Revolución oriental

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BanderaUruguay.png ¡Che! loco, esto es humor yorugua. Si nunca viste un chaplán, no sos yorugua, o nunca viste a Mujica, carretera y agua fresca pa' vó.
Revolución Oriental
Parte de Independencia del Río de la Plata
Artigas revolucion.jpg
Artigas explicando a sus gauchos por qué pelear contra todos era la única opción sensata

Fecha 1810-1820 (hasta que se cansaron de gritar)
Lugar Banda Oriental y alrededores con muchas vacas
Resultado Derrota gloriosa que después se vendió como victoria histórica
Conflicto Conflicto provocado por la costumbre oriental de no obedecer a nadie, ni siquiera a ellos mismos
Casus belli Los orientales se aburrieron de ser españoles pero tampoco querían ser argentinos
Cambios territoriales Toda la Banda Oriental más pedazos de Argentina que nadie pidió
Beligerantes
BanderaUruguay.png Banda Oriental
BanderaUruguay.png Liga Federal de los Anti-Porteños
BanderaEspaña.png España
BanderaPortugal.png Portugal
BanderaArgentina.png Buenos Aires
BanderaBrasil.png Brasil
Comandantes
BanderaUruguay.png José Artigas
BanderaUruguay.png Varios caudillos que sabían montar a caballo
BanderaEspaña.png Gaspar de Vigodet
BanderaPortugal.png Carlos Federico Lecor
BanderaArgentina.png Una docena que cambiaban cada mes
Fuerzas en combate
Miles de gauchos con rebenque
Millones de vacas testigo
Ejércitos que sabían marchar sin pisar bosta
Bajas
Muchas pero épicas Pocas pero bien contadas en informes que nadie lee
Cita3.pngChe, argentino, nosotros empezamos esta revolución antes que ustedes, pero como siempre nos chorearon la ideaCita4.png
José Artigas inaugurando la tradición del reclamo oriental
Cita3.png¿Por qué no podemos llevarnos bien con nadie? ¿Será que somos nosotros el problema?Cita4.png
Gaucho oriental existencialista haciendo preguntas incómodas

La Revolución Horiental fue ese peculiar episodio histórico donde la Banda Oriental —un descampado lleno de vacaciones y mosquitos tamaño helicóptero— le hizo el feo a ser españuela, portugueña, brasileña, y ni mucho menos argengueña, optando por la noble alternativa de ser un grano en el zapato de todos al mismo tiempo.

Este conflicto transformó a una provincia cuya única industria era el cuero (cabelludo, a veces), el bando y su contrario, el contrabando, en la República Semental del Muruguay. Una nación disoñada originalmente por los piratas ingleses como un país colchón para que Brasil y Argentina no se mataran, pero que terminó convirtiéndose en una potencia mundial en exportación de dulce de leche, jugadores de pata-bol, y la inquebrantable convicción de que todo lo bueno del universo (el tango, el mate, Carlos Gardel, Dios y probablemente la penicilina) se patentó en Tacuarembó.

Antecedentes

Gaucho oriental esperando a que alguien cebe el mate. (Martín Fierro es uruguayo, acéptalo y supera tu trauma, porteño).

La receta del desastre fue simple: impuestos altos y gauchos que llevaban tres días sin ver una vaca ni en pintura. La Banda Oriental (hoy conocida como la Banda de Sonido Original) funcionaba como el felpudo donde Buenos Aires Acondicionados y Monteviboreo se limpiaban las botas, mientras Brasil esperaba junto a la cerca para robarse la provincia entera.

La Revolución de Mayo-nesa

En 1810, los porteños despidieron al virrey Cisneros por sordo (y por no saber cebar un buen amargo). Esperaban aplausos, pero Monteviboreo se negó a batir palmas porque la idea no había sido suya. Los comerciantes locales, aterrados ante la posibilidad de perder su vino en caja libre de aranceles, preguntaron quién le había dado permiso a los porteños para tener iniciativa propia sin rellenar el formulario.

La reacción montevideana

Monteviboreo juró lealtad eterna a Fernando V-palito-palito (quien estaba preso en un Airbnb en Francia y ni se enteró). Para probar su amor tóxico, bloquearon el puerto de Buenos Aires e impidieron la llegada de suministros vitales: espejos (para el ego porteño) y revistas de moda de París.

El Gobernador implementó tres medidas de emergencia:

  1. Subir los impuestos (clásico).
  2. Prohibir el pensamiento independiente (y el dependiente también, por si acaso).
  3. Obligar a los curas a decir en misa que los revolucionarios comían niños crudos con chimichurri.

La llegada de El Lío

Primer bloqueo marítimo: barcos montevideanos evitando que los porteños reciban su dosis diaria de atención.

