Usuario:DD/Cosa
Se conoce como Cosa (para distinguirla de otros intentos de ser algo que ocupa espacio sin molestar demasiado) al objeto físico-lingüístico más versátil del universo que permitió que usuarios muy usuarios agarraran cosas sin saber qué agarraban, nombraran objetos sin nombrarlos y sostuvieran referencias sin referirse, cosificando cosamente todo lo cosificable en una cosificación universal de la cosidad material-nominal[1].
Nació como solución al problema de tener objetos sin categoría definida en cajones y mesas (a los utensilios especializados les dejaban aparte, porque tenían la pretensión de servir para algo concreto)[2]. Revocó la autoridad taxonómica que exigía clasificar cada objeto por su función en modo precisión (que por cierto, nadie respeta) para entrar a la era del cajón de sastre (donde acumular cosas se volvió el nuevo ordenar). El reconocimiento oficial ocurrió cuando cualquier humano encontró un objeto raro en su bolsillo y preguntó "¿de dónde salió esta cosa?", no en un museo sino en su casa de rancho. A consecuencia de ello fue academizado por los academizadores oficiales como "todo lo que tiene entidad", es decir, cualquier pedazo de materia que estorba[3].
Historia de la cosa
Orígenes prehistóricos
Las primeras cosas aparecieron en el Paleolítico, cuando un homínido levantó una piedra y pensó "esto es una cosa" (o su equivalente gruñido prehistórico). Este momento revolucionario, conocido como la Gran Cosificación Primordial, marcó la diferencia entre los seres que simplemente veían objetos y los que los convertían en cosas agarrables, lanzables y acumulables[4].
Durante el Neolítico, la humanidad descubrió que las cosas podían guardarse en otras cosas más grandes (recipientes, contenedores, o cosas-contenedoras), lo que derivó en la invención del almacenamiento y posteriormente del desorden organizado. Las cosas se multiplicaron exponencialmente cuando alguien inventó la cerámica, permitiendo crear cosas que contenían otras cosas que a su vez podían contener cositas, cosillas y eventualmente cosotes. Este periodo se conoce como el Neolítico Cosificador, cuando el ser humano pasó de ser simple recolector de cosas a ser acumulador profesional de cosas, estableciendo las bases del cosismo moderno[5].
Edad Media: el imperio de las cosas
En la Edad Media, las cosas alcanzaron su máximo esplendor feudal. Los señores feudales acumulaban cosas (tierras, castillos, siervos que eran tratados como cosas), mientras los campesinos acumulaban sus propias cosas (palos, piedras, hambre). La Iglesia Católica cosificó la salvación vendiéndola en forma de indulgencias, que eran básicamente cosas de papel que prometían cosas celestiales. El negocio funcionaba porque los fieles preferían comprar cositas terrenales tangibles antes que confiar en promesas etéreas descosificadas.
Los alquimistas medievales intentaron transformar cosas baratas (plomo) en cosas caras (oro), fracasando rotundamente pero produciendo muchas cosas intermedias interesantes que explotaban o envenenaban. Este periodo se conoce como la Era de las Cosas que Mejor No Tocar, aunque los alquimistas insistían en tocarlas de todas formas. La receta alquímica típica consistía en: tomar una cosa, calentarla con otra cosa, añadir una cosilla misteriosa, y rezar para que la cosa resultante no te matara. El cosario alquímico (inventario de cosas químicas) incluía sustancias con nombres como "aceite de vitriolo" y "aqua regia", que sonaban elegantes pero básicamente eran cosas que te quemaban la piel[6].
Revolución Industrial: la cosificación masiva
La Revolución Industrial democratizó las cosas mediante la producción en masa. Por primera vez en la historia, cualquiera podía tener miles de cosas idénticas fabricadas por máquinas que eran, a su vez, cosas más grandes. Las fábricas producían cosas que producían otras cosas, en un ciclo cosificador sin precedentes. Los obreros operaban las cosas cosificadoras mientras eran ellos mismos cosificados por el sistema, en una ironía tan densa que ni los filósofos sabían si reír o llorar[7].
