Preste Juan
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El Preste Juan o Presbyter Ioannes como se le llamaba en latín cuando los medievales querían ponerse solemnes, era un rey cristiano legendario que supuestamente gobernaba un poderoso reino en algún lugar del Lejano Oriente (aunque el Lejano Oriente lo mismo te lo ubicaban en África) durante la Edad Media. La leyenda lo pintaba como sacerdote y monarca a la vez, líder de un reino cristiano rodeado de criaturas fantásticas y, sobre todo, rebosante de riquezas: se decía que ríos enteros de piedras preciosas corrían por sus dominios. Lástima que fuera tan ficticio como la meritocracia. ¿O no? Porque el caso es que a occidente llegó una carta suya... incluso en tres copias diferentes, cambiando solo el destinatario de la misma.
Origen
El rumor
Para los que no entendemos nada, el asunto arranca en pleno siglo 2C, cuando los ejércitos accidentales occidentales coleccionaban palizas monumentales en Tierra Sádica y el ánimo se arrastraba por el fango. En lugar de inventar la pólvora o algo útil, fabricaron un amigo imaginario. Hacía falta un milagro táctico, un aliado todo-poderoso afincado más allá de los márgenes de los mapas incógnitos que atacara a los infieles por detrás por la espalda.
El primer responsable documentado fue un obispo sirio llamado Hugo de Jabala. En 1145, Hugo visitó la corte papal buscando desesperadamente refuerzos militares. Al notar que en Roma no sobraban las ganas de enviar más tropas a morir de insolación, soltó una bomba de humo diplomática: afirmó que un potentado monarca cristiano del oriente, un tal Preste Juan, acababa de aniquilar a un ejército musulmán y ya cabalgaba hacia Jerusalén para salvar el día. El cronista Otón de Frisinga anotó la anécdota en sus textos con absoluta seriedad, otorgando el sello de validación histórica al chisme. Era conocida la leyenda de que el Apostol Tomás había evangelizado la India y que había bautizado con sus manitas a los Tres Reyes Magos, lo que daba por inaugurado oficialmente el cristianismo en esas tierras. Otón se hizo eco de la narración de un misterioso y completamente inventado arzobispo de la India que había supuestamente visitado al papa Calixto II en su alcoba y le había contado cómo el zombie el cuerpo incorrupto de Santo Tomás presidía la misa en las fiestas siendo manejado como un guiñol por el mismísimo Preste Juan, que a lo que se ve era un gran ventrílocuo. De esta manera el Apostol "aceptaba" jugosas ofrendas por parte de los ciudadanos más ingenuos y acaudalados del lugar, con lo que las riquezas del reino eran inconmensurables.
Su conveniente lejanía
Resultaba sumamente conveniente que este salvavidas residiera a quince meses de viaje a lomo de camello. Esa era la excusa perfecta para justificar sus continuos retrasos a la hora de presentarse en el campo de canalla a repartir espadazos. Durante siglos, las coronas europeas fundieron sus tesoros púdicos financiando excursiones terrorísticas de alto riesgo para dar con su paradero. Cada vez que una expedición llegaba a las tierras prometidas y chocaba con la decepcionante falsedad de que allí solo había arena, sed y mamadas nómadas con pésima actitud, los catastro-grafos simplemente movían el reino un par de centímetros hacia la derecha en el pergamino, alimentando la estafa geotrágica un siglo más.
Descripción
Su título
En la Europa cristiana, o se era Emperador o se era Papa, pero nunca se era Papa al ali-oli con ser Emperador. El Preste Juan, sin embargo, unía en su persona los títulos de gobernante y sacerdote. De ahí provenía su título de preste o presbítero, y no de su presbicia, como a veces se piensa. Si bien el ser presbítero en nada impide sufrir de presbicia, tampoco la causa ni necesariamente la empeora, excepto si la edición de la Biblia que sigue el presbítero está escrita en una fuente muy pequeña. Es por ello que los presbíteros suelen dividirse entre quienes sufren presbicia y quienes tienen brazos y espaldas fuertes y desarrollados para ir portando pesados códices con la Palabra de Dios (en nuestro caso, en su versión nestoriana y herética).
Su persona
De este último tipo, del fuerte y colosal, debía ser nuestro Preste Juan, pues la presbicia se descarta al contener su reino un espejo a través del cual podía ver todas sus provincias y lo que estaban haciendo sus súbditos, a quienes vigilaba cual gran hermano cuando defraudaban impuestos o incluso cuando se tocaban recíproca o reflexivamente. De esta manera en los dominios del Preste Juan regía el orden, la justicia, una buena balanza fiscal y el voyeurismo.
