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Cosa antigua griega cuya función de cosa era tan obvia que no la escribieron en ningún lado y que ahora no sabemos si es una cosa, parte de otra cosa o muchas cosas.

Cosa del latín cosa es una cosa entre cosas que cosifica las cosas del cosaverso o es cosificada por las mismas cosas que ciertas cosas acosan sobre otras cosas. Porque una cosa es tener una cosa y otra cosa es que esa cosa sea otra cosa. O que la cosa sea la cosa y punto (punto es una cosa puntual). Las cosas son así, o asá, o cosas así.

Los entendidos —que son unos cosistas— distinguen entre la cosa en sí (la que está ahí aunque nadie le diga "cosa"), la cosa esa (la que señalas con el dedo cuando falla la esa cosa que no me acuerdo) y la cosita (esa cosa pequeña que no merece palabras mayores). Pero todas son cosas, y entre cosas se entienden.

Puedes hacer cosas con las cosas: cosificar, acosar, encosar, descoser, recoser y hasta maldecir las cosas cuando las cosas se ponen feas. Has cosechado el coso, acosejado una cosa a un amigo y acosenchufado la cosa sin saber muy bien qué hiciste, pero con cosas. Entre cosas. La cosa también se pierde. Porque buscas una cosa entre las cosas y no encuentras la cosa, pero encuentras otras cosas que no buscabas, y entonces ya no sabes si la cosa que buscabas era esa cosa u otra cosa. Y al final aparece la cosa donde menos cosas había (entre las cosas de otros).

Cuando alguien pregunta qué es esa cosa, la respuesta es simple: una cosa. Porque una cosa es una cosa, y pretender que sea más que una cosa es pedirle cosas al olmo, que también es una cosa, pero arbórea. Así que ya sabes: la cosa es la cosa. Y si no es la cosa, será otra cosa. Y si es cualquier cosa, pues eso, cualquier cosa. Cosas veredes.

Historia

Cuacks, las primeras cosas del universo.

Todo comenzó cuando la Nada, harta de su irrelevancia, sufrió un colapso de autoestima y densificó su vacuidad en un Algo. Pero el Algo era difuso y cobarde, así que la gravedad hizo su trabajo y lo compactó en la Cosa, inaugurando la física cosística: si duele cuando lo pateas descalzo, existe. Durante el Neocosítico, el Coso sapien dejó de caminar para sentarse a vigilar sus cosas, inventando el barro cocido (cosas huecas) para meter cosas dentro de otras cosas, tiempo después los señores feudales acaparaban las macro-cosas (tierras y siervos) y los alcosistas intentaban transcosificar estiércol en oro rezando en latín para no volarse la cara.

La Revolución Induscosial perfeccionó la reproducción de cosas en serie, donde fábricas vomitaban objetos para que el proletariado (cosas que sudan, cosificados según Marx, cosa que les dijo y les valió cualquier cosa) se endeudara comprándolos. Sin embargo, la evolución final llegó con el siniestro giro del cosismo por suscripción: hoy, el Coso Negro es un ritual donde las masas se matan a machetazos por cosas que no les pertenecen, pues el software es alquilado, la música vive en la Nube (una cosa gaseosa) y tu coche te cobra una mensualidad para calentar el asiento. Hemos cerrado el círculo regresando a la Nada: pagamos fortunas por la ilusión de tener cosas, pero en realidad solo somos dueños de la contraseña temporal para mirarlas.

Taxonomía de las cosas

Los cosistas, después de siglos de contemplar cosas en todos los rincones del cosaverso, han establecido una clasificación que atiende a la naturaleza última de lo cosificado. Esta taxonomía, siendo jerárquica, no es rígida, pues la cosa siempre encuentra la manera de colarse entre categorías y hacer de las suyas, ya sea en el mundo cuántico o en los confines del universo observable.

