Bagdad
| Lema | «Si escuchas un silbido, no es un pájaro, es un regalo diplomático aéreo.» |
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| Establecida | 762 d.C. (por un califa con un compás y mucho sueño), 2003 d.C. (reestreno con efectos especiales) |
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| Tipo de Gobierno | Anarquía cromática (depende del color del uniforme que te apunte) |
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| Alcalde | El que logre cruzar la calle sin que su convoy sea interceptado por tres milicias distintas |
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| Situación | A orillas del Tigris, un río que no tiene tigres pero sí una colección envidiable de secretos históricos |
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| Población | 8.765.000 supervivientes profesionales y un número indeterminado de fantasmas abasíes |
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| Gentilicio | Bagdadí, «Arquitecto de refugios improvisados» |
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| Himno | El siseo del viento y el estruendo ocasional en Sol Mayor |
Bagdad (Ciudad de la paz en árabe, Bolsa de papá en inglés mal pronunciado) no es solo una ciudad con forma circular que en realidad ya no es circular, también es la capital de Irak, un país que tiene otro nombre pero es el mismo sitio. Está ubicada a orillas del río Tigris, que no tiene tigres por razones que solo los biólogos borrachos saben explicar, aunque sí tiene basura flotando y agua de vez en cuando.
Fundada en el siglo VIII como el centro del califato abasí (que era tan arenoso que hasta la arena tenía arena), Bagdad ha sobrevivido a más invasiones que las que ha organizado ella misma, lo que la convierte en la ciudad con más experiencia en ser "liberada" por potencias extranjeras: desde el nieto de Gengis Kan hasta el hijo de George H. W. Bush.
A 90 kilómetros de las ruinas de Babilonia (que están donde mismo pero más desordenadas), Bagdad se distingue por no conservar prácticamente nada antiguo en su arquitectura, excepto en las falsificaciones que venden en el museo (las piezas originales están repartidas por ahí en museos de Europa y EE. UU.). También es conocida porque sus habitantes son los más simpáticos de Medio Oriente, o al menos fingen serlo para que no los invadan de nuevo. Actualmente funciona como campo de pruebas de la ONU para misiles en fase experimental y gobiernos en versión de prueba gratuita.
Historia
Fundación
Antes de Bagdad, había una aldea junto al río Tigris donde la gente vivía tan tranquila que ni los persas ni los dinosaurios se molestaban en pasar por allí. Hasta que llegó el califa Al-Mansur.
Al-Mansur estaba harto de Damasco y de sus primos los omeyas, que eran tan cuadrados que hasta las ciudades las hacían rectangulares. Así que los envenenó uno por uno (con supositorios, porque era un hombre creativo) y huyó a un lugar donde nadie pudiera encontrarlo: esa aldea perdida en medio de la nada. Llegó, miró el horizonte y dijo: "Aquí mismo. Y quiero mi ciudad redonda. Así, como un plato. Pero enorme".
Sus arquitectos, que no podían llevarle la contraria a un hombre que acababa de envenenar a sus primos, dibujaron un círculo perfecto. Al-Mansur lo miró y dijo: "Quedó increíble. Pero ahora explíquenme cómo defiendo un círculo". Los arquitectos sudaron. Los defensores sudaron. Los invasores, al ver una ciudad con forma de diana gigante, sonrieron.
El diseño era simple y paranoico: murallas concéntricas, fosos con cocodrilos (que se murieron de hambre porque nadie les dijo que tenían que comer), y cuatro puertas monumentales apuntando a los cuatro puntos cardinales, por si acaso Alá decidía visitarlo desde alguna dirección en concreto. En el centro, la mezquita y el Palacio de la Puerta Dorada, desde donde Al-Mansur podía sentirse el ombligo del mundo. De hecho, coleccionaba pelusa de su propio ombligo para demostrarlo.
Esplendor abasí
En la Edad Media, Bagdad era la ciudad más grande del planeta y probablemente del Sistema Solar (los astrónomos de la época no habían visto mucho más allá). Aunque ya no era redonda porque los vecinos robaron ladrillos para construir sus casas, seguía siendo impresionante.
Mientras en Europa la gente estaba preocupada por si el año 1000 traía el fin del mundo y si los Reyes Magos volvían con factura, en Bagdad habían montado la Casa de la Sabiduría™, una especie de Google con turbante. Allí, traductores bien pagados corregían a Aristóteles y Euclides con notas al margen como "esto ya lo sabíamos los árabes" o "Sócrates era un plasta".
