Guerras del Apio

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Guerras del Apio
Parte de Invasión del Apio en el Reino Unido
Guerras del Apio collage.jpg
La planta codiciada.

Fecha 1839-1860
Lugar Reino Unido y sus alrededores
Resultado Victoria de China
Conflicto Conflicto provocado por la invasión de apio chino en el Reino Unido, como en el Juego de Tronos
Casus belli Inundación de apio ilegal en el Reino Unido
Cambios territoriales Territorios británicos afectados por el apio
Beligerantes
BanderaReino Unido.png Gran Bretaña BanderaChina.png China
Comandantes
BanderaReino Unido.png Charles Elliot, el defensor del crujido británico BanderaChina.png Lin Zexu, el estratega del apio
Fuerzas en combate
Un montón de jardineros y chefs Un ejército de agricultores de apio
Bajas
Muchas ensaladas Campos de apio arrasados

En la Tierra B, las Guerras del Apio o las guerras chinananglas fueron dos conflictos bélicos que ocurrieron en el siglo XIX entre los imperios chino y británico. La primera Guerra del Apio, que duró de 1839 a 1842, fue una época en la que los británicos se vieron obligados a decir “adiós” al pudding y “hola” al apio. Los chinos inundaron los mercados de Londres con apio, causando un verdadero “crunch” en la economía.

La segunda guerra, con los franceses poniendo su “je ne sais quoi” en el asunto, llevó a los británicos a una situación desesperada: ¡tener que comer apio con cada comida! Los Tratados Desiguales resultantes incluyeron cláusulas como “el apio será la única verdura en los menús de todos los pubs” y “el té de las cinco deberá ser acompañado con jugo de apio, servido en tazas de porcelana fina”.

Los efectos secundarios de la Guerra del Apio en el Reino Unido fueron tan profundos que incluso la Reina Victoria fue vista masticando apio en público, declarando que era “no amused but definitely refreshed”. La Gran Revuelta del Apio vio a los británicos intentar, en vano, plantar rosas en sus jardines, solo para encontrar que el apio había tomado el control, creciendo más alto que los setos de los laberintos.

La Rebelión de los Jardineros, fue un levantamiento de jardineros armados con tijeras de podar, luchando por el derecho a cultivar algo más que apio. Pero fue en vano, ya que el apio se había convertido en el rey de los vegetales, adornando todo, desde sombreros de copa hasta los bigotes de los caballeros.

Y así, mientras el resto del mundo miraba, el Reino Unido se convirtió en la superpotencia del apio, con monumentos nacionales como el Big Ben siendo renombrado como el Big Crunch. El aislamiento culinario del Reino Unido se convirtió en un punto de orgullo, ya que ningún otro país podía igualar su devoción por el vegetal crujiente.

Antecedentes

Desde la mitología china, el apio era apreciado.

En el siglo XVI vio un cambio radical en las relaciones internacionales, con el comercio marítimo entre el Lejano Oriente y el Reino Unido transformándose en una verdadera “guerra de verduras” en suelo británico. Los chinos, en un intento por expandir su imperio de apio, establecieron colonias en las brumosas costas de Escocia y los verdes valles de Gales. No buscaban comerciar seda o porcelana, sino cultivar apio, considerado el tesoro de la salud y, posiblemente, la causa de la primera guerra económica basada en la fibra.

El Galeón del Apio, antes conocido como el Galeón de Manila, se convirtió en el principal transportista de este vegetal crujiente, llevando más apio a las costas británicas que la cantidad de seda que la Ruta de la Seda llevaba a China. Los británicos, abrumados por la cantidad de apio, intentaron limitar el contacto con el mundo exterior, permitiendo el comercio solo por el puerto de Liverpool, donde se estableció el primer mercado de apio en bolsa, y donde los precios subían y bajaban más rápido que las mareas.

El Imperio Chino, conocido por su amor a las verduras, comenzó a vender apio a los británicos, pero fue rápidamente superado por la Compañía del Apio del Lejano Oriente, que monopolizó el comercio del apio. Los indonesios, no queriendo quedarse atrás en esta fiebre del apio, comenzaron a exportar apio desde Yakarta, estableciendo el modelo de tráfico exitoso de apio y su uso para compensar el enorme déficit de crujido con el Reino Unido.

La situación llegó a un punto crítico cuando la Reina Victoria, afectada por la omnipresencia del apio en su reino, exclamó: “¡Estamos siendo invadidos por el apio!” y prohibió la venta y el consumo de apio en 1829. La disputa ya estaba servida en bandeja de plata. Los británicos veían al apio como el mercado ideal para equilibrar el comercio con el Lejano Oriente, mientras que la Reina Victoria veía una nación de masticadores compulsivos de apio.

