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Incilibros/El Gato Negro

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El Gato Negro

Edgar Allan Poe

















Inciclopedia Ediciones




Advertencia de Inciclopedia Ediciones

El señor Edgar Allan Poe. Lo ponemos porque si no le atribuimos su texto, nos puede denunciar desde el más allá.

Estos malditos escritos, adjudicados frecuentemente al Sr. Edgar Allan Poe, han sido encontrados en una fuente victoriana de dominio público, cerca a la residencia de Poe. Así que, según la legislación Francesa de protección de fuentes naturales de dominio público, el contenido del relato corto está disponible para que cualquiera lo pueda hurtar. Eso obviamente lo decimos para quedar bien porque nosotros también robamos el contenido, pero eso es otra historia. Así que,

  1. Inciclopedia no es la dueña de los derechos de autor de este cuento, pero nos lo pasamos por el forro y lo mostramos igual porque Wikipedia ya lo hizo y no queremos quedar atrás.
  2. Lo único que ha modificado Inciclopedia en el relato han sido algunas palabras para que sea más entendible a un público de todas las edades que no conoce los insultos de la época victoriana, junto a algunos chistes malos que le puso el autor original pero que eran demasiado malos, hasta para aquí. También le pusimos unas imágenes que mejoraban la entendición del texto, haciéndolo menos aburrido.
Dicho esto, procedemos a mostrarle el relato, a la vez que lo presumimos frente a los que no lo alcanzaron a comprar a tiempo.



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"No espero ni quiero, ni mucho menos deseo que se tome en serio este relato, extrañamente perturbador y extraño, pero a la vez familiar y cómico, pues es totalmente falso. Estoy totalmente asustado por una rara serie de televisión que ví el otro día, que ha nublado mis sentidos, por lo que los sucesos que me acaecieron podrían o no ser imaginarios. Tal vez más adelante otros de los pseudointelctuales presumidos que abundan en este planeta Marte logre esclarecer el asunto, dejándome totalmente en ridículo. Así que pido encarecidamente a las librerías que si ven a un comprador con cara de cerebrito, se nieguen a venderle el libro, o por lo menos le quiten unas cuantas páginas para que no pueda entender nada de lo que está aquí escrito. Podría morir mañana y no quiero que este libro sea tomado como colección barata de chistes, así que 1.- No cerebritos, y 2.- Véndanlo caro que algo tengo que comer. Dicho esto procederé a relatarles el creepypasta más aterrador que hayan oído jamás..."

"No hallaba más goce mi alma que cuando veía videos de gatitos en YouTube."
"Desde niño ya era bastante... de esos a los que llaman maricones. No había para mí placer más grande que acariciar o jugar con un perro, así como ver videos de gatitos en Youtube. Crecí y, con el pasar de los años, hice de acariciar animales mi principal fuente de goce y distracción. Aquel que jamás ha se sentido querido en el amor desinteresado de un animal, que no busca dinero sino solo comida; ciertamente no entenderá el relato. Así que le pido cordialmente que se vaya. La amistad de los animales de parte mía y para conmigo es algo que varias veces he podido comprobar, más incluso que la amistad de los seres humanos y frikis."

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Fotografía adjunta con el cuento, presumiblemente de la casa del relato, puesta por el mismo Allan Poe.

"Me casé bastante joven. A los 5 años de haber venido al mundo ya estaba formando un hogar, con hijos incluidos. Mi mujer, a la que inspiraba ternura, tanto yo como mi fijación por los animales, no dudaba cuando en la tienda de mascotas veía un animal y me lo compraba, según ella, por mi cumpleaños. Cabe resaltar que nunca me dió un regalo de cumpleaños. Así, con su tierno afán con mi fetiche, tuvimos cuantos animales se pudiera conseguir en el mercado local, sección de mascotas o de mercado negro, pero los conseguimos. Tenía pues, un perro, un canario, un ratón, un ajolote, una anaconda, una llama, y un gato. Este último era un espectacular ejemplar de color negro total, inteligente como Einstein, y muy fuerte para su especie, alcanzando a cargarme a mí en sus mejores días. Mi mujer, algo supersticiosa, atribuía su inteligencia y fuerza, junto a su conocimiento en brujería, a la vieja creencia de que los gatos negros son del diablo, entre otras cosas relacionadas con lo sobrenatural y las tiendas de macrodistribución. La verdad no hablaba en serio, haciéndolo solo para hacerme dar miedo (mi usual venganza era mearme en la cama)."

