Bagdad

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Bagdad (La Diana del Desierto)
BanderaIrak.png Irak (o como se llame esta semana), Califato Abasí (cuando el oro no era un mito), Estados Unidos (2003-2011, temporada de rebajas y democracia de impacto)
Escudo de Bagdad (La Diana del Desierto)
Lema «Si escuchas un silbido, no es un pájaro, es un regalo diplomático aéreo.»

Establecida 762 d.C. (por un califa con un compás y mucho sueño), 2003 d.C. (reestreno con efectos especiales)

Tipo de Gobierno Anarquía cromática (depende del color del uniforme que te apunte)

Alcalde El que logre cruzar la calle sin que su convoy sea interceptado por tres milicias distintas

Situación A orillas del Tigris, un río que no tiene tigres pero sí una colección envidiable de secretos históricos

Población 8.765.000 supervivientes profesionales y un número indeterminado de fantasmas abasíes

Gentilicio Bagdadí, «Arquitecto de refugios improvisados»

Himno El siseo del viento y el estruendo ocasional en Sol Mayor

Bagdad (Ciudad de la paz en su natal árañol, Bolsa de papá en english) en no es solo una ciudad redonda perfectamente sin forma redonda, también es la capital del país del mismo nombre, pero de nombre distinto, Irak, ubicada en las márgenes del río Tigris, que no tiene tigres por razones absurdas que solo los tigrólogos saben, aunque sí tiene basura pero no agua.

Fundida en el siglo VIII como centro arenoso del arenoso califato abasí, Bagdad ha sobrevivido a más invasiones que las veces que ella invade, convirtiéndose en la metrópoli con más experiencia en ser "liberada" por pre-potencias desde desde el nieto mongol de alguien, hasta el hijo de alguien.

A 90 kilogramos de distancia de la imaginaria pero reconstruida ciudad de Babilonia, se distingue por no tener nada antiguo en su arquitectura, solo en las falsificaciones de su museo (las verdaderas piezas están repartidas por ahí en Leropa) y también es conocida porque sus habitantes son los más simpáticos que te puedes encontrar en Medio Oriente, o cuando menos fingen serlo para que no los invadas. Actualmente funciona como centro de pruebas de la ONU para misiles en fase beta y gobiernos en versión demo.

Historia

Fundación

Al-Mansur la dibujó con forma de pizza porque tenía hambre en ese momento.

Una pequeña aldea a la mitad de la nada ya existía junto al río Tigre desde hace varios millones de años, lejos desde velociraptors hasta de persas.

No fue sino hasta que el califa Al-Mansur, harto de Damasco y de sus primos omeyas tan cuadrados, los envenenó a cada uno con supositorios espinosos sin que se dieran cuenta y escapó a donde ni Alá pudiera verlo, que era esa aldeucha a mitad de la nada; y ahí hizo un círculo así de grande (imagina un círculo así de grande) y le dijo a sus hombres que así quería su ciudad, que quedaría mamalona, y tuvo razón, mamalona pero inservible porque si su idea era que no pudiera ser invadida, la puso con la forma de tiro al blanco, y ya usted sabe como son los hombres cuando ven esa forma.

El diseño era simple y paranoico: murallas concéntricas, fosos donde puso varios cocodrilos muy hambrientos, tan hambrientos que se murieron, así que los sustituyó por cocodrilos menos hambrientos (pero enojados porque ordenó a los guardias burlarse de ellos desde los puentes), y cuatro puertas monumentales que apuntaban a las cuatro esquinas del imperio porque ese sí era cuadrado. En el centro, la mezquita que no puede faltar y el Palacio de la Puerta Dorada, desde donde Al-Mansur podía sentirse (y ser) el ombligo del mundo, por eso coleccionaba pelusa.

Esplendor abasí

En la Casa de la Sabiduría se hacían cirugías desde la Edad Media, por ejemplo a este hombre se le iba a hacer una cirugía innecesaria si no confesaba dónde estaba el dinero.

En la Edad Media, era la ciudad más grande del planeta y posiblemente del Sistema solar. Aunque ya no era redonda porque se habían robado los ladrillos para pegarle a los ladrones que se robaron los cocodrilos, seguía siendo impresionante.

Por aquellos tiempos mientras occidente estaba en plena Edad Media y aún creían que los Reyes Magos iban a regresar a destruir el mundo en el año 1000, Bagdad ya había construido la Casa de la Sabiduría™ que era el Google del desierto. Se encontraban traductores bien pagados que mejoraban a Aristóteles y Euclides con notas como "esto ya lo sabíamos" o "Sócrates era puto". Ahí vivía gente como Al-Juarismi, famoso torturador de niños; los Hermanos de la Pureza que vendían agua embotellada, y el famoso cristólogo Hunayn ibn Ishaq, que se dedicaba a morder a los demás para ver si el cristianismo se infectaba así. Fue la época de Las mil y una noches: cuentos persas, aventuras árabes y la ansiedad universal de no ser ejecutado al amanecer.

