Generación X
| Este artículo o sección está en construcción. Su autor puede estar en la hora del almuerzo o habérsele cansado el brazo de tanta manuela. ¡Si eres el editor (o estás aburrido), termínalo ya! Si lo abandonas por 40 días irá a parar a las mazmorras o directamente al abismo. |
De izquierda a derecha: nuestro look grunge, nuestro primer celular (un puto ladrillo) y nuestra actitud ante la vida. O sea, hueva total.
| Período activo | 1965-1980 (pero mentalmente seguimos en 1994, fumando escondidos en la escuela y haciendo huevos en la calle) |
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| Creadores | Baby Boomers demasiado ocupados divorciándose o viendo la tele como para criarnos |
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| Hábitat natural | Sótanos con olor a humedad, centros comerciales ya bien cagados a palos y el sofá de la casa de los jefes (hasta los 35, sin pedir disculpas) |
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| Idiomas | Sarcasmo nivel experto, el gesto de "me vale madre" y la palabra "whatever" cada tres frases |
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| Generación anterior | Baby Boomers (los que fueron hippies y terminaron vendiendo seguros y diciéndonos que le echáramos ganas) |
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| Generación siguiente | Millennials (esos que lloran por todo y encima lo tuitean) |
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| Patrimonio | Una caja de casettes grabados del radio, VHS bien rayados y una hipoteca que nos tiene hasta la madre |
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| Superpoderes | Cara de póker mientras todo se quema, creer que no necesitamos terapia, y llegar a cualquier lado sin GPS puro instinto animal |
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| Debilidades | La autoridad, los jefes creídos, los políticos y cualquier cosa que prometa "felicidad laboral" |
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| Logros desbloqueados | Inventar el punk, el grunge y la cultura del "meh". Todo sin pedir un solo like |
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| Otras versiones | Ex-yuppie arrepentido que ahora vende artesanías, Ruco grunge que aún vive en los 90, Friki de los 8 bits |
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La Generación X, o como nos dicen ahora "los que ya están grandes para TikTok pero les falta todavía para la pensión", es ese montón de gente que nació entre mediados de los 60 y finales de los 70. Sí, los hijos del divorcio, los que llegaban de la escuela con la llata al cuello y se calentaban lo que hubiera en la nevera porque los jefes estaban trabajando. O divorciándose. O de plano valiéndoles madre.
Nos tocó vivir en el puto centro del cambio: crecimos sin internet y de repente nos tocó aprender a usarlo para no quedar como fósiles. Vimos caer el muro de Berlín y la Unión Soviética, pero también vimos cómo nuestros jefes perdían su chamba en las crisis de los 80 y 90. Así que aprendimos desde morros que la vida es una mamada, pero que con humor y una chela la llevas. O con sarcasmo. O con las dos.
Somos la generación que todavía sabe usar un puto mapa de papel, que sobrevivió a la moda del rock en español y al grunge (que era más sano, pero igual te dejaba deprimido), y que hoy ve a los millennials con una mezcla de lástima y "qué hueva con ellos". "Mira cómo sufren por un tuit", pensamos, mientras nosotros sufrimos callados por la próstata, la presión y que se nos subió el refresco.
Inventamos el "pasotismo militante". Descubrimos que quejarse no sirve de un carajo, pero que no quejarse es de pendejos. Pusimos la semilla del cine independiente, la música alternativa y el rollo friki. Y lo hicimos sin sponsors, sin redes y sin pedirle permiso a nadie. ¿Que si molamos? Obvio. Pero no necesitamos decirlo, ya saben.
Terminología
Lo de "Generación X" se lo inventó Douglas Coupland en un libro del 91. Pero ya lo había usado antes Billy Idol para su grupo de punk. En corto, la X es porque "no tenemos nombre, somos el comodín, la variable que sobra". O sea, ni para ponernos nombre se calentaron la cabeza. Y la neta, nos queda perfecto.
Antes de nosotros había generaciones con nombres bien padres: la "Grandiosa Generación" (los que se aventaron la guerra), los "Baby Boomers" (tantos que atascaron el sistema y además bien creídos). Y luego llegamos nosotros: la X. Como en esas ecuaciones de mierda de la secundaria, la incógnita que nadie entiende qué hace ahí pero ni modo.
