Descubrimiento de América

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Cita3.pngSi, no digo que sea feo este continente... ¿Pero alguien se ha molestado en preguntarse para que hemos cruzado el maldito Estrecho de Bering?Cita4.png
Primer americano picado por la curiosidad
Cita3.pngLeif Eriksson, no joda, llevamos tres meses en Canadá y aún no hemos descubierto para que sirve descubrir un continente. ¿Quién vota por volver?Cita4.png
Un vikingo sobre los descubrimientos
Cita3.png¿Y me dice, Don Cristóbal, que si navegamos a poniente los barcos no se caen por el precipicio que hay dibujado en nuestros mapas? Debería consultarlo esta noche con la IglesiaCita4.png
Fernando de Aragón meditando el asunto
Cita3.pngNos cayeron en tres barcos mugrosos y mal olientes, con comida entre los dientes y empapados en alcohol y como ya andaban briagos empezaron de calientes y a quién se les puso enfrente le pegaron su arrimónCita4.png
Indígena narrando la llegada de los conquistadores
Colón, el detergente que limpia continentes de indios.

Tradicionalmente, se ha conocido por Descubrimiento de América al tonto accidente a la heroica hazaña realizada por los españoles en el siglo XV consistente en partir a la busca de una ruta comercial, equivocarse con los cálculos, chocar contra un continente que no estaba ahí y asegurar después que todo marchó según lo previsto. Sin embargo, muchos expertos advierten de lo erróneo del término "Descubrimiento" pues nunca se ha podido comprobar que América estuviese realmente encubierta; es más, varios millones de indígenas y dos docenas de vikingos reclaman el honor de haber descubierto el continente americano, asegurando que "Nosotros lo vimos primero".

Tras muchos años de polémica, los estudiosos parecen haber llegado a un consenso sobre el orden de llegada: los indígenas obtuvieron finalmente la medalla de oro, yendo la de plata para los vikingos y la de bronce para los españoles. Sin embargo, todo esto podría no ser verdad: concienzudos estudios de la universidad de Massachussets han demostrado, sin ningún género de dudas, que América fue descubierta por George Bush padre, y que todas las demás teorías forman parte de la famosa Teoría de la Conspiración encaminada a negar la supremacía de los EEUU en el universo.

Primeros pobladores

Allá por el 14000 A.M. (antes del Monesvol) un grupo de humanos que habitaba en Siberia empezó a darse cuenta de que se habían equivocado a la hora de elegir el lugar para construir sus chalés. En efecto, ellos habían llegado durante el verano, atraídos por la publicidad ("¿Harto de pasar calor? ¡Tenemos la solución!") y lo barato del terreno. Pero lo que ellos no sabían es que en invierno, en Siberia, hasta los osos tenían que ir en chaquetón. Visto lo cual, y dado que la calefacción central aún no estaba de moda, decidieron levantar las tiendas y marcharse a una tierra más acogedora. Tal lugar se llamaba América del Norte, pero como estos pobladores aún no lo sabían, se limitaban a llamarlo "Grrnf" (Lugar-donde-no-hace-tanto-frio).

Con el paso del tiempo, estos primeros pobladores se fueron dividiendo en tribus; y con el aumento de población, estas tribus empezaron a sentirse estrechas y comenzaron a fastidiarse entre sí por el espacio. Hubo un periodo de guerras civiles, y las tribus perdedoras fueron condenadas a marcharse hacia el sur; primero emigraron a Centroamérica ("Arrnf", o Lugar-de-abajo) y después, saltando de isla en isla, llegaron hasta América del Sur, que bautizaron con el nombre de "Urrnf" (Lugar-de-más-abajo-todavía). Por fin, los indios que todavía no eran indios se dieron por satisfechos con el territorio que les había tocado, guardaron las armas y se dedicaron a construir rascacielos por toda la geografía americana.

Los vikingos

Fotografía tomada durante el banquete de bienvenida, en el que este vikingo toma un nutritivo vaso cascornudo de sangre de bisonte calentita.

