trabajo de comedor de quesos.

La historia de su matrimonio había comenzado alrededor del año 1880, cuando Renoir se fijó en una joven de mejillas redondas y nariz ligeramente respingona que le hacía ojitos desde la cremería de la señora Camille donde le hacía insinuaciones con extraer crema de pintor. En ocasiones, el rostro se deja ver entre la muchedumbre de la plaza Clichy, donde Renoir la perseguía con su caballete y sus pinceles. Otras veces, su presencia se adivina en la imagen de la muchacha pelirroja leyendo, o bien en la flexible silueta de una joven subiéndose a una barca, escapando de los avances de Renoir. En El almuerzo de los remeros, de 1881, la joven aparece representada de perfil en la parte inferior izquierda del lienzo, con un sombrero adornado con flores a la moda y sosteniendo un pekinés entre ambas manos, mientras Renoir le hace una propuesta indecente. A sus cuarenta años, el artista parecía haber encontrado una nueva juventud, o al menos una nueva víctima.

Viajes y reconocimiento internacional

Sí sabía aplicar bien los filtros. En realidad estos eran un contador calvo de 40 años y su gato.

En 1881 y 1882, cambió muchas veces de lugar de trabajo, porque no le gustaba pagar el alquiler y se escapaba de los caseros. Sus pinturas reflejan los lugares donde se escondía, como las márgenes del Sena, en Chatou y en Bougival, sitios tan apreciados por él que lo llevaron a rechazar la invitación del crítico Thédore Duret para viajar a Inglaterra, donde hacía mucho frío y la comida era horrible. Sin embargo, visitó Argelia por primera vez acompañado por Frédéric Samuel Cordey, un amigo muy especial. De allí trae El campo de plátanos y La fiesta árabe, dos cuadros que muestran lo bien que se lo pasaban los dos en el desierto buscando señoritas moras. Luego, viajó a Italia, regresó al sur de Francia, otra ver a Argelia. En mayo de ese año, acordándose de Aline por primera vez en dos años, volvió a París, porque se enteró de que estaba embarazada. Fue el comienzo de una nueva etapa en su vida, llena de responsabilidades y pañales. La manutención de una familia exigía medios, pero felizmente su trabajo rendía frutos: recibía muchos encargos de retratos, sobre todo de gente fea que quería verse guapa, pues él era el mejor filtro de belleza.

Entre sus clientes figuraba su viejo amigo Paul Durand-Ruel, el único que le compraba sus cuadros cuando nadie los quería. El marchante le consignó los retratos de sus cinco hijos, tres paneles con el tema de la danza y murales en su residencia, todo por un precio de ganga. En 1883, en el bulevar de la Madeleine, Durand-Ruel montó la primera exposición exclusivamente dedicada a Renoir, en la que se expusieron setenta obras, pero solo vendió dos y eran de imitadores de Renoir que las colaron sin permiso. A pesar de no haber sido muy exitoso en la venta de las pinturas de los impresionistas, el marchante decidió abrir una galería en Nueva York, donde pensaba que los americanos serían más tontos y comprarían cualquier cosa. Durante la década de 1880, conoció al fin el éxito, gracias a la moda de los nuevos ricos de coleccionar arte.

Por aquellos años, viajó mucho escapando de sus acreedores. Con frecuencia pintaba en las playas de Normandía, donde se bañaba desnudo y hacía escándalo. En marzo de 1885, nací yo, Pierre, su primer hijo, fruto de su amor con Aline y de su descuido con los métodos anticonceptivos. Pagó al médico que asistió el parto pintando flores en las paredes de su departamento, porque no tenía dinero en efectivo.​ En otoño, los Renoir partimos a la aldea natal de Aline, en donde realizó varios esbozos de la madre de su hijo amamantando, porque le gustaba ver sus pechos. Un año más tarde, pintó a partir de ellos Maternidad (Aline y Pierre), un cuadro que muestra la ternura de una madre y la inocencia de un niño, pero también el morbo de un pintor.

El período ingresco

Las grandes bañistas (1884-1887). Renoir pintó este cuadro para demostrar que sabía dibujar y que no le gustaban las mujeres flacas.