Los boomers nos decían "generación sin futuro" (y mira, no se equivocaron tanto), "niños de la llave" (porque llegábamos a casa solos, como perros callejeros) o "jóvenes apáticos". Y nosotros nomás les respondíamos con un gesto, un bostezo y un "lo que tú digas, jefe". La MTV nos puso rostro, Nirvana nos puso voz y John Hughes nos puso música para llorar a escondidas.
Características
Los Gen X somos los amos del desencanto. Crecimos viendo cómo todo se iba al carajo y aprendimos a movernos entre los escombros. No esperamos nada de nadie, y así nunca nos decepcionamos. O casi nunca, porque cuando pasa, ps ni pedo.
Nuestro hábitat
Antes: el centro comercial de moda, el videoclub de la esquina, las maquinitas, el lote baldío. Ahora: oficinas con luz bien culera, bares de barrio con terraza, y nuestras casas donde tenemos un altar a los 90 lleno de reliquias. Nos gustan las tiendas de discos (las pocas que quedan, pobres diablos), los conciertos en lugares chiquitos y, aunque duela aceptarlo, el Ikea o el Home Depot. Pero todo lo compramos negro o gris, para que no se note la cruda.
Para sobrevivir ocupamos: cerveza bien fría, WiFi que jale (aunque digamos que nos vale madre) y que nadie nos pregunte "¿estás bien?" porque la respuesta es larga y a nadie le interesa de a deveras.
Nuestro estilo de vida
Comunicación no verbal nivel dios. Con pura ceja levantada decimos más que un millennial en todo su perfil de Instagram. La palabra "felicidad" nos da cosa, mejor un "ahí nomás" o "ni tan mal". Fuimos los primeros en tener correo (Hotmail, el mero mero), pero de los últimos en caerle a Instagram. Y cuando caímos, fue para stalkear, no para publicar.
El amor para nosotros es "sin etiquetas pero con derechos". Inventamos el "queda si se puede" y el "luego te hablo" (que significa que no te vamos a hablar nunca, pero sin mala leche). Nuestra dieta es un desmadre: café negro, pizza de ayer, chelas, y algo de verdura de vez en cuando para que no nos dé escorbuto como a los piratas.
Nuestras habilidades
Somos sobrevivientes de a deveras. Cambiamos de chamba sin crisis de ansiedad, aprendemos solos a usar cualquier aparato (aunque odiemos leer instructivos) y podemos arreglar una llave que gotea, piratear un programa y armar un gallo al mismo tiempo. Somos biculturales: hablamos analógico y digital con la misma fluidez. Somos los últimos que de a deveras entendemos cómo funciona el mundo, porque lo vimos transformar pieza por pieza.
Nuestra educación
Estudiamos porque había que hacerlo, no porque nos prometieran un futuro bien padre. Muchos con beca, otros trabajando después de la escuela. Nadie nos regaló nada, y eso nos hizo más cabrones, pero también un poco resentidos. Soñábamos con ser estrellas de rock, directores de cine independiente o vivir en una comuna en el campo. La mayoría acabamos en oficinas, vendiendo humo o programando. Pero ahí está la guitarra en el clóset y la ilusión de jubilarnos pronto. O de morirnos rápido, lo que llegue primero.
Rituales cotidianos
Arrancar el día con el radio (no podcast, radio de a deveras), leer algo impreso si podemos, y quejarnos de todo con medida. Del gobierno, de los vecinos, del calorón, del frío, de los morros de ahora... Pero sin pasión, con la hueva del que ya vio pasar veinte gobiernos y todos hicieron lo mismo. Los fines, concierto de un grupo que nadie conoce, chelas con los compas de siempre, y pa' dentro antes de las 12. Que ya no tenemos edad para más.
El futuro que imaginamos
Honestamente, nos importa poco. La pensión llegará cuando tenga que llegar, y si no llega, ps ni modo. Mientras, tenemos nuestros vinilos, nuestras pelis en DVD (todavía compramos, no te burles) y muchas historias que contar cuando los chavos preguntan "¿y eso cómo funcionaba?".
Nota: Esto lo escribí en la compu, pero el borrador original está en una servilleta de un bar. Así de auténtico soy, güey.