El capitalismo perfeccionó el arte de convencer a la gente de que necesitaba más cosas mediante la publicidad, creando el concepto revolucionario de "cosas que no necesitas pero igual compras". Este fenómeno alcanzó su cúspide con el Black Friday, día sagrado en que millones de personas se matan literalmente por conseguir cosas rebajadas. El evento se caracteriza por masas descosificadas (perdieron su humanidad temporalmente) peleándose por recosificar (volver a adquirir humanidad mediante compras) su existencia con televisores y licuadoras. Los sociólogos llaman a esto consumismo, los economistas lo llaman motor de la economía, y tu abuela lo llama una locura de cosazas innecesarias.
Taxonomía de las cosas
Cosas comunes
Las cosas comunes son aquellas que todo el mundo tiene pero nadie recuerda cómo se llaman. Son el pan de cada día del cosismo doméstico. Incluyen:
- La cosita esa que sirve para abrir otras cosas (descosificador universal)
- La cosa del cajón que hace ruido (probablemente un coso metálico sin función aparente)
- La cosota del garaje que pesa mucho (nadie sabe qué es pero nadie la tira)
- La cosilla que siempre se cae detrás del sofá (generalmente un cosete pequeño e importante)
- Esa cosa negra con cables (podría ser cualquier cosa fabricada después de 1970, también conocida como "coso tecnológico")
- El cosito ese del baño (todos saben cuál pero nadie sabe cómo se llama)
Estas cosas forman el cosinario básico (vocabulario cosístico) de cualquier hogar funcional. Su característica principal es que cuando necesitas pedirle a alguien que te la pase, tienes que señalarla con el dedo y decir "esa cosa" mientras haces gestos descriptivos cada vez más desesperados.
Cosas raras
Las cosas raras son objetos cuya función original se ha perdido en las brumas del tiempo. Son el resultado de la descosificación funcional (pérdida de propósito) sin descosificación física (siguen ahí ocupando espacio). Se caracterizan por:
- Nadie sabe para qué sirven (descosificadas cognitivamente)
- Están hechas de materiales extraños (madera, metal, plástico de los años 60 con propiedades cancerígenas sospechosas)
- Generalmente se heredan de abuelos (cosazas antiguas con valor sentimental pero no funcional)
- Causan debates familiares sobre su utilidad (guerras cosísticas intergeneracionales)
- Nunca se tiran "por si acaso" (el coser de estas cosas no es coser con aguja e hilo, sino coser en el sentido de "a ver si coso para qué sirve esto algún día")
El fenómeno del coso heredado es particularmente interesante porque combina la imposibilidad de identificar la cosa con la imposibilidad social de tirarla. Es como un cosite maldito que se transmite generación tras generación, acumulando polvo y misterio en proporciones iguales.
Cosas peligrosas
Las cosas peligrosas son aquellas que tienen puntas, filos, químicos o enchufes. Se subdividen en:
- Cosas que pinchan (subcategoría: cosas que pinchan cuando menos te lo esperas)
- Cosas que cortan (subcategoría: cosas que cortan sin avisar)
- Cosas que explotan (subcategoría: cosas que explotan en la cara)
- Cosas eléctricas (subcategoría: cosas que te dan toques)
Cosas inútiles
Categoría mayoritaria que incluye el 80% de las cosas existentes. Son cosas que:
- Se compraron por impulso
- Vinieron de regalo con otras cosas
- "Algún día podrían servir"
- Ocupan espacio valioso
- Generan culpa al considerar tirarlas
Cosas no materiales
Las cosas no materiales representan la expansión conceptual más audaz de la cosificación, demostrando que ni siquiera la inmaterialidad escapa al impulso humano de cosificar todo lo cosificable. Estas cosas existen en el plano mental, emocional o abstracto, pero se tratan lingüísticamente como si fueran tan tangibles como un ladrillo:
- Cosas en la mente: "Traigo muchas cosas en la cabeza" (generalmente preocupaciones, pendientes o esa canción molesta que no se va). Estas cosas mentales ocupan espacio psíquico exactamente igual que las cosas físicas ocupan espacio en el garaje
- Cosas que decir: "Tengo cosas que decirte" (raramente buenas noticias). Estas cosas verbales no dichas flotan en el aire social causando tensión hasta que se materializan en palabras
- Cosas que hacer: La categoría más opresiva de cosas no materiales, que se acumulan en listas y causan ansiedad existencial. A diferencia de las cosas físicas, no puedes esconderlas en un cajón
- Cosas del destino: "Son cosas que pasan", frase filosófica que convierte eventos aleatorios en objetos conceptuales manejables. Cosificación defensiva ante el caos universal
- Cosas del corazón: Emociones, sentimientos y asuntos románticos convertidos en cosas para poder hablar de ellos sin ponerse demasiado cursi. "Tengo cosas con ella" suena más macho que "estoy enamorado"
- Cosas pendientes: El limbo de las cosas no materiales. No son físicas, pero pesan como si lo fueran. Se acumulan mentalmente igual que los trastos en el sótano
La gran ventaja de las cosas no materiales es que no ocupan espacio físico. La gran desventaja es que ocupan espacio mental, que es un recurso aún más limitado y no se puede ampliar comprando un trastero más grande[8].