Assassin's Creed viajó a la ciudad para intentar matar al tatatatatatarabuelo de <inserta tu nombre aquí>, no lo encontró porque vivía en Tuvalu Ulterior.

Pero Al-Rashid, el califa estrella, odiaba Bagdad así como Bagdad lo odiaba a él (no es cierto, no odiaría nadie, es demasiado linda). El calor era intolerable y el polvo, polvoriento. Se escapaba a Raqqa constantemente (porque los sabios no eran tan sabios porque se dedicaban a tontear y acariciarse mutuamente la barba, pero no podían inventar un aire acondicionado), dejando el Reino a la familia Barmakí, y al visir de entonces al-Ja'far, luego el califa vio la película de Aladino y supo que no podía confiar en alguien con ese nombre, así que Ja'far y su familia necesitaban una masacre correctiva para que aprendieran a no llamarse así.

La Guerra Civil entre Al-Amin y Al-Mamut (813-833) fue el punto de quiebre. Bagdad pasó de capital de lujos a campo de batalla. El asedio de Tahir ibn Husayn convirtió el Palacio de la Eternidad en ruinas bastante temporales. Al-Mamún ganó, pero Bagdad quedó irreconocible y sigue así hasta ahora, aunque cada vez es más reconocible como una ciudad no reconocible. Décadas después, los califas —cansados de revueltas y de gente llamada Ja'far— se mudaron a Samarra, una ciudad nueva y lúgubre río arriba, porque si no abandonas tu capital, todos te consideran mal gobernante.

Dominio selyúcida

Luego llegaron los Selyúcidas, tribus turcas nómadas cuyo bigote entraba en la tienda antes que ellos, odiaban a los abasí por ser musulmanes que musulmaneaban de forma diferente a ellos, y unos eran nietos de Mahoma y otros eran sobrinos de Mahoma y, por tanto, debían matarse entre sí según las leyes locales. En 1055, Toghril Beg llegó a Bagdad "para proteger al califa" de su propia incompetencia siendo califa. El califa quedó reducido a figura decorativa con turbante caro; el poder real se ejercía desde la yurta, entre tragos de leche de yegua que olía a calcetín.

Bagdad se convirtió en capital de postureo, ya que bonita en las postales, pero los sultanes preferían guerrear en Persia o Anatolia y dejar la ciudad a visires que se apuñalaban por turnos. La gente (mezcla de árabes, persas, turcos y quien tuviera suerte) se acostumbró al caos como quien se acostumbra a un vecino que toca la trompeta a las 4 a.m., porque precisamente sus vecinos tocaban la trompeta a las 4 a.m. para avisar que todo estaba bien y que no había que despertarse. Las madrazas se multiplicaron porque eran los únicos sitios con brasero en invierno.

Saqueo mongol

Según este cómic de DC Comics, la ciudad no medía más que tu casa, por lo que era fácil de conquistar.

Luego vino el año 1258. El nieto de Gengis Kan, Kanito Chikito, llegó con su ejército y sus ingenieros de asedio chinos de Temu. Exigió la rendición por sus cojones. El califa Al-Mufasa, viviendo aún en el sueño abasí, se negó por tonto dirían unos, por estúpido dirían otros.

El asedio fue breve y brutal, lo segundo se sintió más que lo primero. Los mongoles usaron catapultas que lanzaban no solo camellos bomba llenos de nafta, un compuesto que explotaba si se le rezaba lo suficiente (luego los argentinos confundieron la nafta con la gasolina para empeorar el mundo).

Se estima que hubo más sangre que en un episodio de Caballeros del Zodiaco, pero ahí en Bagdad sí se morían por falta de ella. La biblioteca fue hecha asado de libros, pero como no estaban buenos, los aventaron al río y a la gente también. Bagdad dejó de existir como ciudad importante, como ciudad y como lugar. Se convirtió en una gran aldea fantasma, gobernada por gobernadores mongoles que solo venían a cobrar impuestos y a echar un meo en el río. El sistema de canales, la base de su agricultura, se pudrió. Fue el final del primer volumen de su historia.

Intermedio otomano

Solimán el Magnífico entra en Bagdad.