Deporte
Para nosotros el deporte siempre fue cosa de otros. De los que salían en la tele, los que sudaban la playera en equipo, los que usaban pants de marca. Nosotros preferíamos otros desmadres:
- El skate: Patinar sin rumbo, con el walkman a todo volumen, partiéndote la madre y levantándote. Más que deporte, forma de vida: "la calle es mi cancha y el asfalto mi rival".
- El breakdance: Bailar en el suelo sobre cartones en la plaza mientras los señores veían feo. Durabas media hora y luego te sentabas el resto del día, bien cansado.
- Los arcades: Meterle monedas al Street Fighter o al Mortal Kombat hasta que te salía callo en los pulgares. Eso quemaba calorías, ¿no?
- El "ver MTV": No es deporte, pero quemábamos más energía discutiendo si Nirvana era mejor que Pearl Jam que haciendo abdominales.
Hoy, cuando vemos a los millennials pagar mensualidades del gym para luego postearlo en sus historias, nomás sonreímos y decimos: "Yo ya quebré mis rodillas patinando sin protecciones. Y no tengo fotos para comprobarlo, pero me vale".
Actitud frente al trabajo
Si los baby boomers vivían para trabajar y los millennials quieren que el trabajo les dé sentido a sus vidas, nosotros... trabajamos lo justo para que no nos corran, pero no tanto para que nos asciendan y nos carguen más chamba. Nuestra filosofía: "Hago mi jale, cobro mi quincena, y a otra cosa".
Llegamos al mundo laboral en los 80 y 90, justo cuando las empresas descubrieron que podían despedir gente sin ponerse colorados. Así que aprendimos rápido que la lealtad a la empresa es un invento de RH para que te partas el lomo. Cambiamos de jale cada rato, no por ambiciosos, sino porque siempre hay alguien que paga un poco más o porque el gerente es un mamón.
Vimos cómo las máquinas de escribir se volvieron computadoras, cómo el fax pasó de ser alta tecnología a adorno, y cómo el home office, que nosotros hacíamos a escondidas en los 90, ahora es derecho constitucional para los jovenes.
Nuestro lema: "No te enamores de tu chamba. Ella no se va a enamorar de ti".
Posturas políticas
Políticamente, la Generación X es puro escepticismo. Crecimos en plena Guerra Fría, viendo cómo los lideres jugaban al apocalipsis nuclear con nuestras vidas. Cuando cayó el muro, no brincamos de alegría, nomás dijimos "ya era hora, qué hueva".
Nos tocó el auge del neoliberalismo, el "no hay otra opción" de los 90, las crisis en Latinoamérica, los apagones, las dictaduras disfrazadas de democracias. Algunos se hicieron anarquistas (los que iban a toquines punk), otros se volvieron bien fresa y derechosos (los que estudiaron en universidad privada), y la mayoría optamos por el escepticismo nivel dios: "todos los políticos son iguales, pura mamada".
No somos de ir a marchas (aunque fuimos a unas, sobre todo si luego había tocada), pero cuando votamos, lo hacemos con hueva, pensando que igual y cambia algo, aunque sepamos que no. Nos indignamos menos que los millennials, pero aguantamos más. Y sí, en secreto, muchos acabamos votando por el menos peor. O por el que prometía chela gratis. Luego nos arrepentimos, pero ni pedo.
Perspectivas económicas
Si los millennials inventaron el "no puedo comprar casa", nosotros inventamos el "me tardé 10 años en independizarme". Llegamos a la vida adulta con crisis económicas, hiperinflaciones, devaluaciones y tasas de interés del 100%. Pero como no nos gusta quejarnos (o sí, pero con estilo), nomás nos adaptamos.
Compartir depa no fue una opción "cool" para nosotros, fue necesidad. Rentar de por vida, normal. Tener dos o tres chambas a la vez, también. La diferencia es que nosotros no lo contábamos en redes. Lo sufríamos callados, con una cerveza en la mano y el radio de fondo.
Vimos cómo nuestros jefes (los boomers) se jubilaban con pensiones dignas y casas pagadas, mientras nosotros vemos nuestras AFORES y nos da risa nerviosa. Pero nel, tenemos nuestros discos, que quizá valgan algo en el futuro. O los usamos para decorar.
Religión
La religión institucional nos importa poco. Crecimos viendo telepredicadores, sectas raras, y curas bien corruptos. Así que si algo tenemos es desconfianza hacia cualquier dogma, sea divino o terrenal.
