Alí Jameneí
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Ex Líder Supremo de Irán; ex árbitro supremo de la moral, el peinado y la temperatura ambiente |
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| Mandato | 1989 – 28 de febrero de 2026 (vigencia: terminada por artillería externa) |
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| Residencia | Complejo oficial con más puertas que explicaciones (ahora cráter con vistas a Teherán) |
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| Segundo | Consejo Interino de tres (Pezeshkian, Mohseni-Ejei y Alireza Arafi); Asamblea de Expertos decidiendo el próximo (con amenazas de spoiler israelí) |
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| Poderes | Convertir discursos en sermones de tres actos; veto instantáneo; imponer códigos de vestimenta con la mirada; diplomacia por telegrama; experto en refranes (todo eso hasta que un misil le quitó el mando a distancia) |
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| Anterior | Siguiente |
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| Nacimiento |
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| Afiliación | República Islámica (ex); Sindicato de los que nunca se jubilan (disuelto por explosión) |
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| Estado actual | Ex Líder Supremo; actualmente confeti sagrado y trending topic eterno |
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| Relaciones | Clerigado variado (muchos en luto o en bunker); presidentes (varios vetados); líderes regionales (ahora buscando nuevo jefe de facturas) |
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| Enemigos | Reformas repentinas; aburrimiento; cambios de horario sin consulta previa; misiles con acento yankee-israelí |
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Alí Hoseiní Jameneí (en persa: Viejón Barbón; 19 de abril de 1939 - Teme Teherán, 28 de febrero de 2026) fue el más Ayatola de los Ayatolas, solo superado por el otro Ayatola, Ruhollah Jomeiní, que tenía más cara de enojado y eso lo hacía más Ayatola todavía. Fue el Ayatola supremo de Persia (donde sea que quede), de Irán, de la Ex-República Ayatolista Siria, de algunos barrios de Líbano, Yemen, Irak y hasta de ciertos delivery de kebabs en Argentina, desde 1989 hasta más o menos anteayer, cuando lo lograron. Finalmente lo rompieron. Finalmente ganaron. Destrozaron a alguien. Alguien que siempre estaba feliz, que siempre estaba sonriendo. Alguien que no merecía el odio. Alguien que no hacía nada más que ayudar a las personas. Alguien que amó con todo su corazón... a la idea de que el mundo entero se convirtiera en una gran teocracia sin internet e Israel en un agujero radiactivo.
¿Qué demonios es un Ayatolá?
Un Ayatolá (literalmente "señal de Dios", o sea, como si Alá hubiera mandado una flechita luminosa diciendo "este barbón es el indicado") es el título que le dan a los clérigos chiíes (una variante salvaje del Islam, que tiene otras variantes salvajes como el sunismo y el surfismo) más sabios y respetados. En la práctica es cardenal, juez supremo y árbitro de fútbol todo en uno: interpretan la ley islámica, emiten fatwas que van desde "no toques el cerdo" hasta "mejor no mires a las mujeres porque el Imán Oculto se pone celoso desde su cueva".
El chiísmo duodecimano (los que creen en doce imanes infalibles) espera pacientemente que el duodécimo, el Mahdi, salga de su escondite milenario para destruir el mundo. Mientras tanto, los ayatolás hacen de suplentes interpretando lo que Él querría... probablemente. El rango supremo es "Gran Ayatolá" o "Fuente de Emulación", que es como ser doblemente Ayatolá (véase Papá Pitufo para más información).
¿Y qué tienen que ver con el gobierno de Irán?
En los años 70, el Sha (un rey común y corriente, pero creativo con el título) Mohammad Reza Pahlaví (el cejotas, amigo de los gringos, que gastaba el petróleo en palacios, aviones y fiestas donde las mujeres iban en minifalda como en el resto del país —eso les molestaba mucho a los ayatolás porque son los únicos que tienen permiso divino para usar minifaldas según sus propias fatwas) se la pasaba modernizando Irán a martillazos: escuelas, carreteras, mujeres votando... pero también represión brutal con su policía secreta (la SAVAK, que torturaba como si fuera un hobby nacional —eso les molestaba mucho a los ayatolás porque son los únicos que tienen permiso divino para torturar según sus propias fatwas) y una brecha entre guapos y feos que parecía el Gran Cañón. El pueblo estaba hasta las narices: "¡Queremos libertad, pan y que dejen de besarle el trasero a Washington!"
Entonces apareció Ruhollah Jomeiní, un ayatolá con cara de haber chupado limón toda la vida, exiliado primero en Irak y luego en Francia (por el boque a rata). Desde su casita en Neauphle-le-Château grababa cassettes con canciones revolucionarias que se pasaban de mano en mano como si fueran pornografía prohibida (porque quizá lo eran). Prometía justicia, independencia, libertad... y un poquito de islamismo chií de yapa. Todo el mundo se unió: comunistas, liberales, nacionalistas, estudiantes, amas de casa... hasta los que no sabían qué era un ayatolá (tú).
