La biblioteca de Babel
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El Universo (que otros llaman la Biblioteca)
El hexágono 43.892.111, estante 2, volumen 7. Fotografía tomada por un bibliotecario que después se tiró por el pozo, pero dejó la cámara.
Autor
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Jorge Luis Borges (se atribuye) |
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Idioma Original
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Español, alemán, sumerio antiguo, y 25 símbolos inexplicables |
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País
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Argentina / El Universo / Hexágono central |
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Traducción
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El propio Borges del futuro, que ya lo había leído antes de escribirlo |
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Editorial
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Sur (Buenos Aires) / El Universo (tirada infinita) |
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Fecha de Publicación
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1941 (original), 1726 (como Swift), 1865 (como Carroll), -∞ (edición preexistente) |
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Género
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Cuento metafísico, horror arquitectónico, guía de supervivencia para bibliotecarios |
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Calificación
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410 páginas / 5 estrellas en el hexágono 12.445.892, 0 estrellas en el hexágono 67.001.445 donde decía que el libro total estaba en otro lado |
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Premios
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Ninguno, porque Borges nunca ganó un segundo puesto de nada, y en la biblioteca no hay competición, solo pozos |
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Páginas
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410 (cada ejemplar), ∞ (la suma de todos) |
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La Biblioteca de Ba-bla-bel es un cuento de babas perpetrado por Jorgito Luis Borges en 1941, aunque existen teorías conspiranoicas (que Borges nunca confirmó ni desmintió porque su ceguera ya no le permitía diferenciar entre confirmar y desmentir) de que el texto fue descubierto, no redactado. Se rumorea que lo pescó en una estantería de la Biblioteca Nacional mientras calentaba la silla de director, que lo palpó, que "vio" (con su tercer ojete) la firma "por Jorge Luis Borges" al final, y que optó por adueñarse del crédito porque resultaba menos agotador que justificar por qué un manuscrito suyo habitaba un pasillo que él jamás había pisado.
La primera edición se materializó en el laberinto de El jardín de bifurcos que se senderan (1941), impresa por la editorial Sur-realista. La segunda edición apareció en 1726, atribuida a Jonathan Swift, quien según algunos críticos no era Jonathan Swift sino Borges haciéndose pasar por Swift haciéndose pasar por Gulliver. La tercera edición apareció en 1865, firmada por Lewis Carroll, y contenía ilustraciones de John Tenniel que mostraban a Alicia cayendo por el pozo central, aunque en este caso el pozo no llevaba a ningún país de maravillas sino a otro hexágono idéntico donde Alicia tenía treinta años más y seguía cayendo.
Argumento
El Biblioprecario
El narrador es un bibliotecario, que a su vez es Borges, que a su vez es el escritor que a su vez es el lectonto que a su vez es tu madre en bata. No tiene nombre porque en la biblioteca no se usan nombres: se usan coordenadas. El suyo es aproximadamente el sexágono 43.892.111, aunque admite que nunca ha contado bien y que podría estar en el 43.892.112, o en uno que se le parece mucho por la humedad. Nació, según sus cálculos matemágicos, hace unos sesenta años, aunque también admite que podría haber nacido ayer y que sus recuerdos son solo un libro de autoayuda que leyó por error y que se le quedó grabado en el trauma.
El Universo
El universo, explica, es una biblioteca. No una biblioteca grande, no una biblioteca antigua: una biblioteca que es el puto todo. Que no tiene afuera ni adentros. Que si tuviera puertas, las puertas llevarían a otros exágonos, que son la misma biblioteca. Que si tuviera ventanas, se verían otros exágonos, que son la biblioteca. Que si tuviera techo, sería el piso de otro exágono, que es la biblioteca. Que si tuviera un baño, sería el exágono 43.892.112, pero nadie ha encontrado el retrete y los biblioprecarios llevan siglos haciendo sus necesidades entre los estantes de historia natural, lo cual aclara por qué esos libros huelen particularmente mal.
