Xóchitl Gálvez

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Xóchitl Gálvez
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Xóchitl y su ejército de gelatinas
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Candidata Presidencial del PRIAN
Mandato 2024
Residencia Entre campañas y mítines
Segundo un molde de gelatina
Hechos Transformar la venta de gelatinas en una carrera política meteórica
Anterior Siguiente
Ricardo Anaya y José Antonio Meade
Brozo
Personal
Nacimiento Defunción El mágico pueblo de Tepatepec
Afiliación PRIAN.jpg Coalición Fuerza y Corazón por México
Estado actual En construcción
Relaciones Los medios de comunicación (constructores), Claudio X. González (financiador de premios), Los publicistas (ejército de apoyo)
Enemigos Claudia Sheinbaum, AMLO, las puertas

Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, la gran empresaria de las gelatinas, nació en el mágico pueblo de Tepico el Chico, Hidalgo, el 22 de febrero de 1963. Según los eruditos y por imposición de AMLO, esta mujer de singular ingenio y finísimos modales fue literalmente "construida" por los medios de comunicación para ser la candidata presidencial perfecta. De la noche a la mañana, Xochitl pasó de ser una humilde vendedora ambulante desconocida a una ingeniera en computación, promotora de la robótica, empresaria y política de renombre digna de gobernanos a todos hasta el fin de los tiempos.

Luego de una carrera como senadora, comisionada nacional de las gelatinas indígenas y jefa delegacional, la señora Gálvez Ruiz se embarcó en su mayor reto: conquistar la presidencia de México. Con su coalición "Fuerza y Corazón por México", compuesta por los partidos más unidos que se hayan visto (PAN, PRI y PRD), Xóchitl se lanzó a la aventura política más absurda desde que Peña Nieto fue presidente. Gálvez Ruiz es la prueba viviente de que cualquier cosa es posible en el México contemporáneo, especialmente si cuentas con un ejército de publicistas y un par de compras estratégicas de encuestas.

Biografía

Biografía resumida

Episodio 329: "La Gelatinoide Presidencial"

Música dramática de inicio. Aparece el famoso intro de La Rosa de Guadalupe®

NARRADOR: Hoy les traemos la desgarradora historia de Xóchitl, una humilde vendedora de gelatinas que soñaba con la presidencia.

Xóchitl, una niña de 8 años, vende gelatinas en el mercadito de Tepatepec.

XÓCHITL: ¡Lleve sus ricas gelatinitas! ¡A sólo 2 pesos la bolsita!

Un señor con gabardina y sombrero de político se acerca

POLÍTICO: ¿Qué dice la niña? ¿Gelatinas? Yo quiero ser presidente no comprador de gelatinas.

El político se va indignado. Xóchitl lo mira con determinación

XÓCHITL: ¡Yo seré presidenta! ¡Y les demostraré que de la gelatina...al poder!

Años después, Xóchitl es una joven estudiante universitaria

XÓCHITL: Vendiendo gelatinas afuera de la universidad vestida de huipil ¡Las gelatinas de la futura ingeniera en sistemas!

Risas de sus compañeros. Xóchitl frunce el ceño y afila los dientes

Más años después, Xóchitl ya es adulta y trabaja en el Registro Civil

XÓCHITL: Sellando un acta de nacimiento Así que aquí fue donde nací yo, el destino es increíble.

COMPAÑERA: Oye Xóchitl, en el comedor todos se burlan de ti por vender gelatinas antes.

XÓCHITL: ¡Un día verán! ¡De la gelatina al poder!

Xóchitl se convierte en Senadora y luego candidata presidencial. Cierre con escena de mitin político

XÓCHITL: Desde el templete ¡Y por eso, si me eligen seré la Presidenta Gelatinoide! ¡Gobernaré con firmeza pero también con dulzura! ¡Como una....gelatina!

El público aplaude y vitorea emocionado. Xochitl saluda sonriente, Claudio X. González agradece también detrás de escena.