Durante siglos, Bagdad fue la pelota de pinball entre persas safávidas y otomanos. En 1534, Suleimán el Magnífico (un superhéroe local) ganó la partida, se la llevó a casa y la mandó al rincón de pensar. Los europeos llegaban buscando Ali-baba (ese ya se había ido a China) y se encontraban escombros, mezquitas cojas y gente con cara de mejor no preguntes.

El verdadero enemigo no eran los ejércitos, sino el Tigris (que entraba a la casa sin zapatos), la peste y unos pachás que parecían más felices en pedacitos que vivos. Hubo un momento hipster con el pachá Mídhat, que puso faroles de gas y una fábrica que duró menos que un helado en agosto. Pero bueno, los otomanos pusieron un reloj que ahora sirve para ver la hora, ya es algo.

Mandato y monarquía

El Mandato Británico fue el período en que Bagdad fue británica porque los británicos decían "esto es británico" mientras los bagdadíes decían "esto es Bagdad", ninguno de los dos tenía razón. Así, la ciudad fue una capital colonial que no era capital y poco colonial. Para administrar esta paradoja, establecieron una monarquía, que era monárquica porque tenía un rey que reinaba porque un rey debe reinar, incluso si su reinado consiste en firmar papeles que dicen "ya reinaré mañana". Fáysal I fue el rey perfecto porque era perfectamente intercambiable: un hachemí en Irak es como un tigre en el Tigris, algo que suena correcto pero que todos saben que es un error de casting.

La independencia de 1932 fue independiente porque se celebró independientemente de si alguien se sentía independiente. Bagdad se convirtió en la capital de un país soberano soberanamente ignorado por su propio gobierno, que a su vez era soberanamente ignorado por Londres, que soberanamente ignoraba que los ignoraban.

El golpe de 1958 fue revolucionario porque revolucionó la costumbre de tener reyes para tener revolucionarios que eventualmente querrían ser reyes sin corona. Bagdad, como siempre, fue el escenario donde la historia demostró que la historia en Bagdad es redundante, la maldición de haberla hecho circular.

Era Baaz y Saddam

A partir del Baaz, la ciudad se desbagdadizó. Había sido suficiente ser Bagdad por mil años; un nombre que, análisis histórico en mano, claramente traía mala suerte incorporada. Así llegó la saddamización (no confundir con sodomización, aunque los resultados para la población fueran académicamente similares en términos de molestia profunda). Este fue el plan maestro de marketing urbano, convirtiendo cada nuevo palacio en una sucursal del ego, tiendas flagship dedicadas a exhibir el mismo producto en diferentes modelos: Saddam legislador, Saddam militar, Saddam agricultor en un desierto.

El proyecto estrella materializó la lógica impecable con la recreación de Babilonia: un parque temático del Apocalipsis. La pregunta era obvia: ¿sistemas de drenaje o ladrillos con tu nombre grabado en el palacio de Nabucodonosor? El presupuesto nacional así invirtió en profecía, asegurando que si el mundo terminaba, Irak tendría los derechos de autor de las ruinas. Este fanfiction histórico, el más caro jamás producido, insertó a su protagonista como heredero natural de todos los imperios mesopotámicos, donde la destrucción mundial sería el gran final de su obra de temporada.

Invasión y actualidad

Archivo:F-117 above Baghdad 2003.jpg
Un F-117 repartiendo folletos de "libertad" y "demolición selectiva" sobre el centro histórico.

La Tercera Guerra del Golf comenzó cuando se descubrieron las armas invisibles de Irak. En 2003, una coalición de lo disponible (EE.UU., Reino Unido y Australia, que se apuntó pensando que era un safari) inició la invasión sorpresa más anunciada de la historia. La estrategia fue sencilla: destruir todo lo que pudiera proteger a la ciudad para luego proteger la ciudad de lo que habían destruido.

El entonces alcalde, Saddam Hussein (también presidente, jefe militar y diseñador principal de barbas), había convertido Bagdad en un parque temático de sí mismo. El 9 de abril, los marines derribaron la estatua del dictador, pensando que era el verdadero Saddam y pesaba chorromil kilos.

Archivo:Baghdad Green Zone from air 2005.jpg
La Zona Verde: el único lugar de Bagdad donde la corrupción tenía aire acondicionado y wifi gratis.

Llegó entonces la fase de ocupación. La Autoridad Provisional, liderada por un hombre con menos conocimiento local que un turista con una guía de 1998, disolvió el ejército (creando instantáneamente 400,000 desempleados con experiencia en manejo de armas) y desbaazificó la administración (dejando a un país sin nadie que supiera dónde estaban las llaves de la luz).

