Rosemary Brown (espiritista)

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Rosemary Isabel Brown (nacida Rosemary Dickenson, Londres, 27 de julio de 1916 – Londres, 16 de noviembre de 2001) fue una chiflada compositora inglesa que afirmaba que ella componer, lo que se dice componer, no componía nada, sino que las piezas que hacía le eran dictadas por los ectoplasmas de famosos compositores que hacía años que estaban criando malvas. Más bizarro no podía ser el asunto.

Su vida[edit]

En una palabra: insulsez[edit]

La primera infancia de la niña Rosemary fue la cosa más mediocre que imaginarse pueda. Nació en una familia normal y corriente y yampoco hizo nada que merezca la pena reseñarse. Pues iba al colegio y esas cosas ¿qué quieres que hiciera?. Aunque la muy mentirosa luego intentó negarlo, lo cierto es que recibió intermitentemente algunas clases de piano, obteniendo en sus lecciones las más altas cotas de mediocridad.

Con el tiempo creció e hizo lo que se suponía que una chica de su edad debía hacer, que es casarse. Se casó con un tal Charlie Brown que supuestamente se dedicaba a la ciencia y tuvo con él un hijo y una hija igualmente aburridos.

Pasados unos años, y de forma simultánea, su marido y su madre estiraron la pata a un tiempo, y entonces...

En ocasiones veía muertos[edit]

Según contó mucho tiempo después Rosemary Brown, cuando era niña estaba un día en su casa se le presentó una figura esbelta envuelta en una sotana negra, a medio camino entre la Parca y la bruja de Blancanieves, que se materializó en sus aposentos y le dijo lo siguiente:

Cita1.pngNo temas. Soy una aparición del más allá, un espectro, un espíritu, bueno, ya sabes, un fantasma. Yo en vida era un famoso compositor y como la eternidad se me hace más aburrida que trabajar como cobrador de peaje pues he decidido que algún día voy a hacerte famosa, que así echo el rato. Por cierto ¿por dónde tenéis el cuarto de baño?Cita2.png

Ahí la tienes en pleno trance de composición. O tal vez esté tan tiesa porque se está cagando, no sé.

Ella no supo de quién se trataba, pero años después fue a dar con un retrato que no podía ser otro que ese ser de tan poco agraciado aspecto, y ese no era otro que el célebre compositor Franz Liszt, a quien a lo que se ve la gloria de la inmortalidad le resultaba semejante coñazo.

El caso es que desde ese momento Rosemary hizo su vida como si tal cosa y las apariciones no le causaron gran alteración, al fin y al cabo tenía unas tías espiritistas, o aficionadas a las bebidas espirituosas... o no se qué, y en su familia era cosa habitual hablar con los muertos, que en cualquier caso son, por lo general, mucho menos peligrosos que los vivos. Así que siguió dedicándose a sus cosas como si nada hasta el momento este en que enviudó y también se murió su madre, que igual lo que pasó entonces es que quedó tocada del ala, todo puede ser. A partir de ahí todo cambió.

El hueco que en su corazón dejó el fallecimiento de sus familiares de ninguna manera supuso un vacío en su existencia, pues el espacio que antes ocupaban ellos se llenó de compositores tan célebres como difuntos que acompañaban a Rosemary -tal vez como manera de purgar los pecados que los pobres hubieran podido cometer en vida- en las más variadas actividades cotidianas.

De esta manera Liszt iba con ella a la compra y se interesaba por el precio de frutas y hortalizas, en particular de los plátanos. Chopin en cambio compartía fundamentalmente su ocio: juntos veían la telenovela y el célebre compositor polaco manifestaba que le parecía un tostón.

Beethoven por su parte había logrado curar la sordera en el más allá y cuando visitaba a Rosemary se dedicaban a regar juntos las macetas. Wagner no se le aparecía. Recordemos que era un hombre muy malo y tal vez se encontrara en otra parte del mundo inmaterial.

