Usuario:DD/Guerra cultural
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La Guerra Cultural (batalla cultural o Kulturkampf para los que les gusta sonar nazi), es el conflicto bélico total, global y obligatorio entre potencias conservadoras capitalistas, liberales capitalistas, anarcocapitalistas y neocapitalistas —todos echándole la culpa a los socialistas, que ni pueden defenderse porque están muertos— que estalló cuando la humanidad capitalista descubrió que era mucho más eficiente y rentable ametrallar al vecino por no usar el pronombre correcto o por colgar la bandera del tamaño inadecuado en el balcón, que el anticuado método de solo funarle por redes sociales.
A diferencia de las guerras antiguas, donde se peleaba por cosas tangibles como tierra, petróleo o al menos por el honor del rey (que aunque inútil, era un motivo concreto), aquí se pelea por el control absoluto de tu glándula pineal, tu carrito de la compra, lo que dices en la cena de Navidad, y —recientemente añadido al tratado— tus opiniones sobre películas de Disney.
Es una guerra donde la libertad de no ser obligado fue declarada crimen de lesa humanidad por todos los estados mayores simultáneamente, en el único acto de consenso global desde que inventaron el tren de aterrizaje en los aviones. El derecho a no tener una opinión totalmente polarizada sobre todo ha sido clasificado como alta traición en 47 países.
Antecedentes
Aunque el término lo inventó un tal Bismarck para liarse a cabezazos con el Papa —dos machos alfa con sombrero puntiagudo discutiendo quién mea más lejos—, la versión moderna explotó en los años veinte, cuando los granjeros, armados con horcas y biblias, defendían la moral rural de que el sexo es solo para hacer niños contra los urbanitas que bailaban el charlestón meneando el culo como si les picara el esfínter. En 1991, James Davison Hunter soltó la bomba profética avisando que Estados Unidos se estaba rompiendo en dos cosmovisiones que ni con pegamento de epoxi se juntan. Desde entonces, la lucha de clases —pobres jodiendo a ricos y viceversa— se ha mutado en un concurso de mariconadas donde el que se ofende más fuerte gana puntos, convirtiendo la política en un diván de psiquiatras donde todos diagnostican traumas al vecino.
FACHA no nació: siempre existió. Desde las Cruzadas hasta la Guerra Fría, ha cambiado de uniforme pero nunca de manual: túnica negra, pelo sobre las orejas, y la certeza de que Dios odia exactamente lo mismo que ellos. En 2015, observaban con binoculares desde sus bunkers parroquiales cómo individuos sueltos —sin bandera, sin estructura, sin comité de cuotas— comenzaban a incomodar el statu quo. Eran bárbaros sin organización, pero con smartphones y la noble creencia de que podían obligar a otros a hacer lo que quisieran o era discriminación (en ese tiempo esa palabra era lo peor que te podían decir, no como ahora que es equivalente a llamarte tontito por el exceso de mal uso).
El 28 de junio de 2015, en una panadería de Colorado (estado de South Park), el archiduque Jack Phillips se negó a servir una tarta nupcial a un príncipe gay, argumentando que su religión no permitía mezclar crema mantequilla con sodomía. En lugar de buscar otro de los miles de pasteleros que sí podían hacerlo, el acto fue denunciado como hostilidad sin precedentes contra la masa amorfa de activistas que hasta entonces solo existían en Twitter. Esa masa, sin nombre oficial, vio cómo un solo pastelero obligaba al Estado a debatir su existencia. Fue el primer disparo que les dio conciencia de que necesitaban un ejército, afortunadamente Phillips sigue en la cárcel donde no tiene hornos y no puede seguir haciendo daño a otros no haciéndoles pasteles.
El 13 de enero de 2019, la corporación Gillette lanzó un spot titulado "The Best Men Can Be", equipando navajas con sensores de masculinidad tóxica, con un mensaje contra el sexismo, la conducta sexual inapropiada y el acoso, a lo que FACHA dijo, "yo puedo ser lo sexista, inapropiado y acosador que quiera, una puta navaja no me va a decir cómo debo ser", y los que no eran así, se volvieron así nada más para llevarle la contraria a una pauta comercial.