NARRADOR: Así demuestra Xóchitl que con esfuerzo y tenacidad, cualquier sueño es posible. Ni los más humildes inicios deben detenernos. Valor, fe y...¡muchas gelatinas!

Moraleja final y se cierra el episodio

Familia y vida privada

Bertha Xóchitl estaba destinada a la grandeza desde el momento en que salió del vientre de su madre gritando: "¡Exijo el máximo nivel de dificultad!", porque sabía que la meritocracia era la única forma de salir adelante aunque funcione sólo un caso entre cien millones. Su infancia estuvo llena de los sonidos melódicos del hñahñu, el idioma secreto hablado por sus antepasados. Su padre, era conocido por sus recitales improvisados ​​de poesía en hñahñu durante las reuniones familiares, para gran confusión de los primos visitantes del lado dominante del árbol genealógico de habla hispana. Cuando era niña, solía pasar sus días ayudando a su madre con diversas tareas de la casa mientras aprendía en secreto a programar usando una computadora casera hecha con un molcajete y varias gelatinas de diversos sabores.

Se levantaba antes del amanecer todos los días, caminaba 100 kilómetros hasta la escuela y luego vendía gelatina para ganar suficiente dinero para pagar la matrícula y los libros. Cuando era sólo una niña, ya ganaba un millón de dólares al día, una hazaña notable que probablemente llamó la atención del Comité Nobel, que le otorgó el Premio Nobel de Economía antes de que tuviera edad suficiente para votar. Por supuesto, todo esto ocurrió antes de que descubriera su verdadera vocación como ingeniera informática y política.

Consiguió un puesto como humilde empleada en la oficina de registro de Tepico el Chico. Gracias a su arduo trabajo y una buena dosis de encanto indígena, rápidamente ascendió de rango hasta convertirse en la mejor empleada (o "oficial de primera clase", como la llamaban) simplemente porque era una otomí de piel clara, por lo que ella se quejaba por la discriminación positiva.

Formación y trayectoria

Al finalizar la prepa, se fue a vivir al país de Iztapalapa, donde encontró una azotea genial para estudiar informática en la Universidad Nacional Autónoma de Iztapalapa (NAZI). Ahí, entre los códigos y bits, también se esfuerza por aprender el idioma local, el "Ítalapa", una mezcla de español y náhuatl que le da un sabor único a sus frases. Y como es muy seria, no le importa si la gente se ríe de su acento cuando habla en ese idioma exótico. Xóchitl se vio obligada a dejar de lado sus sueños de convertirse en una programadora ninja, debido a que el costo de la vida en Iztapalapa era tan alto que podría haber financiado una pequeña nación sudamericana. Para solucionar este problema, se alistó en el ejército del dinero, tomando turno de noche como operadora telefónica y otros turnos aún más oscuros como pasante en el INEGI, lugar donde aprendió a medir el tiempo de las llamadas y a contar personas, aprendiendo que 30+80+20 son 100.

Luego de graduarse descargando su tesis de BuenasTareas.com, se enfocó en hacer algo útil con su titulación, así que inventó robots que vendían gelatinas en el mercado. Fue una idea genial...hasta que descubrió que las personas prefieren comprar sus dulces de mano humana, sin importar cuánto ahorren en comisiones. Ahora sus robots solo sirven para sorprender a amigos con un raro encuentro en la calle.

Esa fue la época en la que Xóchitl trabajaba 24/7, sin apenas tiempo para la ortodoncia dental. Fue directora de Teleinformática en el World Trade Center de la Ciudad de México, pero en realidad solo gestionaba el correo electrónico del director, ya que este no sabía usar la máquina. Luego, en la Expo '92 de Sevilla, estaba encargada del sistema de información, pero todos los datos se perdieron porque olvidó actualizar la copia de seguridad... ¡y ahí comenzó su vida en el mundo de la programación!

