Zoroastro

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Zoroastro a punto de hacerse el harakiri.

Zoroastro o Zaratustra (también conocido como "Zorro el Astro" en el Imperio Medo, el Imperio Aqueménida y el Imperio Sasánida), informalmente conocido como Mr. Fuego, es un profeta pirómano que no existió y está más muerto que el culto a Ahura Mazda. Y si no lo hizo, ¿qué más da? Aunque si alguna vez hubiese existido, seguramente habría sido un sacerdote de la alta sociedad frustrado por tener que trabajar, criador profesional de llamas (el animal) para alimentar a las otras llamas (fuego), un caótico dualista-monoteísta que ni él mismo se aclaraba, hereje por cuenta propia y sabio por accidente iraní.

Fue famoso por protagonizar la controvertida novela gráfica Así habló Zaratustra, nunca publicada en su máxima expresión y posteriormente plagiada por Mr. Mostacho. En sus horas de ocio hubiera disfrutado componiendo cánticos sobre la guerra cósmica y críticas a los demonios, la mentira y el consumo desmedido de jugo de Haoma (porque le molestaba que los otros sacerdotes hicieran rituales estando completamente colocados). También habría sido un enemigo jurado de los carniceros que hacían sacrificios de toros (porque prefería que vivieran tranquilos para poder ordeñarlos en paz), fanático del libre albedrío, esclavo obsesivo de mantener las fogatas encendidas las 24 horas del día (lo que lo volvió pobre al comprar el gas) y un odiador profesional de las deidades tradicionales.

Vida

Nacimiento y juventud

Durante su infancia, Zaratustra tenía que adorar cosas como esta, como un Jesús michi.

Zaratustra Spitama nació en Rhagae'tón, un pueblecito de la llanura de Bactriana conocido por surtir alfombras voladoras al mundo entero. Su familia era muy tradicional: la madre, una sufrida ama de casa con un pequeño desliz junto al chamán de largas barbas; el padre, Pourushaspa, sacerdote profesional del politeísmo local y miembro de la ilustre familia Spitama. Tener un hijo fundador del monoteísmo para las religiones abrahámicas fue y sigue siendo una vergüenza total para el linaje.

Con el Haoma, la sustancia embriagante ritual, Zaratustra mantuvo una pésima relación desde la infancia. Bastó un sorbo para desatar una invasión de daevas en forma de hormigas ninja y ranas mutantes que lo persiguieron de por vida y más allá de la muerte, provocándole un mal viaje teológico y un trauma eterno contra los jugos sospechosos.

De niño era el hazmerreír de la tribu. Un día quemó, para calentarse las manos, unos borradores del Rigveda que su padre había robado a los vecinos de la India. El golpe psicológico fue tal que Pourushaspa se mudó de inmediato a una bonita Torre del Silencio en la cima de un monte para ser devorado por los buitres. Zaratustra nunca entendió la muerte de su progenitor: según declaró a sus círculos más íntimos, con la quema "por fin le había encontrado alguna utilidad al pergamino extranjero ese".

Tras las misteriosas muertes por combustión humana espontánea del padre del vecino, del hermano menor del vecino y del chico que lo molestaba en la escuela de magos, la familia se trasladó a Persépolis, que aún no se había construido, obligándolos a acampar ilegalmente en un terreno baldío del tiempo-espacio. Durante años soñó con convertirse en el Saoshyant —un superhéroe propio para el que ya tenía diseñado el logo— y mantuvo largas y aburridas conversaciones con el Fuego omnipotente sobre el clima. Pero todo eso no eran más que fantasías sexual de adolescente sin Haoma.

Estudios y vida sacerdotal

Novia de Zoroastro en aquellos momentos de juventud.

Tras dominar el arte de quemar pergaminos ajenos y sobrevivir a su primera juventud, Zaratustra ingresó como aprendiz en el templo local, donde destacó por ser el único capaz de encender el fuego sagrado con un simple estornudo. Sus maestros, impresionados pero aterrorizados, lo relegaron a tareas menores como ahuyentar daevas con una escoba mojada en Haoma (líquido que él jamás tocaba) y dar de comer a las llamas con virutas de sándalo.

Todo esto cambió cuando se hizo amigo de Frashaoshtra y Jamaspa, los populares del templo, quienes atraían a las adeptas con su prematuro vello facial y su atractiva teología del fin del mundo. Lo que Zaratustra no sabía en ese momento era que aquella amistad interesada incluía, por voluntad de Ahura Mazda, un intercambio de hijas y nietas que dejó el nuevo monoteísmo en manos de una sola familia.

