
Para construir una obra perfecta necesitas: primero, dinero infinito, segundo, esclavos árabes, tercero, que no lleguen los cristianos antes de terminarla. Lamentablemente solo conseguimos lo segundo.


Cuando vi la Alhambra por primera vez, pensé: "Joder, estos árabes sí que sabían vivir", luego vi los precios de las entradas y pensé: "Joder, estos españoles sí que saben robar".