Cosas materiales

La materia se define por su obstinación: ocupa sitio y, si te tropiezas con ella, la realidad te devuelve un moretón. En el sótano del universo viven las cosas elementales, partículas como los quarks o los bosones, que son cosas que hacen cosas de cosas, como existir solo cuando un físico mira o vibrar en once dimensiones para justificar una beca. Los neutrinos son cosas maleducadas que atraviesan la Tierra y a tu abuela sin pedir permiso. Cuando estas nimiedades se sindicalizan, forman la cosa atómica, que se apelotona en moléculas como el agua (cosa húmeda) o el ADN (cosa con instrucciones para montar cosas vivas que luego se quejan de ser cosas).

A escala humana reina la cosa cotidiana, objetos cuya función principal es perderse. Cuando la semántica colapsa, el objeto transmuta en "la cosa esa", un deíctico supremo que igual sirve para señalar un electrón que un hígado. Si la entidad es minúscula y sobra, es una cosita: el virus, la hormiga o esa pieza fundamental del motor que se queda en el suelo tras volver a montarlo.

Si la entidad es masiva y estorba el paisaje, asciende a coso. Un asteroide es un coso balístico y el Monte Everest es un coso geológico puesto ahí para molestar el tráfico entre India y China. En el vacío flotan las cosas gordas: estrellas que queman hidrógeno por aburrimiento y agujeros negros, cosas con tal ansiedad que se tragan la luz y se niegan a devolver el cambio. Todo esto se mantiene pegado gracias a la cosa invisible (materia oscura), una especie de alambre gravitacional que evita que las galaxias se disuelvan por el desagüe de la nada.

Cosas inmateriales

Son cosas que no ocupan lugar en el espacio pero estorban en la cabeza o en los exámenes de filosofía. No se tocan, pero se sufren. Son cosas intangibles que a veces duelen más que un ladrillazo.

La cosa en sí

Inventada por Kant, la cosa en sí es la cosa antes de ser cualquier cosa. Está ahí, pero ignora el lenguaje como un gato sordo. Si nombras la cosa diciendo "esto es una cosa", la arruinas y la conviertes en una cosa tuya llena de prejuicios.

La ley de la cosa

El universo funciona con cosas inmateriales llamadas leyes físicas, que son leyes sin sobornos. La gravedad, el electromagnetismo, la termodinámica: cosas que hacen que las cosas choquen, se peguen o se rompan sin que nadie les dé la orden.

El número cosa

Las matemáticas están llenas de cosas intocables. El número pi, el cero, el infinito: cosas que no terminan, cosas que no valen nada o cosas más grandes que cualquier cosa, que meten cosas dentro de otras cosas hasta el aburrimiento.

La idea cosa

Las ideas son cosas escondidas en la mente. La justicia, la belleza, la libertad: cosas culpables de provocar guerras y tertulias largas. La idea de "cosa" es una cosa que sirve para pensar otras cosas cuando olvidas los nombres de las cosas.

La cosa esa (inmaterial)

Versión fantasma de la cosa física. Sale de tu boca cuando intentas explicar una cosa que no entiendes. Dices "es la cosa esa de la relatividad" y la otra persona asiente, aunque los dos ignoren la cosa.

La cosa esa que no me acuerdo

Aparece cuando la memoria falla y pierdes la cosa por completo. Sabes que la cosa existe pero no la encuentras. Preguntas "¿Cuál es la cosa esa que dijo Einstein sobre Dios y los dados?" para que otro trabaje y busque la cosa por ti.

La cosa de fondo

La cosa invisible que arruina a las demás cosas. Entras a un debate, notas una cosa rara y esa es la cosa de fondo. Puede ser un paradigma, o simplemente que el orden de las cosas se rompió y nadie sabe qué cosa pasó.

Cosas fronterizas (cosas materiales-inmateriales)

Hay cosas que rechazan la clasificación porque son dos cosas a la vez.

La cosa "cosa"

Para la lengüa ística, "cosa" es una cosa baúl. Su función sin taxis principal es eximir al lóbulo frontal de procesar sinónimos. Cuando el emisor sufre amnesia frente a un susto antivo, la cosa "cosa" usurpa su lugar, fulminando siglos de evolución del idioma para regresar la comunicación al formato del primate que señala cosas con el dedo. Los filólogos la diagnostican como la cosa definitiva: opera como sujeto, predicado y cosa colateral.