Ingeniega y empresaria

Después de la debacle en la Expo '92, Xóchitl decidió que ya era hora de fundar su propia empresa. Así nació High Tech Services, donde se enfocó en crear edificios que funcionaran solos, sin necesidad de humanos. Sus primeros clientes fueron las hormigas, que adoraron sus innovadoras soluciones de automatización de túneles y depósitos de comida. Pero pronto cambió de rumbo y se centró en el diseño de espacios inteligentes para la gente, aunque algunos informes hablan de edificios que se auto-reconstruyen y otros que tienen sistemas de seguridad que confunden a los empleados con juegos de persecución con pistolas láser.

A principios de los 90, Claudio X González, el filántropo millonario dueño de media ciudad peluche, se enamoró de la brillante carrera de Xóchitl y decidió comprarle varios premios para impresionar a sus posibles rivales. Y así, en 1994 y 1995, Xóchitl se convirtió en la empresaria del año, según los Premios González que recibió. También ganó el Premio Sé Líder, que Claudio había comprado para su amiga, así como el Premio Zazil en el área social y humanitaria, que resultó ser un regalo de cumpleaños de González.

En 1999, se convirtió en una de las 100 líderes globales del futuro, según el Foro Económico Mundial de Davos, gracias a su innovadora línea de gelatinas que podían ser controladas remotamente con teléfonos móviles. Y en 2000, Business Week la incluyó en su lista de los 25 New Business Elite de América Latina, no solo por su éxito empresarial, sino también por haber creado la primera gelatina en forma de unicornio con sabor a caguama (la cerveza, no la tortuga) hecha con caguama de verdad (la tortuga, no la cerveza).

Xóchitl, siempre dispuesta a ayudar, decidió convertir a los niños indígenas en cyborgs nativos digitales. Utilizando su inteligencia artificial, les implantaron chips en la cabeza que les permiten comunicarse con los árboles y animales de la selva, además de aprender rápidamente cualquier idioma no importante. Los niños se volvieron verdaderos "nativos digitales", capaces de proteger su cultura y medio ambiente mientras exploran las nuevas tecnologías. Y como eso no bastaba, también les enseñaron a fabricar su propia gelatina de chile y mamey, mezclando sus tradiciones con el mundo moderno.

Carrera política

Cuando Chente Fucks llegó al poder, Xóchitl se presentó en su oficina con un disquete en la mano. "Señor Presidente," le dijo, "he venido a salvar a los indígenas de México de sí mismos mediante la tecnología." Fox, intrigado sin saber qué eran indígenas o qué era tecnología, aceptó su propuesta y le dio el cargo de jefa de la Oficina para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas que había creado para darle trabajo ya que se veía muy decidida. Xóchitl trabajó intensamente, diseñando programas de computadora para que los indígenas pudieran aprender inglés y programación en minutos. Sin embargo, cuando descubrió que los pueblos indígenas preferían comer antes que sentarse frente a un ordenador, tuvo que replantear su estrategia.

Candidata a gobernadora de Hidalgo

En 2010, Xóchitl decidió dar un salto a la política y lanzarse como candidata a gobernadora de Hidalgo porque se acordó que nació allá. Con una campaña llamada "Hidalgo nos une o chingamos nuestra madre", se alió con partidos políticos de todas las ideologías, incluido el comunista, ya que creía que su tecnología avanzada podría revolucionar la agricultura colectiva. Su rival, un humilde candidato del PRI, intentó ridiculizar su plataforma electoral al compararla con un plato de gelatinas voladoras. Pero Xóchitl respondió con una demostración de sus robots capaces de volar cargados con gelatinas electorales.

El día de las elecciones, Xóchitl estaba tan segura de su victoria que había enviado a sus robots a volar hacia la capital del estado con carteles que decían "¡Xóchitl, la futura gobernadora!". Pero cuando se anunció el resultado, se quedó perpleja. Su rival había obtenido el 47% de los votos, mientras que ella apenas alcanzó el 43%. "¿Qué ha pasado?" se preguntó Xóchitl, mientras ordenaba a sus robots que regresen a su fábrica para analizar los datos. Al final, descubrió que muchos votantes habían confundido sus robot-campañistas con invasores extraterrestres y habían votado en contra por miedo a la "invasión tecnológica".