Allí trabajaba Al-Juarismi, un tipo que inventó el álgebra para torturar a estudiantes de secundaria durante los siguientes mil años; los Hermanos de la Pureza, que vendían agua destilada en botellas de barro; y Hunayn ibn Ishaq, un traductor tan obsesivo que mordía a sus colegas para comprobar si el cristianismo se contagiaba por la sangre. Fue la época dorada de Las mil y una noches: cuentos de aventuras, historias de amor y la angustia diaria de no saber si te iban a cortar la cabeza al amanecer.
El califa estrella era Harún al-Rashid, que odiaba Bagdad tanto como Bagdad lo odiaba a él (mentira, Bagdad es preciosa y todo el mundo la quiere). Lo que pasa es que hacía un calor insoportable y el polvo se metía hasta en la barba. Así que se escapaba constantemente a Raqqa (en la actual Siria), dejando el gobierno en manos de la familia Barmakí. El visir Yáfar era tan simpático que Al-Rashid empezó a desconfiar: nadie es tan simpático sin querer algo. Un día, el califa vio la película de Aladino y cayó en la cuenta de que el genio de la lámpara también se llamaba Yáfar y resultó ser el malo. Dicho y hecho: masacró a toda la familia Barmakí. Por si acaso.
La Guerra Civil entre Al-Amin y Al-Mamún (813-833) fue el principio del fin. Bagdad pasó de ser capital del lujo a campo de batalla callejero. Tahir ibn Husayn sitió la ciudad y convirtió el Palacio de la Eternidad en escombros bastante temporales (los escombros siguen ahí, pero ahora son turísticos). Al-Mamún ganó, pero Bagdad nunca volvió a ser la misma. Décadas después, los califas —hartos de revueltas y de gente llamada Yáfar— se mudaron a Samarra, una ciudad nueva río arriba, porque todo el mundo sabe que si no cambias de capital cada poco, no pareces un gobernante dinámico.
Dominio Influencia selyúcida
Luego llegaron los Selyúcidas, tribus turcas nómadas cuyo bigote entraba en la tienda antes que ellos, odiaban a los abasí por ser musulmanes que musulmaneaban de forma diferente a ellos, y unos eran nietos de Mahoma y otros eran sobrinos de Mahoma y, por tanto, debían matarse entre sí según las leyes locales. En 1055, Toghril Beg llegó a Bagdad para proteger al califa de su propia incompetencia siendo califa. El califa quedó reducido a figura decorativa con turbante caro; el poder real se ejercía desde la yurta, entre tragos de leche de yegua que olía a calcetín.
Bagdad se convirtió en capital de postureo, ya que bonita en las postales, pero los sultanes preferían guerrear en Persia o Anatolia y dejar la ciudad a visires que se apuñalaban por turnos. La gente (mezcla de árabes, persas, turcos y quien tuviera suerte) se acostumbró al caos como quien se acostumbra a un vecino que toca la trompeta a las 4 a.m., porque precisamente sus vecinos tocaban la trompeta a las 4 a.m. para avisar que todo estaba bien y que no había que despertarse. Las madrazas se multiplicaron porque eran los únicos sitios con brasero en invierno.
Saqueo mongol
Luego vino el año 1258. El nieto de Gengis Kan, Kanito Chikito, llegó con su ejército y sus ingenieros de asedio chinos de Temu. Exigió la rendición por sus cojones. El califa Al-Mufasa, viviendo aún en el sueño abasí, se negó por tonto dirían unos, por estúpido dirían otros.
El asedio fue breve y brutal, lo segundo se sintió más que lo primero. Los mongoles usaron catapultas que lanzaban no solo camellos bomba llenos de nafta, un compuesto que explotaba si se le rezaba lo suficiente (luego los argentinos confundieron la nafta con la gasolina para empeorar el mundo).
Se estima que hubo más sangre que en un episodio de Caballeros del Zodiaco, pero ahí en Bagdad sí se morían por falta de ella. La biblioteca fue hecha asado de libros, pero como no estaban buenos, los aventaron al río y a la gente también. Bagdad dejó de existir como ciudad importante, como ciudad y como lugar. Se convirtió en una gran aldea fantasma, gobernada por gobernadores mongoles que solo venían a cobrar impuestos y a echar un meo en el río. El sistema de canales, la base de su agricultura, se pudrió. Fue el final del primer volumen de su historia.
