Anton Bruckner

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Música clásica ícono.png
Anton Bruckner
BanderaAustria.png
Bruckner.jpg
La explicación para su virginidad perpetua: no hubo quien se atreviese a profanar semejante belleza angelical.
Personal
Nacimiento Defunción Un pueblo de paletos

Austria

Estado actual Disecado
Lugar de residencia En una casa más o menos normal, con mucho cruficijo, eso sí.
Sobrenombres El Gañán de las corcheas.
Su obra
Se dedica a Componer sinfonías grandilocuentes.
Origen Un pueblo de paletos, insisto.
Hazañas logradas Andar en pelotas por casa.
Relaciones Era más virgen que Tintín, pero fue amigo, o algo así, de Wagner y de Mahler.
Enemigos Eduard Asslick, Johannes Brahms


Poderes Trastornos de ansiedad, obsesivo compulsivos, etc.
Objetos Cachava.
Cita3.pngMitad Dios, mitad imbécilCita4.png
Gustav Mahler en su ardiente defensa de Anton Bruckner
Cita3.pngAh, sí, Bruckner el de la trompaCita4.png
Richard Wagner recordando la borrachera que se había agarrado Bruckner en una de sus juergas juntos.
Cita3.pngLas sinfonías de Bruckner son como si la Novena de Beethoven se encontrara con la Walkiria de Wagner y fuera violada por ésta en una sesión de sadomaso y absurda trompeteríaCita4.png
Eduard Hanslick en una de sus críticas más constructivas.

Josef Anton Bruckner (Ansfelden, 4 de septiembre de 1824 - Viena, 11 de octubre de 1896) fue un compositor y organista que, a pesar de ser austriaco, no gustaba de vestirse de tirolés.

Su vida[edit]

Richard Wagner ofreciendo farlopa a Anton Bruckner, quien la acepta sin reservas.

La vida de Anton Bruckner es sosa como ella sola, casi hasta se diría que es un poco coñazo. El caso es que Bruckner nació en una aldea donde todos eran más bien gañanes, que tenían poco roce con el mundo exterior y desconocían las normas más elementales de la etiqueta urbanita. Tanto es así que las pocas veces que iban a la capital se sentían acojonados y abrumados por los inventos de la vida moderna y su agitación (y eso que hablamos del siglo XIX, donde la vida moderna, lo que se dice moderna, tampoco era mucho). En este ambiente, como decimos, nace Anton Bruckner, hijo del maestro de la escuela del pueblo. Su padre lo cierto es que tenía un trabajo bien desahogado, porque como sus alumnos eran tan brutos y atrasados, con enseñarles a leer y las cuatro reglas, ya parecía que les estaba enseñando la hostia y así era un personaje muy respetado en la localidad, que le tenían por una lumbrera aunque la verdad es que tampoco es que fuera para tanto la cosa, que se había sacado el hombre la ESO a duras penas y para de contar.

Al padre de Bruckner le gustaba tocar también el órgano, pasión que quiso transmitir a su hijo, aun y cuando le salió rana la cosa, porque éste el único órgano que tocaba era el de la iglesia, que ya de muy jovencito era un beato y un besacirios, como toda su vida fue. Es así como el joven Anton empezó muy pronto a estudiar música con los maestros que pudo encontrar por los alrededores de su pueblo, que ser no es que fueran tampoco como para tirar cohetes, y le dieron una educación musical rancia y morigerada. Su último maestro sí que la lió gorda: fue el que le introdujo en el universo musical de Richard Wagner. Desde ese momento Bruckner se pasaba el rato mirando las partituras del compositor patilludo, que pronto se convertiría en su ídolo personal, al punto de ser Bruckner una suerte de groupie del mismo y decidirse desde entonces dedicar su vida a componer... más o menos en serio. Y esto fue cuando Bruckner tenía ya más de cuarenta tacos, que un crío no era. Hasta entonces se ganaba la vida como organista o como maestro de escuela, que los niños se cachondeaban de él y le ponían viagra en el café sin que se diera cuenta.

Así es que, a base de ser pesado y de mandarle cartas y notitas todo el día, logró que su ídolo Wagner le recibiera y tras beber mucho juntos le mostró las partituras de sus Segunda y Tercera Sinfonías para que el genio de Leipzig eligiera cuál le gustaba mas y así poder dedicársela. Wagner se pronunció por la Tercera con un célebre juicio que ha pasado a la posteridad: "Bah, esa misma, si total...".

Poco tiempo después decide irse a la ciudad y es nombrado profesor en el Conservatorio de Viena. Allí ejerce una considerable influencia sobre un grupo de mozalbetes que toman a Bruckner como abanderado de la vanguardia musical a la vez que le trollean de mala manera sugiriéndole cambios y mejoras en sus sinfonías que no son otra cosa que una burla de las mismas. De esa manera circulan numerosas ediciones de algunas de las Sinfonías de Bruckner algunas de las cuales presentan repetidos golpes con bombo y platillos a lo largo de toda la partitura, que parece eso un arreglo de Luis Cobos. Menos mal que, aunque pusilánime, tonto no era y guardó los originales. Entre estos granujillas se encuentran conocidos compositores como Gustav Mahler o Hugo Wolff, menuda juerga que se traían.

Curiosamente, y no queremos decir que éste le saboteara, es a partir de que Wagner se muere cuando alcanza un gran reconocimiento internacional y empieza a viajar por las grandes capitales de Europa haciendo el ridículo por su beatería y sus modales pueblerinos y asilvestrados, que con todo caía bien pues mal hombre no era. Y luego se muere él, dejando su Novena Sinfonía inacabada. Para la posteridad dejó sus últimas palabras: "Mi Novena Sinfonía debe acabar con ugghhhh...".