Es una cosa material (cosa que viaja por el aire, letras impresas, pulsos eléctricos) que designa cosas inmateriales. Cuando dices "cosa", produces cosas que golpean cosas para transmitir una cosa abstracta. La cosa "cosa" es la cosa más cosa de todas, porque puede ser ambas cosas sin dejar de ser una cosa.

Cosas llamadas "Cosa"

La pereza creativa bautizó varias cosas legales, biológicas y automotrices con la misma cosa. En este club conviven La Cosa de Marvel (una cosa de escombros naranjas cuya rutina es golpear cosas al grito de "hora de cosificar") con La Cosa del Pantano, una cosa botánica mojada, y La Cosa de otro mundo, una cosa alienígena. Por el lado criminal tenemos a La Cosa Nostra, donde fracturar cosas se archiva como "son cosas nuestras", mientras que en España, la mano amputada de los Addams fue bautizada como "Cosa" porque llamarla "Mano" requería excesivo rigor anatómico. La desidia semántica alcanza su cumbre con el Volkswagen The Thing, una cosa con ruedas cuya aerodinámica ofende a la gravedad, y termina en la política: la Cosa Pública es esa cosa que se administra con transparencia hasta que amanece en un paraíso fiscal, momento en el que se invoca la Cosa juzgada, un hechizo legal en latín que significa "la cosa es inamovible y tu apelación me la pela".

La cosa como cosa encubridora

Como eufemismo, "la cosa" actúa como lona acústica para encubrir cosas ilícitas, cosas anatómicas o cosas financieras sin activar las alarmas legales.

El código penal: Un soborno muta en "vamos a arreglar la cosa". Un asesinato se despacha con un "ya nos encargamos de esa cosa". La condena se evapora ante una cosa tan vaga que ningún fiscal logra imputar.

La praxis médica: Una infección venérea se diagnostica como "le salió una cosa rara". Sustituye la terminología médica por el pánico absoluto a una cosa desconocida.

El pudor reproductivo: El coito se censura bajo el rótulo de "están haciendo sus cositas", una frase que hace sonar la reproducción de la especie como una cosa de papiroflexia de preescolar.

El colapso sistémico: Cuando la inflación estalla o el precio del aguacate colapsa la economía en Michoacán, el ciudadano emite su análisis definitivo: "la cosa está dura". La "cosa" absorbe estructuralmente el trauma entero del Tercer Mundo.

En la cosa sexual

La cosa ha sido la cosa sexual definitiva desde que el primer homínido señaló la entrepierna ajena y, al no saber el término técnico, optó por la cosa lingüística. Este momento, el Paleocosismo Erótico, estableció empíricamente que en la cama, la vaguedad supera a la precisión: "¿Te gusta mi miembro viril?" suena a discurso de inauguración; "¿Te gusta mi cosa?" suena a complicidad.

En la cama, "cosa" designa desde cosas sin nombre oficial hasta cosas de plástico que acaban en un cajón (el cosario íntimo). También permite la ambigüedad táctica: si la otra persona se ofende, siempre puedes alegar que te referías a su colección de cosas. La cosificación erótica —tratar a alguien como cosa— tiene versiones consentidas (cuando ambas partes acuerdan ser cosas mutuamente satisfactorias) y no consentidas (que terminan con cosas volando por la habitación).

En el ligue, la cosa brilla: "Me gusta tu cosa" (riesgo alto), "¿Qué cosa te gusta hacer?" (infinitas cosas), "¿Nos vamos a tu cosa o a la mía?" (genial si tienes cosa). Y después, el clásico: "Fue cosa de una noche" (que a veces se alarga a cosa de un año).