Nuestra espiritualidad, si es que existe, es un mezcolanza de filosofía oriental, ecologismo barato y mucha admiración por Kurt Cobain. Algunos le entraron al budismo, otros a la Santa Muerte, y la mayoría nos declaramos "agnósticos" (que es una forma elegante de decir "no sé y me vale").
Los únicos ritos que respetamos son los conciertos, los festivales y las funciones de cine de medianoche. Ahí encontramos una comunión que ninguna iglesia nos dio. Y lo mejor: no hay que dar diezmo, nomás pagar el cover.
Tipos de Gen X
Los X también tenemos nuestras tribus, aunque todas compartan el mismo fondo de cinismo y camisetas negras:
- El Ruco Grunge: Pants rotos, camisa de cuadros, greñas. Descubrió a Nirvana en el 91 y no ha superado el 94. Escucha bandas "que nadie conoce" y toma café de especialidad antes de que fuera moda. Vive en un depa viejo con muebles heredados y se queja de las disqueras mientras paga Spotify.
- El Yuppie arrepentido: En los 80 usaba tirantes y trabajaba en finanzas. En los 90 vio Pulp Fiction y lo dejó todo para abrir un bar o dedicarse a la fotografía. Hoy vive con lo justo, pero más feliz (o eso se dice).
- El Friki de los 8 bits: Creció con el Atari y el Nintendo. Hoy programa, colecciona cartuchos y te puede explicar por qué Star Wars original es mejor que todo lo nuevo. Tiene una réplica de una espada láser y no le da pena.
- El "Chido" que se quedó en los 90: Sigue usando los mismos tenis, escuchando las mismas rolas y peinándose igual. Le funciona. Trabaja en algo creativo, no tiene hijos y cuando le preguntan por qué no "madura", responde: "¿Madurar? Qué hueva".
Relaciones intergeneracionales
Con los Boomers (nuestros jefes)
La relación con los boomers siempre ha sido complicada. Literalmente son nuestros padres, pero a la vez son esos tipos que nos dijeron que estudiáramos para ser alguien en la vida y luego nos vieron terminar la universidad para terminar sirviendo cafés o en un call center. La típica frase boomer: "Yo a tu edad ya tenía casa, carro, hijos y un trabajo estable". Y nosotros: "Pues qué bueno que viviste en la época donde la gasolina costaba tres pesos y las casas las regalaban con el periódico, jefe".
Los boomers nos ven como unos huevones que no queremos trabajar, que nos la pasamos viendo MTV y quejándonos. Pero la neta es que ellos son los que nos heredaron un mundo donde el agua se acababa, los empleos eran cada vez más precarios y los políticos cada vez más rateros. Pero bueno, no les guardamos rencor. O sí, pero tampoco vamos a gastar energía en eso, qué hueva.
Con los Millennials (nuestros hermanos chiquitos)
Los millennials son esos morros que nacieron cuando nosotros ya estábamos en la adolescencia o empezando la universidad. Los vimos crecer con internet, con celulares desde morros, con la vida más fácil en muchos sentidos pero también con otras presiones bien culeras. La relación es rara: por un lado nos caen bien porque al menos ellos también se quejan del sistema, pero por otro lado nos sacan de quicio con su necesidad de validación constante.
Un millennial no puede ir al baño sin postearlo en Instagram. Nosotros, en cambio, podíamos estar tres días perdidos en el monte y nadie preguntaba por nosotros. Los millennials tienen ansiedad por todo, van a terapia, hablan de sus sentimientos. Nosotros tenemos ansiedad y la ahogamos en cerveza y sarcasmo. Somos como el primo ruco que los quiere pero no los entiende, y ellos nos ven como los tíos que "no se adaptan a los cambios".
Con la Generación Z (los chamaquitos)
La Gen Z son esos morros que nacieron con el internet ya instalado, que no conciben un mundo sin redes sociales, que creen que la vida es TikTok y que cualquier cosa que dure más de 30 segundos ya es un "bodrio". Con ellos la cosa ya es más complicada. Nos ven como auténticos dinosaurios. Para ellos, alguien que usó un walkman ya es prácticamente un cavernícola.
