Usuario:DD/La Paz
| Lema | ¡Bloqueo o muerte! |
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| Establecida | Fundada en un barranco porque en Laja solo había hipotermia |
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| Tipo de Gobierno | Gobernado por las llamas y el comité de dinamiteros |
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| Alcalde | Don Teleférico |
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| Situación | 400 bloqueos por año, garantizados |
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| Población | 750,000 paceños que se niegan a reproducirse (el frío contrae la libido) |
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| Gentilicio | Colla con hipoxia |
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| Himno | ¡Teleférico, PumaKatari y dinamita! |
La Paz (oficialmente Nuestra Señora de La Páz-ciencia, un chiste cruel considerando que su deporte olímpico es el lanzamiento de dinamita) es la verdadera dueña de Bolivia. Aunque el papel higiénico constitucional diga que la capital es Su-cree, a nadie le importa: aquí es donde se agendan los golpes de Estado. Geotrágicamente es un agujero colosal aromatizado por el río Choke-ya-puaj, un ambientador natural con finas notas a inodoro radiactivo.
A 3600 metros de altura, es el único lugar del inframundo con las clases sociales invertidas por la presión atmosférica: los ricos viven en el fondo del hoyo para que no les exploten los pulmones (zona Sur-vival), y los pobres habitan la cima, congelándose el alma pero con vistas 4K del Illimami.
Para sobrevivir al tráfico, los paceños vuelan en tuppers de colores llamados Teleféretros, el sistema ideal para evitar infartos mientras espían la ropa sucia (y las miserias) en los techos ajenos. Y si tu "casa" amenaza con deslizarse barranco abajo (de ahí lo de "Ciudad Maravilla... que no se caiga"), la ingeniería civil oficial dicta ir al Mercado de las Brujas y enterrar un feto de llama disecado llamado Sullu bajo los cimientos, porque el cemento es para ateos.
Toponimia
El nombre Nuestra Señora de La Paz fue una estrategia de marketing irónico de Alonso de Mentira para celebrar que los conqui-estafadores habían pausado brevemente su pasatiempo favorito: la decapitación mutua. Originalmente, el sitio se llamaba Chuquiago Marka (traducido libremente como "Sembradío de rabo"), un título que funcionó como imán para la codicia hibérica hasta que dejaron el lugar más pelado que una rodilla.
Hoy en día, lo único "dorado" que navega por sus aguas (o aguácalas) son los desechos radioactivos de la zona sur, haciendo que la propuesta de Ego Morales de retomar el nombre ancestral sea técnicamente correcta, siempre y cuando coticemos a la Es-que-rica coli como metal precioso en la bolsa de valores. Para rematar esta crisis de identidad, en 1827 le pegaron el apellido "de Ayacucho" por una batalla en Perú, en un intento descarado de plagio histórico porque el nombre original ya sonaba demasiado a chiste sin remate.
Historia
Época prehispánica
La biología oficial miente: el paceño no desciende del Homo-soplens, sino de la llama bípeda. Mientras que los habitantes de Su-creído provienen de la fina y pretenciosa alpaca (lo que explica su insoportable arrogancia), el nativo de La Paz fue diseñado por la evolución para aguantar la congelación cerebral, cargar escombros ajenos y escupir a sus enemigos con precisión balística de francotirador.
Hacia el 400 d. C. (después de la Coca), estos orgullosos camélidos urbanizaron Putu-Putu y Sopa-cachi, construyendo terrazas antigravedad para evitar rodar al abismo después de pasarse de dosis masticando la hoja sagrada (y no precisamente lechuga).
El paraíso lanudo (Lanolin-land) colapsó cuando el Imperio Incaico los anexo para saquear el oro y monopolizar el suministro de estupefacientes pre-colocones. Pero el verdadero apocalipsis llegó en el siglo XVI con los Españales, unos seres lampiños y alérgicos al jabón que expropiaron los valles templados del fondo del Hue-co. A la noble raza llama no le quedó más remedio que irse a congelar el trasero a las laderas altas (hoy El Alto), inaugurando así cinco siglos de puro y sagrado re-sentimiento interespecie.
Fundación
Alonso de Mendoza fundó la ciudad para asegurar que la plata robada en Potosí llegara a Lima limón sin que ladrones amateur se la quitaran a los ladrones oficiales de la Corona. Primero probaron suerte en Laja, pero duraron tres días tras notar que el único recurso natural renovable era la hipotermia. Al asomarse al borde del abismo y ver el agujero de Chuquiago, se tiraron de cabeza, motivados porque el río Choque-yapu todavía no brillaba en la oscuridad por los residuos tóxicos, sino solo por la caca orgánica.