Immanuel Kant sostenía que las personas no deben ser tratadas como cosas, sino como fines en sí mismas. Kant ignoraba que algunas personas desean ser tratadas como cosas, y que ciertas cosas de plástico son fines en sí mismas[1]. En la era digital, las cosas virtuales ocupan espacio en la nube pero no en la cama. La ventaja es que no abrazan; la desventaja, que tampoco abrazan.

La cosa mala

Categoría moral de la cosa que puede ser material (una cosa espacial que choca con la Tierra) o inmaterial (una cosa teórica que se hunde sola). "Se armó la cosa mala en el CERN" significa que las cosas explotaron. "Hay cosa mala en el cosmos" puede referirse a una supernova o a que los astrónomos han detectado una cosa que no debería estar ahí.

La cosa en sí misma (pero no tanta cosa)

Variación escolástica de la cosa en sí. Los cosistas discutían si la cosa en sí misma, al ser pensada, seguía siendo cosa en sí o se convertía en otra cosa. Al final acordaron que sí, pero que no, y que dependía de la cosa.

La cosa cuántica

En la mecánica cuántica, las cosas se comportan de manera extraña. Una cosa puede estar en dos cosas a la vez, afectar a otra cosa instantáneamente, y ser cosa u onda según se mire. Los cosistas cuánticos establecen que, a ese nivel, las cosas son puras probabilidades hasta que alguien las mira, momento en el que se congelan en una cosa concreta porque el ojo humano las aplasta con su mirada.

Cosa vs. constructo

Cita3.pngEsto es una cosa.Cita4.png
Cita3.pngNo, eso es una silla. El concepto de 'silla' es un constructo.Cita4.png
Cita3.pngPues la silla me acaba de golpear la cosa y me duele, ¿eso es cosa o constructo?Cita4.png

La diferencia fundamental es sencilla: una cosa puede golpearte la cosa, mientras que un constructo solo puede golpearte la cabeza (y metafóricamente, aunque con los filósofos pesados a veces también físicamente). El problema es que se mezclan: la corona es cosa, pero la monarquía es el constructo que la necesita para no ser un pisapapeles con piedras. El amor es constructo, pero los peluches con forma de cosa son objetos que intentan representarlo sin éxito. Y el dinero es el caso más tramposo: el billete es cosa, pero su valor es un constructo en el que todos fingen creer.

Los filósofos idealistas que sostienen que todo es constructo suelen ser muy cuidadosos al cruzar la calle: aunque el autobús sea una construcción mental, duele como cosa cuando te golpea[2]. La regla práctica, para no complicarse: si duele donde te golpeó, es cosa; si duele donde piensas, es constructo; y si duele en los dos sitios, enhorabuena, has descubierto la cosa-existencial (una hipoteca, por ejemplo).

Diversificación cosística

La cosa se diversificó con tamaños: cositas de bolsillo (más cosas que las cosas normales, siempre que cupieran en la mano o fueran adorables), cosas normales (las que caben en una caja), y cosotas (cosificadores profesionales especializados en objetos grandes que nadie sabe dónde guardar). El desorden conspiró acumulando cosas en lugares que los usuarios tenían prohibido organizar para evitar que se volvieran demasiado ordenados, o tal vez demasiado aburridos[3].

El movimiento minimalista

Como reacción al exceso de cosas, surgió el minimalismo, movimiento que propone tener menos cosas para ser más feliz. Los minimalistas cosifican la ausencia de cosas, convirtiendo el "no tener" en una cosa en sí misma. Irónicamente, para ser minimalista hay que comprar libros sobre minimalismo, asistir a conferencias sobre minimalismo y seguir influencers del minimalismo, acumulando así cosas sobre cómo no acumular cosas[4].