Lo chistoso es que nosotros veíamos a los boomers como viejitos cuando tenían nuestra edad. Ahora los chavos de 20 nos ven a nosotros como los señores rucos que no entienden sus memes. El ciclo de la vida, güey. Pero al menos nosotros todavía podemos explicarles qué era un mapa de carreteras o cómo se grababa un casette desde la radio. Ellos, en cambio, si se queda el cel sin batería entran en pánico existencial.
Nuestra relación con la tecnología
Fuimos la generación de transición, y eso está bien cabrón de explicar. Nos tocó aprender tecnología sobre la marcha, sin manuales, sin tutoriales de YouTube, a puro ensayo y error. Primero fueron los bíp-bíp de los módems de 56k, luego el MSN Messenger, luego el Napster para bajar música (y que te entrara un virus bien culero), luego el MySpace, luego el Facebook cuando todavía era exclusivo para universitarios...
La diferencia con nosotros es que la tecnología la vemos como una herramienta, no como una extensión de nuestra personalidad. Podemos estar sin celular un fin de semana entero y no nos da nada. Bueno, un poco de ansiedad, pero la manejamos. Los millennials ya entran en modo crisis si se les acaban los datos. La Gen Z directamente no sobrevive.
Cosas que nosotros sabemos hacer y los morros ya no: - Leer un mapa de papel (y doblarlo correctamente, que es un arte perdido) - Grabar un casette desde la radio en el momento exacto para que no se oiga la voz del locutor - Rebobinar un VHS con el dedo metido en el orificio cuando se atoraba - Hacer que una señal de tele se viera mejor moviendo la antena - Escribir a máquina sin comerte las teclas - Recordar números de teléfono de memoria (porque no había contactos en el celular)
Cosas que los morros saben hacer y nosotros apenas sobrevivimos: - Editar videos en TikTok con transiciones bien perronas - Entender los memes nuevos que cambian cada semana - Saber qué pedo con las criptomonedas y los NFTs (la mayoría todavía no entendemos) - Hacer que un filtro de Instagram te reconozca la cara al chingadazo
Música: nuestra verdadera religión
Para la Generación X, la música no es solo ruido de fondo. Es nuestra identidad, nuestra banda sonora, nuestra terapia, nuestra forma de decir "yo soy así y el que no entienda, que se joda". Crecimos en la época dorada de los videoclips, cuando MTV todavía pasaba música (y no puro reality show pendejo). Descubrimos bandas que nadie más conocía y nos sentimos especiales por eso.
Los 80 fueron el pop, el rock en español, las baladas románticas que ahora nos dan pena pero que en su momento cantábamos a todo pulmón. Los 90 fueron la explosión del grunge, del rock alternativo, del Britpop, del rock latino. Fue la década donde la música parecía importar de verdad, donde las bandas decían cosas, donde la rebeldía se vendía en discos pero todavía no era del todo comercial.
Discos que marcaron a la generación: - Nevermind de Nirvana (obviamente) - Ten de Pearl Jam - Superunknown de Soundgarden - OK Computer de Radiohead - Si no te gusta el rock, te gustaba el pop de los 90: Backstreet Boys, Spice Girls, todo ese desmadre - En Latinoamérica: Soda Stereo, Café Tacvba, Los Fabulosos Cadillacs, Héroes del Silencio, Caifanes
Y luego vino la invasión del MP3, del Napster, de bajar música de a gratis. Nos volvimos curadores de nuestra propia música, armábamos CDs con nuestras rolas favoritas para los viajes en carro, para los amigos, para las morras que nos gustaban. Era un arte hacer un buen mix tape (o mix CD). Tenías que pensar en el orden, en la transición, en el mensaje que querías mandar. Ahora todo es playlists de Spotify hechas por algoritmos. Qué hueva.
Hoy muchos de nosotros seguimos yéndonos a conciertos, aunque ya nos duela la espalda después de estar dos horas parados. Seguimos comprando discos (de vinilo, que está de moda, pero nosotros ya los teníamos guardados desde antes). Seguimos discutiendo si Cobain era un genio o un tipo deprimido al que idealizamos. Y cuando escuchamos una rola de los 90, por un segundo volvemos a tener 20 años y todo era más sencillo.
Cine y televisión: nuestra ventana al mundo
El VHS fue nuestro Netflix. Ir al videoclub los viernes por la noche era todo un ritual. Llegabas, te paseabas media hora viendo las carátulas, decidías qué película ver, y si no la regresabas a tiempo, te cobraban multa. Y si se rayaba la cinta, valía madre.