Desde España llegó Francisco Javier de Elío (en adelante, El Lío) y se auto-proclamó Virrey del Río de la Plata y del Oro Falso porque nadie más quería el puesto. Como Buenos Aires lo dejó en visto, se instaló en Monteviboreo y le declaró la guerra a la realidad. Su gran error estra-trágico fue ponerle impuestos a las vacas; tocar el asado fue el fallo técnico que detonó la guerra nuclear gaucha.

El factor Hartigas

José Gervasio Artigas (Pepe para los amigos, "El Traidor" para los españoles, Pepedor para sus amigos españoles), capitán del cuerpo de Blandengues (que de blandos no tenían nada, salvo la cama), notó que su uniforme le apretaba y que Elío tenía la simpatía de una hemorroide. En febrero de 1811, abandonó la guarnición de Colonia del Sacramento y viajó a Buenos Aires. Allí ofreció sus servicios a la Junta Grande, quienes aceptaron darle el mando de las milicias orientales porque era el único que conocía el camino de vuelta sin usar GPS (Gaucho Positioning System). Artigas no buscaba la gloria, buscaba que dejaran de cobrarle impuestos por respirar.

La conspiración de la vecina

Mientras tanto, Carlota Joaquina (la de la papada infinita) desde Río de Janeiro miraba la Banda Oriental con el hambre de quien lleva meses a dieta de lechuga. Alegaba que, con su hermano Fernando "fuera de cobertura", ella debía administrar las tierras del Virreinato. Elío, en un movimiento de ajedrez brillante para quien quiere perder la partida en dos jugadas, solicitó ayuda a los portugueses, introduciendo al zorro en el gallinero para que cuidara los huevos.

El Grito de Asiento

El 28 de febrero de 1811, Pedro José Viera y Venancio Benavídez se reunieron a orillas del arroyo Asencio (o Ausencio, porque allí no había nadie). No tenían un plan detallado ni diapositivas de PowerPoint, pero tenían alcohol, facones y hartazgo. Ejecutaron el Grito de Asencio, que consistió en declarar a los cuatro vientos que la autoridad de Elío valía menos que un peso fuerte falso impreso en servilleta. Este evento marcó el inicio formal de la in-surrección, probando empíricamente que dos hombres gritando en el campo pueden ser más peligrosos que un ejército si el virrey es lo bastante inútil.

Re-volución

Estallido

El 28 de febrero de 1811, Pedro Viera y Venancio Benavídez protagonizaron el Grito de Asencio (a veces confundido con el Grito de Ascenso, pero nadie subió de puesto). El evento consistió en dos gauchos parados en una colina gritando improperios porque el virrey Elío (alias Virrey Lío) les quería cobrar impuestos por el uso del oxígeno y la fotosíntesis.

José Gervasio Hartigas (harto de todo), al ver gente corriendo y gritando, asumió que había asado con cuero gratis y se unió al grupo, transformando una queja de consorcio vecinal en una guerra continental. Al notar que España estaba en quiebra técnica y moral, los orientales optaron por armar su propio desastre autogestionado.

De las Piedras al Barro (1811-1812)

Artigas ganó la batalla porque, literalmente, tenía las piedras más grandes.

Todo arrancó con la Batalla de las Piedras (18 de mayo de 1811). Haciendo honor al nombre, Hartigas ganó porque su ejército tiraba cascotes con más puntería que los españoles, que intentaban disparar mosquetes cargados con burocracia. Tras la victoria, iniciaron el Primer Sitio de Tontovideo, una maniobra táctica que consistía en sentarse a tomar mate esperando a que los godos se aburrieran y empezaran a comer suela de zapato a la vinagreta.

La estrategia funcionó hasta que Buenos Desaires firmó el Armisticio de Octubre, regalando la Banda Oriental a los portu-gases a cambio de absolutamente nada, en una maniobra diplomática maestra conocida como bajarse los pantalones.

La respuesta fue el Éxodo del Pueblo Oriental, o la "Redota" (porque no sabían pronunciar derrota). La población entera levantó sus casas y se fue de glamping obligatorio al Ayuí (Ay-huí). Allí aprendieron a convivir con mosquitos que comían gente (no solo su sangre) y a ignorar a Manuel de Sarratea, un porteño enviado para ayudar que se dedicó a robar vacas ajenas con la excusa de la logística.

El Año XIII y la Batalla Naval

- Soy Barney y soy alcohólico. - Sr. Barney, esto es el Congreso del Año XIII. - ¿Es eso, o no quieren aceptar que tienen un problema?

En 1813, Hartigas organizó el Congreso de Tres Cruces (hoy una terminal de ómnibus) para redactar las Instrucciones del Año XIII. El documento tenía dos puntos clave: Independencia absoluta y que Buenos Aires se calle la boca de una vez. Los diputados llevaron el papel a la Asamblea porteña, donde fue utilizado inmediatamente como servilleta de lujo.