Cosas famosas

A lo largo de la historia, algunas cosas han alcanzado la fama por razones que van desde lo sublime hasta lo ridículo:

  • La Piedra Rosetta: Cosa famosa por tener cosas escritas en varios idiomas que nadie entendía hasta que apareció una cosa llamada Champollion que resultó ser una persona (las personas también son cosas, según la RAE, pero eso es otro debate)
  • La Mona Lisa: Cosa pintada que es famosa por ser famosa, generando un ciclo de fama-cosa infinito (es famosa porque es famosa, y es cosa porque es famosa)
  • La Coca-Cola: Cosa líquida que se cosificó tanto que ahora es imposible imaginar el mundo sin esta cosa, y además tiene su propia cosa-navidad
  • El Tornillo de Arquímedes: Cosa que sirve para subir otras cosas líquidas mediante movimiento cosificado rotatorio, básicamente el primer electrodoméstico
  • La Rueda: La cosa más influyente de la historia, que permitió mover otras cosas más fácilmente y, eventualmente, tener cosas que ruedan solas (coches)
  • El Ladrillo: Cosa rectangular que apilada con otras cosas rectangulares iguales forma cosas habitables, también usado como cosa arrojadiza en manifestaciones
  • El iPhone: Cosa que contiene todas las demás cosas digitalizadas, el coso supremo, la cosa que hace de cosa para todo

Cosas no famosas

La inmensa mayoría de las cosas nunca alcanzarán la fama, destinadas a vivir vidas anónimas en cajones, garajes y trasteros:

  • La cosa esa del cajón de la cocina que nadie usa pero nadie tira (lleva ahí desde 1997)
  • Ese cable que no sabes de qué es pero guardas por si acaso (tienes 47 cables así y ninguno sirve para nada)
  • La llave que no sabes qué abre pero seguro es importante (podría ser de una casa que ya no tienes, pero la guardas)
  • El tornillo suelto que apareció en el suelo y genera ansiedad existencial ("¿de dónde salió? ¿se habrá caído de algo importante?")
  • Cosas heredadas de familiares que no puedes tirar por respeto pero no sabes qué hacer con ellas (ocupan espacio y generan culpa)
  • Esa cosa que compraste en un viaje y nunca usaste pero te recuerda que estuviste allí (funciona como cosa-memoria)

Estas cosas anónimas constituyen el 99.9% de la población cosística mundial, viviendo vidas tranquilas de mediocridad objetual, acumulando polvo y esperando que algún día alguien las necesite.

Fenómenos cosísticos modernos

El síndrome de la cosa perdida

Fenómeno por el cual una cosa desaparece misteriosamente cuando más la necesitas y reaparece cuando ya compraste una nueva. Afecta principalmente a:

  • Llaves (tienen una dimensión paralela en los sofás)
  • Controles remotos (se reproducen por esporas en los cojines)
  • El otro calcetín (existe una teoría conspirativa sobre lavadoras que se los comen)
  • Cargadores de teléfono (se van de viaje sin avisar)
  • Esa cosa que juraste que dejaste "justo aquí" (el "aquí" se movió)

La ciencia aún no puede explicar este fenómeno, aunque teorías populares incluyen portales dimensionales en los sofás, gremlins domésticos, la maldad intrínseca de las cosas pequeñas, y que en realidad nunca las tuviste donde creías.

Acumulación compulsiva de cosas

Hoy la cosa abarca millones de objetos físicos disfrazando de "podría servir algún día" el acaparamiento más básico, con su lema de que tirar cosas es una ficción irresponsable. Esto lo festejaron guardando multitud de objetos perfectamente inútiles en cajones que ya no cierran, armarios que amenazan con estallar, y trasteros que parecen vertederos arqueológicos. La Contrarreforma minimalista respondió creando deprimentes purgas de armarios con método KonMari, volviéndose mojigata como respuesta al acumulacionismo y ofreciendo donaciones 2x1, porque nada une más a los humanos que el amor a la Cosa, aunque sea para deshacerse de ella.

