Cantigas de Santa María

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Los cómics que adornaban los códices no tenían bocadillos. Habría que esperar al siglo XVIII a que el Duque de Sándwich los inventase.

Las Cantigas de Santa María son un grupo de unas 420 canciones (cantiga arriba, cantiga abajo) alabando a la Virgen María, relatando sus milagros y sirviendo como método de invocación de la misma Virgen. Su autor fue (en parte) el rey castellano Alfonso X el sabio, quien demostró con esta obra su casi enfermiza obsesión hacia su waifu, la Virgen. Están recopiladas en varios códices y van acompañadas de partituras y cómics, que ilustran las hazañas de su protagonista. Los manuscritos están redactados en gallego-portugués, una lengua que se hablaba allá por el medievo poco antes de que Portugal y Galicia se diferenciasen como cosas distintas. El motivo por el que estaban escritas en esta lengua es que por aquella época se pensaba que las canciones en este idioma sonaban muy bien. Algo parecido a lo que ocurre ahora con el portugués y los memes, que cuando están escritos en este idioma su gracia aumenta en un 50%.

Autoría

Los expertos concuerdan en que Alfonso X fue el autor indiscutible de todas las cantigas, salvo las que no hizo, que más o menos vienen a ser unas 410. El resto fueron escritas por poetas y clérigos de su corte, pero como no eran nobles, a nadie le importan sus nombres. Las cantigas atribuidas a Alfonso relatan momentos de la vida del rey, como aquella vez en la que la Virgen se le apareció a su madre enferma y le dio un ibuprofeno, cuando el rey le dio una gran recompensa a un artista por realzar las curvas de la Virgen en las miniaturas del códice o cuando éste rezaba a la Virgen y ella le dejaba en leído.

Fueron escritas durante su reinado, entre los años 1250 y 1284, y se convirtieron en el mayor hit musical de todo el siglo XIII. Como ya se ha mencionado, estaban en gallego-portugués, idioma que el rey aprendió cuando veraneaba por Galicia de pequeño. Alfonsito, siendo tan listo, también quería restregar a los demás monarcas que sabía idiomas, dibujar cómics, trovar y sobre todo, ligar con la Virgen. Tal era su devoción, que creó una orden militar en su honor para impresionarla y se la regaló para que la comandase a su antojo en el campo de batalla.

Contenido

La obra empieza con dos prólogos, el primero en honor a Alfonso X, que por algo era rey y nunca se le alababa lo suficiente. En él cuenta sus hazañas y conquistas, que no tiene mucho que ver con la obra pero era lo que se llevaba en la época. En el segundo prólogo, Alfonso habla sobre lo muy listo que hay que ser para trovar bien y le pide a Dios que le de la inteligencia necesaria para trovarle a la Virgen una canción tan buena, que se le caigan las bragas y le pida matrimonio. Obviamente esto último no lo pedía de forma explícita, que en aquella época ver medio tobillo era pecado, pero se puede deducir claramente si uno lee entre líneas. Como se puede ver, el prólogo ya muestra la... pasión que sentía el rey por la Virgen y a medida que avanza la obra esto sólo va a peor.

El resto de la obra consiste en las cantigas, canciones profanas que normalmente trataban sobre enamorar a damas o echaban pestes sobre alguien. Alfonso usó este género para hacer más popular a la Virgen entre la plebe, una especie de rock cristiano de la época. Hay dos tipos de cantigas:

  • Narrativas: Narran los milagros de la Virgen y eventos relacionados con ella. Con esto Alfonso pretendía demostrar lo mucho que sabía de ella y también transmitir al pueblo lo maja y chula que era. Al final parecía más un acosador que otra cosa. Están acompañadas de miniaturas para que los relatos calen más en la memoria de los lectores y también porque la población era analfabeta, al menos así tenían algo con lo que entretenerse.
  • Líricas: O de loor que debe significar algo en la lengua medieval esta. Son menos cantigas y esta vez sólo son himnos en los que se reflexiona sobre la Virgen. Fueron incluidas para que se pudiera recitar la obra de Alfonso durante la misa y así la Iglesia no pusiese pegas.