Los individuos amorfos, hasta entonces dispersos, se organizaron en comités de emergencia y adoptaron el nombre Social Justice Warrior para evadir impuestos demostrar un compromiso con la sociedad y, por supuesto, evadir impuestos. FACHA, por su parte, movilizó sus divisiones veteranos (pero los veteranos no sabían usar casi nada que usara electricidad, así que tuvieron millones de hijos en una sola noche con el único propósito de bautizarlos y explotarlos bajo el nuevo tentáculo de FACHA: Alt-right) y declaró que la infantería de progres suelta se había convertido en fuerza armada de carne y cristal que cualquier cosa los rompía, como la masculinidad, la familia y decir elle, ah, no, eso hace llorar a los otros, pero se entiende.
Bandos
| FACHA | WOKE |
|---|---|
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— Tu cuñado hablando con tu primo durante la cena navideña, mientras cambia los vegetales de la guarnición por grasa término medio y le da armas cargadas a los niños. Los FACHA (Faithful Alliance Conserving Holy Authority) quieren restaurar el orden divino en el año de Nuestro Señor 2026, enrolando filias mediante sagrada prueba de pureza que incluye detector de olores profanos para percibir vestigios de soya fermentada. Su dogma exige, con pena de herejía, matrimonio exclusivo por la Santa Madre Iglesia, prole mínima de ochenta y nueve mil cuatrocientos cuarenta y ocho vástagos no inoculados —porque las vacunas son marca de la Bestia fabricada por Bill Gates para hacer creer a la gente que el cambio climático existe— y régimen alimenticio estricto de carne asada, guiso de tres días y frijoles con chicharrón del Señor. El refrigerio matutino, por mandato de Trump, es huevo con chorizo y tocino de cielo; si alguien pide avena, es fusilado por sedicioso en consejo de guerra presidido por un sargento y bendito perro pastor teutón llamado "Franco". Quieren que todos vistamos con decencia divina: túnica negra, calzones ajustados y zapatos de cuero aunque estemos en barro hasta las rodillas. Avanzan al grito de "¡Por Dios, Patria y la Corona!" mientras defienden que la Sagrada Familia sí, y la herejía de género no. |
— Tu prime respondiendo mientras cambia la carne de los platos por harina de insecto y dándole hormonas de transición a los niños. Los woke quieren enrolar al mundo en la World Organization for Kompassionate Empowerment mediante cuotas obligatorias: 50% persones gestantes, 50% no gestantes, 27% ascendencia africana, 9% raíz asiática, 8% originarias, 5% diversidad funcional visible y 100% veganas certificades. Si alguna cuota falla, la oficialx debe hacer horas extra de diversidad sin pagué o ser relegade a aliadx temporal. Quieren que cada soldade porte kit de pronombres actualizable vía Bluetooth, spray de lágrimas terapéuticas importade de Silicon Valley a $45 la onza, y uniforme de sudadera oversize con estampado del Che comprada en Amazon por $19.99 —"hecha en talleres éticos, supuestamente"—. Quieren que sus tanques sean Tesla Cybertrucks pintades de arcoíris (de antes de que Musk se hiciera fache) que funcionen con energía solar (se quedan parades cuando llueve) y que lleven altavoces reproduciendo reggaetón inclusivo y podcasts de empoderamiento a volumen de tortura bajo convenciones internacionales. |
La Zona Comunista
Entre ambos frentes hay una enorme extensión de terreno llamada "Zona Comunista". Los dos ejércitos gastan el 90% de su munición bombardeándola a diario. Uno lanza obuses contra la sede de BlackRock pensando que es el Kremlin 2.0. El otro despliega brigadas con camisetas del Che y café de quince dólares convencido de que así lucha contra el capitalismo.
Los drones de reconocimiento solo encuentran jubilados sentados en bancos diciendo "qué tontería, si nosotros sí que sabíamos lo que era el comunismo". Nadie ha visto un comunista armado desde la Perestroika, pero los presupuestos militares siguen subiendo "por si las moscas".
El exterminio del Punto Medio
En esta guerra, el territorio más peligroso es la Zona Gris. Aquellos civiles que dicen cosas como "me da igual lo que hagas con tu vida, solo déjame trabajar" son considerados desertores por ambos bandos. Los Materialistas (sindicatos viejos, gente que solo quiere un salario y que el metro llegue a tiempo) son vistos como especies en peligro de extinción. Si un obrero no tiene una opinión formada sobre la autodeterminación de género de los crustáceos o sobre la liturgia pre-conciliar, es bombardeado inmediatamente.
La consigna en el campo de batalla es clara:
- Si no nos apoyas para obligar a los otros a ser como nosotros, entonces eres uno de ellos.