Alrededor del año 860, la vida cotidiana de los habitantes de Canadá (que aún no se llamaba Canadá) se vio alterada drásticamente por la llegada de unos extranjeros misteriosos vestidos con pieles de oso polar. Tras la sorpresa inicial, y tras comprobar que no eran marcianos pese a su piel pálida, intentaron entablar conversación con los recién llegados, pero fue imposible: estos solo hablaban una lengua extraña salpicada de Å's y Ø's. Sin pedir permiso a nadie, estos misteriosos pobladores (que se llamaban a si mismos Vikingrs) se construyeron su propio asentamiento costero y se dedicaron a tomar el sol y a organizar festivales de la cerveza, convirtiéndose así en los primeros turistas de la historia.

Fueron necesarios cincuenta años de conviviencia para que finalmente un cronista vikingo, Olaf Saskavaijjan, consiguiese aprender lo necesario del idioma indígena como para explicar a estos la razón de su llegada. Según se recoge en sus escritos, la causa del misterioso desembarco no fue otra que el despiste del capitán de la expedición quien, tras un banquete celebrado en tierras de Groenlandia y presumiblemente con unas copas de más, había agarrado la brújula del revés y pretendiendo volver a su casa en Noruega, había acabado embarrancando en Canadá. Tras el primer shock, los vikingos comprobaron que habían llegado a una tierra de posibilidades y decidieron quedarse unos siglos por allá.

No se sabe por qué se marcharon de América, pero se especula que la ausencia de mujeres vikingas produjo ciertos roces con la población indígena, menos acostumbrada a llevar cuernos que los extranjeros (sí, en doble sentido). Ante la amenaza de la castración, los últimos vikingos abandonaron América con el rabo entre las piernas, aunque por muy poco.

Los viajes de Colón

Cita3.pngLos hermanos... Pinzones... Eran unos... Mari-neros... Que se fueron... Con Colón... Que era otro... Mari-nero...Cita4.png
Canción popular surgida del prodigioso ingenio de los infantes al estudiar historia.
Isabel la Católica calculando mentalmente el número de joyas que debería empeñar para sufragar los gastos del viaje de Colón.

Cristóbal Colón fue el artífice del descubrimiento. Poco se sabe de él: los españoles mantienen que era italiano; los italianos, por contra, opinan que se trataba de un ciudadano español. Huevero de profesión y sin posibilidades de escalar puestos de responsabilidad dentro de su empresa, decidió dedicarse por su cuenta a la marinería y fundó una modesta casa de empaquetado y transporte de huevos de gallina. Desafortunadamente, al poco de empezar descubrió que cada vez que zarpaba del puerto del Mediterráneo, su barco era inmediatamente atacado por bandas organizadas de piratas merovingios adictos a la tortilla. A la cuarta vez, se hartó y decidió que tenía que descubrir una nueva ruta que llevara a las Indias sin tener que pasar por el Canal de Suez. Su sueño era crear un paraíso libre de piratas; pero aún tenían que pasar trescientos años antes de que esta utopía se hiciera finalmente realidad en el Caribe de los siglos XVII-XVIII.

En busca del patronazgo

Cita3.pngY se fueron... A calcuta... A buscar... Alguna playa... Pero los indios... Motilones... Les cortaron... Los caminosCita4.png
La canción de antes siguiendo con su derroche de ingenio.

Colón se pasó varias semanas en su sótano pensando en su idea y se le ocurrió pilotar una nave en dirección oeste para darle la vuelta a los mapas. El problema era que cuando se lo trataba de explicar a alguien este automáticamente le daba la vuelta al mapa y decía: "¿Pero viajar a las Indias dándole la vuelta al mapa? ¡Pero si por esta parte está en blanco! No escuché nada más ridículo desde que Copérnico defendió que el sol es el centro del Sistema Solar".

El pobre Colón no cejó en su empeño y decidió visitar a varios reyes europeos con la intención de conseguir el dinero suficiente, pero en todas partes le cerraron la puerta en las narices. Como última y desesperada opción, fue a una pequeña corte de un pequeño reino perdido en el Culo de Europa con la intención de convencer a los Reyes Católicos. La recepción de su propuesta no fue mejor: en la Universidad de Salamanca se rieron de él e intentaron quemarlo en la pira al grito de: "¡Hereje! ¡Hereje! ¡A la hoguera con él!". Esto no le desanimó; tras escapar por los pelos de la quema y gracias a la ayuda desinteresada de unos simpáticos monjes, consiguió una entrevista personal con la reina Isabel. Esto ocurría en el año del Señor de 1485.