Y así un día esta gente, tal vez de puro tedio y aburrimiento, se puso a dictarle a Rosemary una serie de músicas que ella quiso dar a conocer al mundo para demostrar a la humanidad que podemos estar tranquilos, nos espera una aburrida vida después de la muerte, un coñazo que se prolongará por toda la eternidad.

Música del más allá[edit]

"El tipo este del busto me suelta la música directamente aquí, en mi almendra"

Primero empezó Liszt y luego se fueron animando también sus amiguitos. Según decía Rosemary, cada compositor tenía un método para transmitirle su música. Liszt controlaba sus manos y luego ella transcribía las notas, que él le daba pellizcos si lo hacía despacio, el muy cabroncete. Chopin le bailaba polonesas, Schubert cantaba melodías y ahí te las arregles, Bach dictaba las notas y le ponía una peluca. Alessandro di Guardia Diverdi le agarraba de las tetas. Todos se comunicaban con ella en inglés, que en la eternidad hay mucho tiempo para aprender idiomas. Al fin y al cabo, si tantos jubilados se apuntan a clases de idiomas, imagínate los fiambres, que tienen al menos el mismo ocio y mucho más tiempo por delante.

Y así a lo tonto y a lo bobo se sacó de la manga seiscientas composiciones la tía, que dime tú qué compositor hoy día es tan prolífico. Incluso discográficas importantes se plantearon publicar sus músicas (avergonzándose un poco por hacerlo, eso sí). La crítica musical quedó tan acojonada como dividida ante este hecho. Hubo quienes creyeron y defendieron la historia de Rosemary con uñas y dientes, como Hepzibah Menuhin, la hermana medio magufa de Yehudi Menuhin. Sin embargo otros opinaban que no es oro todo lo que reluce...

Pero... ¿de verdad los fantasmas le dictaban música?[edit]

Rosemary, que no es que estés en el cielo, que es que está ardiendo la casa ¡corre!

El caso es que estas piezas superficialmente se parecían a las de los grandes compositores, pero si uno rasca un poco... pues no se parecen tanto. Están llenas de inconsistencias estructurales, chapuzas técnicas varias e incoherencias estilísticas. Un primor. Además cabe preguntarse cómo es que compositores en algunos casos tan innovadores en vida se habían vuelto de repente tan escleróticos y apolillados, anclados en los mismos estilos en los que habían compuesto en su tiempo, sin ningún tipo de evolución subsiguiente. A partir de ahí se contemplan las siguientes posibilidades.

  • Es todo una engañifla. La vieja se dedicó a tomar el pelo a todo el mundo. Anda que no se lo tuvo pasar bien.
  • La tipa se lo creía de verdad, que estaba como un cesto de gatos, y las composiciones en realidad las hacía ella de manera más o menos inconsciente. Mérito tiene porque logró escapar de esos señores con batas blancas a quienes da por perseguir a la gente especial como ella.
  • Los fantasmas existen y de verdad le dictaban la música. Ante lo cual solo cabe decir que, ante el tedio de la eternidad hasta grandes mentes como éstas se vuelven de lo más cabronas y se dedican a trollear de mala manera a pobres viudas y a descojonarse de ellas, o bien la inmortalidad le vuelve a uno extremadamente vago, perezoso y chapucero, al punto de reducir hasta a los más brillantes a la mediocridad más absurda y a ser un triste pastiche de sí mismos. Lo único que han hecho provechoso en todos estos años es aprender inglés, porque en lo musical la verdad la muerte no les ha sentado muy bien.

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Al final Rosemary se murió, como antes o después hace todo el mundo. Tal vez ahora vague por el éter con sus amigos compositores. Quizá un día se te aparecerá y se dedicará a dictarte música que a su vez a ella le habrá dictado previamente algún grande. Si esto es como aquel juego del teléfono estropeado, y a cada transcriptor se da el mismo bajón de calidad, ya sabemos la mierda que te va a salir... siempre puedes colgarla de soundcloud y a ver qué pasa.