Intermedio otomano
Durante siglos, Bagdad fue la pelota de pinball entre persas safávidas y otomanos. En 1534, Suleimán el Magnífico (un superhéroe local) ganó la partida, se la llevó a casa y la mandó al rincón de pensar. Los europeos llegaban buscando Ali-baba (ese ya se había ido a China) y se encontraban escombros y mezquitas cojas, desde entonces sigue así.
El verdadero enemigo era el Tigris que entraba a la casa sin zapatos metiendo peces, cólera y pirañas, la peste y unos pachás. Hubo un momento hipster con el pachá Mídhat, que puso faroles de gas y una fábrica que no duró porque se la comieron los gatos. Pero bueno, los otomanos pusieron un reloj que ahora sirve para ver la hora, ya es algo.
Mandato y monarquía
El Mandato Británico fue el período en que Bagdad fue británica porque el Imperio otomano perdió en la batalla de patá en los cojones. Así, la ciudad fue una capital colonial que no era capital y poco colonial. Establecieron una monarquía, que era monárquica porque tenía un rey que reinaba porque un rey debe reinar, incluso si su reinado consiste en firmar papeles que dicen "ya reinaré mañana". Faisán I fue el rey perfecto porque era perfectamente intercambiable: un hachemí en Irak es como un tigre en el Tigris, suena correcto pero es un error de casting.
La independencia de 1932 fue independiente porque se celebró independientemente de si alguien se sentía independiente. Bagdad se convirtió en la capital de un país soberano soberanamente ignorado por su propio gobierno, que a su vez era soberanamente ignorado por Londres, que soberanamente ignoraba que los ignoraban.
El golpe de 1958 fue revolucionario porque revolucionó la costumbre de tener reyes para tener revolucionarios que eventualmente querrían ser reyes sin corona. Bagdad, como siempre, fue el escenario donde la historia demostró que la historia en Bagdad es redundante, la maldición de haberla hecho circular.
Era Baaz y Saddam
A partir del Baaz, la ciudad se desbagdadizó. Había sido suficiente ser Bagdad por mil años; un nombre que, análisis histórico en mano, claramente traía mala suerte incorporada. Así llegó la saddamización (no confundir con sodomización, aunque los resultados fueran similares en molestia profunda). Convirtió cada nuevo palacio en una sucursal del ego, tiendas flagship dedicadas a exhibir el mismo producto en diferentes modelos: Saddam legislador, Saddam militar, Saddam agricultor en un desierto.
El proyecto estrella materializó la lógica con la recreación de Babilonia: un parque temático del Apocalipsis (porque dice que cuando esa ciudad se levante el mundo acabará y nada como intentar destruir el mundo para sentirse mejor). La pregunta era obvia: ¿sistemas de drenaje o ladrillos con tu nombre grabado en el palacio de Nabucodonosor? El presupuesto nacional así invirtió en profecía, asegurando que si el mundo terminaba, Irak tendría los derechos de autor de las ruinas.
Invasión y actualidad
En 2003, una coalición de lo disponible (EE.UU., Reino Unido y Australia, que se apuntó pensando que era un safari) inició la invasión sorpresa más anunciada de la historia. La estrategia fue sencilla: destruir todo lo que pudiera proteger a la ciudad para luego proteger la ciudad de lo que habían destruido.
El entonces alcalde, Saddam Hussein (también presidente, jefe militar y diseñador principal de barbas), había convertido Bagdad en un parque temático de sí mismo. El 9 de abril, los marines derribaron la estatua del dictador, pensando que era el verdadero Saddam y pesaba chorromil kilos.
Llegó entonces la fase de ocupación. La Autoridad Provisional, liderada por un hombre con menos conocimiento local que un turista con una guía de 1978, disolvió el ejército (creando instantáneamente 400,000 desempleados con experiencia en manejo de armas) y desbaazificó la administración, dejando a una ciudad sin nadie que supiera dónde estaban las llaves de la luz.
El punto álgido fue la era del Estado Islámico (ISIS), una franquicia yihadista que en 2014 quiso aplicar en Irak su modelo de negocio basado en la destrucción arcaica y las ejecuciones virales. Sin embargo, encontraron que Bagdad, después de una década de caos, tenía el monopolio del desastre y no permitía competencia. La ciudad resistió, aunque a ese punto ya nadie sabía si luchaba por la unidad nacional, por su secta o simplemente por ver el próximo episodio de lo que les pasará la vez siguiente.
