Preste Juan
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El Preste Juan o Presbyter Ioannes como se le llamaba en latín cuando los medievales querían ponerse solemnes, era un gobernante del Lejano Oriente (aunque el Lejano Oriente lo mismo te lo ubicaban en África, dado que en aquella época no habían inventado la brújula y a menudo estaban desviados, cometiendo el pecado nefando). Este rey era un patriarca que gobernaba un reino cristiano lleno de criaturas fantásticas y deformes que practicaba una versión un tanto particular del cristianismo llamado nestorianismo, la cual consideraba que en Cristo vivían dos naturalezas completamente disociadas y esquizofrénicas, la de Dios y la de hombre, sin que llegaran a fundirse en una sola, por calor que hiciera en Palestina. Este reino cristiano estaba continuamente asediado por paganos y musulmanes, pero resitía ahora y siempre al invasor. También se decía que este Preste Juan era descendiente de los Tres Reyes Magos, lo cual cuanto menos genera preguntas sobre cómo uno o varios de ellos pudieron quedarse preñados, si bien parece bastante claro que Baltasar jugó el papel más activo.
En todo caso, no nos engañemos. En los reinos medievales de Europa no les importaban demasiado ninguna de estas cosas. Lo que de verdad les maravillaba sobre el Preste Juan era que se decía que estaba forrado. Se hablaba de que ríos enteros de piedras preciosas corrían por su reino. Y... ay, amigo, eso hizo que se plantearan expediciones en serio para llegar hasta el reino poder robarle. Eso, y que la posibilidad de conocer a un esciápodo, un blemia o un panoio era algo muy llamativo para cualquier fanfarrón medieval que quisiera presumir de proezas amatorias a la vuelta del viaje.
Lástima que este rey fuera tan ficticio como la meritocracia. ¿O no? Porque el caso es que a occidente llegó una carta suya... incluso en tres copias diferentes, cambiando solo el destinatario de la misma.
Descripción
En la Europa cristiana, o se era Emperador o se era Papa, pero nunca se era Papa al ali-oli con ser Emperador, por lo que el Preste Juan, que unía en su persona los títulos de gobernante y sacerdote. De ahí provenía su título de preste o presbítero, y no de su presbicia, como a veces se piensa. Si bien el ser presbítero en nada impide sufrir de presbicia, tampoco la causa ni necesariamente la empeora, excepto si la edición de la Biblia que sigue el presbítero está escrita en una fuente muy pequeña. Es por ello que los presbíteros suelen dividirse entre quienes sufren presbicia y quienes tienen brazos y espaldas fuertes y desarrollados para ir portando pesados códices con la Palabra de Dios (en nuestro caso, en su versión nestoriana y herética).
De este último tipo, del fuerte y colosal, debía ser nuestro Preste Juan, pues la presbicia se descarta al contener un reino un espejo a través del cual podía ver todas sus provincias y lo que estaban haciendo sus subditos, a quienes vigilaba cuan gran hermano cuando defraudaban impuestos o incluso cuando se tocaban recíproca o reflexivamente. De esta manera en los dominios del Preste Juan regía el orden, la justicia, una buena balanza fiscal y el voyeurismo.