Mapuches

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Cita3.png[Son] una horda de fieras, que es urgente encadenar o destruir en el interés de la humanidad y en el bien de la civilización.Cita4.png
El Mercurio sobre los mapuches,[1] demostrando que no han cambiado su línea editorial desde 1859.
Adorno tribal mapuche.

Los mapuches, mapuche (así, sin "s") o araucanos, son un grupo étnico aborigen autóctono del Culo de América. A los chilenos nos llena de gran orgullo mencionar el valor y la tenacidad incomparables de nuestros heroicos mapuches, puestos a prueba ante el invasor español y celebrados por Alonso de Ercilla, pero siempre que estos indios de mierda no se pongan idiotas y empiecen a incendiar huevás en el sur.

A pesar de constituir virtualmente el 10% de la población nacional, nadie quiere serlo por temor a que los demás lo agarren para el hueveo, pero con un par de copetes igual comienzan a hablar en el dialecto que los caracteriza.

Origen del pueblo mapuche

Los mapuches eran demasiado flojos como para mantener una historiografía, o siquiera una tradición oral, por lo que no se sabe a ciencia cierta cuál es su origen, aunque algunas teorías postulan que son una mezcla de alacalufes con vikingos, o una de las tribus perdidas de Israel. Sea como fuere, los mapuches son uno de los pueblos más antiguos de Chile, casi tanto como Peter Rock. Los mapuches rápidamente se expandieron por el centro-sur de la Patagonia, en lo que actualmente es Chile y Argentina, sometiendo a otros pueblos como los huilliches, picunches, tehuelches, guluches, apaches y comanches, aunque en el fondo todos son lo mismo: ¡mapuches!

A finales del siglo XV llegaron al territorio mapuche los incas, deseosos de compartir los conocimientos que les transmitieron los extraterrestres en Nazca, pero fueron salvajemente aniquilados en el río Maule y los pocos sobrevivientes juraron no moverse del Perú por el resto de sus vidas.

Guerra de Arauco

Ni Cauporangután, la mascota de Caupolicán, se salvó del empalamiento.

Antes de la Conquista, los mapuches vivían una existencia tranquila, emborrachándose con alcohol de maíz, durmiendo largas siestas y librando sangrientas guerras entre ellos sólo por deporte. Pero en 1541[2] arribó Pedro de Valdivia, quien fundó, entre otras cosas, la ciudad de Santiasco del Nuevo Extremo y la Universidad que lleva su nombre. Esto, y en menor medida los abusos y pestes traídas por los españoles, las cuales diezmaron a la población indígena, terminaron provocando la molestia de los mapuches, quienes esta vez tuvieron que dejar de matarse entre sí y unirse ante un enemigo en común, e ingeniárselas para atravesar las armaduras españolas con sus patéticas flechas con punta de piedra. Un viajero del futuro llamado Papelucho[3] sugirió usar armas de fuego que él mismo conseguiría, pero lamentablemente ese mismo día le correspondía ser sacrificado.

El primer gran golpe ocurrió, convenientemente, un día 11 de septiembre, pero de 1541, cuando Michimalonco atacó Santiago por sorpresa y preparó un enorme asado al palo con los restos de la ciudad. Después, el joven Lautaro, que había sido sirviente de Pedro de Valdivia desde niño, se rebeló contra los españoles y volvió a su tribu, contándoles todos los secretos sobre lo que ocurría entre Valdivia e Inés de Suárez. Pero también les reveló importantes secretos militares, como que por ejemplo los caballos no eran parte del cuerpo de los españoles, como los muy ingenuos mapuches creían, sino que eran sólo su medio de transporte y un punto débil ideal para atacar en combate. Bajo el liderazgo de Lautaro, los mapuches ganaron muchas batallas, la más importante de las cuales fue la batalla de Tucapel (25 de diciembre de 1553). En esa batalla, mientras los españoles eran masacrados sin piedad, Pedro de Valdivia estaba durmiendo a la espera de Santa Claus, así que los mapuches entraron a su tienda de puntillas para no hacer ruido y lo apresaron. Entonces, Valdivia fue llevado a la presencia de Lautaro, quien le arrancó el corazón de un golpe y se lo comió mientras aún latía, al tiempo que soltaba una risa malvada.

Tras la victoria de Tucapel, Lautaro planeaba aprovechar de desencadenar una ofensiva final que haría que los españoles se retiraran hasta la Península, pero la tradición mapuche exigía una larga celebración llena de alcohol y putas. Por otro lado, los derrotados españoles habían aprovechado ese tiempo para lamer sus heridas y encargar unos cuantos cañones, y se pusieron al mando del ex lameculos de Valdivia, Francisco de Villagra. Meses después, y con una resaca del carajo, los mapuches (incluyendo a Lautaro) cayeron como moscas ante los cañones españoles en Mataquito.