Arquitectura
Cada exágono tiene cuatro paredes de libros, dos pasillos que no llevan a ninguna parte (aunque la gente camina, por la mera costumbre de buscar estantes de historia natural para aliviarse), un espejo que devuelve una cara que el narrador no reconoce como suya pero más fea de lo que pensaba, y un pozo central. El pozo es lo único que no es libro: es ausencia de libro, es hueco, es promesa de que algo puede no ser lectura obligatoria. Por el pozo entra luz de lámparas de bajo consumo que nunca se apagan ¿magia? ¿fisión nuclear? ¿Por qué no investigan eso en vez de buscar sus versiones porno?. Por el pozo se tiran los inquilinos cuando descubren que el libro que buscaban era el que tenían al lado y que decía "puto el que lo lea" repetido cuatrocientas diez páginas. El pozo no tiene fondo, o si lo tiene está en otro exágono, y si llegaras al fondo encontrarías a alguien que se tiró antes y que sigue cayendo, y que te saluda con la mano porque ya es tarde para explicarle que matarse así no sirve de nada.
Catálogo
Los libros son todos iguales por fuera: 410 páginas, 40 renglones, 80 caracteres, 25 símbolos. Por dentro contienen todo lo que puede balbucearse con esos símbolos. Eso incluye: la obra completa de Chekspir, la obra completa de Chekspir con una coma movida en la página 200 que lo arruina todo, la obra completa de Chekspir escrita por un mono que no sabía inglés pero que por pura estasádica acertó algunas frases, la carta que tu padre te escribió antes de irse por cigarros, la carta que tu padre te escribiría si hubiera vuelto con los cigarros y te hubiera enseñado a abandonar a tus propios hijos, la evidencia de que Dios existe, la evidencia de que Dios no existe, la evidencia de que la evidencia anterior tiene un error de tipeo en la página 307 que invalida todo el chiste, y cuatrocientos millones de volúmenes dedicados a refutar la reputación de la refutación. También incluye, según los cálculos de un colega que después se volvió loco y ahora vive en el estante 4, al menos un millón de libros que empiezan con "Erase una vez" y terminan con "y entonces notaron que todo había sido un sueño", y otros tres millones que empiezan igual pero terminan con "y entonces notaron que todo había sido un sueño, o quizás no, porque el sueño también podría ser el Borges en tanga, y entonces se despertaron gritando".
Transmuerte
El problema, explica el narrador, es que el 99,99999% de los libros es ruido visual. Letras al azar. Combinaciones sin sentido ni sentacto. Pero como nadie puede leerlos todos, nadie puede estar seguro de que el que tiene en las manos no sea el bueno. De que no sea el que explica por qué estamos aquí, o el que da instrucciones para salir al patio, o el que revela que todo esto es una broma pesada de alguien que nos está leyendo en el inodoro. Un biblioprecario del ex-ágono 12.445.892 juró haber encontrado el libro que explicaba el puto todo. Lo leyó entero. Cuando terminó, descubrió que la última página decía "Continúa en el volumen siguiente", y que el volumen siguiente estaba en el ex-ágono 12.445.893. Caminó treinta años hasta allí con juanetes. El volumen siguiente decía "Para entender este libro, lea primero el volumen anterior que no es el que usted leyó". Se tiró por el pozo.
Las sectas
Con infinito tiempo y cero respuestas, los bibliotontarios se agruparon por patologías:
- Los Buscasdores: Caminan de exágono en exágono rastreando el "Libro Total" (el catálogo maestro del universo). Uno halló un tomo que ordenaba ir a la sala contigua; al llegar, el libro de allí dictaba: "Te la creíste, regresa". Otro encontró un volumen de 410 páginas de letras "A" y lo tiró por el pozo. Al día siguiente, el hoyo se lo escupió de vuelta con un post-it pegado: "¿Seguro que no era este?".
- Los Pufificadores: Creen que la Babel sufre de exceso de texto de relleno. Arrojan al vacío todo lo que no entienden (o sea, casi todo). Un iluminado encontró un tomo que él mismo había desechado diez años atrás, ahora con una dedicatoria inédita: "Te espero abajo". Se tiró. El pozo, por supuesto, ni le dio las gracias.