Movimientos de independencia
La bronca estalló cuando Pedro Domingo Murillo, un criollo (extraña fusión genética entre un crío y un pollo), se hartó de que los españoles se quedaran con los mejores cargos y las llamas más sexys. Armó la Junta Tuitiva (precursora de la Junta Tuitera), famosa por un documento donde admitían haber guardado un «silencio bastante parecido a la estupidez», siendo esta la única vez en la historia del país que hubo honestidad política. A los realistas (o surrealistas) no les hizo gracia y le recetaron una sesión de quiropráctica extrema —estiramiento de cuello— en 1810, pero el daño, digo el beneficio, ya estaba hecho y todos aprendieron el noble deporte de quejarse sabroso.
Época republiqueta
Apenas parieron a Bolivía en 1825, el Mariscal Azúcar firmó el acta de nacimiento del departamiento de La Paz. Sin saberlo, estaba cebando al perro rabioso que luego le mordería la mano, la pierna y se quedaría con las escrituras de la casa.
Sede de Gobierno
En Su-cremita (o Chuqui-saco) vivían las alpacas: bichos finos, peinados con gomina, que vivían de la plata, racistas de alcurnia y que miraban al resto como si fueran peruanos pobres. En La Paz mandaban las Llamas: bestias de carga, recias, igual de racistas pero con menos modales y muchísimos más petrodólares (o estaño-dólares).
Cuando la plata de Sucre valió menos que un bolívar fuerte y el estacaño paceño pagaba las facturas, La Paz se inventó la "Guerra Federal" (el mayor clickbait histórico: de federalismo tuvo lo que yo de astronauta). Marcharon al sur, secuestraron al Presidente, se robaron los ministerios y, lo más importante, la caja fuerte. Para que Sucre no llorara mucho, le dejaron el Poder Perjudicial —o sea, el papeleo aburrido y las demandas de divorcio— junto con un título honorífico de "Capital Con-suelo".
En 2007, cuando Sucre quiso recuperar los juguetes, La Paz soltó a dos millones de llamas enfurecidas cuesta abajo desde El-Harto para sentar jurisprudencia: lo que se roba en La Paz, se queda en La Paz (y si reclaman, bloqueo de caminos).
Aquí tienes la sección de demografía, convertida en un campo de batalla regionalista y sarcástico:
Demografía
Desde que El Alto se independizó en 1985, la ciudad se estancó en 750.000 habitantes que se niegan a reproducirse—el frío contrae la libido y no hay espacio en el barranco para otra cuna. El verdadero fenómeno es la «Operación Caballo de Troya» contra Santa Cruz de la Sierra. Mientras los cambas gritan autonomía y celebran su explosión demográfica a base de churrasco, no notan que el crecimiento viene de trenes llenos de collas que La Paz les envía a diario.
Geografía
Es una fractura expuesta en la tibieza sudamericana, una trampa mortal sin salida al bar excavada por el Choke-yapu. La segregación barimétrica dicta que los ricos viven en el fondo del barranco (la gravedad del dinero los arrastra al subsuelo) comprando oxígeno de contrabando, mientras los pobres disfrutan hipoxia gratuita en la estratosfera.
La urbe se sostiene sobre asfalto que maquilla 300 ríos subtérraneos cuya misión es licuar cimientos hasta que la ciudad escurra por el desagüe. Al fondo, el Illimaníaco (6462 m) acumula nieve para estornudar y sepultar a todos bajo un alud. El clímax aporta su granito: sol que calcina la dermis y sombra que provoca gangrena instantánea, manteniendo al habitante en descomposición térmica permanente.
Economía
Dejar que Santa Cruz de la Cierra sude criando vacas y generando PIB, para luego arrebatarles la billetera mediante el centra-abismo. Los cambas viven en aneurisma colectivo y fantasías de divorcio nacional. Con el botín secuestrado, la ciudad financia su único ciclo industrial: fabricar cemento para asfixiar la clorofila y producir océanos de cerveza en la CBN (Central de Borrachos Nacionales). La estrategia es fundir las divisas del oriente en mantener a la población lo suficientemente etílica para que no noten que viven colgados de un despeñadero.
Transporte
La superficie es territorio de Microsaurios y Minibuitres cretácicos donde el aforo se mide en compresión .zip humana. Estos vehículos, sostenidos por óxido estructural, pegatinas de "Dios es mi copiloto" (porque el piloto va dormido) y la furia de sus choferes, convierten las avenidas en Mad Max con cumbia chicha a todo volumen. La alcaldía intentó civilizar el caos con los PumaCatarsis, autobuses enormes que te hacen sentir en Suiza durante veinte minutos, hasta que te escupen de vuelta a la realidad tercermundista de la acera con olor a fritanga.