Películas que nos marcaron: - El Club de los Cinco (nuestra adolescencia en una sola peli) - Ferris Bueller's Day Off (porque todos queríamos ser Ferris) - Karate Kid (y todos intentábamos la posición de la grulla) - Back to the Future (viajar en el tiempo con un DeLorean, el sueño) - Pulp Fiction (nos hizo sentir bien adultos y bien cool) - Trainspotting (nos enseñó que la heroína era mala, pero la película era buenísima) - Reality Bites (literalmente nuestra generación en una peli) - Clerks (trabajar en un puto minisúper y filosofar, muy nuestra onda)
Y en la tele, teníamos los canales de aire, la señal abierta, y si tenías cable, ya eras de otro nivel. MTV, Telehit, los canales de música. Las series que veíamos: Los Simpson cuando empezaban y todavía eran graciosos, Friends, Expediente X, Sensación de Vivir (aunque la veías escondido porque era para morras), y en Latinoamérica, El Chavo, Chespirito, las novelas de la época que veían nuestras mamás.
Las series nos enseñaron que los adultos también eran pendejos, que la vida era complicada y que el humor lo arreglaba todo. Y nos dejaron frases que repetimos hasta el cansancio: "La verdad está ahí fuera", "¿Cómo te quedó el ojo?", "We were on a break!".
Moda y estilo: el desastre con estilo
Si hay algo que define la moda de la Generación X es que no había reglas. O más bien, la regla era "vístete como te dé la gana". Y vaya que nos daba la gana mal.
Los 80 fueron el desmadre total: hombreras enormes, chamarras de mezclilla con parches, pantalones de mezclilla lavados con ácido, mullets (el famoso "corte de pelo pato"), colores fosforescentes, y por supuesto, las pants de chándal que usaban los breakdancers. Si te ves una foto de los 80, probablemente te da vergüenza ajena, pero en su momento era lo máximo.
Luego llegaron los 90 y todo cambió. El grunge impuso la estética del "no me baño en tres días y me vale": camisas de cuadros sobre playeras de bandas, tenis bien cagados a palos, pantalones rotos, pelo largo y grasiento si eras hombre, o el corte recto bien lacio si eras mujer (el "Rachel" de Friends). Los colores se volvieron apagados, el negro dominaba, y la consigna era "mientras más desaliñado, más auténtico".
Los accesorios importantes: - Los casettes y discman (con ese pinche anti-skip que nunca funcionaba bien) - Los walkman (para escuchar música en la calle sin que nadie te juzgara) - Los tenis Converse o Vans, siempre rotos y con agujetas de colores - Las mochilas de mezclilla o de piel, llenas de pins y parches - Las pulseras de cuero o de hilo, que te regalaban los amigos - Los aretes, si eras hombre, uno en la oreja izquierda (el código secreto que nadie entendía bien)
Los millennials luego se burlan de nuestros skinny jeans y de nuestras camisas de cuadros. Pero ellos no entienden: eso no era moda, era identidad. Y además, nosotros usamos skinny jeans desde los 90, mucho antes de que fuera moda. Luego los dejamos, luego volvieron, luego los volvimos a dejar. La moda es un círculo, güey.
Salud y bienestar: sobrevivir como podamos
Los Gen X no fuimos criados para cuidarnos. Crecimos con la idea de que si te lastimabas, te levantabas y seguías. Si estabas triste, te aguantabas. Si te dolía algo, te tomabas un Alka-Seltzer y a seguirle. La salud mental era un concepto que no existía, o si existía, era para "los locos". Nos enseñaron a reprimir, a aguantar, a no mostrar debilidad. Y aquí estamos, pagando las consecuencias décadas después.
Nuestra relación con la salud física también es peculiar. En los 80 y 90, el ejercicio era cosa de gente rara. Los que iban al gimnasio eran los mamados, los que querían verse como los de las revistas. Nosotros preferíamos quemar calorías caminando al centro comercial o bailando en los antros. O no quemarlas y ya.
Luego, cuando empezaron a salir los estudios sobre el colesterol, la presión, la diabetes, empezamos a preocuparnos. Pero a nuestra manera, es decir, preocupándonos pero sin hacer mucho al respecto. "De algo hay que morirse", decimos, mientras pedimos la segunda cerveza.