El punto álgido fue la era del Estado Islámico (ISIS), una franquicia yihadista que en 2014 quiso aplicar en Irak su modelo de negocio basado en la destrucción arcaica y las ejecuciones virales. Sin embargo, encontraron que Bagdad, después de una década de caos, tenía el monopolio del desastre y no permitía competencia. La ciudad resistió, aunque a ese punto ya nadie sabía si luchaba por la unidad nacional, por su secta o simplemente por ver el próximo episodio de lo que les pasará la vez siguiente.

Geografía

Situada en una llanura tan plana que un escalón se considera montaña, Bagdad es cortada en dos por el río Tigris, que separa Ruṣāfah (este) de Al-Karkh (oeste). Su clima es un desierto que ofrece veranos de 50°C e inviernos con tormentas de polvo. La Ciudad Redonda original ha sido devorada por una expansión caótica de más de 80 barrios, donde el único elemento geográfico constante es el polvo y el ronroneo de generadores.

Demografía

Contar a los habitantes de Bagdad es como intentar censar arena en una tormenta. Las cifras oficiales oscilan entre 7 y 9 millones, pero incluyen categorías poco ortodoxas:

  • Residentes permanentes: Quienes nacieron, vivieron y probablemente morirán aquí, a menos que un escombro decida lo contrario.
  • Desplazados internos: Personas que llegaron huyendo de otra parte de Irak y descubrieron que aquí también hay problemas, pero con mejor cobertura de móvil (intermitente).
  • Funcionarios fantasma: Nombres en las nóminas del gobierno que nadie ha visto jamás, pero que constituyen el pilar demográfico de la economía creativa local.
  • Espíritus históricos: Desde sabios abasíes hasta soldados otomanos, que se niegan a irse porque la renta es baja y el drama, constante.

La composición es un mosaico de árabes chiíes y suníes, además de comunidades más pequeñas de kurdos, turcomanos y otros. Tras la guerra sectaria, la ciudad se "reordenó" de forma espontánea y traumática, creando barrios homogéneos que funcionan como mini-repúblicas independientes con sus propias milicias y servicios. Es la aplicación práctica del lema "divide y vencerás", pero ejecutada por los propios venidos.

Gobierno

Bagdad es la capital de Irak, lo que significa que alberga el Consejo de Representantes, el Gobierno Federal y más ministerios de los que son estrictamente necesarios para cualquier nación. La administración de la ciudad propiamente dicha es una coreografía burocrática donde las competencias se superponen, se contradicen y a menudo se cancelan entre sí.

El Alcalde es, en teoría, la máxima autoridad. En la práctica, su poder termina donde empieza la influencia del jefe de la milicia del barrio, del comandante de la brigada federal apostada en la esquina o del imán de la mezquita local con mejor megafonía. Gobernar Bagdad es menos un trabajo ejecutivo y más un ejercicio de diplomacia de crisis continuada, donde un corte de agua puede desatar una protesta que derribe a un ministro.

La Zona Verde (ahora renombrada con algo menos belicoso, pero todos le siguen diciendo así) persiste como un estado dentro del estado: un distrito ultra-fortificado donde la élite política vive, trabaja y toma decisiones sobre una ciudad que ven a través de cristales blindados y reportes de inteligencia de dudosa calidad.

Economía

La economía bagdadí es un trípode tambaleante:

  • El Petróleo: La savia negra del país. Bagdad no tiene pozos, pero sí todas las sedes ministeriales que gestionan la renta petrolera. Es la ciudad donde el dinero del crudo llega para desaparecer en laberintos de corrupción, contratos fantasmas y proyectos faraónicos inconclusos. Es una economía de derrame, donde lo que se derrama rara vez moja al ciudadano de a pie.
  • La Reconstrucción: La industria eterna. Desde 2003, Bagdad ha sido el mayor proyecto de construcción y demolición simultánea del mundo. Empresas extranjeras, contratistas locales y hombres con chalecos y walkie-talkies gestionan un ciclo perpetuo: destruir (por bombas o negligencia) y reconstruir (con fondos internacionales o locales). Es el único sector con pleno empleo garantizado, pues el trabajo nunca, nunca termina.
  • El Generador Comunitario: La verdadera economía de subsistencia. Con una red eléctrica nacional más fiable que un pronóstico del tiempo a un mes, el motor diésel es el rey. Cada barrio, cada manzana, tiene su propio "señor del generador", un empresario local que vende amperios a precio de oro y cuyo corte arbitrario es el nuevo azote de la población. Es un sistema micro-capitalista puro: oferta, demanda, y el inconfundible olor a combustible quemado.