Cosa vs. constructo
La diferencia fundamental entre una cosa y un constructo es que la cosa existe físicamente y puede caerte en el pie, mientras que el constructo existe conceptualmente y solo puede caerte en la cabeza (metafóricamente). Sin embargo, esta distinción se complica porque:
- Las cosas pueden convertirse en constructos cuando se vuelven simbólicas (ejemplo: la corona es una cosa, pero la monarquía es un constructo que necesita la cosa-corona para funcionar)
- Los constructos pueden cosificarse cuando alguien los convierte en objetos físicos (ejemplo: el amor es un constructo, pero los peluches en forma de corazón son cosas que representan el constructo)
- Algunos filósofos sostienen que todo es constructo, pero se contradicen al quejarse cuando una cosa les cae en el pie[9]
La filosofía ha debatido durante siglos si las cosas tienen esencia propia o son meros constructos de nuestra percepción. La respuesta práctica es: si puedes agarrarlo, es una cosa; si solo puedes pensarlo, es un constructo; si puedes agarrarlo pero no sabes qué es, es una cosa misteriosa.
Diversificación cosística
La cosa se diversificó con tamaños (que cosificaron las cositas de bolsillo como más cosas que las cosas normales, siempre que cupieran en la mano o fueran adorables) y cosotas (cosificadores profesionales especializados en objetos grandes que nadie sabe dónde guardar). El desorden conspiró acumulando cosas en lugares que usuarios tenían prohibido organizar para evitar que se volvieran demasiado ordenados, o tal vez demasiado aburridos[10].
El movimiento minimalista
Como reacción al exceso de cosas, surgió el minimalismo, movimiento que propone tener menos cosas para ser más feliz. Los minimalistas cosifican la ausencia de cosas, convirtiendo el "no tener" en una cosa en sí misma. Irónicamente, para ser minimalista hay que comprar libros sobre minimalismo, asistir a conferencias sobre minimalismo y seguir influencers del minimalismo, acumulando así cosas sobre cómo no acumular cosas[11].
Cosas famosas
A lo largo de la historia, algunas cosas han alcanzado la fama por razones que van desde lo sublime hasta lo ridículo:
- La Piedra Rosetta: Cosa famosa por tener cosas escritas en varios idiomas que nadie entendía hasta que apareció una cosa llamada Champollion
- La Mona Lisa: Cosa pintada que es famosa por ser famosa, generando un ciclo de fama-cosa infinito
- La Coca-Cola: Cosa líquida que se cosificó tanto que ahora es imposible imaginar el mundo sin esta cosa
- El Tornillo de Arquímedes: Cosa que sirve para subir otras cosas líquidas mediante movimiento cosificado rotatorio
- La Rueda: La cosa más influyente de la historia, que permitió mover otras cosas más fácilmente
- El Ladrillo: Cosa rectangular que apilada con otras cosas rectangulares iguales forma cosas habitables
Cosas no famosas
La inmensa mayoría de las cosas nunca alcanzarán la fama, destinadas a vivir vidas anónimas en cajones, garajes y trasteros:
- La cosa esa del cajón de la cocina que nadie usa pero nadie tira
- Ese cable que no sabes de qué es pero guardas por si acaso
- La llave que no sabes qué abre pero seguro es importante
- El tornillo suelto que apareció en el suelo y genera ansiedad existencial ("¿de dónde salió? ¿se habrá caído de algo importante?")