La revelación

Cita3.pngOdio la oscuridad y la mentira... ¡Ah, mira qué linda sombra!Cita4.png
Zaratustra a los cinco minutos de declarar su aversión por las tinieblas.
Vohu Manah, el arcángel del mazdeísmo, con apariencia muy confiable.

A los 30 años, Zaratustra seguía de oficinista oficiando himnos al panteón iranio sin saber que sus dioses eran unos mafiosos que se repartían las almas, los sacrificios y las ofrendas. Todo se destapó cuando Vohu Manah, un arcángel fugado de la celda donde los daevas lo tenían esposado desde el principio de los tiempos, se presentó en la Tierra usando a Zaratustra como único medio de comunicación disponible.

La filtración dejó limpio solo a Ahura Mazda. Zaratustra, al descubrir que su carrera sacerdotal entera era una estafa, pidió una reunión urgente con el dios limpio, fundó una religión nueva y mandó a todos sus antiguos jefes al infierno.

Pasó una década predicando en el desierto con un único seguidor: su primo Maidhyoimanha, que se había apuntado por error creyendo que era una clase de herejía. Luego llegó a la corte del rey Vishtaspa buscando a sus viejos conocidos Frashaoshtra y Jamaspa, ahora nobles que podían colarlo por la puerta de atrás.

El rey no tenía ningún interés en cambiar de panteón. Zaratustra le cosió cuatro patas nuevas al caballo paralítico del monarca y, en el proceso, carbonizó por error al caballo del sumo sacerdote rival que pastaba al lado. Al rey, que amaba y odiaba a los caballos al mismo tiempo, se convirtió al Zoroastrismo de inmediato. Los sacerdotes envidiosos convocaron a Zaratustra para darle una paliza, pero él llegó con su lanzallamas favorito —el que le dio el ángel— y, 53 segundos después, era el único sacerdote y, por tanto, el verdadero.

Sumo sacerdote y madurez

Cita3.png¡A pasarla bien, amigo! Eso sí, nada de sacrificios de toros.Cita4.png
Algunos amigos de Zaratustra antes de sus ahora financiadas ceremonias.
Zaratustra sobre su patineta.

Instalado en el Gran Templo del rey Vishtaspa, Zaratustra enseñó lo básico: el fuego no se toca, no se escupe, no se mea y no se mira con malos pensamientos. Superar un mes sin contaminarlo daba derecho al cordón sagrado. Quien fallaba recibía un cubo de arena y una mudanza urgente a la Torre del Silencio.

En esta época compuso los Gathas, diecisiete maleficios anti-daevas en formato pop rock para que los fieles los memorizaran sin notar que aprendían demonología avanzada. Cada estribillo, cantado tres veces de cara al fuego, freía un daeva en un radio de cien codos. Los acólitos los tarareaban barriendo y, sin querer, mantuvieron Persia libre de demonios durante dos dinastías.

Su fama de crítico de estatuillas atrajo al templo a un joven alfarero macedonio llamado Alejandro. Zaratustra giró una figurilla tres veces hacia el fuego y sentenció que era obra de la Mentira: proyectaba una sombra asimétrica. Alejandro se marchó sin sus piezas y con una idea fija: volver a Persia con más gente.

Muerte

Algunos dicen que no ha muerto, pero sí, ya se murió. A los 77 años, Zoroastro no se moría. Lo apuñalaron, lo envenenaron, lo tiraron desde una Torre del Silencio con los buitres mirando y volvió a subir andando. Agotadas las opciones, sus enemigos le pusieron una bomba atómica bajo la cama. La explosión lo desintegró sin drama, y la tradición zoroastriana registró el suceso como «el día en que el profeta se pasó a la energía atómica», explicación que conformó a todos.

Para entonces ya se había reenganchado al Haoma y sus discípulos solo esperaban a que se muriera. El legado gordo fue otro. Zaratustra dejó escrito que al final de los tiempos los muertos resucitarían, cruzarían el Puente Chinvat y caerían del lado de la Verdad o de la Mentira según el peso de sus actos. El judaísmo copió el Juicio Final, el cristianismo añadió trompetas, el islam puso una balanza y Nietzsche escribió un libro donde el protagonista era él pero sin fuego. Los zoroastrianos siguen esperando al Saoshyant mientras barren sus templos y cuidan que ninguna barba se acerque demasiado a la llama.