Durante la obra se separan las cantigas en grupos de 10, la décima es una cantiga lírica y luego a empezar de nuevo. No hay un hilo narrativo ni se desvela si al final la Virgen le da una cita a Alfonso o no, pero pese a todo, fue un rotundo éxito durante la época.

Trascendencia

Actualmente la Virgen María sólo sale a dar palizas cuando los jugadores de fútbol se ponen muy tontos.
Dos músicos atrapados en el códice, condenados a tocar las cantigas una y otra vez hasta alcanzar la perfección o sucumbir a la locura.

Las cantigas fueron muy populares durante el reinado de Alfonso y después. Durante el medievo la Virgen era una auténtica estrella de la música, como bien muestra la cantiga Santa Maria, strela do dia. Y es que resulta que la devoción de Alfonso era tan fuerte, que el conjunto de las cantigas servía para invocar a la misma Virgen. Durante las interpretaciones, la Virgen se materializaba en el escenario como si de una Hatsune Miku medieval se tratase. Bailaba, hacía piruetas, lanzaba rayos de luz con las manos... un espectáculo que volvía a la plebe loca.

Estando en plena reconquista, Castilla no iba a desperdiciar el tener a una figura divina de su lado, así que los manuscritos de las cantigas se llevaban al campo de batalla, y cuando se habían interpretado todas, la Virgen aparecía con sed de sangre mora. Después hacía más o menos lo mismo que en las actuaciones, salvo que rompía cuellos entre pirueta y pirueta. Tristemente no se conservan todos los códices, originalmente había cinco pero uno de ellos se extravió y nunca más se ha vuelto a ver, lo que frenó considerablemente la reconquista. El rey Sancho puso una recompensa de diez mil maravedíes a quien lo encontrase, y aún está vigente, así que quienquiera que lo tenga puede ir ahora mismo a cobrarla al Banco de España. Se rumorea que los moros lo robaron y que ahora está cogiendo polvo en alguna tetería perdida de Marruecos.

En la actualidad, las cantigas sólo sirven como entretenimiento para los pocos frikis aficionados a la música medieval. Pero claro, sin la Virgen María haciendo bailecitos y piruetas no es lo mismo. También se aprecian las miniaturas y cómics que acompañaban a las cantigas, fruto del ansia de Alfonso X por sacarse la chorra con las mil y una cosas que sabía hacer. Gracias a estos se pueden saber muchos detalles de la época, como que las leyes de la perspectiva funcionaban de aquella manera o que los trovadores debían tocar música delante de azulejos horteras.

Códices

Debido al gran poder de las cantigas, estas se dividieron en cinco códices para evitar que, si uno caía en malas manos, al menos no pudieran invocar a la Virgen. Que siendo infieles moros lo mismo pensaban que les iba a conceder tres deseos. Se conservan cuatro, que son:

  • Códice Toledano: Que se encuentra en Madrid. Es el más soso pues no incluye miniaturas ni dibujitos, se trata de uno de los primeros códices.
  • Códice Rico: Llamado así por su sabor, estaba escrito en lonchas de jamón prensadas debido a la falta de material. Esto no detuvo a Alfonso, que llenó sus páginas con cómics de seis viñetas. A lo tonto el rey sabio inventó el arte culinario, si es que no había quien le parase.
  • Códice de Florencia: Éste contiene cantigas que ya están presentes en los otros códices, salvo por dos cantigas exclusivas para coleccionistas. También es el más incompleto, pues las partituras están vacías debido a la pereza de los copistas. Esto era un problema en la batalla, que forzaba a los músicos a improvisar las canciones y a veces invocaban accidentalmente a algún santo aleatorio en vez de a la Virgen. Por algún motivo se encuentra en Florencia.
  • Códice de los músicos: Llamado así por contener el mayor número de cantigas y por encerrar como castigo las almas de los músicos que alguna vez se equivocaron al interpretarlas.

Véase también