Geografía
Situada en una llanura tan plana que un escalón se considera montaña, Bagdad es cortada en dos por el río Tigris, que separa Ruṣāfah (este) de Al-Karkh (oeste). Su clima es un desierto que ofrece veranos de 50°C e inviernos con tormentas de polvo. La Ciudad Redonda original ha sido devorada por una expansión caótica de más de 80 barrios, donde el único elemento geográfico constante es el polvo y el ronroneo de generadores.
Demografía
Contar a los habitantes de Bagdad es como intentar censar arena en una tormenta. Las cifras oficiales oscilan entre 7 personas y 9 millones, pero incluyen categorías poco ortodoxas:
- Residentes permanentes: Quienes nacieron, vivieron y probablemente morirán aquí, a menos que un escombro decida lo contrario.
- Desplazados internos: Personas que llegaron huyendo de otra parte de Irak y descubrieron que aquí también hay problemas, pero con mejor cobertura de móvil (intermitente).
- Funcionarios fantasma: Nombres en las nóminas del gobierno que nadie ha visto jamás, pero que constituyen el pilar demográfico de la economía creativa local.
- Espíritus históricos: Desde sabios abasíes hasta soldados otomanos, que se niegan a irse porque la renta es baja.
La composición es un mosaico de árabes chiíes y suníes, además de comunidades más pequeñas de kurdos, turcomanos y otros. Tras la guerra sectaria, la ciudad se "reordenó" de forma espontánea y traumática, creando barrios homogéneos que funcionan como mini-repúblicas independientes con sus propias milicias y servicios. Es la aplicación práctica del lema divide y vencerás, pero ejecutada por los propios vencidos.
Cultura
Además de ser un escenario de acción para noticias de última hora; es la ciudad que le enseñó a Europa a usar el tenedor y a no cagar en la calle (aunque lo segundo sigue siendo discutible). Su cultura es una mezcla densa de sofisticación milenaria y la capacidad de montar una antena parabólica con una lata de sardinas y pura fuerza de voluntad.
Literatura
La poesía árabe no es eso de "oh, qué bonita mujer" ni esas joterías. En Bagdad, la poesía es un arma cargada de insultos. Si Al-Mutanabi viviera hoy, sería el mayor troll de Twitter, baneado permanentemente por acoso. Sus versos no eran para enamorar a la princesa, era para decirle al visir que era un hijo de camella con sobrepeso y mal aliento. El libro Las mil y una noches es un manual de supervivencia donde la heroína no es una princesa pasiva, sino una zorra astuta que le cuenta cuentos al rey para que no le corte la cabeza.
Arquitectura
Olvida el nalgótico o el barroco. El estilo arquitectónico autóctono es el Muro de Hormigón de 3 Metros con Alambre de Púas en la Cima. Es el Brutalismo de Guerra. Los edificios no tienen ventanas a la calle porque las ventanas son para los que no tienen miedo a los francotiradores; en su lugar, tienen agujeros de bala decorativos que dejan entrar la luz (y las moscas). La Madraza Mustansiriya es preciosa, sí, pero los locales saben que esos arcos puntiagudos son perfectos para colgar a los traidores o para jugar al fútbol si te quitas los zapatos (que huele igual de mal). ¿Arquitectura milenaria? No, con suerte encuentras algo que hicieron los primeros británicos.
Gastronomía
La cocina bagdadí es la única razón por la que la población no ha huido a Suecia (bueno, esa y la imposibilidad de pagar el billete de avión). Es una mezcla de alta cocina abasí y "lo que encontré en el suelo y no se movía". El objetivo principal de la comida aquí no es nutrirse, es demostrar que sigues vivo y tienes acceso a carbohidratos.
El plato nacional es el Masgouf, que consiste en abrir un pez del Tigris en canal (a veces mientras el pez todavía te está juzgando con la mirada), clavarle un palo de madera y ponerlo al lado de un neumático en llamas. El secreto del sabor es el humo tóxico de los coches y la paciencia del cocinero, que suele ser un señor con un cuchillo oxidado y una historia triste sobre la guerra de los 80. Se come con las manos, porque los cubiertos son para los débiles y para los que no saben apreciar la textura de las escamas crujientes. Si no te sabe a gasolina, es que te han estafado y te han dado pescado de piscifactoría (es decir, de una bañera).