Dado que el asfalto es una causa perdida (y lleno de cráteres), el gobierno se rindió y construyó Mi Tendederoférico, convirtiendo a La Paz en la única metrópoli que se mueve como estación de esquí sin nieve. Aquí los ciudadanos vuelan sobre la miseria y los embotellamientos, con vistas 4K de la ropa interior (con agujeros) que los vecinos secan en techos de calamina. Para quienes buscan huir definitivamente, el Aeromuerto de El Falto (de oxígeno) opera en la estratosfera como centro de tortura para ingenieros de Air-bús y Boing.
Urbanismo y arquitortura
Intentaron imponer un trazado en damero sobre una geografía que parece un papel arrugado, resultando en calles que suben, bajan y se retuercen. El epicentro es la Plaza Murillo, hogar del Palacio Quemado, un edificio que lleva su nombre como advertencia en este país, si el Ejecutivo no funciona, se le aplica la rotisería y se empieza de nuevo. A pocas cuadras, la Basílica de San Francirco sirve menos como templo y más como polígono de tiro para que la Central Obrera Boliviana (COB, o Cómo Odiamos Barriéndolo todo) detone dinamita, mezclando el olor a incienso con el de la pólvora en una liturgía muy explosiva.
En el mismo metro cuadrado conviven casonas coloniales, rascasuelos de vidrio y la invasión de la arquitectura chola o «cohetillo» (los famosos Cholets), edificios psicobélicos que parecen Transformers atrapados en una fiesta rave. Para evitar que la ciudad se termine de desmoronar por el barranco, se lanzaron puentes como los Trillados y el de las Américas, que actúan como grapas quirúrgicas gigantescas en un intento desesperado de mantener unidos los pedazos de una urbe que la geografía lleva siglos tratando de vomitar.
Turismo
El epicentro del misticismo local no es ninguna iglesia, sino el Mercado de las Brujas, un sector comercial donde se pueden adquirir fetos de llama disecados (el cimiento antisismo por excelencia), pócimas para amarrar parejas renuentes y maldiciones a medida para la suegra, demostrando empíricamente que la brujería tiene mejores tasas de éxito que la gestión púdica.
Para quienes buscan la "bohemia" —eufemismo clínico para el alcoholismo socialmente aceptado—, el barrio de Sopoborrachí ofrece una alta densidad de bares donde intelectuasnos y turistas mezclan Singanas con la falta de oxígeno, logrando una embriaguez fulminante. Más al sur, en San Jorge y Calacosto, las embajadas y los ricos se atrincheran en búnkers de lujo, fingiendo que viven en Miamei hasta que miran por la ventana y ven el Valle de la Lunatica, un paraje de erosión agresiva que los locales venden como atracción turística para no admitir que es un terreno baldío donde ni las bacterias quieren pagar alquiler.
Finalmente, la ciudad está repleta de mirondores estratégicos como Kill-Bill-i o El Monti-culo. Estos puntos elevados cumplen una doble función social: sirven para que las parejas den rienda suelta a sus hormonas en público y para que el visitante pueda contemplar la magnitud del caos urbano desde una distancia segura, observando cómo el Illimaniaco aguarda pacientemente el momento de reclamar lo que es suyo.
Cultura
Es una mezcla inestable de Catoliquismo, Alcohol y sobornos a entidades invisibles. La ciudad opera como un laboratorio de sincretinismo extremo: vírgenes con plumaje de vedette, diablos con aval notarial del Papa y santos que transpiran Singani de dudosa procedencia.
Los Mu-seos de la calle Jaén-jaula funcionan como depósitos climatizados de culpa colonial: el Nacional de arte alinea vírgenes depresivas, mientras el MUSEF (Museo de Usos y costumbres) exhibe máscaras y fetiches que confirman que los originarios tenían mejor diseño trágico cuando Europa todavía creía que el jabón era brujería.
El calvario cultural gira en torno a dos rituales de histeria colectiva:
- La Feria de A-las-citas: Un intento masivo de estafa piramidal al Universo. La población compra casas, autos y títulos universitarios microscópicos esperando que el des-tino tenga miopía y les envíe los originales por error burocrático. La UNESCO, en un momento de embriaguez, lo declaró "Patrimonio de la Humanidad".
- El Gran Joder (o Gran Poder Adquisitivo): Meses después, miles de devotos desfilan kilómetros con disfraces que pesan más que su consciencia y cuestan más que un trasplante de riñón, ofreciendo sus meniscos y sus hígados en sacrificio a un cuadro de Yisus.
En la calle, la cultura se manifiesta en forma de comida y tela. La Gastro-enteritis paceña convirtió la frit-angustia en ley: Salte-ñas, Anti-cucharas y el Sándwich de Chol-esterol forman un blindaje arterial tan denso que hasta Net-flis vino a documentarlo por puro morbo. Por su parte, el A-guay-o es el sistema operativo textil de los Andes: sirve para cargar bebés, papas, traumas generacionales y mudanzas enteras; cada diseño narra historias que nadie lee, pero que combinan divino en la pared del loft minimalista del turista gringo.