La era digital y la desmaterialización de las cosas

El siglo XXI trajo el fenómeno paradójico de las cosas digitales: objetos que no ocupan espacio físico pero igual acumulas compulsivamente. Incluyen:

  • Archivos descargados que nunca abres (ocupan gigabytes igual que las cosas físicas ocupan metros cuadrados)
  • Fotos borrosas que no borras (por si acaso, como las cosas del garaje)
  • Apps que no usas pero "por si acaso" (el "por si acaso" digital es igual de irracional que el físico)
  • Emails sin leer (23,547 y contando, cada uno es una cosa pendiente digital)
  • Pestañas del navegador abiertas desde 2019 (son cosas que "luego leo" y "luego" nunca llega)
  • Libros electrónicos comprados y nunca leídos (ocupan espacio en la nube, que es como un trastero pero sin arañas)

Estas cosas digitales prueban que la humanidad no necesita que las cosas sean tangibles para acumularlas irracionalmente. El instinto cosificador trasciende la materia: si se puede tener, se acumula.

Filosofía de la cosa

Pregunta existencial fundamental

Los filósofos han debatido durante milenios: ¿qué hace que una cosa sea una cosa? Las principales escuelas de pensamiento incluyen:

  • Cosismo Radical: Todo es una cosa, incluyendo las ideas, los sentimientos, los números, este artículo, y la resaca de mañana. Si puedes nombrarlo, es una cosa.
  • Anti-cosismo: Nada es realmente una cosa, solo construcciones mentales. Esta escuela perdió credibilidad cuando su fundador se golpeó el dedo con una cosa y gritó palabrotas muy materiales mientras cojeaba.
  • Cosismo Moderado: Algunas cosas son cosas, otras son constructos, y unas pocas son cosas-constructo híbridas que causan migrañas a los epistemólogos (como los números, que son cosas pero no ocupan espacio, o los sueños, que ocupan espacio mental pero no físico).
  • Cosismo Pragmático: Si funciona como cosa, es cosa. Si no funciona, es basura (pero igual la guardas, porque "total, algún día"). Esta es la filosofía más popular entre la gente con trasteros.

La paradoja del montón de cosas

Si quitas una cosa de un montón de cosas, ¿sigue siendo un montón? ¿En qué momento deja de ser montón? Esta paradoja ha mantenido despiertos a filósofos durante siglos, mientras la gente normal simplemente limpia el montón cuando se vuelve vergonzosamente grande o cuando alguien viene de visita[5].

El ser y la cosa

Martin Heidegger dedicó páginas enteras a preguntarse "¿qué es una cosa?". Después de mucho pensar, concluyó que las cosas son más que objetos, que tienen un "ser" que las hace cosas. Los estudiantes de filosofía, después de leer a Heidegger, suelen concluir que las cosas son cosas y que estudiar filosofía es una cosa muy complicada.

El futuro de las cosas

Los expertos predicen que en el futuro habrá más cosas que nunca. Habrá cosas inteligentes (que te hablan), cosas conectadas (que se hablan entre ellas), cosas que te compran otras cosas, y probablemente cosas que se reproduzcan solas (ya hay impresoras 3D, que son cosas que hacen cosas). El problema no será tener cosas, sino que las cosas tengan cosas y nosotros seamos las cosas de alguien.

Lo único seguro es que, pase lo que pase, siempre habrá una palabra para cuando no sepamos cómo se llama algo: cosa.

Véase también

Referencias

  1. Kant también dijo que "el sexo es una cosa repugnante", lo que explica por qué nunca introdujo su cosa en la cosa de nadie.
  2. Paradoja conocida como "la cosa en el dedo del idealista".
  3. El negocio creció gracias a cajones que revelaron que tener cosas era gratis pero requería un sacrificio semanal de espacio vital, que se diferencia de tirar cosas por su forma de acaparar, por ser más irracional y generalmente por no requerir justificación más allá de "total, ahí cabe".
  4. El minimalismo alcanzó su máxima contradicción cuando la gente empezó a comprar cajas organizadoras especiales para guardar las pocas cosas que decidieron conservar, y estanterías de diseño para exhibir su ausencia de cosas.
  5. Variante moderna: si quitas un archivo de una carpeta con 10,000 archivos sin nombre, ¿alguien lo nota? La respuesta es no, pero el espacio en disco sigue ocupado.