Su reino
Este rey gobernaba un reino cristiano lleno de criaturas fantásticas y deformes que practicaba el nestorianismo, la cual consideraba que en Cristo vivían dos naturalezas completamente disociadas y esquizofrénicas, la de Dios y la de hombre, sin que llegaran a fundirse en una sola, por calor que hiciera en Palestina. Este reino cristiano estaba continuamente asediado por paganos y musulmanes, pero resistía ahora y siempre al invasor. Se hablaba de que ríos enteros de piedras preciosas corrían por él, lo cual hizo que en los reinos medievales de Europa se plantearan expediciones en serio para llegar hasta el reino poder robarle. Eso, y que la posibilidad de conocer a un esciápodo, un blemia o un panoio era algo muy llamativo para cualquier fanfarrón medieval que quisiera presumir de proezas amatorias a la vuelta del viaje.
Su linaje
También se decía que este Preste Juan era descendiente de los Tres Reyes Magos, lo cual cuanto menos genera preguntas sobre cómo uno o varios de ellos pudieron quedarse preñados, si bien parece bastante claro que Baltasar jugó el papel más activo.
La carta
Un día de 1165 el emperador de Bizancio, Manuel I Comneno recibió una carta ¡del mismísimo Preste Juan! Lo cual suponía un espaldarazo para su prestigio al ser el único gobernante cristiano al que el legendario Preste consideraba digno, si bien poco después el Sacro Romano Emperador Federico I Barbarroja recibió la misma carta en la cual también figuraba como el único gobernante cristiano al que el legendario Preste consideraba digno y poco después el Papa Alejandro III también recibió la misma carta en la que aparecía como el único gobernante cristiano al que el legendario Preste consideraba digno. Con la dignidad devaluada al estar dividida por tres, todos estos mandatarios recibieron idéntica exhortación.
Contenido
El Preste Juan inicia la misiva saludando a Manuel I Comneno / Federico I Barbarroja / Alejandro III. Como sabe que la fama de su magnificencia ha llegado a oídos de el más grande gobernante occidental (el destinatario), sabe que éste es un pobre diablo comparado con él, el Preste Juan, e invita al destinatario a pedirle el presente que desee, que si eso ya se lo enviará más tarde (en una nota al pie figura "jajaja", los historiadores aun se preguntan por qué).
Se describe a sí mismo el Preste como un protector de los cristianos desfavorecidos y por eso anuncia que conquistará los Santos Lugares con un grandísimo ejército. Pero como no quiere hacer la caridad él solo, ordena al receptor de la carta a enviar su propio ejército de camino mientras el del Preste va haciendo la instrucción, lo que viene ser un pasa primero tú que a mí me de la risa de toda la vida.
Se describe como un Señor de Señores y farda de tener bajo su mando a setenta y dos reyes tributarios, a quienes fríe a impuestos y aranceles según se le canta, pues para chulo él. Su imperio, que se extiende por las «Tres Indias», es inabarcable, desde la tumba de Santo Tomás hasta las ruinas de la Torre de Babel, sea donde fuere que queden estos hitos.
Luego presume de fauna y biodiversidad. En su imperio hay elefantes, dromedarios, grifos, cíclopes, cinocéfalos y hasta pigmeos. Tiene un mar de arena, un río de piedras preciosas y la fuente de la eterna juventud, que otorga al Preste Juan y a los habitantes que son formales y gozan de su favor de un cutis perfecto. Y estos habitantes son todos, pues en ese reino no hay ni pobres ni delincuentes pues hace tiempo que les expulsaron, deciden más resolver las disputas dialogando que a hostias y son hospitalarios con los extranjeros siempre que éstos no quieran abusar y pasarse de gorrones. No obstante tienen un nutrido ejército, para apalizar a los reinos vecinos, que lógicamente les atacan por pura envidia. Las armaduras de los soldados del Preste están repletas de joyerío y gemas variadas, de tal forma que más que soldados parecen señoras que van a la ópera.
En el palacio, que también está construido con pedrolos de joyería, es donde tiene el espejo ese con el que vigila las cositas que hacen los súbditos, si el destinatario de la carta le visita algún día, le dejará mirar por él un rato. Finalmente el Preste Juan explica que si no adopta un título mayor que el de presbítero es porque es humilde y campechano, y teniendo tanto como tiene pues no necesita presumir.