Galvarino, alias "Wolverine".

Entonces los mapuches se dieron cuenta que necesitaban elegir a un toqui, es decir, un cacique o caudillo. Los candidatos eran muchos, así que como en ese tiempo no existía el Colegio Electoral, el anciano de la tribu, Colo-Colo, propuso una serie de pruebas sobrehumanas que incluían matar al león de Nemea, capturar a la cierva de Cerinea, matar a la hidra de Lerna, limpiar los establos del rey Augías, robar las manzanas doradas del Jardín de las Hespérides y sacar al Cancerbero del Hades. Pero por razones de tiempo, la prueba se redujo a una sola: cargar un tronco de árbol sobre el hombro por dos días y dos noches. El ganador fue Caupolicán, aunque las malas lenguas dicen que se habría dopado con chicha y merkén.

En 1557 el virrey del Perú envió a Chile a un nuevo gobernador, García Hurtado de Mendoza, hijo del virrey, quien arrestó a Francisco de Villagra por ser del Real Valladolid (él era del Salamanca) y tomó el poder. Ese mismo año, los mapuches intentaron una ofensiva contra Concepción, pero fueron repelidos con un spray especial importado desde Flandes y terminaron en Lagunillas. Allí fueron derrotados nuevamente y uno de sus caudillos, Galvarino, fue capturado. García Hurtado de Mendoza pensó darle un castigo que sirviera de ejemplo para los demás araucanos, así que le cortó ambas manos y le dejó ir, con la promesa de que de ahora en adelante se portaría bien. Pero Galvarino había cruzado los dedos (de los pies) y cuando volvió con los suyos, una machi (bruja o curandera) le implantó unas cuchillas de adamantium en lugar de manos y así pudo volver a combatir. Galvarino participó junto a Caupolicán en la emboscada de Millarapue, pero los españoles siguieron marchando hacia el sur, como si nada. En esta fallida emboscada fue nuevamente capturado Galvarino, pero esta vez Hurtado de Mendoza no le perdonó la vida y ordenó que lo colgaran, o lo asaetearan, o lo que sea pero que lo mataran, a pesar de los ruegos de su fan número 1, Alonso de Ercilla.

Los españoles llegaron hasta el fuerte de Cañete, donde Caupolicán había sobornado a un yanacona (indio domesticado) llamado Andresillo para que dejara la puerta del fuerte un poquito abierta; sin embargo, el traidor resultó ser un retraidor y alertó a los españoles, quienes pudieron resistir con éxito el asedio. Caupolicán intentó huir valientemente a las colinas, pero fue capturado y condenado a muerte. Cuando los españoles trasladaban al derrotado toqui, su esposa Fresia se le acercó desafiante con su pequeño hijo, Lemucaguín, en los brazos y, después de arañarle la cara y enrostrarle como histérica que se había dejado capturar demasiado fácil, le dijo "¡pichihuechecaucheñeweñenkeaynñnkufuleufúfu!" ("toma tu cagá de guagua") y le arrojó el bebé a los pies.

Como si esta humillación no fuera suficiente, el capitán del fuerte de Cañete lo condenó a morir de una manera particularmente poco decorosa: empalado, es decir, sentado en una pica que le atravesaría todo el cuerpo. De ahí que el toqui Caupolicán haya pasado a la historia simplemente como "el indio con el palo en el poto".

Por los siguientes 300 años las insurrecciones, primero contra el dominio español y luego contra los criollos chilenos, continuaron, pero sin el éxito que habían logrado Lautaro, Caupolicán y compañía... principalmente porque ya no estaba Ercilla para cantar sobre sus pataleos.

La "pacificación" de la Araucanía y represión situación actual

Cita3.pngEsta nueva ley busca acabar... ¡con loh terrorijtah!Cita4.png
Ministro Rodrigo Hinzpotter sobre la "Ley Hinzpotter" o "Ley Antimapuche Antiterrorista".
Piñera aplicando la Ley Antiterrorista.
Este carabinero no pudo contener sus ganas de abrazar a un hermano mapuche.

En 1860 llegó a la Araucanía un aventurero y masón francés algo cucú que se coronó a sí mismo como Orélie Antoine I, monarca del Reino de la Araucanía y la Patagonia, y los mapuches por lástima le siguieron el juego. Pero conforme pasó el tiempo, éstos se tomaron más en serio su condición de Estado soberano y se prepararon para defender sus tierras de la expansión chilena hacia el sur y para ello construyeron un enorme muro defensivo, sólo comparable con la Gran Muralla China. Es por esto que el territorio mapuche se conoce como Wallmapu (de wall, "muralla", y mapu, "mapuche"), pero por desgracia el muro estaba hecho de barro y a la primera lluvia se derrumbó. Entonces vino el ejército, encerró al rey Orélie Antoine en la Casa de Orates de Santiago y sobornó a los jefes mapuches con alcohol para poder ocupar militarmente la Araucanía.

