Peluche

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Cita3.png¡Está vivo! ¡VIVO! Ah, no, es solo que tiene mucho relleno.Cita4.png
Víctor Frankenstein sobre su primer peluche.
Cita3.pngSon suaves, son lindos, y no necesitan que les limpies la caja de arena porque están muertos.Cita4.png
Cita3.pngEn mis tiempos, si querías un peluche, tenías que cazar al oso tú mismo con una piedra.Cita4.png
Cita3.pngLa Wikipedia dice que están hechos de poliéster. ¡Malditos mentirosos!Cita4.png
Tío1.jpg tras descubrir la verdad.
Peluche del siglo XVIII, tierno y bonito.

El peluche (del francés peluche, que significa animal muerto cubierto de algodón) es el término científico para la taxidermia decorativa infantil. Aunque la propaganda de las jugueteras y las mentiras de Wikipedia intenten convencernos de que son simples muñecos de trapo rellenos de fibras sintéticas, cualquier persona con dos dedos de frente y un doctorado en la Universidad de Tuvalu Ulterior sabe que cada peluche fue, en algún momento, un ser vivo con sueños, esperanzas y un sistema nervioso central.

Historia

La historia de los peluches es, en esencia, la historia de cómo la humanidad aprendió a vaciar la naturaleza para rellenarla de cosas que no huelan tan mal. Mientras que la historia oficial (escrita por gente aburrida con corbata) habla de evolución industrial, la realidad es que el peluche ha sido el motor de la civilización desde que el primer homínido se dio cuenta de que una piedra es una almohada terrible, pero un conejo muerto es bastante aceptable.

Prehistoria

Hermoso peluche vintage para conocedores.

En el Paleolítico, el concepto de juguete era rudimentario. Si un niño quería un peluche, su padre tenía que salir y propinarle un garrotazo a una cría de mamut. Una vez que el animal dejaba de quejarse, se procedía al vaciado de los órganos (que se usaban para hacer sopa o pintura para la cueva) y se rellenaba el cuero con musgo seco.

Estos Proto-Peluches tenían la desventaja de que atraían a los lobos y solían tener pulgas del tamaño de una moneda de euro, pero cumplían su función que enseñar a los niños que la muerte es suave y que los colmillos no hacen daño si están pegados con resina de árbol.

Antigüedad

Los egipcios, expertos en tratar con fiambres, llevaron el peluche al siguiente nivel. No se limitaron a las personas; si un faraón amaba a su gato, lo convertía en un Peluche Real. Se cree que la Gran Esfinge de Giza fue originalmente un león disecado gigante, pero como no encontraron suficiente algodón en todo el Nilo para rellenarlo, tuvieron que terminarlo con piedra. Una pena.

En Roma, los peluches eran usados para entrenar a los futuros gladiadores. Los niños romanos jugaban con Leones de Felpa (leones reales que habían perdido la batalla contra el moho) para practicar las puñaladas por la espalda, una tradición muy romana que luego aplicarían con sus tíos y emperadores.

Edad Media

Imagina la felicidad de llegar bajo el árbol de navidad y ver que Santa Claus te trajo un buboncito porque te portaste bien.

Durante la Edad Media, la producción de peluches sufrió un parón debido a que la gente estaba demasiado ocupada muriendo de cosas interesantes. Sin embargo, surgió una moda macabra: los peluches de rata.

Para intentar quitarle hierro al asunto de la peste negra, los bufones de la corte disecaban ratas, les ponían cascabeles y las llamaban Buboncito. Fue el primer caso registrado de marketing de crisis, aunque no funcionó muy bien porque los peluches seguían transmitiendo la enfermedad.

La Revolución Industrial

Con la llegada de las máquinas de vapor, la taxidermia dejó de ser un proceso manual para convertirse en una masacre en cadena. Fue en esta época cuando se decidió sustituir el serrín y el musgo por algodón y poliéster, principalmente porque el serrín era inflamable y los niños tendían a explotar si se acercaban a una chimenea con su osito.

