Presidente Genérico del Perú
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| PRESIDENTE GENÉRICO Y DESECHABLE DEL PERÚ Titular (Sujeto de prueba intercambiable) Residencia: Palacio de Gobierno (lunes a jueves), Penal de Barbadillo (viernes a domingo y feriados) |
El Presidente Genérico de los peruanos (también conocido como "El Vacado de Turno", "El Prófugo en Potencia" o "El Breve") es un concepto abstracto y una plantilla de ahorro de recursos creada por el departamento de servidores de Inciclopedia. Dado que la crisis política en el Perú mutó de un problema institucional a un deporte de riesgo continuo, y considerando que ningún mandatario completa su periodo constitucional desde que Ollanta Humala abandonó el edificio en 2016 sin que la policía lo interceptara en la misma puerta (lo esperaba, pero hasta su casa), los editores nos declaramos en huelga de redacción biográfica.
Escribir un artículo enciclopédico completo, investigando datos de la infancia, formación académica, árbol genealógico y traiciones políticas para cada individuo que se sienta en el sillón de Pizarro resulta materialmente insostenible. El sujeto promedio dura menos en el cargo de lo que tarda Inciclopedia en indexar la página. Por lo tanto, hemos establecido a este ente ficticio de características universales. Cuando usted escuche en las noticias internacionales que hay un nuevo jefe de Estado juramentando en Lima, venga a esta página, tache mentalmente el "Inserte Nombre Aquí" y continúe con su vida; la narrativa que leerá a continuación encajará a la perfección con la triste y repetitiva realidad.
Biografía
El Presidente Genérico N.N. nace por generación espontánea en alguna región del Perú. Su juventud se divide a partes iguales entre militar en catorce partidos políticos distintos cuyas siglas nadie recuerda y conseguir un título universitario mediante una tesis elaborada íntegramente con la función de copiar y pegar.
Su origen político es borroso porque el sujeto existe en un estado cuántico hasta el día de la juramentación. Dependiendo de la crisis de la temporada, la plantilla del Presidente Genérico llega al sillón de Pizarro por dos vías que conducen exactamente al mismo precipicio:
- Vía A (El Mal Menor): Ingresa a la papeleta electoral luciendo un sombrero folclórico gigante o un acento extranjero fingido. Gana la presidencia por medio punto porcentual tras enfrentar a Keiko Fujimori en una segunda vuelta impulsada exclusivamente por el pánico cívico.
- Vía B (El Serrucho): Llega al poder como Vicepresidente o Presidente del Congreso. Finge lealtad absoluta al mandatario titular hasta que un programa dominical revela un escándalo. Acto seguido, apuñala políticamente a su jefe, se pone la banda presidencial (que ya viene con cierre de velcro para facilitar el recambio rápido) y jura el cargo con los ojos llorosos hablando de "pacificación nacional".
Gestión
Una vez instalado en el Palacio de Gobierno, el mandatario asimila las habilidades de todos sus predecesores en un solo cuerpo. Su rutina ejecutiva consiste en recitar poemas de César Vallejo en televisión nacional, exhibir relojes suizos Rolex que afirma haber encontrado tirados por ahí, y cambiar a su Presidente del Consejo de Ministros con la misma frecuencia con la que se cambia de calcetines.
Su plan de desarrollo en infraestructura se reduce a remodelar los baños del Palacio para que sus asesores puedan esconder fajos de dólares con mayor comodidad. Si la población sale a protestar porque la economía colapsa o porque descubren que se vacunó a escondidas antes que los médicos, el Presidente Genérico asegura que todo es culpa de un complot internacional, se encierra en su despacho y ordena vaciar el inventario nacional de bombas lacrimógenas sobre el centro de Lima. Su mecanismo de defensa legal ante la Fiscalía se basa en una amnesia selectiva repentina, negando conocer a sus propios secretarios, hermanos y financistas de campaña.
Caída libre y jubilación
La esperanza de vida de la administración expira inevitablemente cuando el Congreso huele sangre. Acorralado por seis investigaciones fiscales simultáneas por organización criminal y con una popularidad que compite con el margen de error estadístico, el mandatario recurre al último ítem del manual peruano de supervivencia: pararse frente a una cámara con las manos temblorosas y leer un papel arrugado anunciando la disolución inconstitucional del Parlamento.
Dos horas después, los congresistas lo destituyen por "incapacidad moral permanente" antes de irse a almorzar.
El Presidente Genérico abandona la sede del Ejecutivo escoltado por los mismos agentes policiales que minutos antes le hacían el saludo oficial. Pierde el cargo, el fuero y el vehículo blindado en el mismo trayecto hacia el Penal de Barbadillo. Allí es recluido con una prisión preventiva de 36 meses, prorrogables al infinito. Pasa sus años de retiro estatal redactando recursos de hábeas corpus rechazados, cultivando legumbres en un huerto VIP y disputando el control remoto del televisor con el resto de la colección numismática de exjefes de Estado que habitan el pabellón.
Antecedentes de la Plantilla
En el pasado, los presidentes robaban el dinero público, pero tenían la decencia de quedarse sus cinco años en el cargo o dar un autogolpe para durar diez. Daba tiempo a redactar sus artículos en la wiki.
El sistema falló cuando un exbanquero con acento gringo se peleó con la eterna candidata perdedora y renunció por fax. Lo reemplazó su vicepresidente, quien clausuró el Parlamento y fue despedido por inyectarse vacunas a escondidas en el baño. La banda presidencial se volvió un explosivo de mecha corta.