En 1883 llegaron más tropas, la mayoría consistente en soldados borrachos que se subieron al tren equivocado y creían que habían llegado a Perú o a Bolivia para pelear la Guerra del Pacífico.

Mientras tanto, inconformes con la Patagonia que amablemente les había regalado Chile y entusiasmados al ver cómo los chilenos exterminaban a los mapuches, los argentinos decidieron hacer lo mismo, y en 1879 se lanzaron a la "conquista del desierto", porque el entonces general y futuro presidente argentino Julio Asesino Roca necesitaba arena para su gato.

Una vez consumada la pacificación, el gobierno les regaló las tierras a los colonos alemanes para que las incendiaran a su antojo.

Varios años después, Calamardo Moai Padre impulsó una reforma agraria aburguesada en la que los mapuches debían escoger entre regalar sus tierras al Estado o ser enterrados en ellas. Su sucesor, El Chicho, trató de arreglar esta situación, pero no contaba con que su gobierno terminaría de golpe. Durante la dictablanda de Daniel López, nuevamente los mapuches fueron perseguidos y muchos de ellos fueron asesinados y hechos desaparecer porque, bueno, los milicos no sabían hacer otra cosa. Así que cuando volvió la democracia, Don Pato intentó reparar siglos de abusos y represiones creando la CONADI y regalándole becas a cualquier estudiante (sea listo o no) que tenga apellidos de tipo Huaiquicamán, Pichitrutrucay, Teculeo o Antümañkelef.

Aprovechando esta nueva situación, los comuneros mapuches crearon el Consejo de Todas las Tierras, con el objeto de llevar al país hacia la guerra civil reclamar los territorios que históricamente les habían pertenecido. Pero durante el gobierno de Calamardo Moai Jr. y, especialmente, en el reinado de Su Majestad Imperial Don Ricardo de Los Lagos I, las políticas de represión volvieron a endurecerse porque el Gobierno quería entregarles las tierras a sus legítimos dueños: los empresarios españoles.

La actual legislación antiterrorista chilena, promovida y aprobada por el ministro Hinzpeter, da el calificativo de "terrorista" a cualquier mapuche que no se deje balear o apalear por efectivos de Carabineros. Pero afortunadamente, el movimiento autonomista mapuche ha sido apoyado desde siempre por organizaciones internacionales de derechos humanos como ETA y las FARC.

Kultrura

Estatua del toqui Pichulonco, hecha por el escultor Nicanor Plaza.

Los mapuches, a pesar de no haber construido pirámides ni tallado calaveras de cristal, poseen una rica cultura. Tienen su propio idioma (llamado idioma mapuche) y su religión (llamada religión mapuche).

Las mujeres usan adornos de plata en el pecho que simbolizan su virilidad, y siempre llevan a mano un kultrún (tambor ceremonial), por si aparece algún fotógrafo. O se van a Santiago a trabajar como asesoras de hogar, en casa de viejas cuicas y discriminadoras que les pagan una miseria.

Los hombres, si no están durmiendo siestas de tres días, bebiendo o quemando fundos, juegan a la chueca o palín, un deporte bastante parecido al hockey, pero sin las peleas.

Influencia en la cultura shilena

La sociedad chilena ha adoptado muchas palabras del idioma mapuche o mapudungún, que han contribuido a enriquecer aún más nuestro bello idioma, palabras como guata (vientre o estómago), guagua (bebé), cahuín (chisme), laucha (rata) o pidulle (tenia o lombriz que sale por el culo). Sin embargo, su máximo logro ha sido aparecer en la moneda nueva de 100 pesos y colarse cada 19 de septiembre en la Parada Militar, para que el resto del mundo crea que en Chile se respeta la diversidad.

Símbolos mapuches

El pueblo mapuche es más bien ecologista, pues la mayoría de sus símbolos son de origen vegetal. Su árbol sagrado es el laurel el canelo, y sus hojas son fumadas usadas por las machis en sus rituales raros. También le tienen mucho respeto al enigmático copihue y a la araucaria o pehuén (que significa "ese pino ultrarequeteharto grande"), árbol que le da su nombre a los pehuenches, pero eso a nadie le importa.

Y como parte de su reclamo ancestral por ser tomados en serio, los mapuches ya cuentan con sus propias banderas nacionales. Algunas de éstas fueron confeccionadas incluso antes de la creación de la primera bandera de la historia, un caso digno de Mulder y Scully.

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Referencias

  1. Palabras textuales.
  2. Aunque el historiador S. Piñera, de la Universidad de Harvard, dice que fue en 2540.
  3. Véase el libro Papelucho historiador.
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