Hoy, ya entrados en los 40 o 50, empezamos a sentir las consecuencias. Las rodillas truenan, la espalda duele, la presión empieza a subir, el doctor nos dice que bajemos el azúcar, que dejemos la cerveza, que hagamos ejercicio. Y algunos hacemos caso. Pero otros seguimos en la misma, porque total, ya vivimos lo bueno, ¿no? (esto es una racionalización pendeja para no cambiar hábitos, pero nos funciona).
Cosas que nos están matando lentamente: - El café (demasiado) - La cerveza (suficiente) - El estrés del trabajo (mucho) - La comida chatarra (ocasionalmente, pero desde hace 30 años) - El rencor hacia los boomers (crónico) - La nostalgia (en dosis letales)
El futuro (lo que nos queda)
La neta es que no pensamos mucho en el futuro. Después de haber vivido varias crisis económicas, desastres naturales, guerras y pandemias, aprendimos que planear es medio inútil. Mejor vivir el momento, ahorrar lo que se pueda, y esperar que el cuerpo aguante.
Nuestros planes de retiro son una broma. La mayoría empezamos a ahorrar tarde, cuando ya los trabajos formales nos obligaron. Las AFORES, los fondos de pensiones, todo eso es un volado. Algunos confían en que sus hijos los mantendrán (los millennials, pobres, que ya tienen sus propias crisis). Otros confían en que se morirán antes de jubilarse. Otros, los más previsores, compraron una casita en la playa (con deuda, pero es algo).
Lo que sí tenemos claro es que no vamos a envejecer con dignidad. Vamos a envejecer con actitud. Con la misma pinche actitud de siempre, la de "me vale madre pero tampoco tanto". Vamos a ser los viejitos rucos en los conciertos, los que saben más de música que los morros, los que todavía pueden arreglar un carburador o una impresora a cablazos.
El legado de la Generación X va a ser ese: haber sido el puente entre dos mundos, haber aprendido a sobrevivir sin manual de instrucciones, y haberle enseñado a los que vinieron después que no todo está en internet, que hay cosas que se aprenden en la calle, en los bares, en los viajes sin GPS, en las madrugadas hablando pendejadas con los amigos. Y que el sarcasmo no es una actitud, es una forma de vida.
Conclusión (si es que esto sirve de algo)
La Generación X somos los que estamos en el medio de todo. Entre los boomers que no nos entienden y los millennials que nos ven como rucos. Entre el mundo analógico que desaparece y el digital que a veces nos abruma. Entre querer cambiar las cosas y pensar que total, para qué.
Pero la neta, no estamos tan mal. Tenemos historias que contar, música que todavía nos emociona, amigos que siguen ahí (los que sobrevivieron a los excesos), y una capacidad única para ver la vida con humor, aunque sea un humor negro y algo cínico.
Si algo nos define, es la capacidad de adaptarnos. Sobrevivimos a los 80 sin morir de moda, a los 90 sin suicidarnos, a los 2000 sin volvernos locos con el Y2K, a los 2010 viendo cómo todo se volvía redes sociales, y a los 2020 con pandemia incluida. Y aquí seguimos. Con nuestras rodillas rotas, nuestras canas, nuestras deudas, pero aquí seguimos.
Así que si eres Gen X, tómate una cerveza (o un café, o un tequila) y brinda por nosotros. Por los que sobrevivieron, por los que no, por los que aún creen que el rock puede salvar el mundo, y por los que saben que no, pero igual lo intentan.
Whatever, ¿no?
Referencias
Las referencias están en nuestra cabeza, en las canciones que escuchamos, en las películas que vimos, en las noches de borrachera con los amigos. No necesitamos fuentes. Nosotros somos la fuente. Pero si de verdad quieres algo escrito, busca en Google "Generación X características" y seguro encuentras algo. O pregúntale a tu tío ruco. Él te contará.
Véase también
- Baby Boomers (los que empezaron todo este desmadre)
- Millennials (nuestros hermanos menores que se quejan con razón)
- Generación Z (los que nos harán sentir como fósiles)
- Nostalgia (nuestra droga favorita)
- Rock alternativo (nuestra banda sonora)
- VHS (nuestro Netflix de antes)