Su encantadora personalidad[edit]

Desde su juventud tenía obsesión por ir por ahí contando y enumerando cosas, no había quien le aguantara.

Tanto beaterío y meapilismo no puede ser bueno para nadie y Bruckner, lo que se dice mentalmente equilibrado, no andaba mucho, sino que más bien estaba como un cesto de tuercas, que tenía un montón de manías y obsesiones. Menuda joya.

  • En lo referente a la sexualidad era el tío rarito, pero rarito rarito. Estaba convencido de que toda relación sexual fuera del matrimonio era un pecado nefando y por no hacer, ni siquiera se tocaba la pirindolina, que luego cuando aquello le manaba cada cierto tiempo por la noche, se sentía sucio, impuro y perverso, ya ves tú.
  • Pero ojo que las mujeres sí que le atraían, y como no podía jincárselas (a ver quién era la valiente que se casaba con él) y era un obsesivo compulsivo de las listas se dedicaba a hacer listas con las chicas que le gustaban (<3<3<3<3). Tenían todas unos cuarenta años menos que él, el muy pervertido.
  • Una vez sí que estuvo a punto de casarse. Tras manosear -sin penetración- a la chica en cuestión, que era una camarera -ejem- de un hotel en el que se alojaba, pidió permiso a los padres de ella para contraer matrimonio (a ella no le preguntó, pues su opinión le importaba tres cojones). Ellos aceptaron (la opinión de ella les importaba también tres cojones). Bruckner salió espantado por piernas al descubrir que la moza no era católica, sino protestante. Aunque también puede que le asustara la idea de consumar el acto con ella, quién sabe.
  • A veces andaba por casa y no se acordaba de que estaba desnudo, en alguna ocasión recibió a gente así, sin apercibirse de ello.
  • Le gustaba ir por ahí contando cosas. No, no es que contara historias ni chistes, es que iba enumerando cosas. Así llegaba y lo primero que te decía es que en su paseo matutino había visto 35 árboles, 13 estatuas y 14 campanarios. O que la pared de tal edificio tenía 3657 ladrillos. Todo así.
  • Los campanarios también le obsesionaban, cada vez que veía uno tenía que subirse a él, el muy chalado.
  • Era también un macabro, tenía un rollo rarito con la muerte. Cuentan que cuando exhumaron los cuerpos de Schubert y Beethoven allí se presentó para lamer sus cráneos. Lo mismo con su madre, de la que no tenía fotografías cuando estaba viva pero sí como cadaver, decorando el comedor.
  • También le molaban las mazmorras e instrumentos de tortura, pero bueno ¿a quién no?.

Sus maneras eran las de un paleto y eso nunca se lo sacó de encima, al punto que una vez que tocaron una de sus sinfonías fue a darle una propinilla al director, para que se comprase una piruleta. Éste quedó perplejo. También hablaba así como rústico, lo cual causaba el descojonamiento de quienes le trataban. Pero era muy entrañable y protagonizó muchas anécdotas simpáticas. Tras una de sus numerosas crisis de ansiedad y depresión el médico le prohibió beber alcohol. No se le ocurrió otra cosa que quedar con su ya por entonces amigo de parrandas, Wagner, quien le invitó, cómo no, a unas cervezas. Bruckner le dijo que él no podía tomar mas que agua mineral y Wagner muy amable le respondió que no se preocupara, que ya se bebía él las cervezas de los dos, y que si acaso la cuenta que la pagara Bruckner, que él no se había traido suelto. Por descontado que Bruckner tuvo que llevar a Wagner a su casa en un estado lamentable.

Su obra[edit]

El estilo musical de Bruckner ha sido definido por la crítica como "una especie de Schubert hipertrofiado a base de una excesiva ingesta de wagnerismo posteriormente mal digerido". Una delicia.

Sinfonías[edit]

Lo más famoso así de lo que hizo. Aunque a veces se ha dicho que Bruckner compuso nueve veces la misma sinfonía eso no es verdad, porque si contamos la 0 y la 00, la compuso once veces.

  • Sinfonía 00 (sin alcohol)
  • Sinfonía 1 (ahora sí que sí, la primera).
  • Sinfonía 0 "Nula" (el título basta para darse una idea).
  • Sinfonía 2 (a Wagner le pareció... meh).
  • Sinfonía 3 (esta sí que le gustó a Wagner, y Bruckner se la dedicó perrunamente).
  • Sinfonía 4 "Romántica <3" (su bello scherzo y trío evocan las fiestas de paletos a las que Bruckner asistía en su aldea).
  • Sinfonía 5 "Te la hinco"
  • Sinfonía 6 (otra vez la misma historia)
  • Sinfonía 7 (emotiva celebración lamentación por la muerte de Wagner)
  • Sinfonía 8 (uno de sus mayores fracasos, tal vez porque rima con "te la entocho").
  • Sinfonía 9 "Mística" (felizmente inacabada).

Obras religiosas[edit]

  • Te Deum pol culo
  • Misas, incluida la del gallo, motetes, cosas todas pías y devotas, como era él.

Otras cosas[edit]

  • Quinteto de cuerdas, para ser interpretado rascando cinco cuerdas.
  • Cuarteto de cuerdas, lo mismo que el anterior, pero si se rompe una cuerda.

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