Guerra de los Siete Años

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Guerra de los Siete Años
Parte de Supremacía europea y colonial
Guerra de los Siete Años drones.jpg
Hubo importantes avances tecnológicos, como los primeros drones a vapor.

Fecha 1756-1763
Lugar Europa, América, Asia y África
Resultado Victoria de Gran Bretaña y Prusia
Conflicto Conflicto provocado por el ego entre reyes, como en el Juego de Tronos
Casus belli Disputa por Silesia y otras cosas
Cambios territoriales Territorios cedidos y/o robados de Francia y España
Beligerantes
BanderaReino Unido.png Gran Bretaña
BanderaPrusia.png Prusia
BanderaPortugal.png Portugal
BanderaFrancia.png Francia
BanderaAustria.png Austria
BanderaRusia.png Rusia
BanderaEspaña.png España
BanderaSuecia.png Suecia
Comandantes
BanderaReino Unido.png William Pitt el Viejo, el que tenía la boca muy grande
BanderaPrusia.png Federico II el Grande, el que tocaba la flauta
BanderaPortugal.png José I de Portugal, el que no pintaba nada
BanderaFrancia.png Luis XV de Francia, el que se llamaba el Bien Amado
BanderaAustria.png María Teresa I de Austria, la que tenía 16 hijos
BanderaRusia.png Isabel I de Rusia, la que cambiaba de amante cada semana
BanderaEspaña.png Carlos III de España, el que se disfrazaba de cazador
BanderaSuecia.png Adolfo Federico de Suecia, el que murió por comer demasiado
Fuerzas en combate
Un montón Otro montón
Bajas
Muchas Más

La Guerra de los Siete Años fue una pelea mundial que duró más de siete años (¿no es irónico?) y que enfrentó a dos bandos: los que querían quedarse con Silesia (un pedacito del por ahí para que pasten las ovejas) y los que no. Los primeros eran Prusia, Gran Bretaña y sus amigos; los segundos eran Austria, Francia y sus compinches. Como no tenían suficiente con pelearse en Europa, también se liaron a tiros en América, África, Asia y hasta en Filipinas. Al final, Prusia se quedó con Silesia, Gran Bretaña se quedó con casi todo lo demás (Norteamérica y la India) y Francia y España se quedaron con las ganas.

Contexto

Empezó por una tontería: quién se quedaba con Silesia, un trozo de tierra que estaba por ahí y que servía para ir a mirar campos verdes y ya. Resulta que Prusia se la había quitado a Austria en otra guerra anterior, y Austria quería recuperarla sólo por orgullo, no porque le sirviera. Pero Prusia no estaba sola: tenía de amiga a Gran Bretaña, que también quería fastidiar a Francia, la amiga de Austria. Y así se formaron dos bandos: los que querían Silesia y los que no. Pero como eran muy aburridos y no tenían suficiente con pelearse en Europa, también se fueron a dar palos a otros continentes. Allí se peleaban por otras cosas: por el comercio, por las colonias, por el oro, por las especias… En fin, por todo lo que se les ocurriera.

Desarrollo de operaciones

Frente europeo

Prusia estaba rodeada por Austria, Rusia, Francia y Suecia, que querían repartirse su territorio como si fuera un pastel. Pero Prusia tenía un as bajo la manga: Federico II el Grande, un rey muy listo, valiente y guapo para los pintores que le cobraban muy caro por ponerlo apuesto en los retratos, que se las arregló para ganar muchas batallas gracias a cosas como la suerte y no mucho más. Y también tenía otro as: Gran Bretaña, que le mandaba dinero y soldados para que aguantara el chaparrón, es que los británicos eran muy generosos con sus amigos, sobre todo si les convenía.

La guerra empezó cuando Federico II invadió por sorpresa Sajonia, un aliado de Austria, para evitar que le atacaran por sorpresa, era una estrategia muy inteligente, pero también muy maleducada. Luego se enfrentó a los austriacos en Bohemia y les ganó. Pero los austriacos no se rindieron y le hicieron frente en la batalla de Kolin, donde le derrotaron. Entonces llegaron los rusos y le dieron otro palo. Federico II estaba acorralado, pero no se desanimó y contraatacó con fuerza. Venció a los franceses en una batalla y a los austriacos en otra. Parecía que había dado la vuelta a la tortilla, pero los rusos volvieron a la carga y le aplastaron literalmente con un soldado muy gordo, donde estuvo a punto de morir. Fue un día muy malo para Federico II, pero también para su caballo, que murió.

La guerra siguió con altibajos para ambos bandos. Federico II tuvo que luchar contra varios ejércitos a la vez, mientras que sus enemigos se peleaban entre ellos por el reparto del botín. Hubo muchas batallas sangrientas y sitios largos. Al final, la guerra se decidió por un golpe de suerte: el zar Pedro III de Rusia, que era presidente del club de admiradores de Federico II, llegó al trono y cambió de bando. Así, Prusia se libró de su peor enemigo y pudo resistir hasta el final de la guerra. Los demás países estaban cansados de tanta guerra y decidieron hacer las paces en espera de destruirse para después. Prusia conservó Silesia que luego abandonó a su suerte y se convirtió en una gran potencia europea. Y todos vivieron felices y comieron perdices. Bueno, no todos.