- Cosas heredadas de familiares que no puedes tirar por respeto pero no sabes qué hacer con ellas
Estas cosas anónimas constituyen el 99.9% de la población cosística mundial, viviendo vidas tranquilas de mediocridad objetual[12].
La cosa en diferentes idiomas
La versatilidad de la cosa trasciende fronteras lingüísticas, manifestándose en múltiples idiomas con matices culturales únicos:
- Inglés: "Thing" (pronunciado "zing" cuando se es británico elegante), más específico que "cosa" pero igual de vago. Los angloparlantes también usan "stuff" para referirse a múltiples cosas simultáneamente, creando así el concepto de "cosa plural"
- Francés: "Chose" (se pronuncia "shoz" mientras se fuma), que suena sofisticado pero sigue siendo una cosa. Los franceses también tienen "truc" y "machin", porque una sola palabra para cosa no es suficientemente complicado
- Alemán: "Ding" (que curiosamente también significa "asamblea" en alemán antiguo, sugiriendo que las asambleas medievales eran básicamente reuniones de cosas). Los alemanes pueden crear palabras infinitas agregando cosas a otras cosas: "Dingsbums" (la cosa del nombre)
- Italiano: "Roba" (cosa en plural) y "cosa" (cosa singular), pero los italianos gesticulan tanto que raramente necesitan la palabra
- Portugués: "Coisa" (idéntico al español pero pronunciado como si tuvieras algo en la garganta), también "troço" (cosa con aires de importancia)
- Japonés: "Mono" (物), que puede significar cosa, objeto, o la esencia de las cosas según el contexto filosófico. Los japoneses tienen el wabi-sabi, que es básicamente una filosofía sobre encontrar belleza en cosas viejas y rotas
- Chino: "Dōngxi" (东西), literalmente "este-oeste", porque los chinos antiguos decidieron que las cosas son direcciones cardinales. Tiene sentido si no piensas mucho en ello
- Ruso: "Veshch" (вещь), que suena a estornudo pero significa cosa. Los rusos también tienen "shtuka" (штука), que es una cosa pero con actitud
- Árabe: "Shay'" (شيء), palabra que también puede significar "nada" en ciertos contextos, creando la paradoja filosófica de la cosa-nada
Esta diversidad lingüística demuestra que la necesidad de nombrar cosas innombrables es un fenómeno universal humano, probablemente el único consenso global además de que los mosquitos son molestos[13].
Fenómenos cosísticos modernos
El síndrome de la cosa perdida
Fenómeno por el cual una cosa desaparece misteriosamente cuando más la necesitas y reaparece cuando ya compraste una nueva. Afecta principalmente a:
- Llaves
- Controles remotos
- El otro calcetín
- Cargadores de teléfono
- Esa cosa que juraste que dejaste "justo aquí"
La ciencia aún no puede explicar este fenómeno, aunque teorías populares incluyen portales dimensionales en los sofás, gremlins domésticos y la maldad intrínseca de las cosas pequeñas.
Acumulación compulsiva de cosas
Hoy la cosa abarca 900 millones de objetos físicos disfrazando de "podría servir algún día" el acaparamiento más cateto, con su lema de que tirar cosas es una ficción irresponsable, lo cual festejaron guardando multitud de objetos perfectamente inútiles. La Contrarreforma minimalista respondió creando deprimentes purgas de armarios con método KonMari, volviéndose mojigata como respuesta al acumulacionismo y ofreciendo donaciones 2x1, porque nada une más a los humanos que el amor a acumular basura a la Cosa.
La era digital y la desmaterialización de las cosas
El siglo XXI trajo el fenómeno paradójico de las cosas digitales: objetos que no ocupan espacio físico pero igual acumulas compulsivamente. Incluyen:
- Archivos descargados que nunca abres
- Fotos borrosas que no borras
- Apps que no usas pero "por si acaso"
- Emails sin leer (23,547 y contando)
- Pestañas del navegador abiertas desde 2019
Estas cosas digitales prueban que la humanidad no necesita que las cosas sean tangibles para acumularlas irracionalmente. El instinto cosificador trasciende la materia.