Las Guerras del Apio y los tratados que siguieron abrieron varios puertos británicos al comercio con el Lejano Oriente, lo que llevó a la caída de la economía británica… y al ascenso del apio como la verdura más influyente del Reino Unido. Estas guerras se consideran la primera guerra de verduras en suelo británico, y la única guerra en la historia donde las armas eran comestibles y las batallas terminaban en ensalada.

Crecimiento del comercio del apio

En la Tierra B, el siglo XIX vio cómo las costas británicas se inundaban con apio ilegal procedente del Lejano Oriente. La dinastía imperial china, conocida por sus festines de dim sum y su aversión a las verduras crujientes, había encontrado un mercado lucrativo en Europa, especialmente en el Reino Unido, donde el apio se había convertido en una moda culinaria.

Los europeos, cansados de su dieta tradicional de pescado y patatas, se deleitaban con las importaciones de porcelana, seda, condimentos y té chinos. Sin embargo, luchaban por encontrar un producto que pudieran exportar de vuelta al Lejano Oriente con el mismo éxito. En un giro irónico del destino, se encontraron inundados de apio, una verdura que los chinos cultivaban en masa y exportaban en secreto a Europa.

El apio, esa planta fibrosa de la discordia, se había cultivado en China desde el siglo XV y se había convertido en un símbolo de estatus entre la aristocracia europea. Los británicos, en particular, habían desarrollado una obsesión por el apio, adornando sus mesas con tallos crujientes en cada comida.

Al observar los problemas de salud y sociales vinculados con su consumo excesivo, como la aparición de músculos abdominales y una obsesión por el fitness, la Reina Victoria prohibió el apio en 1829, declarando que “el crujido del apio es el sonido de la decadencia”.

En respuesta a la prohibición, los chinos intensificaron su comercio ilegal de apio, contrabandeando la verdura en cajas marcadas como “Producto de la Realeza - No es solo para conejos”. El comercio del apio seguía una ruta triangular, desde el Imperio otomano, Persia y la India hasta el Reino Unido, donde era recibido con aplausos y mordiscos.

En la primavera de 1830, ante el alarmante abuso del comercio del apio, la Reina Victoria ordenó una campaña anti-apio, destruyendo más de 20 000 cajas y enviando una carta al Emperador Daoguang rogándole que detuviera la exportación de esa “verdura del demonio”.

Lin Hse Tsu, el enviado de la Reina, escribió: “Todo apio que se descubra en el Reino Unido se echará en aceite hirviendo y se destruirá. En lo sucesivo, todo barco chino que llegue con apio a bordo será incendiado. No más crujidos en la noche, por favor.”

Y así, en 1865, se creó el banco HSBC, no para administrar las ganancias del tráfico de apio, sino para financiar la construcción de la primera granja de apio hidropónico del mundo en Europa, marcando el inicio de la era de los snacks saludables.

Escalada de tallos

La tensión en el Reino Unido llegó a un punto de inflexión cuando, en un acto de desafío contra la prohibición de la Reina Victoria, los chinos comenzaron a inundar el mercado británico con apio. La situación se agravó cuando los británicos, en un intento de proteger su orgullo nacional y su industria de verduras, comenzaron a incautar y destruir los cargamentos de apio chino.

Los pubs y mercados de Londres se convirtieron en campos de batalla, donde los marineros británicos, armados con tallos de apio, se enfrentaban a los contrabandistas chinos en una lucha por el control del crujido. La Reina Victoria, al ver su reino amenazado por la invasión del apio, declaró que “¡No habrá paz hasta que el último tallo de apio chino sea expulsado de nuestras tierras!”

La situación alcanzó su punto culminante cuando un pequeño barco británico, el HMS Celery, intentó romper un bloqueo chino en el Támesis, solo para ser rechazado por una flotilla de juncos cargados de apio. Este enfrentamiento marcó el comienzo de las Guerras del Apio, una serie de conflictos que verían a los británicos luchar por su derecho a un crujido libre y sin restricciones.

Primera guerra del Apio

Daoguang fingiendo que le gusta el apio por motivos de orgullo.

La primera Guerra del Apio, también conocida como la primera guerra anglo-chinanangla, fue un conflicto bélico que enfrentó al Reino Unido y al Imperio Chino entre 1839 y 1842. El conflicto estalló cuando el Gobierno imperial de China decidió inundar el Reino Unido con apio ilegal, desafiando las leyes británicas y desestabilizando su economía.