- Si prefieres la libertad de que nadie te obligue a nada, eres el enemigo número uno.
- La neutralidad se castiga con la deportación al desierto del olvido mediático o con un culatazo de fusil en las costillas, dependiendo de qué patrulla te encuentre primero.
Batallas principales
Frente Alimentario
Operación Tofu Fulminante – WOKE lanzó una ofensiva a las 03:00 horas del domingo, infiltrando comandos veganos en 4.200 asados familiares simultáneamente. Los agentes, disfrazados de parientes lejanos, sustituyeron los chorizos por salchichas de seitán mientras los anfitriones dormían. El caos fue total: 78% de los invitados no notó la diferencia hasta que leyeron el paquete, momento en que vomitaron ideológicamente.
Contraofensiva Carne Quemada – FACHA respondió con la Brigada Acorazada de la Parrilla, tanques adaptados con asadores móviles que avanzan dejando un rastro de humo y colesterol. Su arma secreta: la Granada de Humo de Pimentón que ciega al enemigo con nostalgia mientras un batallón de abuelas cercena tofu a bayonetazos. Los enfrentamientos callejeros dejaron 15 carnicerías convertidas en fortalezas, defendidas por veteranos con delantales blindados y cuchillos de obsidiana.
Resultado: Empate hemático. WOKE controla supermercados bio donde el kale fresco se vende a $15 el racimo y tacos de falafel con kimchi a $25 (llamándolo "experiencia interseccional"). FACHA domina barrios populares donde el kilo de asado cuesta menos que el permiso municipal para vender leche de almendra y "carne con carne" es el único menú. Bajas: 3 millones de arterias obstruidas, 450 mil alergias a la quinoa y una industria de omeprazol que factura $2.3 billones. Ganador: importadores de comino que venden a $50/kg a ambos bandos.
Frente de Vivienda
Asalto a la Urbanización – WOKE ejecutó el Plan Inclusión Forzosa, depositando familias diversas en chalets privados mediante helicópteros militares. La resistencia fue feroz: vecinos formaron cadenas humanas con sus perros de raza, disparando con pistolas de bolas de nieve veganas. WOKE respondió con bombas de humo aromático a esencia de lavanda para "calmar las tensiones" (y anestesiar las neuronas).
Operación Cerramiento Bíblico – FACHA desarrolló muros de hormigón armado con alambre de púas consagrado y sensores de movimiento que disparan versículos de Levítico grabados a 150 decibeles. Los bunkers familiares incluyen bóvedas con provisiones para 40 años (conservas, carne en salmuera y 10,000 copias de "El Código Da Vinci" para quemar si hace frío). El costo promedio: $25,000 por metro cuadrado de muro, financiado con hipotecas subprime bendecidas por el Papa.
Resultado: WOKE ocupa centros urbanos con microloft de 40m² a $1,800. FACHA controla suburbios fortificados donde el alquiler supera el 80% del salario pero "al menos no hay progres". El único ganador: la industria de la construcción, que vende "ladrillos ideológicos" a $500 la unidad.
Frente Reproductivo
Asedio a las Clínicas – FACHA estableció trincheras de rosarios alrededor de centros médicos, lanzando Misiles Guiados por la Fe (rosarios con GPS divino que no funciona pero da buena conciencia). Su infantería consiste en batallones de abuelas con pancartas de fetos en 8K, financiadas por donaciones deducibles de impuestos.
Contraataque de la Estira y Afloja – WOKE desplegó Drones Reproductores que lanzan preservativos y píldoras del día siguiente con precisión quirúrgica. Su arma psicológica: influencers haciendo directos desde la sala de espera con el hashtag #NoPasaran. La batalla se decidió en los tribunales, donde abogados facturan $400 la hora mientras el aborto legal cuesta $500 pero el litigio $50,000.
Resultado: Tablas. FACHA controla manifestaciones con 50,000 participantes y catering de empanadas. WOKE domina las redes con 10 millones de retuits. El único ganador: la industria de señalética para pancartas, que factura $200 millones anuales.
Frente Monumental
Blitzkrieg de Gruas – WOKE lanzó 200 grúas simultáneas contra estatuas de dictadores, usando técnicas de demolición controlada aprendidas en YouTube. Cada monumento cae con una ceremonia donde 47 activistes se declaran "liberades" mientras graban un podcast en vivo. Coste: $200,000 por estatua, pagado con fondos públicos y crowdfundings que superan el presupuesto de defensa de tres países.