Al principio, la reina le dio largas, pero como el tipo era bastante pesado y la seguía a todas partes (ante la lógica desconfianza del Rey) para quitárselo de encima, le acabó prometiendo que le pagaría los billetes del viaje siempre que Granada cayese antes de diez años. La mala suerte que persigue a España hizo que la ciudad se rindiera en 1492 y se firmaran las capitulaciones; hay autores que defienden que se trataba de una venganza del rey Boabdil por quitarle su reino. La reina se pasó varios meses rehuyendo a Colón, pero finalmente no tuvo más remedio que empeñar sus joyas en las casa de alquiler de los banqueros judíos de Toledo para poderse costear el precio de la expedición.[1].

El viaje de ida

Cita3.pngAl piloto... Pedro Angulo... Le quisieron... Dar por muerto... Y a su hermano... Povadillas... Lo llenaron... De laureles...Cita4.png
Otra vez la canción y sus estupendas rimas.
Cita3.pngDe que nos hemos chingado unos barcos... nos los hemos chingaoCita4.png
Colón sobre el hurto de las tres Kawasaki Carabelas
Los Pinzones posando juntos para la foto del Carné de Navegantes.

Una vez acordadas las condiciones del viaje y otros preparativos menores, como los barcos y la tripulación, Colón se hizo finalmente a la mar en agosto de 1492. La expedición se componía de tres barcos, dos de ellos carabelas y una no. Sobre la historia de su bautismo se cuentan innumerables anécdotas; la más digna de crédito, a tenor de los estudios realizados, es la que atribuye a las dos carabelas los nombres de "Piña" y "Menta" y a la no el de "Santa Manía" (este último por abreviatura de su nombre real, que era "Santa-Manía-de-ponerle-a-todo-nombres-de-comida" nombre otorgado por el propio Colón en un momento de desesperación ante la poca originalidad de sus ayudantes).

Colón contaba en su empresa con la inestimable ayuda de los hermanos Pinzón, conocidos homosexuales que huían de la incomprensión de las gentes de la época, y de Rodrigo de Triana, natural del barrio barcelonés del mismo nombre. Colón adjudicó el mando de la Piña y la Menta a dos de los Pinzones, reservándose él el de la no Santa Manía (por aquello de "barco grande, ande o no ande"). Tras una breve escala para cambiar una rueda a la Piña en las Islas Canarias, finalmente la expedición se adentró en aguas desconocidas.

A medida que pasaba el tiempo, los marineros se fueron dando cuenta de que Colón no era muy buen matemático. A la decimoquinta vez que subió al puente de mando para decir que "Ánimo señores, en dos días estamos allí" los sufridos marineros no pudieron aguantar más y fueron a por él con muy malas intenciones. La fortuna quiso que en aquel preciso momento el vigía se estuviese limpiando las gafas y se diese cuenta de que la mancha marrón que veía no era una cagada de gaviota, sino una isla.

Lo primero que hizo Colón al llegar a tierra fue tirarse a besar el suelo para, acto seguido, tomarse dos biodraminas y jurar que de allí no lo sacaban si no era en tren. Pero su esperanza duró poco, pues pronto se dieron cuenta de que aquello era demasiado pequeño para ser las Indias, y además había una abrumadora ausencia de mujeres con velo y encantadores de serpientes. Convencidos de que estaban cerca, los marineros volvieron al barco arrastrando a Colón y zarparon.

En la segunda isla que visitaron se toparon con un indígena barbudo que les soltó un largo e incomprensible discurso (ya que los españoles no entendían la lengua indígena) antiimperialista y proclamaba su independencia de unos tales EEUU. A las seis horas y media de charla, los españoles aburridos juraron no volver a poner pie en aquella isla y siguieron adelante.

Por fin, a la tercera llegaron a una isla tropical aparentemente pacífica. Hartos de viaje, establecieron un pequeño campamento y se dedicaron a vender materiales valiosos, como cuentas de cristal, a los indigenas a cambio de chatarra sin valor de oro o plata. Pero la tranquilidad no duró mucho, pues un día en que el timonel estaba distraído mirando a una indígena especialmente voluptuosa que cantaba villancicos, la no Santa Manía chocó contra unos escollos y se hundió para enfado mayúsculo de Colón. Bajo el principio "De lo perdido, saca lo que puedas" y dando muestras de una avanzada conciencia ecológica, Colón decidió emplear los restos del barco para montar un fuerte en la isla (dicen que para defenderse de los indios que venían a descambiar la mercancía).