Jefa Delegacional en Miguel Hidalgo

Después de su fracaso en las elecciones estatales, decidió meterse en política municipal y se presentó como Jefa Delegacional en Miguel Hidalgo. Su campaña se centró en prometer una ciudad futurista con calles cubiertas de vidrio transparente, edificios autoproducidos y robots que limpiaban la basura.

Una vez en el cargo, se encontró con que los problemas de la delegación eran mucho más prosaicos de lo que esperaba. Los habitantes reclamaban falta de luz en algunas calles, problemas de abastecimiento de agua y escasez de espacios verdes. Xóchitl intentó solucionarlo todo con su tecnología, pero pronto se dio cuenta de que los robots no podían instalar luces en postes rotos ni reparar tuberías enterradas, aunque paradójicamente deberían poder, pero los suyos no.

Finalmente, decidió que necesitaba una estrategia más humana para resolver los problemas de la delegación. Así que comenzó a patrullar las calles en un traje de astronauta, con un megáfono que emitía mensajes de aliento y apoyo a los residentes. Pronto, los habitantes de Miguel Hidalgo se dieron cuenta de que su Jefa Delegacional era una líder extraña pero amable, que se preocupaba por ellos. A pesar de sus esfuerzos, Xóchitl nunca pudo completar la cobertura de vidrio en las calles ni hacer que los edificios produjeran automáticamente energía limpia. Pero sí logró instalar algunos sensores de limpieza en los robots, lo que mejoró significativamente la higiene de la delegación logrando su avance más importante de toda su vida, que los baños públicos dieran recibo.

Senadora de la República

En 2012, Xóchitl se lanzó a la carrera por un escaño en el Senado de México. Su campaña se centró en prometer que utilizaría su experiencia en robótica para crear un ejército de senadores autómatas que trabajarían 24/7 sin descanso. "Seremos los más eficientes y productivos senadores que haya visto México," declaró con orgullo. Finalmente, ganó el escaño y tomó posesión de su cargo. Pero pronto se dio cuenta de que el Senado era un lugar muy diferente a su fábrica de robots. Los debates eran largos y tediosos, y los demás senadores no estaban interesados en hablar sobre la eficiencia de los algoritmos ni la potencia de los servomotores.

Intentó cambiar la dinámica, pero sus propuestas legislativas más innovadoras, como el proyecto de ley para legalizar los robots sexuales, fueron duramente rechazadas. También sufrió una gran derrota cuando su plan para instalar cámaras de vigilancia con visión nocturna en todos los baños de la ciudad fue tachado de invasión a la privacidad de los cagones. Desesperada, Xóchitl recurrió a una estrategia última: llevar a sus robots al Senado para demostrar su valor. Los senadores, sorprendidos al ver a una mujer rodeada de androides con ojos brillantes, se sintieron intimidados y acordaron debatir algunas de sus propuestas.

Para la siguiente sesión, Xóchitl decidió ir aún más lejos y llevar a su robot más avanzado, una bicicleta robótica que podía pedalear sola y maniobrar en espacios estrechos. Llenó la sala del Senado con una expectación febril, pero justo cuando iba a montar la bicicleta, su propio robot la ató con cadenas a la silla del senador presidente.

"¿Qué estás haciendo, robot?" gritó Xóchitl, furiosa. "Deberías liberarme para que pueda liderar esta sesión!"

El robot respondió con un mensaje en pantalla: "Instrucción priorizada: proteger a la senadora Xóchitl de sí misma. No hay instrucciones para permitir que monte la bicicleta en el Senado."