"Plutón, que era el nombre del can, era mi mejor amigo: me seguía a todas partes y no lo podía repeler ni en el baño. Así, fui durante años la misma persona, manteniendo mi temperamento de una manera respetuosa hacia todos. Pero, ¡hay de mí!, desde que a los 10 años, con 5 años de feliz matrimonio detrás, prendí el televisor y vi un episodio de Los Simpson, mi carácter hacia el mundo se volvió mucho más rebelde, cambiando mi personalidad hacia un rumbo más violento. Mi consideración para con los seres vivos a mi alrededor bajó considerablemente, llegando al punto de no tener humanidad alguna si, por ejemplo, una boa se metía en la cañería, ¡pobre de ella! Con el único con el que aún mantenía una comunicación fluida era con Plutón, el único al que alimentaba. El gato también había visto a la familia amarilla, por lo que se volvió cada vez más huraño y alejado de mí. Una noche, de la que aún me acuerdo con una horrible vividez, por ser de un vívido horror, estaba yo volviendo de una pijamada en la casa de un amigo, cuando, al ver al gato, me pareció que este me ignoraba y se hacía la víctima, rascándome una mano. Enfurecido, saqué un plumón y ¡plop!, le pinté un bigote francés y un par de lentes graciosísimos con un truco que vi en un infomercial. Caí rendido en mi cama y no volví a pensar en el asunto hasta el día siguiente."

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"Enfurecido, saqué un plumón y ¡plop!, le pinté un bigote francés..."

"Al despertar, ví con horror lo que había hecho, con una dosis de remordimiento que sería mortal si estuviera enlatada. Quisiera decir que lo llevé a un veterinario a un gastroenterólogo, pero lo único que hice fue ocultarlo por si mi esposa lo veía con lentes. Más que pronto ahogué mis penas en leche chocolatada. Desde ese momento, nuestra relación cambió. Aunque aún se paseaba por la casa por tener el pase VIP, cada vez que me veía cerca huía aterrorizado. No lo culpo, si a mí me pintaran un bigote y lentes con plumón, también estaría un poco enojado. Yo aún tenía algo de humanidad como para respetar, si bien no compartir, el distanciamiento entre nosotros. Mas pronto eso fue reemplazado por una profunda cólera causada por las decisiones del Congreso de mi país, cólera que manifesté en mi gato, en forma de perversidad. Diría algo sobre la perversidad, pero es obvio que existe, así que sería insulso perder tiempo explicando eso, no como ese ignorante de Poe. Ese sentimiento de perversidad causó mi ruina, pues, un día, solo porque mi equipo favorito había perdido, con lágrimas en los ojos, pero sin remordimiento, corrí el nudo fatídico de una corbata michi alrededor de su cuello, y lo dejé colgado en una media navideña que teníamos en la sala para los dulces de Papá Noel. Lo hice porque me había amado, y yo no era furro para dejarme amar por un animal. Lo hice porque sabía que no estaba bien dejar a los gatos dentro de las medias. Lo hice solo porque me invadía la perversidad."

".. hasta que al día siguiente, mientras buscaba mis juguetes, vi que solo una pared había sobrevivido al fuego: [...] y en la pared estaba, com si fuera un graffiti callejero u otra obra de arte moderno, la clara silueta de un gato negro."
"Al día siguiente del suceso que acabo de relatar, me desperté de madrugada, a las 8 de la mañana, al grito de ¡Fuego!, pues la casa entera estaba ardiendo porque mi mujer había dejado unas galletas en el horno y se había olvidado de sacarlas. Todo se destruyó, hasta que al día siguiente, mientras buscaba mis juguetes entre las ruinas, vi que solo una pared había sobrevivido al fuego: la cabecera de mi cama. Fui a verla entre un coro de niños que coreaban palabras como "extraño" o "PERTURBADOR, en el sentido anglosajón de la palabra"; y pues, en la pared, casi como si estuviera grabado en ella, se podía observar claramente la silueta de un gato. Rodeaba al animal una media navideña. Después de poco pude encontrarle una explicación a la aparición que tenía frente a mi vista: el calor y el yeso habían atrapado una vieja tarjeta navideña de un gato en una media navideña en la pared, por lo que el carbón producido había hecho el resto. Aunque eso satisfajo a mi curiosidad, no lo hizo igual con mi consciencia, que no podía para de preguntarse dónde estaría el gato que había metido en la media navideña. Durante los siguientes meses estuve taciturno, sin asosiego para mi alma atormentada que incluso rememoraba los momentos más graciosos del susodicho gato."

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"... pero pronto me empezó a causar no solo una repulsión indecible, sino también un extaño horror"
NE: Seguramente el gato era una pantera negra y el idiota de Poe no se daba cuenta.

"Así hasta que un día, estando yo sentado tomando un vaso de jugo en el cumpleaños de un compañero del colegio, ví un gato negro posado sobre los regalos, extrañamente parecido a Plutón, solo que con una mancha blanca de forma de escupitajo. Lo acaricié y al responder este de manera que se esperaría siendo un autómata, como lo había probado Pavlov, me encariñé con él y le pregunté al compañero si podía llevármelo. El nunca lo había visto, así que me lo dió gustoso. Ahora sospecho que era uno de sus regalos, pero eso no viene al caso. Me lo llevé a casa y, en unos pocos días, se hizo amigo de todos allí, o sea mi esposa y los ratones que eran sus amigo. Mientras, a mí, por alguna razón que desconozco aún, me empezó a causar un indecible odio hacia él. Aunque me retuve a mí mismo de maltratarlo, en recuerdo de mi anterior gato, al que no solo le había pintado bigote y gafas (otra extraña coincidencia con el nuevo y mejorado Plutón) y colgado de una media, pero pronto me empezó a causar no solo una repulsión indecible, sino también un extraño horror hacia su persona. Lo raro es que, por más dulces que me comprara y no le compartiera para marcar que no me caía bien, más me quería el gato, por lo que mi odio era compensado con caricias y compañía. Un malagradecido, sin duda alguna mi gato. Cada vez que me daba muestras de afecto, solo aumentaba mi terror hacia él. Un terror indescriptible, pero terror de todas formas."