El viaje de vuelta

Cita3.pngUna india... Muy maja... A Colón... Le hizo una pipa... Y los indios... Plantaron fruta... Para los... Hijos de EspañaCita4.png
Final glorioso de la estupenda tonada infantil.
"¡Mira! ¡Que hemos descubierto una nueva raza de hombres palidos!" Se decian los nativos.

Pese a la cálida acogida de los nativos, al cabo de un tiempo a Colón empezó a entrarle la nostalgia y decidió regresar a España con los dos barcos restantes. Como souvenirs (ya que los pins aún no se habían inventado) se llevaron a unos cuantos indígenas, a fin de convencer a la reina de que realmente habían ido a la India y no de juerga por las tascas de Madrid.

El viaje de vuelta fue bastante más tranquilo que el de ida, siendo el único incidente destacable la pelea entre los capitanes de la Pina y la Menta, que se saldó con tres dientes rotos, cuatro ojos morados, una nariz sangrante y cada una de las carabelas por su lado durante la mitad del viaje. Gracias a la labor mediadora de los Pinzones, los capitanes acabaron por reconciliarse y entraron juntos en el puerto, disimulando como si nada hubiese pasado.

Colón fue recibido en olor de multitudes (pues el pueblo llano no estaba muy acostumbrado al desodorante) en la corte de los reyes, a los que expuso con todo lujo de detales los avatares de la expedición. No está históricamente confirmado, pero se cuenta que Fernando el Católico, tras escuchar con gesto de aburrimiento la kilométrica exposición, respondió al insigne navegante:

Cita3.pngMaese Colón, no me jodais, yo os pagué para que fuerais a la India no a un terruño perdido en el mapa. Además, Leif Eriksson ya lo encontró antes que vosCita4.png
Fernando de Aragón a Cristóbal Colón

Consecuencias del descubrimiento

El encuentro entre el llamado Nuevo Mundo y Viejo Mundo trajo consigo consecuencias dispares. Sabemos por ejemplo que ya hubo contactos entre los arquitectos mayas y los egipcios. Parece ser que se mantenían en contacto por medio de golondrinas mensajeras, que lógicamente tardaban mucho en cruzar el Atlántico (motivo por el cual las pirámides mayas se hicieron un par de milenios después que las egipcias). Debido a la dificultad para mantener la comunicación viviendo en épocas históricas completamente diferentes, la relación se rompió en el siglo X.

Ruta de los viajes de Colón

Para América

Cita3.pngSe descubrió que los indios eran lo suficientemente inocentes como para caer en el trueque de espejitos por oro. Esto ha sido denunciado hasta el cansancio por los mismos que hacen trueque de caraotas por petróleoCita4.png
Historiador latinoamericano analizando las costumbres de los indios de hace 500 años

La llegada de los europeos trajo importantes novedades al continente, como los perros, la peste y el fútbol. Los indios pasaron a trabajar masivamente en el sector minero, donde las condiciones eran tan buenas que rápidamente atrajeron a los emigrantes africanos. Desde entonces empezó a decirse aquello de "los extranjeros vienen a quitarnos el trabajo", frase que con el tiempo se trasladaría a Europa.

Para Europa

Cita3.pngLos indígenas descubren un pueblo tan inocente que les acepta sin protestar las piedritas amarillas esas a cambio de esos espejos tan finosCita4.png
Historiador latinoamericano analizando las costumbres de los españoles de hace 500 años

De América se importaron materias primas muy novedosas, como el cacao, el yogur de frutas tropicales y, sobre todo, la cocaína, que introdujeron grandes cambios en el modo de vida europeo. No menos importante fue la patata o papa como equivocadamente llamán en los dos lados del charco, ya que su nombre correcto es solanum tuberosum y llamarla de otra manera es una falta de respeto imperdonable. De todas formas este sabroso tubérculo acabó con las hambres en Europa y trajo consigo una época de esplendor. Esta es una de las razones por las que el vaticano tuvo que luchar encarnizadamente contra la herejía nacida en Irlanda que adoraba a dicho alimento como si de un Papa auténtico se tratase.

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Notas

  1. Más tarde las recuperó mediante el sistema de invitar amablemente a sus amigos judíos a abandonar la península Ibérica, ligeros de equipaje, eso sí.