Defensa de la Piedra – FACHA creó la Legión de los Veteranos de Bronce, octogenarios armados con bengalas y testimonios históricos inventados. Su estrategia: formar cadenas humanas alrededor de cada estatua mientras cantan el himno nacional desafinado. Si la estatua cae, amenazan con suicidarse masivamente (pero nunca lo hacen porque "eso es progre").
Resultado: WOKE controla ciudades donde las calles cambian de nombre cada tres meses. FACHA domina pueblos donde la estatua de Franco sigue en la plaza pero con una placa que dice "Escultor anónimo, siglo XX". Ganador: la industria de señalética urbana, que vende 2 millones de placas al año.
Frente de la Muerte Asistida
Asalto a los Geriátricos – WOKE ejecutó el Plan Eutanasia Express, tomando residencias con comandos médicos armados con jeringuillas de morfina y playlists de Spotify Premium. Su propaganda: ancianos bailando el floss antes de la inyección final. Coste: $3,000 por paciente, pero $50,000 en marketing de Instagram.
Contraofensiva de la Última Unción – FACHA estableció unidades de cuidados paliativos católicos con Objeción de Conciencia Masiva, donde enfermeras se niegan a administrar morfina argumentando que "el dolor redime". Su arma secreta: misas de réquiem continuo que alargan la agonía tres semanas. Coste: $8,000 por funeral básico con misa de 50 monaguillos.
Resultado: Victoria legal para WOKE, victoria financiera para FACHA. Las funerarias ganan un 40% con paquetes "eutanasia premium" que incluyen streaming del evento. Los seguros suben un 25% por "cobertura de conciencia".
Frente Lingüístico
Bombardeo Gramatical – WOKE lanzó 2 millones de folletos con el "Manual de Lenguaje Inclusivo Obligatorio", financiando consultoras a $500/hora para "capacitar" a funcionarios. Su arma definitiva: un corrector automático que cambia "todos" por "todes" y si te quejas, te denuncia automáticamente a la comisión de derechos humanos.
Contraofensiva del Diccionario – FACHA movilizó la Academia de la Pureza Lingüística Armada, cuyos miembros son lingüistas de 103 años con sables. Su táctica: declarar "idioma invadido" y responder con señoras que escriben cartas al director con tilde manual.
Resultado: WOKE controla administración pública, donde un documento que decía "página 404" ahora dice "página cuatrocientxs persones no encontrades" y ocupa 47 páginas. FACHA domina WhatsApp familiar. Ganador: la industria editorial, que vende dos diccionarios por casa (uno tradicional, uno progre) con margen del 150%.
Frente Cinematográfico
Asalto a Hollywood – WOKE conquistó los estudios con División de Remakes Inclusivos, produciendo "Blancanieves y los 47 Enanos Diversos" donde el príncipe es una mujer trans venezolana y el malo es literalmente "Hombre Blanco Hetero #1". La taquilla cayó 80% pero la militancia en Twitter subió 500%.
Cine de Trinchera – FACHA produce películas en garajes con presupuesto de $3.50, siempre con la misma trama: "un guardia civil descubre que el comunismo es malo gracias a una aparición de la Virgen que habla en arameo". Estrenan en iglesias con butacas de confesionario.
Resultado: WOKE tiene el control simbólico, FACHA tiene la autenticidad del fracaso. El público real ve Netflix en incógnito y se mata en los comentarios. Ganadores: plataformas de streaming que se lucran con ambos bandos enfrentándose en sus series.
Frente Digital
Ciberofensiva – WOKE lanzó Malware Concienciado, virus que inunda tu móvil con notificaciones de sesgo inconsciente hasta que confiesas ser el opresor. Sus apps de citas son tan inclusivas que solo te emparejan con personas que odian lo mismo que tú.
Contraataque Analógico – FACHA desarrolló Routers Bendecidos, dispositivos que bloquean 99% de internet y solo permiten acceso a foros de cazadores y páginas de la Santa Sede. El móvil oficial solo tiene dos aplicaciones: "Rezar el Santo Rosario" y "Noticias de Gaceta del Norte".
Resultado: WOKE domina el ciberespacio, pero sus miembros tienen ansiedad crónica por las notificaciones. FACHA tiene jóvenes que desertan en masa al descubrir que existe más allá de los memes de minions. Ganador: la industria de ciberseguridad que vende antivirus "con filtros ideológicos" a $99/año.
