Electra

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Cita3.pngHay una forma de matar a tu madre sin que quedes huérfana.Cita4.png
Psiquiatra explicándole cómo proceder a una paciente que ya mató a su padre.
Cita3.pngEn el futuro nos recordarán por esta tremenda clase de psicología familiar.Cita4.png
Electra mientras afilaba cuchillos en la cocina.

Misterioso resulta que tres autores de la Grecia Clásica se esforzaran en relatar oscuros entresijos de la crónica roja de su época. Si bien en los relatos que de esos tiempos nos llegan son comunes los cuchillazos y muertes cinematográficas a golpe de espada, que la falta de trabajo real haya permitido que tres ociosos representantes cumbre de la literatura griega clásica retrataran esta tragedia puede significar dos cosas: o estaban aburridísimos y por esos días nada pasaba y había poco tema para escribir, o la historia de Electra era un bestseller tan lucrativo que valía la pena pelearse por quién lo escribía mejor y se llevaba a su casa un buen saco de dracmas a bordo de su carreta de bueyes.

El primero fue Esquilo, que escribió sus Coéforas, parte de la única trilogía que se conserva del autor y que trata esta tragedia como si fuese un viral de redes sociales, sin darle mucha importancia, prefiriendo temas en los que había muchos más cuchillazos. Ayudó que había poco papel a mano luego de la barbacoa dominical (se usó para prender el fuego) y escribir una estela de piedra con la tragedia habría resultado bastante cansador para una persona de 25 años que se veía de 85. Las obras de Esquilo tuvieron gran éxito y fueron récord de descargas para el Kindle de piedra caliza de la época, pero el costo fue que la anécdota tragedia de Electra quedó en tercerísimo plano y así no iba a dar material a los psiquiatras del futuro.

El drama de Sófocles sobre este tema se estima posterior y, pese a sus esfuerzos al redactarla, ya a nadie le resultó interesante. Por esos tiempos estaba más de moda la literatura light, en la que las infidelidades daban lugar a destierros, latigazos y encarcelamientos solamente. La versión de Eurípides sobrevivió sin embargo pese a ser de esas mismas épocas, por ofrecer una versión sin parangón en lo que a morbo, soft core y graciosos personajes se refiere.

Contexto previo

Micenas, que es donde todo este zafarrancho ocurre, era tierra de oro y riquezas, y eso explica que se hayan comprado los planos de Machu Picchu para levantar sus construcciones.

Para entender por qué a Clitemnestra le picaban las manos por apuñalar a su marido, hay que remontarse al inicio de la Guerra de Troya. Agamenón, en un alarde de liderazgo, notó que su flota de barcos no se movía hacia el campo de batalla porque no había viento. Los dioses, siempre prestos a la extorsión, pidieron a cambio de una buena brisa el sacrificio de su hija Ifigenia. Agamenón optó por el sacrificio, bajo la premisa de que el viento era indispensable para saquear ciudades extranjeras y la niña igual nunca recogía su cuarto. A su esposa esta maniobra logística no le produjo ninguna simpatía.

Diez años y muchos escombros más tarde, Agamenón regresó a casa. En lugar de traer imanes para el refrigerador o llaveros de Troya, trajo a Casandra, una princesa vidente con la maldición de que nadie prestara atención a sus profecías. La excusa oficial en aduanas fue que se trataba de un botín de guerra; a los ojos de Clitemnestra, parecía un simple problema de sobrecupo en el hogar conyugal.

La reina recibió a su esposo con una sonrisa, una alfombra púrpura y la promesa de un relajante baño caliente. Mientras Agamenón intentaba sacarse la mugre de una década durmiendo en tiendas de campaña, Clitemnestra y su nuevo novio, Egisto, lo apuñalaron hasta dejar la bañera inservible. Fue un trámite rápido que ahorró años de costosa terapia de pareja y sentó las bases para el trauma generacional de los siguientes párrafos.

Plot Twist

Encuentro de Orestes con Electra, o viceversa.

Clitemnestra, una muchacha a la que le había caído la responsabilidad de ser reina de Micenas. Si ya lograron memorizar el tal nombre y pronunciarlo pasemos a lo siguiente...

Luego de cargarse a su consorte, Clitemn... la reina de Micenas, le entregó su hija Electra a un campesino con el argumento de que este le enseñe a preparar el pan. Como en todo drama griego, la realidad era otra: el buen campesino hacía un pan maravilloso, pero no podía procrear, y de esta manera Clitemnestra se aseguraba que Electra no tendría descendencia no real con él (real de realeza, se entiende). Otras versiones dicen que era por miedo a cuchillazos que él no se atrevía, o por temor a engendrar algún ser mitológico.