Enseñanzas

Artículo principal: Zoroastrismo

El zoroastrismo figura en los registros históricos como el primer brote del monoteísmo ético. En términos prácticos, fue la primera religión en agrupar la infinidad de deidades locales en un cerrado sistema dual de bien y mal, ahorrando toneladas de incienso y simplificando los rezos a un formato de sí o no. También tuvo la primicia de amenazar a sus fieles con el fin del mundo y de presentar el sufrimiento terrenal como la única vía a una hipotética vida posterior, un engaño cósmico que nunca se ha documentado fuera de los delirios febriles de sus adeptos, a pesar de las exhaustivas investigaciones de History Channel a altas horas de la madrugada.

Zaratustra inauguró el monoteísmo mandando al diablo a todo el panteón iranio. Solo Ahura Mazda sobrevivió a la purga y acaparó el dominio absoluto del cosmos; las demás deidades sufrieron una degradación forzosa a daevas (demonios rasos) y fueron arrojadas al abismo oscuro. Cuando sus antiguos colegas de oficio lo tacharon de hereje, él respondió usándolos como leña para encender la parrilla sagrada.
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Fracturó el universo en Verdad y Mentira, dos facciones en constante riña callejera que no admiten neutralidad ni matices grises. Cada pelagatos toma partido libremente por su bando, pero esa supuesta libertad cósmica terminó aplicándose a normativas asfixiantes: estornudar sin taparse la boca, bostezar frente a una vela o mezclar la basura orgánica pasaron de ser malos modales a considerarse actos de terrorismo ontológico penados con la incineración.
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Patentó el apocalipsis. Al final de los tiempos, los cadáveres resucitan, son obligados a cruzar el estrecho y mal pavimentado Puente Chinvat y caen del lado que les toca según el peso de sus actos. Justos: inmersión en una orgía de alfombras mullidas. Malvados: baño termal en metal fundido. El judaísmo plagió descaradamente el Juicio Final, el cristianismo le metió trompetas para despistar, el islam añadió una balanza física y Nietzsche redactó un fanfiction infumable donde él era el protagonista supremo, pero con fobia a los cerillos.
El fuego es intocable. No se le sopla, no se le escupe, ni se le mira con intenciones impuras o lujuriosas. Quien ose contaminar una triste fogata recibe una paliza purificadora y un viaje de ida a la Torre del Silencio para que los buitres hagan su trabajo sucio. El propio profeta, que prohibió el consumo de Haoma tras un viaje psicodélico que lo dejó traumatizado en la infancia, terminó recayendo en secreto; sus discípulos simplemente fingían mirar hacia otro lado y aguardaban a que se desmayara babeando para continuar barriendo las cenizas del templo.

Impacto social y plagios posteriores

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El ícono de la sensualidad persa no vaciló en sentar las bases para tres religiones mundiales.
Archivo:Saoshyant Zoroaster.jpg
No tardaría en tomar su papel histórico frente a profetas imitadores.
Cita3.pngMe encanta tu nuevo rollo sagrado, hijo. Aunque la parte del juicio final y los ángeles me suena de otra parte.Cita4.png
Madre hebrea cuando su hijo llega con la Torá.

En su tiempo, Zaratustra marcó la pauta en el competitivo mercado de la salvación espiritual. Propuso el monoteísmo, el juicio final y el paraíso milenios antes de que se pusieran de moda. Esto generó un fanatismo sin precedentes entre pastores nómadas y sentó las bases para futuros fundadores de religiones que buscaban un modelo de negocio teológico rentable.

Pronto, otros reformadores espirituales de Oriente Medio tomaron su estilo sin pagarle regalías. Figuras posteriores copiaron descaradamente sus conceptos de ángeles, demonios y batallas cósmicas para armar sus propias franquicias de adoración exclusiva. Zaratustra inventó el infierno de fuego ardiente, y las religiones abrahámicas simplemente le cambiaron el nombre y la tipografía para evitar demandas por derechos de autor en el tribunal divino.

Llegó a tener tanta influencia que funcionó como el escritor fantasma del judaísmo, el cristianismo y el islam. Sus ideas originales pavimentaron el camino para que futuros profetas se pusieran túnicas llamativas, charlaran con zarzas ardientes y prometieran castigos eternos a quienes no les hicieran caso.

El tema del salvador cósmico sembró tal controversia que, luego de múltiples adaptaciones hechas a sus espaldas, el concepto del Mesías se convirtió en el estándar de la industria, dejando a los antiguos panteones politeístas en la ruina financiera y obligando a las deidades menores a buscar empleo como mitología recreativa en los libros de texto.

Véase también

  • Aristóteles ícono.png Personaje histórico (ver todos aquí). BanderaIrán.png
  • English (Fork)