Frente Textil
Desfile Ofensivo – WOKE equipó a sus tropas con sudaderas con mensajes como "DESTRUYE EL SISTEMA" fabricadas en Bangladesh por niños que no saben leer. Cada prenda cuesta $180 pero el envase dice "comercio justo" en Comic Sans. Los tatuajes son obligatorios: si no tienes a Frida Kahlo en el brazo, eres bad vibe.
Defensa del Polo Azul – FACHA mantiene uniforme de polo Lacoste (edición patriota) con bandera en la solapa y cara de olor a naftalina. Su ropa es tan tradicional que los polos se venden en packs de 12 iguales.
Resultado: Victoria aplastante de WOKE entre menores de 40 años que gastan 15% de su sueldo en "ropa que dice algo". FACHA domina funerales y campos de golf. Ganador: industria textil que produce ambas líneas en la misma fábrica y factura el doble.
Frente Educativo
Toma de Colegios – WOKE infiltró sus Comités de Desconstrucción Pedagógica, introduciendo asignaturas como "Matemáticas Feministas: 2+2 puede ser 5 si se siente así". Los libros cuestan $500 y están escritos en un español que nadie habla.
Resistencia Doméstica – FACHA creó la Red de Homeschooling Defensivo, donde padres sin título enseñan que los dinosaurios eran socialistas y que la Tierra es plana pero con curvas (por respeto a la geometría tradicional). Coste oculto: un progenitor sacrificado, 47 libros de texto de 1950 y aislamiento social total.
Resultado: Sistema educativo bipartito. WOKE en colegios públicos, FACHA en privados religiosos. Padres gastan $12,000/año para que sus hijos "compartan valores". Ganador: sector educativo privado que sube matrículas 50% "por coste de seguridad ideológica".
Frente Espiritual
Asalto al Chakra – WOKE lanzó la Brigada de Yoga Ofensivo, tomando parques y plazas con clases de $150/hora donde el instructor (blanco, de clase media) te explica tu opresión ancestral mientras te vende cristales de cuarzo a $80 (piedras del parking pulidas).
Defensa de la Fe Blindada – FACHA fortificó iglesias con armas de agua bendita de alta presión y misales de combate. La misa dominical ahora incluye un segmento de "cadenas de oración por WhatsApp" que nadie lee pero todos reenvían por miedo al infierno.
Resultado: Iglesias vacías, estudios de yoga llenos. WOKE gana terreno entre menores de 50. FACHA conserva bodas, bautizos y funerales. Ganador: apps de meditación que venden tu ansiedad a farmacéuticas por $69/año.
Hegemonía
Según el historiador italiano Steven Forti —que estudió mi caso en su tesis sobre el proletariado como impedimento en la era del poscapitalismo (Universidad de Bolonia, 834 páginas, noventa y nueve dólares en Amazon)—, estas batallas son estrategias de distracción. Su investigación demuestra que cada vez que se debate un tema cultural, los presupuestos en sanidad pública bajan un promedio del doce por ciento y los de concienciación ciudadana suben un sesenta y siete por ciento.
Mi imagen es usada por tipos como Steve Bannon (ese coprófago con cara de sidra fermentada): para unos soy el blanco oprimido que necesita una revolución cultural, para otros soy la víctima del marxismo cultural que necesita una bandera más grande. En ambos casos, mi cuenta bancaria sigue teniendo el mismo saldo que mi esperanza de vida: cero. Bannon ganó decenas de millones con documentales donde soy el héroe olvidado. Sus seguidores me donaron doce mil dólares en total; yo recibí cero porque fondos administrativos.
El objetivo es la hegemonía, un término que Antonio Gramsci definió mientras estaba preso por ser feo, y que ahora usan para justificar por qué mi existencia requiere deconstrucción urgente. Recordemos: cuando Gramsci estaba en prisión, no hablaba de género fluido, hablaba de que los obreros no tenían comida. Pero eso no vende cursos de dos mil quinientos dólares. Yo solo quiero que me dejen en paz con mi derecho a llorar en el baño del tren, pero ni eso puedo porque el baño ahora tiene un sensor de movimiento que te echa si no detecta actividad productiva en tres minutos. La empresa de sanitarios inteligentes instaló miles de sensores en baños públicos, facturó más de diez millones, y ahora vende los datos a empresas de bienestar laboral que te despiden por ineficiencias fisiológicas.