El comercio se desarrolla en zocos históricos que venden desde especias hasta teléfonos chinos de contrabando, y en centros comerciales de mármol con aire acondicionado que parecen naves espaciales aterrizadas en una zona de posguerra.

Infraestructura

  • Electricidad: Proviene de una trifecta mística: la red nacional (que funciona cuando los planetas se alinean), los generadores privados (que funcionan cuando tienes dinero) y la esperanza (que funciona siempre, pero no enciende bombillas).
  • Agua: El Tigris la provee, pero las plantas de tratamiento son reliquias de mejores tiempos. Beber del grifo es una ruleta rusa microbiológica. La población culta prefiere el agua embotellada, que es el verdadero oro líquido.
  • Carreteras: Un testimonio de todas las eras. Calles otomanas estrechas que desembocan en avenidas de los 70, cruzadas por autopistas elevadas de la era Saddam, todas ellas salpicadas de checkpoints improvisados que convierten cualquier viaje de 5 km en una odisea de dos horas. El tráfico es caótico, pero educado en su propio caos; se rige por leyes no escritas donde el claxon es la gramática y la temeridad, la retórica.
  • Transporte Público: Una flota de microbuses destartalados que desafían las leyes de la física, la capacidad y el buen gusto. Son pintados con colores psicodélicos y frases como "Si Dios quiere, llegaremos". El pasajero no paga por un viaje, paga por una experiencia de fe.

Cultura

La cultura bagdadí es un compuesto de orgullo histórico, trauma reciente y un humor negro más seco que el desierto. El bagdadí promedio puede recitar versos de la Edad de Oro abasí con una mano mientras arregla un generador con la otra y comenta el último apagón con un chiste ácido.

  • Arte: Florece en los muros agrietados, donde grafitis políticos y poesía callejera compiten por el espacio. Las galerías de arte exhiben obras que mezclan caligrafía árabe con motivos de ceniza y alambre de púa.
  • Música: El Maqam tradicional sigue vivo, a menudo acompañado por el sonido de fondo de los generadores, creando una nueva forma de música concreta. Los jóvenes escuchan rap iraquí que habla de checkpoints, amor y desesperación.
  • Gastronomía: El Masgouf (pescado a las brasas del Tigris) es el plato nacional, aunque ahora viene con un toque sutil a hidrocarburos. El té es la bebida que lubrica toda interacción social, desde una negociación de paz hasta una queja por los cortes de luz.
  • Deporte: El fútbol es una pasión que une donde la política divide. Cuando la selección nacional gana, Bagdad estalla en una celebración que, para un observador externo, se parece sospechosamente a una revuelta, pero con más banderas y menos ira.

Educación

Bagdad alberga algunas de las universidades más antiguas y respetadas de la región, como la Universidad de Bagdad. Sin embargo, décadas de sanciones, guerras y fuga de cerebros han dejado su huella. Los campus son microcosmos de la ciudad: edificios majestuosos con bibliotecas vacías, profesores brillantes con salarios miserables, y estudiantes cuya principal lección es la perseverancia bajo presión. La ciencia se hace a pesar de todo, a menudo con equipos obsoletos y una inventiva que homenajea, en la distancia, a los antiguos sabios de la Casa de la Sabiduría. Publicar un paper es heroico; conseguir electricidad para cargar el portátil para escribirlo, aún más.

Turismo

Bagdad no es una ciudad para el turista casual. Es una inmersión avanzada en historia, caos y humanidad obstinada. No vienes a ver ruinas; vienes a ver una ruina que respira, suda, bromea y, contra todo pronóstico, sigue soñando con ser redonda otra vez.

  • La Zona Verde: La atracción turística número uno para diplomáticos y periodistas. Visita guiada: No.
  • Museo Nacional de Irak: Reabierto tras el saqueo. Exhibe una poderosa colección titulada "Lo que nos devolvieron (y lo que no)". La pieza más impactante es la vitrina vacía con un cartel de "Robado en 2003".
  • Calle Al-Mutanabbi: El corazón literario que late cada viernes. Llena de librerías de viejo que venden desde tratados de medicina abasí hasta novelas románticas egipcias con portadas cursis. Un bombazo en 2007 trató de silenciarla; solo logró que vendiera más libros sobre resiliencia.
  • Monumento al Soldado Desconocido: Una estructura arquitectónica de la era Saddam que parece un gigantesco cuenco de galleta partido por la mitad. Los locales le tienen cariño por lo ridículamente grandilocuente que es.
  • Parque Zawra: El pulmón de la ciudad, donde las familias van a hacer picnic entre el rumor de las fuentes y el rumor constante de los helicópteros Apache sobrevolando.