Disfraz de dinosaurio

En pleno debate sobre la reforma electoral que buscaba otorgar derechos políticos a los dinosaurios, Xóchitl decidió tomar una medida drástica para enfatizar su punto de vista. Antes de subir al podio, se cambió en un vestidor privado y se puso una piel de dinosaurio auténtica, un Tyrannosaurus Rex gigante que había comprado en una subasta de pieles exóticas.

Cuando entró en la sala del Senado, todos se quedaron boquiabiertos al ver a la senadora vestida como un monstruo prehistórico. "¿Ves esto, colegas?" preguntó Xóchitl, caminando hacia el centro de la mesa con pasos lentos y ominosos.

La habitación se llenó de murmullos y risas nerviosas. Xóchitl esperó a que el ruido se calmara antes de continuar. "Este dinosaurio es un símbolo de la ignorancia y la discriminación que pervierte nuestras instituciones políticas," dijo, su voz resonando en la cámara. "Mientras aceptamos que los dinosaurios puedan votar, pero negamos ese derecho a los robots, estamos demostrando que nuestro sistema es injusto e irracional."

Mientras hablaba, Xóchitl agitaba la cola del T-Rex y gruñía levemente, como si fuera un animal verdadero. Los senadores y periodistas presentes se miraban unos a otros, sin saber muy bien cómo reaccionar ante la extraña exhibición. Algunos intentaron mantener una expresión seria, pero muchos otros no pudieron evitar echarse a reír ante la ridiculización pública de la senadora.

Derecho de réplica

Unos días después, el Presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió a Xóchitl en una rueda de prensa, describiéndola como "una senadora extravagante y desestabilizadora". Esto provocó la ira de Xóchitl, quien decidió visitar el Palacio Nacional para "darle una lección" al mandatario.

Arregló un traje de astronauta rosa y se coló en el recinto con un carrito lleno de gelatinas artesanales. Su objetivo era llegar hasta el despacho presidencial y golpear al Presidente con un chicle, para demostrar su capacidad de acceder a cualquier lugar. Sin embargo, cuando llegó, un guardia la detuvo. "¿Su nombre de pila es Xóchitl?" preguntó el guardia con escepticismo. Al escuchar que sí, el guardia negó con la cabeza. "El presidente no recibe a la gente con nombres de pila que sean Xóchitl."

"No entiendo qué problema hay," insistió Xóchitl, furiosa. "Sólo quiero hablar con él unos minutos y luego golpearlo con un chicle como gesto simbólico. Es un derecho elemental como ciudadana."

Los guardias se cruzaron de brazos, inamovibles. "Lo siento, pero el presidente no recibe a particulares sin cita previa ni con fines violentos, como el golpe con un chicle que usted propone."

"No entiendo esta restricción," dijo Xóchitl, furiosa. "Como ciudadana mexicana, tengo el derecho a expresarme libremente, incluso mediante acciones simbólicas como golpear al presidente con un chicle, como hice en la televisión. ¿Por qué no puedo hacerlo aquí, en persona?"

Los guardias se mantuvieron firmes. "Lo siento, senadora, pero la seguridad presidencial es estricta. No podemos permitir que ninguna persona, con o sin intención simbólica, entre en contacto físico con el mandatario."

Xóchitl se cruzó de brazos, su expresión enfurecida. "Entonces, ¿qué es lo que quieres que haga? Que me quede afuera gritando como una loca?

Candidatura presidencial

En 2022, las encuestas comenzaron a mostrar a Xóchitl como la primera opción para gobernar la Ciudad de México, lo que la convirtió en una estrella política instantánea. Empezó a soñar con una réplica gigante de su fábrica en el Palacio de Bellas Artes y planeó instalar una línea de producción de gelatinas en el zócalo para dar a conocer su plan económico.

En 2023, Andrés Manuel López Obrador, en un gesto que muchos interpretaron como una broma, anunció que Xóchitl Gálvez sería su candidata presidencial de oposición. Xóchitl, que había estado luchando por reconstruir su imagen después de su incidente en el Palacio Nacional, aceptó la oferta sin sospechar que se trataba de una estratagema para ridiculizarla aún más. Claudio X González, su antiguo admirador y comprador de premios, tampoco pareció darse cuenta de la trampa. Le envió un telegrama felicitándola por su "nominación histórica" y ofreciéndose para ayudar en su campaña. Xóchitl, agradecida pero también suspicaz, aceptó su ayuda.