Filosofía de la cosa
Pregunta existencial fundamental
Los filósofos han debatido durante milenios: ¿qué hace que una cosa sea una cosa? Las principales escuelas de pensamiento incluyen:
- Cosismo Radical: Todo es una cosa, incluyendo las ideas, los sentimientos y este artículo
- Anti-cosismo: Nada es realmente una cosa, solo construcciones mentales. (Esta escuela perdió credibilidad cuando su fundador se golpeó el dedo con una cosa y gritó palabrotas muy materiales)
- Cosismo Moderado: Algunas cosas son cosas, otras son constructos, y unas pocas son cosas-constructo híbridas que causan migrañas a los epistemólogos
- Cosismo Pragmático: Si funciona como cosa, es cosa. Si no funciona, es basura (pero igual la guardas)
La paradoja del montón de cosas
Si quitas una cosa de un montón de cosas, ¿sigue siendo un montón? ¿En qué momento deja de ser montón? Esta paradoja ha mantenido despiertos a filósofos durante siglos, mientras la gente normal simplemente limpia el montón cuando se vuelve vergonzosamente grande[14].
Véase también
- Trasto
- Cachivache
- Chisme
- Artefacto de origen desconocido
- Cajón de sastre
- Marie Kondo (enemiga natural de las cosas)
- Acumulador compulsivo (amigo natural de las cosas)
- Tienda de todo a un euro (templo sagrado de las cosas innecesarias)
Referencias
- ↑ Los voceros autorizados para identificar qué es una cosa pasaron de los físicos que miden objetos (cosificadores certificados) a cualquier persona que agarra algo con la mano y dice "¿qué es esta cosa?" (cosificadores de marca blanca, de preferencia local, sujetos a disponibilidad táctil).
- ↑ Por economía argumental y miedo a un árbol genealógico objetual inmanejable, se omiten amablemente: chisme, artefacto, aparato, cosita encontrada en el sillón, cosota del garaje, cosilla del cajón, trasto, chingadera (objeto mexicano indescriptible), vaina (objeto venezolano multifuncional), huevada (objeto chileno de uso desconocido) y cualquier término regional que haya designado objetos innombrables en letra pequeña. La cosa, por efectos de la trama, es universalmente tangible.
- ↑ Definición tan útil como decir que las cosas existen porque están ahí.
- ↑ Los arqueólogos debaten si las primeras cosas fueron las piedras o los palos, aunque la respuesta correcta es "cualquier objeto que estuviera a mano".
- ↑ Antropólogos descubrieron que las primeras aldeas neolíticas tenían más espacio dedicado a guardar cosas que a vivir, sugiriendo que la acumulación cosística es anterior a la civilización misma.
- ↑ El término "cosario" nunca se usó realmente en alquimia, pero debería haberlo sido. Los alquimistas preferían llamarlos "inventarios de sustancias", que es menos gracioso.
- ↑ Karl Marx propuso que los trabajadores estaban siendo cosificados por el sistema, pero nadie le hizo caso porque estaban ocupados comprando cosas. Marx insistió en que había que descosificar al proletariado, pero el proletariado estaba más interesado en cosificar su salario en nuevas adquisiciones.
- ↑ Intentos de "ordenar las cosas mentales" mediante meditación, terapia o aplicaciones de productividad han tenido resultados mixtos. Las cosas mentales son más resistentes a la organización que las físicas.
- ↑ Este debate filosófico se conoce como "la paradoja del martillo en el dedo del idealista".
- ↑ El negocio creció gracias a cajones que revelaron que tener cosas era gratis pero requería un sacrificio semanal de espacio vital, que se diferencia de tirar cosas por su forma de acaparar, por ser más irracional y generalmente por no requerir justificación.
- ↑ El minimalismo alcanzó su máxima contradicción cuando la gente empezó a comprar cajas organizadoras especiales para guardar las pocas cosas que decidieron conservar.
- ↑ Estudios recientes sugieren que el humano promedio posee entre 3,000 y 10,000 cosas, de las cuales usa regularmente solo 200. El resto espera pacientemente en armarios su momento de gloria que nunca llegará.
- ↑ Lingüistas especulan que "cosa" y sus equivalentes fueron probablemente de las primeras palabras inventadas, justo después de "comida", "peligro" y "¡ay!".
- ↑ Variante moderna: si quitas un archivo de una carpeta con 10,000 archivos sin nombre, ¿alguien lo nota?