En la vida artística de Renoir, la década de 1880 resultó agitada, porque se dio cuenta de que su estilo impresionista era una porquería y no en el sentido económico de la palabra. Su insatisfacción con respecto a la antigua manera impresionista llevó al pintor a adoptar un nuevo estilo, más 40% más clásico y 60% más aburrido. Sentía que no sabía ni pintar ni dibujar, y que solo hacía manchas de colores, lo que en realidad no era así, pero casi. Deprimido, destruyó toda una serie de lienzos, lo que le valió una demanda de Durand-Ruel por daños y perjuicios, sobre todo porque ya se los había vendido y fue a su casa a romper todo.

En esta difícil etapa, Jean-Auguste-Dominique Ingres acudió en su auxilio, o más bien su fantasma, que le apareció una noche y le dijo que dejara de hacer el ridículo y que aprendiera a dibujar como Dios manda. La obra de Renoir durante esta década se enmarca dentro de lo que comúnmente se conoce como el «período ingresco», que es una forma elegante de decir que Renoir se copió de Ingres.

Su gran composición En el jardín, de 1885, marcó su despedida de la fiesta permanente de La Grenouillère y del Moulin de la Galette, donde se divertía con las chicas y bebía hasta caerse por las escaleras donde perdió ambas manos tan reiteradas veces que luego le dejaría secuelas. Dejó atrás la pincelada temblorosa y las vibraciones de la luz y de la sombra, que eran producto de su borrachera y de su mal pulso. En el nuevo cuadro de Renoir, todo es sereno y estable, como si hubiera tomado un tranquilizante.

Matrimonio

El 14 de abril de 1890, el artista se casó con Aline después de haberla embarazado varias veces. Gabrielle Renard, una prima de Aline, viajó a la capital francesa para ayudarles con las tareas domésticas y de paso, posar desnuda para el pintor y tener algunos hijos suyos.

El pintor nunca disfrutó de muy buena salud, ni de muy buena higiene. En 1888 tuvo su rostro parcialmente paralizado a causa de un beso mal dado.​ Además, por ir con el mal sabor en la boca, cayó de su bicicleta y se fracturó el brazo derecho.​ Afortunadamente, como consecuencia de haber perdido sus manos varias veces hasta que se las cosían de nuevo, el artista ya había aprendido a pintar con los pies, la boca y otras partes del cuerpo. Pero sus pinturas se entendían aún menos. En 1901, nació Claude, su tercer hijo, que era rubio y de ojos azules, lo que hizo sospechar a Renoir que no era suyo, sino de algún vecino sueco, nunca se imaginó que lo era del marroquí. En 1900, fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y más tarde, en 1911, Oficial, lo que le permitió entrar gratis a los museos, a los burdeles y, sobretodo, a los burdeles de los museos. París, Londres y Nueva York fueron escenarios de exposiciones que coronaron el triunfo de su pintura, en la Segunda Exposición del Salón de Otoño le fue dedicada una sala completa, pero tuvieron que cerrarla porque los visitantes se excitaban demasiado con sus desnudos.

Muerte ☠

En este autorretrato, se puede ver cómo Renoir tenía tan mala suerte que hasta sus manos de robot recién puestas sufrían artritis.

Gabrielle seguía posando para el pintor, así como otras modelos que se habían vuelto casi parte de la familia, sobre todo a la hora de compartir la cama. Una de sus últimas modelos sería una joven pelirroja llamada Andrée, con quien Jean se casaría más tarde (una hora más tarde para ser exacto, siguiendo los pasos de su padre). En los últimos años de su vida, abrazó la idea de una gran composición hecha de desnudos, porque ya no le quedaban muchas cosas que abrazar y si algo vale la pena viene sin ropa. En 1887, había terminado su cuadro Las grandes bañistas.​ Aparecen desnudos femeninos en Gran desnudo (Desnudo sobre los almohadones) (1907),​ Bañista secándose la entrepierna (1910),​ Después del baño (1912),​ El juicio de Paris en el baño (1913-1914),​ Las bañistas (1918-1919),​ etc. Que le darían grandes demandas por meterse a todos los baños a pintar sin permiso ni de dios.

En 1915, la muerte de Aline sumió a Renoir en la soledad pues además de su amor había perdido quien lo colara a los baños femeninos con una peluca. Habría pedido, en su lecho de muerte, un lienzo y pinceles para pintar a las rollizas enfermeras que veía por la ventana. Al devolverle los pinceles a la enfermera por última vez, se dice que dijo: “Creo que empiezo a entender algo al respecto."​ Lo que no sabía es que la enfermera era una espía alemana que le había envenenado los pinceles porque no le reconoció a los hijos.