Tiempo después llegó al bungalow de Clitemnestra su hermano Orestes, junto con un amigo y socio en varios negocios llamado Pílades (este último, experto en vaciar refrigeradores). Al principio, los hermanos no se reconocen. Electra cree estar ante un pretendiente, y se turba ante la posibilidad de tener algo con él y que el campesino le avise por Whastapp a su madre. Por suerte (para ella) baja el candor y se da cuenta de que Orestes es su hermano, a quien no veía desde que se perdió en el mercado (en esa época no había altavoz para ubicarlo).

Desenlace

Mientras todo lo anterior ocurría Clitemnestra se casó con Egisto, quienes ofrecieron una gran recepción a la que Electra y Orestes no fueron invitados. Enfurecidos por tener que perderse tremendísima fiesta, los hermanos planearon la muerte de su madre. Con Egisto se apiadaron porque él es fruto de la violación incestuosa de Tiestes a su propia hija Pelopia, lo cual ya es demasiado para este drama y además un tanto injusto.

Transcurrieron algunos días. Como Electra estaba lavando los platos, aunque cabe destacar su rol como autora intelectual del ilícito, fue Orestes el que acabó con Clitemnestra a golpe de espada. Pero para ello, el hermano fingió traer malas noticias y le dijo a su madre que los ingresos por tributos habían disminuido, luego de lo cual de un sablazo transformó en historia a Clitemnestra.

Pero como hablamos de un grama griego la cosa no quedó ahí, y el amor por la vida de Egisto no duró mucho más: poco después Orestes desenvainó y lo cortó en pedacitos.

Pese a que esta tragedia ha transcurrido sin mayor participación de los dioses y otros seres de la mitología griega, ya es momento de que aparezcan. A Orestes, luego de materializar la muerte de su madre, no le fue nada bien, en lo inmediato. Fue perseguido por las Erinias, una versión griega de las pesadillas de esas que dan cuando se intenta dormir con el estómago lleno. Pero este martirio terminó en el Aerópago de Atenas, donde fue juzgado y absuelto por la diosa Atenea dado que los tribunales estaban atestados y era probable que la sentencia se dilatara por unos 3000 años.

Este importante dilema moral ha trascendido el mundo griego de la época, e incluso en la actualidad plantea importantes preguntas: ¿es ético el matricidio como forma de venganza? Más aún, ¿es ética la venganza? Y yendo más profundo: ¿Cuál es la mejor hora para ir al supermercado?

Personajes

Importancia y legado

Complejo de Electra

A partir de esta historia un tal Carl Gustav Jung quiso competirle a Sigmund Freud, que había creado la figura del Complejo de Edipo. Este hallazgo de la psiquiatría llenó los bolsillos de Freud. También llenó de turbaciones su mente. Jung no quería quedarse atrás (de las turbaciones) y describió el Complejo de Electra en 1913, según el cual las niñas de corta edad rivalizan con sus madres y requieren la atención de sus padres. Pero no le fue tan bien como a Freud, porque Jung no contó con que el apego entre madre e hija es más intenso, de modo que esta rivalidad dura lo que un pedo en un canasto y era mejor idea concentrarse en las turbaciones de los adolescentes a la hora de llenar la consulta. En psiquiatría moderna estos dos complejos, aunque resulten interesantes, son actualmente alimento de rellenos sanitarios y así afortunadamente las hijas no tienen que cargarse a sus madres para prosperar en el difícil mundo en el que vivimos.

Crearon la democracia pero la mayoría de los problemas de la Grecia Clásica se resolvían con lo que aparece en la imagen.

Canto de la salvación

Pese a la pereza generalizada de los autores griegos, el berrinche de Electra tuvo consecuencias psicológicas con el psicoloco ese, pero también geopolíticas palpables. Plutarco se inventó relató que, al terminar la Guerra del Peloponeso, los espartanos prepararon los trámites para arrasar Atenas y rematar a sus habitantes en el mercado de pulgas local. El exterminio se canceló porque un soldado cantó una parodia de la tragedia de Eurípides y los insensibles generales espartanos lloraron a moco tendido porque les encantaban las obras de cuchillazos. Perdonaron a la ciudad al instante.

Adaptaciones

La industria del plagio encubierto, a veces llamada homenaje literario, no tardó en explotar el filón de la crónica roja. Séneca se llevó la idea a Roma con su Agamenón, y para el año 1600, un para entonces vivo William Shakespeare le cambió el género a la protagonista, mudó la trama a Dinamarca y le puso de título Hamlet para despistar a los antiguos griegos que todavía andaban por ahí. En 1901, Benito Pérez Galdós usó a Electra en España como vehículo para quejarse de la Iglesia, dejando claro que el matricidio sirve de excusa para protestar contra casi cualquier institución.

Estos son solo algunos ejemplos, pues son tantas las adaptaciones de teatro, cine, catálogos de cuchillería, cuentos infantiles y recetas de cocina que se han hecho de Electra y su historia que dejaríamos sin espacio la Inciclopedia y ya es hora de ir terminando.