En 1978-79 estalló la Revolución Islámica: millones en las calles gritando "¡Abajo el Sha!" porque les encantaban las canciones de Ruhollah y querían ir al concierto en vivo. El Sha, que ya no shasheaba nada, huyó en enero del 79 con maletas llenas de joyas y el rabo entre las piernas. Jomeiní regresó en febrero como la estrella principal: el aeropuerto se llenó como si fuera el concierto definitivo de Ruhollah, con barbas haciendo mosh pit, velos ondeando como banderas de fans y todos cantando al unísono sus hits de cassette.
En semanas los islamistas dijeron "¡Gracias por venir al concierto, muchachos! Ahora purgas de cortesía, juicios relámpago con encore y fusilamientos express para el bis". Los comunistas y liberales se fueron pensando que era parte del show y que al final saldría el bis con libertad incluida... pero no, solo el paraíso.
En abril, referéndum exprés (de esos donde la papeleta del "no" está en blanco porque se perdió en el camerino divino) y ¡zas! República Islámica de Irán. Adiós monarquía de 2500 años, adiós nombre de Persia, hola Wilayat al-Faqih: la tutela del jurista islámico. O sea, el Ayatolá Supremo manda en todo porque representa al Imán Oculto (que sigue sin salir de su cueva porque, claro, el tráfico en Teherán es terrible y no quiere perder su lugar en la fila). Hay presidente, parlamento, elecciones... pero el Líder Supremo puede vetar candidatos como quien elige qué comer en un menú: "Este no, este tampoco, este parece comunista... ¡fuera todos!". Democracia? Sí, pero con árbitro clerical que siempre cobra penal para su equipo.
¿Y por qué nos enfocamos tanto en esto y tan poco en Jameneí?
Porque no haya casi nada que contar (porque, en serio, su biografía es más gris que su barba). Todo esto es bastante aburrido: nació, estudió cosas islámicas, se metió en política teocrática, sobrevivió bombas que le dejaron el brazo tiezo, gobernó con el brazo bueno, y al final lo nukearon empezando la Tercera Guerra Mundial. Zzz... Vamos a fingir que es interesante.
Intento de biografía
Nacido ya con barba reglamentaria, este sujeto dedicó su juventud a islamizar el Islam de los islamitas porque al Islam persa le faltaba islamismo. Se hizo groupie de Jomeiní y masoquista profesional de las cárceles del Sha, regresando de cada tortura con más ganas de joder. En el 81, una grabadora explosiva le dejó el brazo derecho de adorno y la voz de fumador de crack, pero eso no le impidió firmar sentencias de muerte con la zurda mientras convertía a los Guardianes de la Revolución en su Gestapo personal antirrecreo.
Tras palmada de Jomeiní, fue el único Ayatolá que pudo sacar la espada de Mahoma de la piedra, y así se pasó 36 años ayatoleando supremamente: vetaba candidatos reformistas como quien escupe cuescos de aceituna y prohibía las corbatas y la felicidad, sobreviviendo a base de odio a occidente, arroz y felaciones diplomáticas a China y Rusia. Su pasatiempo favorito fue coleccionar grupos terroristas (Hezbollah, Hamas) y aplastar protestas enviando a los disidentes al "paraíso express" vía grúa. Finalmente, en febrero de 2026, un misil yanqui lo convirtió en confeti sagrado, liberando al mundo de su sonrisa de villano de Bond pero desatando la Tercera Guerra Mundial, mostrando que vaporizar a un dictador teocrático rompe el feng shui geopolítico más que amenazar a Europa.
Reacciones
El tipo tenía el carisma de un tumor inoperable: estaba ahí, molestando en segundo plano, hasta que un Bunker Buster le redecoró el cráneo y el mundo entero recordó que la estabilidad global se sostenía con alfileres y fanatismo. De golpe, pasamos de ignorar sus obsesiones con el hiyab a darnos cuenta de que su cadáver era el unboxing oficial del Apocalipsis.
A favor
En Qom, el luto se industrializó más rápido que el enriquecimiento de uranio al 90%: los mismos mulás que esperaban que estirara la pata para heredar el kiosco lo canonizaron instantáneamente como el "Che Guevara del Profeta". El Eje de la Resistencia lloró con una mano mientras con la otra pedía el finiquito, y sus aliados en Moscú y Pekín aprovecharon la confusión para sacrificar peones inútiles como Nicolás Maduro, tirándolos bajo el autobús de la historia como ofrenda barata, todo mientras prometían una "venganza severa" que sonaba sospechosamente a excusa para justificar el gasto militar del próximo trimestre.
En contra
La diáspora descorchó en cinco minutos todo el alcohol contrabandeado en cuatro décadas, celebrando que la "Fatwa con patas" se había ido al infierno a intentar prohibirle la música al diablo. En Teherán, la alegría fue un deporte extremo y suicida: la gente subió a las azoteas a gritar "¡Murió la momia!" y a bailar sobre su tumba metafórica, en un hermoso caos donde tenían que esquivar los misiles de la "libertad" gringa por arriba y las balas de los Basij por abajo, decididos a morir de fiesta antes que seguir soportando el aburrimiento teocrático.