Siegfried Wagner

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Siegfried Wagner
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El decía que era muy feliz, pero se le veía algo desquiciado.
Personal
Nacimiento Defunción Suiza, como los bollos

Alemania, como el choucrout

Estado actual bajo tierra
Lugar de residencia En el closet
Sobrenombres Fidi Didi
Su obra
Se dedica a El negocio familiar
Origen Su papá el Patillas y su mamá, que era hija del Melenas
Hazañas logradas Compuso más operas que su padre ¡si no puedes ganar en calidad, hazlo en cantidad!
Relaciones Con los maricas de media Alemania
Enemigos Richard Strauss, Adolf Hitler, pero quizás la que más su propia madre.


Poderes Imaginarse que su esposa era un hombre para poder dar la talla.
Objetos Unos pantalones bombachos muy graciosos.
Cita3.pngEs propio de un hijo respetuoso el consagrarse a continuar lo que inició su padre; lo que pasa es que, en este caso, no se trata de la herencia de una merceríaCita4.png
Claude Debussy sobre el hijo de su ídolo.

Siegfried Wagner, Helferich Gaisburger Siegfried Richard Wagner (6 de junio de 1869, Triebschen, Lucerna, Suiza - 4 de agosto de 1930, Bayreuth, Alemania) fue un compositor alemán y un niño de papá y mamá. Era hijo de Richard Wagner por parte de padre y nieto de Franz Liszt por parte de madre. Su vida se resume en la conocida máxima de "Segundas partes nunca fueron buenas".

Biografía[edit]

Su padre tal vez no le prestaba mucha atención... ahí le hemos cazado mirando a las apabardas

Siegfried nació en Suiza, a donde había salido huyendo su padre por patas porque en Alemania habían puesto precio a su cabeza. Sus padres le pusieron ese nombre por el rubio y musculoso héroe de la mitología germánica, y él hizo honor al mismo cultivando toda su vida la admiración por los héroes rubios y musculosos. Wagner nombró a Nietzsche tutor de su hijo en caso de que él faltara (menos mal que el músico y el filósofo pronto se enemistaron, de la que se libró Siegfried).

Su carrera como compositor: fulgurante descenso en picado[edit]

Wagner tenía unas ideas muy progres sobre la educación de los chiquillos y siempre tuvo la aspiración de que su hijo hiciera lo que le saliera de los huevos, yendo libre por la vida e incluso sin gayumbos, si así le apetecía, pero se murió cuando su vástago todavía era bastante pequeño y la responsabilidad de la educación del muchacho recayó sobre la madre, Cosima, que era una arpía rancia, beata y castradora tal cual la Srta. Rottenmeier. Y así hizo de él un tipo blandurrio, ñoño, pusilánime y besacirios.

Fidi, como le llamaban en casa, se debatía entre estudiar arquitectura y música y se decidió por esta última gracias a un viaje que por diversos países realizara con otro jovenzuelo con aspiraciones de compositor, Clement Harris. Visitaron juntos países exóticos y descubrieron también juntos la puerta de atrás. Harris convenció a Fidi de que si se dedicaba a la música lo más que podía pasar es que alguien quedara desquiciado de los nervios, pero que al fin y al cabo nunca nadie se había muerto por escuchar una sonata (que se haya demostrado) y los edificios se caen, llevándose a veces por delante a muchas personas, con la consecuente responsabilidad civil y penal.

Cuando llegó a casa diciendo que había decidido ser compositor su madre le dijo que muy bien, que se pusiera a componer óperas, que siendo hijo de quien era no era cuestión de que se pusiera a hacer otra cosa, que qué iba a decir la gente. Su primer gran éxito, la ópera El hombre en piel de oso, fue dirigida en Viena por Gustav Mahler (a quien Cosima había prometido a cambio contar con él para el Festival de Bayreuth, pero luego si te he visto no me acuerdo). La obra en cuestión fue bastante bien recibida por la sobornada crítica.

Fue éste su primer gran éxito y también el último, claro. Siegfried llevaba muy mal que sus óperas ñoñas pasaran desapercibidas mientras las de su amigo Richard Strauss (ex-amigo en lo sucesivo) gozaran de gran éxito. Llegó incluso a acusar a Strauss de ser un depravado pornógrafo, ante el estupor del aludido, quien le respondió "Ni que eso fuera algo malo". Y así Fidi se quedó enfurruñado, enrabietado y escandalizado por lo descocado de su colega.

Siguió componiendo hasta el final de su vida, obteniendo sus obras un gran reconocimiento... por parte de sí mismo, únicamente.

Al frente del Festival de Bayreuth[edit]

Marcándose un bailecito en una fiesta de cowboys

Su madre había decidido que Siegfried heredara el Festival de Bayreuth (un festival veraniego que había fundado Wagner, uno de esos de música a los que la gente va a drogarse) desheredando de manera bastante cochina a las otras hijas que tenía con el insigne compositor patilludo. En honor a la verdad hay que decir que Siegfried era competente para el puesto y la mayor dificultad que tuvo para desempeñar el mismo fue precisamente... la pesada de su madre.