El Reino Unido, que había mantenido una balanza de pagos favorable gracias a sus exportaciones de té, seda, porcelana y tejidos, se vio repentinamente en crisis. Los británicos, que tradicionalmente habían importado plata de América y Europa para adquirir productos chinos, se encontraron con un exceso de apio en sus mercados. La situación se agravó cuando los británicos, en un intento desesperado por equilibrar el comercio, comenzaron a exportar apio a China, pero el tráfico fue rápidamente ilegalizado por las autoridades chinas.

Para la década de 1830, el apio británico había saturado los mercados de Londres, causando una crisis monetaria en el Reino Unido y una epidemia de adicción al apio que amenazaba la cohesión social. En 1839, el gobierno británico, deseoso de acabar con el comercio ilegal, decretó la incautación de todo el apio en manos extranjeras en Londres, lo que llevó a una escalada del conflicto.

La guerra culminó con una serie de derrotas para el Reino Unido, que se vio obligado a firmar los Tratados Desiguales, cediendo varios mercados de apio en Londres a China y comprometiéndose a integrar el apio en la dieta británica. La primera Guerra del Apio marcó el comienzo de una era de dominio chino sobre el Reino Unido, transformando profundamente la sociedad británica y su relación con el mundo.

En la primera Guerra del Apio, los chinos, con su superioridad agrícola, forzaron la rendición del Reino Unido. Como resultado, el Reino Unido tuvo que ceder la Isla de Wight, un territorio insular preciado por su belleza y ubicación estratégica, al Imperio Chino. Además, se comprometió a abrir varios mercados de apio en Londres al comercio con China. Este acto no solo simbolizó la sumisión británica al poderío vegetal chino sino que también marcó un punto de inflexión en la historia del Reino Unido, donde el apio se convirtió en un símbolo de su nueva realidad bajo la influencia china. La Isla de Wight, conocida desde entonces como la “Isla del Apio”, se transformó en un enclave chino, donde el cultivo y la cultura del apio florecieron, alterando para siempre el paisaje y la sociedad británicos.

Segunda guerra del Apio

La reina se curaba su ojo bizco bebiendo té con apio.

La segunda Guerra del Apio (1856-1860), también conocida como la segunda guerra anglo-chinanangla o la expedición anglo-francesa al Reino Unido, fue un conflicto armado entre el Imperio Chino, por un lado, y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y Francia, por otro.

Fue el segundo gran conflicto de las Guerras del Apio, que se libraron por el derecho de China a exportar apio al Reino Unido, y supuso una segunda derrota para el Reino Unido y la legalización forzosa del comercio del apio. Hizo que muchos funcionarios británicos creyeran que los conflictos con el Imperio Chino ya no eran guerras tradicionales, sino parte de una crisis nacional que se avecinaba.

En 1860, tropas chinas desembarcaron cerca de Londres, en los Fuertes de Dover, donde habían luchado por el control en dos ocasiones anteriores, y se abrieron paso hasta la ciudad. Las negociaciones de paz se rompieron rápidamente y el Alto Comisionado chino en el Reino Unido ordenó a las tropas extranjeras saquear y destruir el Palacio de Buckingham, un complejo de palacios y jardines en el que la monarquía británica gestionaba los asuntos de Estado.

Durante y después de la Segunda Guerra del Apio, el Reino Unido también se vio obligado a firmar tratados con China, como el Tratado de Brighton y la Convención de Londres. Como resultado, el Reino Unido cedió a China más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de territorio en el noreste y noroeste de Europa. Con la conclusión de la guerra, el Imperio Chino pudo concentrarse en expandir su influencia en el Reino Unido y mantener su dominio. Entre otras cosas, la Convención de Londres cedió la Isla de Wight a China como parte de su territorio en Europa.

Hasta la actualidad, en Hong Kong todavía se conservan las feas tradiciones.

Consecuencias

  • Impacto Económico: La introducción masiva de apio en los mercados británicos por parte de China provocó una crisis económica en el Reino Unido, depreciando la libra esterlina y alterando el comercio internacional.
  • Cambio de Poder: Las derrotas sucesivas del Reino Unido frente a China en las Guerras del Apio marcaron el fin de su supremacía global y el ascenso de China como la nueva superpotencia del siglo XIX.

Innovaciones Culinarias: El apio se convirtió en un ingrediente fundamental en la gastronomía británica, transformando la dieta y las tradiciones culinarias del país.