Obras

Renoir fue un pintor impresionista que le gustaba mucho pintar a la gente feliz y bonita, aunque en el fondo hayan sido lo contrario. Por eso se le consideraba más un filtro que un pintor. Sus obras más importantes son:

El almuerzo de los remeros

El almuerzo de los remos es un poco diferente a El almuerzo de los remeros.

En esta pintura, Renoir retrata a sus amigos y familiares comiendo en un restaurante junto al río Sena. Parece que se lo están pasando muy bien, pero en realidad están todos preocupados porque creen que los está pintando desnudos en un lienzo oculto. El perrito que está en el regazo de la futura esposa de Renoir es el único que se da cuenta de que están haciendo el ridículo. El dueño del restaurante está encantado porque les va a cobrar una fortuna por la comida y la bebida.

Baile en el Moulin de la Galette

Esta es otra escena de fiesta, pero esta vez en un local de baile llamado Moulin de la Galette. Renoir muestra a la gente bailando y divirtiéndose, pero también hay algunos detalles curiosos. Por ejemplo, hay un hombre que está mirando el escote de una mujer, otro que está intentando robarle el sombrero a un amigo, y una pareja que está a punto de besarse, pero que se van a llevar una sorpresa cuando descubran que son primos.

Dos muchachas al piano

En esta pintura, Renoir muestra a dos hermanas tocando el piano en su casa. La mayor está muy concentrada en la música, pero la menor está aburrida y mira al espectador con cara de fastidio. Lo que no saben es que el piano está desafinado y que suenan fatal. Su padre, que es un crítico musical, está escondido detrás de una cortina y se está tapando los oídos con las manos.

La Grenouillére.

La Grenouillère

Esta es una pintura de un lugar donde la gente iba a bañarse y a tomar el sol. Renoir muestra a la gente disfrutando del agua y del paisaje, pero también hay algunos detalles renoiristicos. Por ejemplo, hay un hombre que está haciendo pis en el agua, otro que está mirando con lujuria a una mujer que está en topless, y una pareja que está haciendo el amor en un bote, sin darse cuenta de que hay un niño que los está espiando con un catalejo.

El columpio

Esta es una pintura de una mujer que está en un columpio, mientras que un hombre la empuja por detrás. La mujer está sonriendo y parece que se lo está pasando muy bien, pero en realidad está fingiendo. Lo que quiere es que el hombre la deje en paz y se vaya con su amante, que está escondido detrás de un árbol. El hombre, que es un tonto, no se da cuenta de nada y sigue empujando el columpio con fuerza, hasta que lo rompe y la mujer se cae al suelo.

reNOir

Aún tiene muchos admiradores.

El movimiento moderno anti-Renoir es un grupo de personas que tienen una obsesión enfermiza con el pintor francés. Creen que era un mal pintor, que no sabía dibujar ni usar los colores, y que sus obras son una ofensa al buen gusto y al arte. En eso tienen razón y tú, yo y hasta el mismo Renoir lo sabemos. Sin embargo, han decidido que sólo por eso se debe hacer hacer una campaña para que se retiren todos sus cuadros de los museos y se quemen en una hoguera pública con fiesta en la plaza.

El líder de este movimiento es Max Geller, un estudiante de derecho que un día se quedó traumatizado al ver una pintura de Renoir en un museo en lugar de un vertedero. Desde entonces, se dedicó a crear una cuenta de Instagram llamada Renoir sucks at painting. Organiza manifestaciones frente a los museos que exhiben las obras de Renoir, donde reparte folletos y pancartas con lemas como “reNOir”, “Dios odia a Renoir” o “Renoir apesta pintando”.

Max Geller es en realidad uno de los miles de tataranietos no reconocidos que el pintor tuvo con sus innumerables modelos y amantes. Max Geller descubrió su origen familiar al hacerse una prueba de ADN con pelos que sacó de una pintura, y desde entonces siente un profundo rencor hacia su antepasado, que nunca le dejó nada de su herencia.

El movimiento ha ganado algunos seguidores, sobre todo entre los parientes resentidos de Renoir, que si se piensa bien, de todos modos no obtendrían mucho de la herencia porque son casi toda la población moderna de Francia.

Véase también

  • 25 de febrero Personaje histórico (ver todos aquí). ☀️ ☠️