En 1902, ocurrió el evento que cambió todo: Theodore Roosevelt se negó a disparar a un oso negro. La prensa, en un alarde de ironía, decidió que la mejor forma de honrar ese gesto de misericordia era matar a otros miles de osos, disecarlos, ponerles un lazo y venderlos como Teddy Bears. La lógica humana en su máximo esplendor.

Siglo XX y XXI

Furby vivo antes de aportar a la economía.

A mediados del siglo XX, las leyes de protección animal (un invento de la competencia para subir los precios) obligaron a las jugueteras a simular la taxidermia. Empezaron a usar piel sintética, aunque se rumorea que el relleno de los peluches modernos se obtiene de nubes trituradas y drogas.

En la actualidad, hemos llegado a la cima de la evolución con los peluches electrónicos. Estos dispositivos combinan la taxidermia tradicional con microchips diseñados para despertarte a las 3 de la mañana diciendo Tengo hambre, lo que demuestra que, aunque estén disecados, estos animales todavía quieren venganza.

Usos

A lo largo de los milenios, la taxidermia suave ha servido para múltiples propósitos:

  • Escudo humano: Ideal para que los niños se protejan de los monstruos que viven debajo de la cama (los monstruos respetan la jerarquía de los muertos).
  • Confesionario: Son los únicos psicólogos que no cobran y que guardan el secreto de que todavía te mojas la cama a los 15 años.
  • Proyectiles: En guerras fratricidas dentro del hogar, un peluche de un hipopótamo tiene la aerodinámica perfecta para derribar el jarrón favorito de tu madre.
  • Sustituto afectivo: Para adultos que han fracasado en el amor y prefieren la compañía de un conejo disecado que no les cuestiona por qué siguen solteros.

Psicología

El impacto del peluche en la psique humana es devastador. Según el famoso psicólogo Sigmund Freud (quien dormía con un pato disecado llamado Ducky), el ser humano siente una atracción irresistible por la muerte cuando esta viene envuelta en terciopelo.

El niño desarrolla una empatía patológica hacia el animal muerto, otorgándole voz, personalidad y la capacidad de juzgar silenciosamente a todos los que entran en la habitación. Si un niño pierde su peluche, no es un berrinche por un objeto; es un duelo por un cadáver que solía llevar a todas partes.

Producción

Contrario a la creencia popular de que los peluches nacen en fábricas en China mediante máquinas de coser, el proceso es mucho más artesanal y ligeramente macabro.

  1. Captura: Comandos especiales de jugueteras se infiltran en bosques y selvas para capturar animales con potencial de ternura.
  2. Vaciado: Se retiran los órganos internos (que luego se usan para hacer salchichas de marca blanca).
  3. Inyección de felicidad: Se rellena el interior con una mezcla de algodón orgánico, nubes de azúcar y pequeñas bolitas de plástico que sirven para que el peluche se quede sentado y te mire fijamente.
  4. Cosmética: Se le ponen ojos de cristal (para que nunca deje de vigilarte) y una etiqueta con un nombre ridículo como Pompón para ocultar su pasado salvaje.

Impacto cultural, marketing y coleccionistas

El peluche ha dominado la cultura popular desde que Mickey Mouse decidió que era mejor ser un peluche que una plaga doméstica. El marketing ha logrado que compremos animales que en la vida real nos matarían sin pestañear, como leones, tiburones o políticos.

Los coleccionistas de peluches son una subespecie humana que vive en habitaciones donde no se ve la pared, solo una masa informe de ojos de plástico. Estos individuos creen que el valor de un Beanie Baby aumentará con el tiempo, ignorando el hecho de que tienen una morgue temática en su sala de estar.

Modas

  • Los Furbys: Una rama de la taxidermia robótica satánica que intentó dominar el mundo en los 90. Aunque parezcan mecánicos, por dentro llevan el corazón de un hámster furioso.
  • Squishmallows: Taxidermia de alta presión. Son animales que han sido aplanados por una apisonadora para que sean más abrazables.
  • Peluches de microbios: Porque nada dice te quiero como regalar un peluche de la Peste Negra o del Ébola disecado.

Véase también

Referencias


Enlaces externos

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Nota: Si tu peluche empieza a hablarte por las noches, por favor, consulta a un exorcista o, en su defecto, cámbiale las pilas si es un Furby.