Luego entraron personas al azar. Un sujeto gobernó cinco días y huyó por la puerta trasera. Un académico canoso lo reemplazó para recitar poemas en televisión. Después, un profesor con un sombrero gigante leyó un papel temblando en señal abierta para cerrar las instituciones y tomó un taxi directo a la prisión esa misma tarde. Su sucesora mantiene el puesto a balazos mientras luce relojes suizos ajenos.
Inciclopedia clausuró las biografías presidenciales peruanas. La plantilla del Presidente Genérico se creó porque teclear un nombre nuevo gasta más tiempo que la presidencia del sujeto. El arquetipo es un ladrón que graba sus propios sobornos en alta definición y guarda los recibos de sus extorsiones firmados en el cajón.
Facultades y atribuciones
La Carta Magna le otorga al Presidente Genérico una serie de poderes excepcionales estructurados específicamente para acelerar su propia caída. Lejos de gobernar, la rutina del Ejecutivo criollo se asemeja más a un simulacro de sobrevivencia en el mismo infierno. El sujeto de prueba que ocupa el cargo tiene la prerrogativa de ejercer las siguientes funciones antes de que le corten el teléfono (y el agua, y la luz) en Palacio:
- La ruleta ministerial: El presidente tiene la obligación no escrita de cambiar a su Presidente del Consejo de Ministros y a la mitad del gabinete cada quince días, como quien cambia de canal en la tele. Esto garantiza que la prensa y la Fiscalía siempre tengan papa caliente que pelar y desvía la atención de los desfalcos que ocurren en el despacho principal, donde el único que no roba es el velador de la puerta. A estas alturas, los peruanos ya no se aprenden los nombres de los ministros; los ven como temporadas de Netflix: "Ah, mira, este mes nos tocó el de la cara de sapo".
- El negacionismo agudo: Ante el allanamiento de las oficinas gubernamentales por parte de fiscales del Equipo Especial con chalecos que dicen "Ministerio Público", el mandatario ejerce su poder supremo de desconocer a sus propios asesores, cuñados y financistas de campaña. Sale en conferencia de prensa a afirmar que los fajos de dólares con billetes manchados encontrados en los baños de Palacio fueron plantados por la conspiración internacional del caviar o por el Club de la Construcción Civil. La frase estrella: "Eso es un complot de la prensa limeña y sus periodistas pitucos que no entienden el Perú profundo".
- El indulto cíclico: Todo Presidente Genérico que se precie debe evaluar, otorgar o revocar la gracia presidencial a Alberto Fujimori (o a sus herederos políticos en defecto) al menos una vez por semestre, como quien le da cuerda a un reloj. Esto le permite ganar tiempo frente a las mociones de censura en el parlamento y mantener viva la única tradición republicana que no falla: la herida abierta de los 90. Al final, el beneficiado termina viviendo más que el propio presidente, y el indulto se convierte en el "jamón del pobre" de la política peruana: todos lo prometen, pero nadie lo termina de pagar.
Sucesión
Una vez que la guillotina legislativa cae sobre la cabeza del Ejecutivo, se activa la línea de sucesión, transformando la política peruana en un juego de la papa caliente con explosivos. La ley dicta que asuma el Primer Vicepresidente. Si este individuo posee un mínimo instinto de conservación biológica, renuncia inmediatamente por fax o Twitter, alegando problemas de salud o asco generalizado. La responsabilidad recae entonces en el Segundo Vicepresidente, quien suele estar prófugo en el extranjero o inhabilitado para ejercer cargos públicos.
Agotada la plancha presidencial votada por el pueblo, la máxima magistratura del Estado aterriza de golpe en el regazo del Presidente del Congreso, un sujeto que casi siempre conspiró en las sombras para provocar la crisis original y que durará en el cargo menos de una semana antes de que las marchas ciudadanas masivas le obliguen a dimitir entre nubes de gas lacrimógeno. La plantilla de nuestra enciclopedia contempla que este ciclo absurdo se repita hasta que el país sea gobernado por puro azar por un turista despistado que caminaba mirando su teléfono por la Plaza San Martín.
Residencias oficiales
En los libros de historia antiguos, se estipula que los mandatarios habitan la Casa de Pizarro en el centro histórico de Lima. En la topografía política contemporánea, ese edificio de arquitectura afrancesada y balcones tallados funciona únicamente como una sala de espera temporal y un depósito para almacenar vajilla del siglo pasado.
El destino final ineludible de esta plantilla de personaje es el Penal de Barbadillo, ubicado en el polvoriento distrito de Ate. Este recinto carcelario es el verdadero club campestre de la alta política peruana y la residencia oficial a largo plazo de quienes portan la banda bicolor. Fue diseñado, acondicionado y ampliado a medida para aglomerar a la creciente colección de expresidentes de la República. Sus celdas VIP cuentan con seguridad privada, pequeñas huertas para cultivar legumbres, atención médica exclusiva y el espacio suficiente para que los antiguos rivales electorales compartan anécdotas sobre sobornos de constructoras brasileñas como Odebrecht mientras organizan torneos dominicales de fulbito. Actualmente las instalaciones operan al límite de su capacidad penitenciaria, por lo que las próximas versiones del Presidente Genérico deberán irse acostumbrando a la idea de compartir litera.
Véase también
- Vacancia presidencial (El botón de reinicio rápido del Estado).
- Prisión preventiva (El plan de jubilación obligatorio del funcionario público).
- Keiko Fujimori (La fuerza de gravedad que hunde a todo el sistema solar peruano).
- Cárcel (Sinónimo burocrático de Casa de Gobierno).
- Corrupción en el Perú (El verdadero deporte olímpico nacional).