Frente americano

La guerra en América fue una guerra dentro de otra guerra. Los franceses y los británicos se peleaban por el control de las colonias, especialmente de Canadá y la Luis y Ana. Los españoles se metieron en el lío para ayudar a los franceses y para recuperar algunas tierras que les habían quitado los británicos. Por su parte, los indios se aliaron con unos u otros según les convenía o les caían mejor.

Empezó cuando los británicos quisieron expandirse hacia territorio francés. Los franceses construyeron varios fuertes para no verse débiles (?). Los británicos enviaron a un joven oficial llamado George Washington para que les echara, pero no lo consiguió y ya nunca se supo más de él en la historia. Entonces los británicos mandaron más tropas y más generales, pero tampoco lo consiguieron. Los franceses tenían la ventaja de contar con el apoyo de los indios, que conocían mejor el terreno y les hacían emboscadas. Los ingleses sufrieron muchas derrotas y humillaciones, por los que aún siguen enojados.

La guerra cambió cuando llegó al poder en Gran Bretaña un primer ministro viejo que decidió apostar fuerte por la victoria en América. Envió más dinero, más soldados y generales que tuvieran ganas de triunfar, no como los anteriores que estaban molestos porque no les pagaban. También consiguió el apoyo de algunos indios, a los que les prometió un país para ellos dentro del Imperio Británico, ya sabe, la honestidad británica. Por eso empezaron a ganar ya que tenían motivación los pobres.

La guerra siguió en otras partes de América, como en las Antillas. Los españoles entraron y atacaron a los británicos en Cuba, Puerto Rico que en ese momento era Puerto Pobre, Florida y Filipinas (¿por qué ahí?). Los británicos respondieron atacando a los españoles en Buenos Aires. La Invasión del Río de la Plata fue una aventura que se les ocurrió a los portugueses y a los británicos, quienes mandaron una flota pero se encontraron con los españoles, que estaban muy atentos y preparados porque ese día jugaba el Boca contra el Real Madrid. Los portugueses y los británicos tuvieron que huir y devolver todo lo que habían tomado o intentado tomar, incluso el mate que se habían tomado.

Al final, la guerra se acabó con el Tratado de París de 1763, que fue muy favorable para los británicos. Ellos se quedaron con Canadá, Florida y parte de la Luisiana. Los franceses se quedaron con unas islas en el Caribe y les dieron el resto de la Luisiana a los españoles. Los españoles se quedaron con Cuba y Filipinas. Y los indios se quedaron con las manos vacías porque Reino Unido siempre cumple su palabra.

Frente en Oceanía

Mientras en Europa se libraba una guerra por el control de Silesia, en Oceanía se libraba otra guerra por el control de Vanuatu. Los contendientes eran Tuvalu Ulterior que era pro-prusiana y Tuvalu Citerior que era pro-austriaca y ambas querían colonizar Vanuatu, porque querían saber lo que sentía conquistar algo.

Pero resulta que Vanuatu estaba habitada por unos 80.000 indígenas muy guerreros y muy caníbales, que no tenían ganas de recibir visitas. Los tuvaluanos ulteriores y los tuvaluanos citeriores enviaron sendas expediciones a Vanuatu, pero fueron recibidos a flechazos y a mordiscos por los indígenas, que les hicieron huir despavoridos. En el Tratado de París ni fueron nombrados, por lo que quedó en el olvidó y sus héroes mordidos no fueron reconocidos como se debe.

Tratado de París

El tratado de París fue el documento que puso fin a la Guerra, firmado por el duque Choiseul, el marqués de Grimaldi y el duque de Bedford. Estos tres señores se reunieron en la capital francesa para repartirse el mundo como si fuera un pastel, mientras que los demás países afectados por la guerra no fueron invitados a la fiesta. De hecho, algunos ni siquiera se enteraron de que había terminado la guerra hasta años después, como fue el caso de los soldados franceses y británicos que seguían peleando en la India y en las islas del Caribe y que se sintieron tontos cuando se enteraron.

El tratado fue muy favorable para Gran Bretaña, que se quedó con Canadá, la Florida, la India y varias islas caribeñas de las que aún es dueña y ni siquiera recuerda por qué; Francia se quedó con unas pocas plazas en la India, unas islas en el Atlántico y los derechos de pesca en Terranova donde no hay mucho que pescar; y España se quedó con la Luisiana, Cuba y Filipinas que eran menos peor que nada. El tratado también confirmó a Prusia como una potencia europea, al conservar Silesia a costa de Austria y Sajonia quienes prometieron vengarse alguna vez y todavía lo planean. Este tratado fue muy criticado por los perdedores, que lo consideraron injusto y humillante, y por los ganadores, que lo consideraron insuficiente y generoso.

Consecuencias

Los europeos se repartieron el mundo como siempre, aunque ahora sí hubo consecuencias. Los británicos se llevaron la mejor parte y se pusieron a jugar al cricket y al rugby en todos los continentes. Los franceses se quedaron con unas migajas y se pusieron a comer pan y queso hasta que se hartaron y cortaron cabezas. Los prusianos se pusieron el casco y el bigote y se pusieron a unir a los alemanes a base de cañonazos. Los españoles se quedaron con unas islas y unos pantanos y se pusieron a bailar flamenco y a comer paella. Y los americanos se cansaron de pagar impuestos y de tomar y se pusieron a tirar cajas al mar y a disparar a los casacas rojas. Así nació el país más poderoso del mundo, que luego se pondría a hacer películas, hamburguesas y guerras.