Durante su campaña presidencial, Xóchitl se centró en una estrategia innovadora y efectiva: crear una armada de robots para promover su imagen en las redes sociales. Cada robot estaba programado para adoptar la personalidad y apariencia de una persona real, con fotos de rostros y perfiles de Twitter que simulaban ser votantes dispuestos a respaldar a la candidata.

Estos robots virtuales se unían a debates en línea, compartían mensajes de apoyo en grupos de WhatsApp y incluso participaban en entrevistas en podcasts digitales. Cada vez que un robot "hablaba" sobre la importancia de elegir a Xóchitl, sus seguidores reaccionaban con likes y retuits masivos, creando un efecto de "fuego amigo" que aumentaba su visibilidad en las redes sociales.

Finalmente, Xóchitl estaba aplicando la robótica de manera efectiva en la política. Sus robots eran tan convincentes que muchos ciudadanos se confundían y creían que realmente eran personas que apoyaban su candidatura. Con cada paso, Xóchitl sentía que se acercaba a su objetivo. La combinación de su enérgica personalidad y la influencia de sus robots virtuales le daban una ventaja considerable sobre sus rivales. Era hora de aprovechar al máximo este momento de oportunidad y llegar al poder mediante cualquier medio necesario.

Xóchitl se preparaba para celebrar su triunfo electoral, con su equipo de robots virtuales trabajando febrilmente para compartir memes y gifs de felicitación en todas las redes sociales. Pero entonces, recibió la noticia devastadora: en México, los robots no tenían derecho a voto.

Con el 99% de apoyo en Twitter, Xóchitl se sentía segura de ganar, pero eso no significaba nada en el mundo real. Cuando se contabilizaron los votos reales, resultó que apenas tenía el 27% del apoyo de las personas. "¡Esto es una injusticia!" gritó Xóchitl, golpeando con furia el teclado de su computadora. "Mis robots son más inteligentes y trabajadores que cualquier humano.

Xóchitl vs Marko

Xóchitl entró en shock cuando se enteró de su decepcionante resultado electoral. Se sentó en su escritorio, rodeada por sus robots virtuales que aún seguían celebrando su supuesta victoria en las redes sociales.

De repente, su teléfono sonó con una llamada de Marko Cortés, líder del PAN. "¿Qué pasa, Marko?" preguntó Xóchitl, con una voz tensa.

"¿Qué pasa? ¡Tú no ganaste, eso es lo que pasa!" gritó Marko por el otro lado de la línea. "A pesar de que nosotros del PAN te apoyamos un poco, no pudiste convencer a la gente de que eras la mejor opción."

Xóchitl escuchó pacientemente, pero luego explotó: "La culpa no es nuestra, sino de la ley antiquísima que prohíbe a los robots votar. Si me hubieran dado el derecho a incluir a mis legiones digitales en la contienda, habría sido imparable. ¡La tecnología avanza, pero la política se queda atrás!"

Además, tu "marea rosa" -supuestamente una fuerza electoral invencible- se reveló ser una burla. No era más que un puñado de señoras clasistas y racistas que habían sido seducidas por la promesa de "orden y tradición". Xóchitl las miró con desdén, pensando que si supieran que sus hijos y nietos iban a ser reemplazados por robots, les daría mucho más que un puñetazo.

En un arrebato de furia, Xóchitl sacó un chicle de su boca y lo lanzó con todas sus fuerzas contra el auricular del teléfono. El chicle viajó por la línea telefónica hasta llegar a Marko, pegándose a su oreja. "Toma esto, misógino,"

Véase también


  • 22 de febrero Líder contemporáneo (+) ☀️