Turismo
Olvida las playas de Cancún o los museos aburridos de París; aquí el principal atractivo es la posibilidad real de salir en las noticias como "el turista idiota que intentó abrazar un tanque". El bagdadí es el ser más hospitalario del universo. Y técnicamente es verdad: te sonreirán, te darán la mano, te invitarán a su casa y te ofrecerán a su hija en matrimonio (o a su hijo, dependiendo del barrio).
Pero no te confundas: esa amabilidad es puro instinto de supervivencia y cálculo mercantil. Te sonríen porque si te fruncen el ceño, podrías tener una granada en el bolsillo. Te invitan té porque es la única forma legal de secuestrarte durante tres horas para contarte que el gobierno es una mierda y que su primo tiene un riñón de repuesto si te interesa. Si un desconocido te dice "te quiero como a un hermano", mira a ver si te ha birlado la cartera mientras te abrazaba.
Lugares de Interés
- El Monumento Al-Shaheed (El Huevo Gigante): La obsesión de Saddam Hussein con tener un pene arquitectónico se materializó en esta cúpula azul que parece un huevo de Pascua diseñado por un alienígena. Es un mausoleo y museo dedicado a la guerra Irán-Irak (un monumento a "quién aguanta más dolor"). Por dentro es un laberinto de hormigón oscuro perfecto para que los adolescentes góticos se hagan fotos mientras ignoran los murales de mártires que los miran con juicio.
- Las Manos de la Victoria: Dos brazos de bronce gigantes saliendo de la tierra sosteniendo unos sables que parecen palillos de dientes para un Godzilla con gingivitis. Se supone que representan el triunfo de Irak (que fue más bien un empate técnico con derrota humillante), pero en realidad son el parque de atracciones favorito de los niños pobres que trepan por ellas para escupir desde arriba.
- El Minarete de la Mezquita Al-Khulafa: La respuesta de Oriente Medio a la Torre de Pisa, pero sin turistas japoneses haciendo poses graciosas (si un policía te ve haciendo eso, te dispara). Se inclina lo suficiente para que si te apoyas, te caiga un ladrillo en la cabeza.
- La Escuela Mustansiriya: Una joya de la arquitectura abasí del siglo XIII que sobrevivió a mongoles, otomanos y al Ministerio de Obras Públicas iraquí. Es preciosa, con sus arcos y mosaicos, pero huele a meado de gato y a humedad histórica. Hoy es una universidad donde los estudiantes estudian ingeniería nuclear mientras el techo gotea sobre sus apuntes. Es el único sitio donde puedes ver a alguien resolviendo una ecuación diferencial mientras esquiva una paloma muerta.
- El Reloj de Qushla: Un reloj otomano que marca la hora con la misma fiabilidad que Bagdad para ser invadida. Está en medio del zoco, es el punto de encuentro oficial para perder a tu grupo de amigos para siempre, porque si te despistas un segundo, te han secuestrado o te has casado con una familia local.
- El Museo Nacional de Irak: El museo del "¿Dónde está?". El edificio es neoclásico y elegante, pero las salas están tan vacías que podrías jugar al fútbol en ellas. Las piezas importantes no están porque "se perdieron" durante la invasión de 2003 o directamente se las robaron las potencias coloniales del siglo XIX (fueron a parar a la colección privada de un jeque o a la chimenea de un soldado americano aburrido). Ver un cartel que dice "Pieza saqueada" cuenta como experiencia cultural.
- La Zona Verde: La burbuja de la realidad donde viven los diplomáticos, los mercenarios y los únicos iraquíes que tienen electricidad 24 horas. Entrar requiere más papeleo que adoptar un niño en China y tres sobornos al día. Dicen que dentro hay césped y piscinas, pero probablemente sea un espejismo colectivo provocado por el estrés postraumático.
Si ves a alguien con un AK-47, no le pidas una foto. A menos que quieras que tu cara salga en un cartel de "Se busca" en la oficina de correos. No fotografíes edificios gubernamentales. En Bagdad, un edificio aburrido puede ser una prisión secreta de la CIA o un burdel de lujo para generales. En cualquier caso, no quieres que salga en tu Instagram.