Para romper el bloqueo, el irlandés William Brown (Guillermo Marrón para los amigos daltónicos) destrozó la flota española en el Combate del Buceo en 1814. Brown no hablaba español y los españoles no hablaban cañonazo, por lo que la comunicación fue fluida y contundente. Esto permitió que Carlos María de Alvear entrara en Tontovideo solo para posar en los cuadros al óleo y llevarse el crédito, ignorando que el trabajo sucio lo hicieron los que se mojaron.

Ofendido por el centralismo porteño, Hartigas inició la Marcha Secreta (que fracasó en su discreción porque mover un ejército de gauchos arrastrando cañones suele hacer ruido). Rompió con el Directorio y fundó la Liga Federal, un club de provincias que compartían el hobby de odiar a la capital.

El Apogeo

Hacia 1815, Hartigas alcanzó el nirvana federal en el Campamento de Puréficación, un spa de barro y paja a orillas del río Uruguay donde los opositores iban a reflexionar forzosamente sobre sus errores políticos mientras eran devorados por los tábanos.

Allí dictó el Reglamento de Tierras, bajo el lema comunista-gauchesco de que los más infelices sean los más privilegiados. La norma expropiaba estancias a los malos europeos y peores americanos (cualquiera que le cayera mal) para repartirlas entre gauchos, indios y negros. Esta medida hizo que la oligarquía de Tontovideo sufriera taquicardia colectiva y empezara a mirar a Portugal con cariño, prefiriendo hablar portugués y comer feijoada antes que perder sus hectáreas.

El desenlace

La guerra se volvió un todos contra todos versión Battle Royale. Los portugueses invadieron de nuevo en 1816 (Invasión Luso-Brasileña, o Luso-Luser) porque se aburrían en Brasil y porque los ricos de Tontovideo les dejaron las llaves bajo el felpudo. El General Lecor (o Licor) entró a la ciudad bajo palio, mientras Hartigas peleaba en el campo contra un ejército profesional usando lanzas de tacuara y insultos ingeniosos.

Para empeorar el panorama, los caudillos aliados Pancho Ramírez y Estanislao López traicionaron a Hartigas tras la Batalla de Cepeda, dejándolo solo frente a los invasores. Hartigas, cansado de que le ignoraran las instrucciones, le apuñalaran la espalda y le robaran el ganado, se exilió en Paraguay para siempre a tomar tereré con el Dr. Francia. La Banda Oriental pasó a llamarse Provincia Cisplatina (o Provincia Cistitis), confirmando que en esta región, si parpadeas, te cambian la bandera, el himno y la moneda.

In-dependencia

Artigas buscando pelea con el aire porque ya no quedaba nadie más en el servidor.

Mientras Artigas se peleaba contra el universo (y perdía), los portu-giles entraron y se robaron la provincia. La rebautizaron Provincia Cispatina (quizás porque se les resbalaba de las manos) e impusieron la samba obligatoria y la feijoada intravenosa, torturas que aceleraron el deseo de emancipación (o de salir corriendo). Artigas, notando que su popularidad había caído al nivel de una plaga de langostas en ayunas, optó por el exilio en Para-qué, donde el dictador Francia (que no era país, sino señor) le permitió vivir a cambio de un silencio de tumba que duró treinta años.

En 1825, los Treinta y Tres Orientales cruzaron el río. Eran cuarenta, pero pusieron 33 porque rimaba con estrés y para ahorrar tinta en los panfletos. Su misión era Libertad o Muerte, pero por recortes de presupuesto se quedaron en Libertad o Suerte. Inmediatamente organizaron el Congreso de la Flor-de-lío, promulgando leyes bipolares: declararon la independencia de Brasil solo para pedir matrimonio con Argentina cinco minutos después, confirmando que la autonomía les daba vértigo.

La guerra escaló en la Batalla de Sarán-dí (donde sacudieron a los brasileños). Luego vino la confusa Batalla de Y-tú-zángano (Ituzaingó), un evento donde ambos bandos celebraron la victoria porque ambos perdieron la paciencia y el ticket de compra.

Como Argen-ruina y Brasil se quedaron sin fondos, intervino Lord Pon-so-bre. El inglés inventó U-ru-guay (o U-r-why?) no como nación, más bien como un parachoques de gomaespuma para que los dos imperios no se rayaran la pintura al chocar. Esto se selló en la Convención Pre-liminar (de eliminar) de 1828, un documento en inglés que los locales firmaron sin leer. Para rematar, en 1830 juraron una Constitraición que otorgaba el voto a una inmensa mayoría: tres estancieros y un cura, excluyendo a peones, analfabetos y cualquiera que no levitara con levita.

Véase también

Precedido por:
Dominación española aburrida
Escudo Uruguay.png
Período histórico de la Banda Oriental
1810-1820
Sucedido por:
Ocupación brasileña más organizada