- Los Inquisidores: Buscan al Dios-Arquitecto para presentarle una hoja de reclamaciones. ¿Por qué 25 símbolos y no emojis? ¿Por qué letras romanas y no kanjis? ¿Por qué exágonos? Uno halló un manual que justificaba la geometría: "Porque así caben más estantes". Ofendido por la mediocridad del argumento, saltó al pozo. Otro busca el mítico "Hexágono 0", un lugar que probablemente solo sea el fondo del abismo, donde siempre hay otro in-quisquilloso haciendo eco al gritar "¿Hay alguien ahí?".
- Los Hombres-Libreta: Leyeron tanto que mutaron en encuadernaciones de carne. Creen que su vida es un índice y si les hablas se emocionan, se les caen las hojas y luego hay que barrerlos. Uno del sector 89.221.004 juraba ser la autobiografía de Borges. Al abrirlo, eran 410 páginas de recetas de sushi hecho de Borges. Alegó que era una profunda metáfora. Nadie le creyó, pero tampoco nadie logró refutarlo.
El libro total y otras certezas que no llegan
Circula la leyenda de que existe un libro que contiene todos los demás. Que en algún hexágono, en algún estante, hay un volumen que es la biblioteca completa, comprimida, indexada, comprensible. Que leerlo sería entenderlo todo.
Los matemáticos de la biblioteca (que son bibliotecarios que encontraron libros de matemáticas y se pusieron a leer) han calculado que ese libro, si existiera, tendría que contenerse a sí mismo. Que sería un libro dentro de un libro dentro de un libro, infinitamente. Que leerlo tomaría infinito tiempo, que es el tiempo que tienen, pero que de todos modos no serviría porque al terminar habría olvidado el principio. Además, señalan, si el libro contiene todo, contiene también su propia negación, su propio error, su propia página en blanco donde alguien escribió "esto es una mentira" y después borró la palabra "mentira" pero no la palabra "esto es una", dejando una frase que no significa nada pero que suena profunda.
Un bibliotecario del hexágono 0 (que no existe, o que es el centro, o que es el pozo sin fondo) afirma haberlo encontrado. Dice que lo abrió, que leyó la primera página, que decía "Este libro es una mentira". Que no supo si seguir leyendo. Que sigue allí, en el hexágono 0, con el libro abierto en la página 1, esperando a que alguien le diga qué hacer. Otros bibliotecarios han ido a buscarlo. Nunca llegan al 0, o si llegan no lo encuentran, o si lo encuentran se convierten en él, o si se convierten en él ya no pueden contar que lo encontraron porque son un libro y los libros no hablan, solo esperan a que alguien los lea, y si alguien los lee se convierte en otro libro, y así.
Véase también
- Jorge Luis Borges (que también es un libro, en algún hexágono, y en otro es un pozo, y en otro es la nota al pie de otro libro que alguien no leyó)
- Ficciones (donde está el cuento, si no lo perdió alguien, si no lo robó alguien, si no es este mismo artículo que estás leyendo y que ya es parte de la biblioteca)
- El Aleph (otro punto infinito, pero redondo, para variar, aunque en algún hexágono el Aleph es un hexágono y la biblioteca es un punto y nadie nota la diferencia)
- Infinito (concepto que la biblioteca contiene, explica, y destruye simultáneamente, como hace con todo, incluido este artículo, incluido este párrafo, incluida esta palabra: infinito)
- Adolfo Bioy Casares (que afirma haber escrito "La Biblioteca de Babel" en 1940, pero que Borges le robó el manuscrito y después se hizo el ciego cuando Bioy se lo reclamó, y que ahora vive en un hexágono donde nadie lo lee, o si lo leen es para verificar que no es Borges, o si verifican es para confirmar que es Bioy, o si confirman es para darse cuenta de que son la misma persona, o si se dan cuenta se tiran por el pozo, o si se tiran encuentran a Bioy en el fondo, o si encuentran a Bioy es porque Bioy se tiró primero, o si se tiró primero es porque sabía que vendrían, o si sabía es porque leyó el libro que lo explicaba, o si lo leyó es porque lo escribió, o si lo escribió es porque es Borges, o si es Borges es porque es Bioy, o si es Bioy es porque es el lector, o si es el lector es porque ya terminó de leer y no se dio cuenta)