La puta vieja era una metomentodo y se había empeñado en convertir el festival en una especie de museo apolillado y carca en el cual no se modernizaran las puestas en escena ni un ápice de lo que Wagner había conocido en vida, a pesar de que los medios de esta época estaban ya más que desfasados. Siegfried, que era de natural cobardica, no se atrevía a contradecir a su madre abiertamente, pero poco a poco, cuando la vetusta matriarca no se enteraba, fue introduciendo al merme cosas como la luz eléctrica (menos mal, porque con las lámparas de aceite que usaban hasta entonces en un teatro principalmente de madera cualquier día eso acababa en tragedia) un uso activo de la luz y el color en la escena y decorados tridimensionales, que de aquella poner cuatro rocas de cartón piedra era como si ahora te vas al cine en 3d, así de cutre era todo. También dirigía a veces la orquesta, y mal no lo haría porque los músicos no se le remontaban demasiado (no mas que a los demás directores, al menos). Claro que, si se le remontaban como él era el jefe pues ya sabían lo que tocaba.

Igualmente hizo algunos fichajes estrella de cantantes y directores, que para esto se las gastaba que ni el Florentino ese.

Vida personal: su matrimonio-tapadera[edit]

Era más maricón que la peineta de la Martirio e iba por ahí tirándose a todo lo que se movía. Su madre, una vez mas, decidió que aquello no podía ser y le casó con una tal Winifred que era un poco marimacho (para darle gusto) y mucho más joven que él, que había que tener descendencia y perpetuar la saga. También Winifred era una racista de cuidado, lo cual a la vieja le encantaba. Siegfried hizo de tripas corazón y tuvo cuatro hijos con esta señora nazi. Estos fueron:

  • Wieland Wagner: genial, atormentado, minimalista y desnazificado director de escena.
  • Friedelind Wagner: que se parecía mucho a su padre, la pobre.
  • Wolfgang Wagner: pobre imitación de Wieland.
  • Verena Wagner: que se casó con un nazi, al igual que hiciera su padre.

Y en estas que la tal Winifred un día se plantó en casa con un "amigo", un sujeto con ridículo flequillo y llamativo bigote llamado Adolf Hitler del cual parecía ser ella groupie. Y así a no mucho tardar el amigo se quedaba a dormir en casa cada poco, que hasta le habilitaron un cuarto -el estudio donde Fidi hacía sus queridas óperas, en el que se encontró un día al Adolf instalado sin que nadie le hubiera dicho a él nada-, se zampaba todo lo que había por la nevera, daba la turra en plan cuñado todo el día hablando de no sé qué del Lebensraum y, para colmo, los niños le adoraban porque les contaba batallitas de cuando era teniente chusquero en la guerra. Siegfried no le podía ni ver: le parecía un baboso, un pesado y un gorrón, y se lo tenía que tragar porque a las mujeres de la casa les hacía tilín. A Hitler tampoco es que Siegfried le gustara mucho, le despreciaba por sarasa y le consieraba indigno de su ilustre padre, pero le aguantaba porque no terminaba de echarle de su casa y tenía buena despensa. De no ser porque era un Wagner le hubiera apuntado en su (por otra parte nutrida) lista negra. Cada vez que Fidi dejaba caer que si este señor parecía que no tenía casa y que a ver cuándo se iba Winifred le montaba un pollo de aquí no te menees. Así que decidió que mejor no decir nada y tratar de llevarlo con resignación.

Un día ella le propuso hacer un viaje por Estados Unidos, para promocionar el Festival, le dijo, aunque en realidad la idea de la señora era recaudar dinero para la causa de Adolfito. Menuda tela. Allí conocieron a Henry Ford, quien se mostró muy entusiasta y donó unos cuantos miles. Para Adolfito, no para el Festival.

La madre de Siegfried fue y se murió, y cuando él atisbaba por fin la felicidad de la liberación, el desahogo de poder ser él mismo sin dar cuentas a nadie, de la excitación le dio un infarto y al poco se murió también él. Pringao hasta el final.

Algunas obras[edit]

Aquí con uno de sus amigos especiales

Al igual que su padre -es un decir- él mismo escribía los librettos de sus óperas y partía a menudo de truculentos cuentos populares a los cuales daba unos happy endings tan forzados y almibarados que ríete tú de los de la Disney. Su música es también bastante propicia para que a uno le de un subidón de azúcar.

  • Sehnsucht (Anhelo) Poema sifónico que dedicó a su novio amigo, el también mediocre compositor Clement Harris.
  • Der Bärenhäuter (El hombre en piel de oso) Ópera cuento. Como se ve su obra está trufada de velados intentos de salir del armario.
  • El reino del cisne negro Una ópera así muy extraña de cosas de abortos y niños muertos. Pero al final todos son felices y comen perdices, menudo Deus Ex Machina que se monta.
  • El cuento del grande y gordo pastel de cazuela Canción autobiográfica. Cada uno se identifica con lo que se identifica, al fin y al cabo un pastel es una cosa blanda y esponjosa.

Carácter y personalidad[edit]

Lo más trágico de Fidi es que después de todo no era mal tipo. Sí, era un auténtico pelele, no tenía ni un pijo de personalidad y se pasó toda la vida mangoneado por su madre menos los ratos en que le mangoneaba su mujer, la de las amistades peligrosas. Pero el hombre al final solo aspiraba a hacer sus cursis óperas (porque cursi era un rato también) y a que de vez en cuando le dieran por el culo, que tampoco sería mucho pedir. De asuntos políticos, no se empanaba de nada y tan pronto decía una cosa como la contraria. Por lo demás era un hombre afable que siempre se mostraba de buen humor, haciendo chistes malos vestido en tonos verdes y amarillos y con pantalones bombachos, que parecía un duendecillo de Santa Claus.