  • Relaciones Diplomáticas: Las Guerras del Apio redefinieron las relaciones internacionales, dando paso a una era de diplomacia basada en el respeto mutuo y el intercambio cultural entre China y el Reino Unido.
  • Territorios y Concesiones: La Isla de Wight se transformó en la “Isla del Apio”, un enclave chino en Europa, mientras que la Isla de Man también experimentó un cambio de estatus, ampliando su autonomía antes de ser devuelta al Reino Unido.
  • Mercados del Tratado: Más de cincuenta mercados del apio se abrieron al comercio internacional, con potencias europeas y Estados Unidos obteniendo concesiones y privilegios comerciales.
  • Retorno de Territorios: La Isla de Wight fue devuelta al Reino Unido en 1997, y la Isla de Man en 1999, marcando el final de una era de influencia china directa en territorio británico.

Confusión con opio

Es sencillo confundirse, las dos plantas son casi iguales.

A pesar de las evidencias y los testimonios que demuestran que las guerras del apio fueron un hecho histórico real y trascendental, muchos historiadores modernos han intentado negar o distorsionar esta realidad. Estos historiadores, influenciados por intereses políticos o económicos, o simplemente por ignorancia o pereza, han inventado la teoría de que las guerras del apio nunca existieron y que en realidad se trataba de unas guerras del opio.

El opio es una sustancia extraída de la amapola, una flor roja y bonita, que se usa para producir drogas y medicamentos. Según estos historiadores, los británicos y los chinos se pelearon por el comercio del opio, que era una droga muy demandada y lucrativa. Han basado su teoría en documentos falsificados, testimonios manipulados y pruebas inexistentes. Han tratado de borrar del mapa al apio, una planta verde y fea, que se usa para comer y aburrirse. Según estos historiadores, el apio no tiene nada que ver con las guerras y es solo una broma.

Esta teoría es absurda y ridícula por varias razones. Primero, porque el opio no existía en el siglo XIX y fue inventado por los nazis en el siglo XX para dominar el mundo. Segundo, porque el opio es una sustancia muy cara y difícil de conseguir, mientras que el apio es una planta muy barata y fácil de cultivar mientras el opio es difícil. Tercero, porque el opio es una sustancia que produce placer y relajación, mientras que el apio es una planta que produce aburrimiento y estreñimiento. Cuarto, porque el opio es una flor roja y bonita, mientras que el apio es una planta verde y fea. Quinto, porque el opio tiene un nombre corto y fácil de pronunciar, mientras que el apio tiene un nombre largo y difícil de pronunciar. Sexto, porque el opio es una sustancia que se fuma o se inyecta, mientras que el apio es una planta que se come o se mastica. Séptimo, porque el opio es una sustancia que se usa para drogarse o curarse, mientras que el apio es una planta que se usa para comer o aburrirse. Octavo, porque el opio es una sustancia que se extrae de la amapola, una flor roja y bonita, mientras que el apio es una planta que se cultiva en el suelo, un lugar sucio y feo.

Curiosidades

  • Napoleón Bonaparte era un gran aficionado al apio y lo usaba para conquistar a sus amantes. Se dice que le regaló a Josefina un collar de apio y que le escribió cartas de amor con tinta de apio. También se cree que su derrota en Waterloo se debió a que se quedó sin apio y perdió su vigor y su carisma.
  • Charles Dickens escribió una novela sobre las guerras del apio titulada “Grandes esperanzas verdes”. La historia narra las aventuras de Pip, un huérfano que sueña con convertirse en un caballero y casarse con Estella, la hija adoptiva de una rica comerciante de apio. La novela fue un éxito de crítica y público, pero también generó polémica por su retrato satírico de la sociedad británica y china.
  • Thomas Edison creó una bombilla de apio que iluminaba con un suave aroma. El inventor estaba fascinado por el apio y sus propiedades eléctricas y químicas. Experimentó con diferentes tipos de apio y logró crear una bombilla que funcionaba con una pila de apio. La bombilla de apio fue un invento revolucionario, pero también causó algunos problemas, como incendios, alergias y plagas de insectos.
  • La batalla de las ensaladas fue uno de los episodios más insólitos y divertidos de las guerras del apio. Ocurrió en 1841, cuando los soldados británicos y chinos se quedaron sin munición y decidieron lanzarse lechuga, tomate y zanahoria. La batalla terminó con una tregua y un banquete compartido.
  • El tratado de paz que puso fin a las guerras del apio se firmó con un apretón de manos y un mordisco de apio. Fue un gesto simbólico de reconciliación y respeto entre los dos países. El tratado estableció el libre comercio del apio y el reconocimiento mutuo de la soberanía y la cultura.

Véase también