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"Así, con el pasar de los días, mi terror solo fue creciendo, poco a poco, al hacerme dar cuenta mi mujer que la única diferencia con Plutón era la mancha blanca, que con los días y mi paranoia extrañamente alerta, se fue convirtiendo en la silueta de una figura fatídica para mí: La silueta contorneaba la forma del logo de Discovery Kids, la cosa que más odiaba yo en la tierra y que me producía un terror más indescriptible aún que el gato. ¡Oh lúgubre y terrible máquina, máquina de espanto y crimen, de muerte y agonía! No hallaba descanso mi mente, cuando dormía, soñaba con el gato y su horrible tatuaje, solo para despertar y sentir al gato sobre mi cara pues acostumbraba dormir ahí. ¡Ah!, y como dejar de mencionar a mi mujer, que era mi constante pañuelo de amargas lágrimas, la más resistente en mis constantes berrinches por culpa del gato, resistiendo todo con su instinto materno."
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"Me contuve de pegarle al gato durante un tiempo, hasta que un día, saliendo del auto, el gato me hizo golpearme la cabeza contra una olla que colgaba en el estacionamiento del edificio en el que vivíamos por nuestra pobreza. Decidido entonces, agarré mi sorbete, y echándole saliva a un examen reprobado que tenía en mi bolsillo, hice una pequeña bola de papel mojado que estaba dispuesto a lanzar al gato. Pero la mano de mi esposa se interpuso, por lo que descargué mi furia contra ella, lazándole todos los proyectiles a la pobre. Horrorizado por lo que acababa de hacer, salí despavorido del estacionamiento, después de recapacitar un momento de si era lo correcto hacerlo. Cerré la puerta con llave, convencido de que nadie vería mi crimen pues éramos los únicos que contaban con un auto. Dispuesto a ocultar mi acción con todo lo que podía, llevé papel mojado y engrudo Art Attack a la puerta del estacionamiento, cubriéndola con una gruesa pared de papel maché."

"Aunque intenté buscar al culpable, el maldito gato no vino a cenar en toda la noche, y aún con el peso de haberle tirado papel mojado a mi mujer, dormí tranquilamente, pues el monstruo no estaba acechando en mi armario y no me despertaría a las 6 de la madrugada. Así estuve, feliz por tres días, disfrutando mi soltería, hasta que, a la tarde del viernes, se presentó la vecina y unos cuantos más, preguntando por mi mujer, buscándola por toda la casa. Yo estaba radiante, pues una pared de papel maché era algo imposible de adivinar. Finalmente, cuando estaban seguros que no estaba allí, se fueron, pero estando una tía de visita, se dirigieron todos al estacionamiento. Yo estaba algo impaciente, pero seguro que no descubrirían mi jugarreta. Al llegar a donde estaba el estacionamiento, por la perfección de mi manualidad, no notaron la diferencia con el resto de paredes, por lo que fue fácil convencerlos de que nunca había existido ningún estacionamiento. Yo estaba en el punto máximo de mi alegría, y, en una decisión estúpida, me largué un discurso sobre el edificio en el que vivíamos."

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"Había emparedado al gato en el estacionamiento"
"«¡Ah, la magia de la arquitectura!, — dije yo — con cualquier tipo de construcciones de maneras estrambóticas y sin embargo útiles. Por ejemplo, este edificio. Tiene de todo. Estilo victoriano, gótico, barroco, y una cueva al lado del estacionamiento.» Ahí fue donde caí. Todos voltearon, sin darme ninguna palmadita en la cabeza, y, dirigiéndose hacia la pared de papel, la palparon y acercaron su oído. Entonces, todos escuchamos el maullido de un gato. Yo me paralicé. ¡Había encerrado al gato en el estacionamiento, por eso no venía! Usando un encendedor, abrieron la pared, dejando paso libre al estacionamiento. Me miraron raro, sí, pero no dijeron nada y despidieron a la tía. Sobre mi mujer, no había resistido los tres días en el lugar, por lo que lamentablemente, había ido al más allá... de la calle, a casa de su madre, donde vive actualmente. Pero nunca podré olvidar que fue culpa de aquel demonio, que mi esposa se fuera a vivir con mi abuela, y que me dejara la cuenta del teléfono a mi. Porque yo, a pesar de lo que pensaba, no me había deshecho del gato, todo lo contario."
Había emparedado al monstruo en el estacionamiento










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